Versículo destacado
1 Samuel 12:6 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Samuel dijo al pueblo: Es el SEÑOR quien engrandeció a Moisés y a Aarón, y quien sacó a los padres de ustedes de la tierra de Egipto. "
1 Samuel 12:6
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
4 Ellos respondieron: No nos has defraudado ni nos has oprimido, ni has tomado nada de mano de nadie.
5 Él les dijo: El SEÑOR es testigo contra ustedes, y su ungido es testigo en este día de que no han hallado nada en mi mano. Ellos respondieron: Es testigo.
6 Samuel dijo al pueblo: Es el SEÑOR quien engrandeció a Moisés y a Aarón, y quien sacó a los padres de ustedes de la tierra de Egipto.
7 Ahora, pues, quédense quietos, para que yo razone con ustedes delante del SEÑOR acerca de todos los actos justos del SEÑOR, los cuales hizo por ustedes y por sus padres.
8 Cuando Jacob entró en Egipto y los padres de ustedes clamaron al SEÑOR, el SEÑOR envió a Moisés y a Aarón, quienes sacaron de Egipto a sus padres y los hicieron habitar en este lugar.
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Samuel ya había defendido suficientemente su propia reputación. En vez de reprender al pueblo por la manera poco amable en que lo había tratado, se dedicó a enseñarle y a mantenerlo en el camino del deber. Así, el cambio de gobierno les causaría menos daño.
Primero, les recuerda la gran bondad de Dios hacia ellos y hacia sus antepasados. Les presenta una breve historia de su nación para que, al reflexionar en todo lo que Dios había hecho, quedaran comprometidos para siempre a amarlo y servirlo. «Vengan, quédense quietos» (1 Samuel 12:7), les dice. Debían detenerse con reverencia mientras Dios les hablaba, permanecer atentos para escuchar con cuidado y serenidad, y permitir que Samuel razonara con ellos. La fe tiene la razón de su lado (Isaías 1:18). La labor de los ministros consiste en razonar con las personas, no solo exhortarlas y guiarlas, sino también persuadirlas y convencerlas en su entendimiento, para que su voluntad y sus afectos sigan ese camino.
Samuel razona con ellos acerca de los actos justos del Señor, es decir, tanto las bendiciones que Dios les había dado al cumplir sus promesas como los castigos que había enviado por causa de sus pecados. Sus favores reciben el nombre de actos justos (Jueces 5:11), porque por medio de ellos Dios se muestra fiel a su propio honor. Samuel no solo les recuerda lo que Dios había hecho en sus propios días, sino también lo que había hecho mucho tiempo atrás, en los días de sus antepasados, porque la generación presente ya se había beneficiado de aquellos actos de misericordia. Es probable que su discurso haya sido mucho más extenso que el breve relato que tenemos aquí.
Les recuerda su liberación de Egipto. Jacob y su familia descendieron a aquella casa de esclavitud siendo pocos y pobres. Cuando fueron oprimidos, clamaron a Dios, y él levantó a Moisés y a Aarón, hombres de origen humilde, para que fueran sus libertadores y los instrumentos que Dios usaría para establecerlos como nación en Canaán (1 Samuel 12:6, 1 Samuel 12:8).
También les recuerda la miseria que sus antepasados se provocaron al olvidar a Dios y servir a otros dioses (1 Samuel 12:9). Se convirtieron en esclavos, pues fueron entregados como criminales y cautivos en manos de sus opresores. Además, atrajeron sobre sí la guerra y la ruina, porque sus vecinos salieron a luchar contra ellos. Luego recuerda el arrepentimiento y el dolor que sus antepasados expresaron delante de Dios por causa de sus ídolos: «Hemos pecado» (1 Samuel 12:10). Los hijos no deben imitar los pecados de sus padres, especialmente porque aquellos padres muchas veces desearon poder deshacer lo malo que habían hecho. En tiempos de angustia buscaron al Señor y prometieron servirlo; por eso, sus hijos debían aprender a considerar siempre como algo bueno servir al Dios que había demostrado ser bueno con ellos en los tiempos difíciles.
Después les señala las grandes liberaciones que Dios había realizado a favor de ellos, las victorias que les había concedido y los períodos de paz y estabilidad que siguieron a muchas temporadas de problemas y angustia (1 Samuel 12:11). Menciona a Gedeón y a Jefté, grandes conquistadores de su tiempo. También menciona a Bedán, una persona que no aparece con ese nombre en ningún otro lugar de la Escritura. Tal vez fue algún libertador notable a quien Dios usó para rescatarlos, aunque no quedó registrado en el libro de los Jueces, como Samgar, de quien se dice que libró a Israel, aunque no que lo juzgó (Jueces 3:31). Algunos piensan que Bedán era la misma persona que Jair, mientras que otros creen que era Sansón, quien pertenecía a la tribu de Dan. Samuel se incluye a sí mismo, no para alabarse, sino para honrar a Dios, quien lo había convertido en instrumento para derrotar a los filisteos.
Por último, les recuerda la bondad reciente de Dios hacia esa misma generación, al darles un rey cuando pidieron uno que los salvara de Nahas, rey de los amonitas (1 Samuel 12:12, 1 Samuel 12:13). Ahora queda claro que esa fue la razón inmediata por la que quisieron tener un rey. Nahas los amenazaba, y ellos le pidieron a Samuel que les nombrara un comandante. Samuel les dijo que Dios mismo era su comandante en todas sus guerras y que no necesitaban otro. Lo que les faltara, les explicó, sería suplido por el poder de Dios: «El Señor es su rey». Pero ellos insistieron: «No, un rey reinará sobre nosotros». Por eso Samuel les dice, en efecto: «Ahora tienen un rey, uno que ustedes pidieron, y eso debería avergonzarlos. Pero también es un rey que Dios les ha dado, y eso debería honrar a Dios y mostrar su gracia». Dios no los rechazó, aunque ellos, en efecto, lo habían rechazado a él.
En segundo lugar, Samuel les muestra que tanto ellos como su rey están ahora bajo la estricta vigilancia de Dios. No deben pensar que se han librado de depender de él, ni que, por tener ahora un rey propio, su futuro está completamente en sus manos. El éxito humano nunca depende, en última instancia, del poder humano. El juicio sigue estando en manos del Señor.
Samuel les dice claramente que la obediencia a Dios ciertamente traerá bienestar (1 Samuel 12:14). Si no se apartan de Dios para seguir a los ídolos, ni se rebelan quebrantando sus mandamientos, sino que permanecen fieles a él, temen su ira, sirven a sus propósitos y obedecen su voluntad, entonces ellos y su rey serán bendecidos. La promesa está expresada con cuidado: «Entonces seguirán andando tras el Señor su Dios». Esto significa, en primer lugar, que continuarán caminando por el camino del deber, lo cual será su honra y su consuelo. Dios da a los creyentes sinceros la gracia para seguir caminando con él, y seguir a Dios es en sí mismo una recompensa.
También significa que continuarán bajo la dirección y la protección de Dios. El sentido hebreo es: «estarán detrás del Señor»; es decir, él irá delante de ellos para guiarlos y despejarles el camino. «El Señor está con ustedes mientras ustedes estén con él». Si permanecen con Dios, él permanecerá con ellos.
Pero su desobediencia les traería la misma ruina que antes (1 Samuel 12:15). No deben pensar que tener un rey los protegerá de los juicios de Dios, ni que, por haberse hecho semejantes a las naciones en este aspecto, podrán pecar sin sufrir consecuencias. No; la mano del Señor estará contra ellos, tal como estuvo contra sus antepasados cuando lo ofendieron en los días de los jueces. Nos equivocamos si pensamos que podemos escapar de la justicia de Dios al rechazar su gobierno. Si Dios no nos gobierna, de todos modos nos juzgará.
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De este capítulo
1 Samuel 12:1
"Samuel dijo a todo Israel: Miren, he escuchado la voz de ustedes en todo lo que me dijeron, y he puesto un rey sobre ustedes."
1 Samuel 12:2
"Ahora, miren, el rey camina delante de ustedes. Yo ya soy viejo y tengo canas; mis hijos están con ustedes, y yo he caminado delante de ustedes desde mi juventud hasta este día."
1 Samuel 12:3
"Aquí estoy. Testifiquen contra mí delante del SEÑOR y delante de su ungido. ¿De quién he tomado el buey? ¿De quién he tomado el asno? ¿A quién he defraudado? ¿A quién he oprimido? ¿De mano de quién he recibido algún soborno para cegar con él mis ojos? Y se lo devolveré."
1 Samuel 12:4
"Ellos respondieron: No nos has defraudado ni nos has oprimido, ni has tomado nada de mano de nadie."
1 Samuel 12:5
"Él les dijo: El SEÑOR es testigo contra ustedes, y su ungido es testigo en este día de que no han hallado nada en mi mano. Ellos respondieron: Es testigo."
1 Samuel 12:7
"Ahora, pues, quédense quietos, para que yo razone con ustedes delante del SEÑOR acerca de todos los actos justos del SEÑOR, los cuales hizo por ustedes y por sus padres."
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