Versículo destacado
Éxodo 33:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Y el SEÑOR dijo a Moisés: «Sal y sube de aquí, tú y el pueblo que sacaste de la tierra de Egipto, a la tierra acerca de la cual juré a Abraham, a Isaac y a Jacob, cuando dije: “Se la daré a tu descendencia”». "
Éxodo 33:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Y el SEÑOR dijo a Moisés: «Sal y sube de aquí, tú y el pueblo que sacaste de la tierra de Egipto, a la tierra acerca de la cual juré a Abraham, a Isaac y a Jacob, cuando dije: “Se la daré a tu descendencia”».
2 Enviaré un ángel delante de ti y expulsaré al cananeo, al amorreo, al hitita, al ferezeo, al heveo y al jebuseo.
3 A una tierra que fluye leche y miel; porque yo no subiré en medio de ti, porque eres un pueblo terco, no sea que te consuma en el camino.
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Este fue el mensaje que Dios envió por medio de Moisés al pueblo de Israel. Mostraba que el desagrado de Dios todavía estaba sobre ellos y que su relación con él seguía quebrantada. Moisés tenía que comunicarles esto para que sintieran el peso de su pecado.
Dios comienza dándoles un nombre humillante, al decir la verdad acerca de ellos: eran un pueblo de dura cerviz, es decir, obstinado y reacio a someterse a su autoridad (Éxodo 33:3, 5). «Ve —le dice Dios a Moisés— y diles eso». Quien los conoce mejor de lo que ellos mismos se conocen afirma esa realidad. Dios quería ponerlos bajo el yugo de su ley y dentro del vínculo de su pacto, pero sus cuellos eran demasiado rígidos para inclinarse. Quería sanar sus corazones torcidos y pecaminosos y enderezarlos, pero ellos eran rebeldes y difíciles de corregir. No querían que Dios reinara sobre ellos.
Dios juzga a las personas por la condición de su corazón. Nosotros vemos lo que hacen, pero Dios ve lo que son. Nosotros vemos lo que sale de ellas, pero Dios ve lo que hay en su interior. Nada le resulta más ofensivo que la obstinación, así como la terquedad es uno de los peores rasgos en los hijos.
Dios también les dice lo que merecían. Podría haber venido en medio de ellos en un instante y haberlos destruido (Éxodo 33:5). Si los hubiera tratado conforme a sus pecados, los habría exterminado rápidamente. Quienes han sido perdonados por Dios deben comprender lo que su pecado merecía y cuán desdichados habrían sido si él no los hubiera perdonado. Así, su misericordia se ve todavía más grande.
Les ordena salir y subir desde allí hacia la tierra de Canaán (Éxodo 33:1). Todavía estaban en el monte Sinaí, el lugar donde Dios había pensado establecer su tabernáculo, la tienda santa para adorarlo en medio de ellos. Como eso aún no había sucedido, esta orden da a entender que no ocurriría allí. El tono parece ser: «Sigan adelante tal como están». Esto mostraba con mucha claridad la ira de Dios.
Dios también los pone bajo la dirección de Moisés, el hombre que los había sacado de Egipto, y deja en sus manos la tarea de conducirlos a Canaán. Todavía promete cumplir su pacto con Abraham al darles la tierra, pero retira las señales especiales de su presencia que antes los habían acompañado. Enviaría un ángel delante de ellos para protegerlos, porque de otro modo sus enemigos los destruirían rápidamente. Pero no iría en medio de ellos, no fuera que los consumiera (Éxodo 33:2-3). Esto no significa que un ángel sería más bondadoso que Dios. Significa que ofender a un ángel sería menos grave que ofender la presencia visible de Dios mismo. Cuantos más privilegios disfrutamos, mayor es nuestro peligro si no los usamos bien ni vivimos conforme a ellos.
Aquí Dios habla como alguien que parece no saber qué hacer después. La justicia dice: «Elimínalos y destrúyelos». La misericordia dice: «¿Cómo podré abandonarte, Efraín?» (Oseas 11:8). Por eso Dios dice: «Quítense sus adornos, y entonces sabré qué hacer con ustedes» (Éxodo 33:5). Es decir, debían colocarse en una actitud de arrepentimiento, para que el asunto terminara a su favor y la misericordia triunfara sobre el juicio.
Los llamados al arrepentimiento son señales claras de que todavía se tiene la intención de mostrar misericordia. Si el Señor hubiera decidido matarlos, la justicia habría sabido qué hacer con un pueblo de dura cerviz. Pero Dios no se complace en la muerte del malvado. Cuando se vuelven y se arrepienten, la misericordia, que de otro modo parece no encontrar salida, sabe qué hacer.
El pueblo escuchó este mensaje con tristeza. Fue una mala noticia para ellos enterarse de que no tendrían la presencia especial de Dios con ellos. Por eso hicieron duelo (Éxodo 33:4). Lloraron por el pecado que había alejado a Dios y porque esta era la peor consecuencia que su pecado podía traer. Cuando tres mil de ellos murieron de una vez a manos de los levitas, no leemos que hayan hecho duelo por eso, quizá porque esperaban que esa muerte compensara su culpa. Pero cuando Dios se negó a acompañarlos con su favor, entonces lloraron y se llenaron de amargura.
Para quienes se arrepienten de verdad, uno de los resultados del pecado más difíciles y temidos es que Dios se retire. Dios les había prometido la tierra que fluía leche y miel, pero ellos podían disfrutar muy poco de ella sin su presencia. Incluso Canaán dejaría de ser una tierra agradable sin Dios. Por eso hicieron duelo.
Como señal de profunda vergüenza y humildad, quienes todavía no llevaban adornos no se los pusieron (Éxodo 33:4). Los que sí los llevaban se los quitaron junto al monte o, como interpretan algunos, a cierta distancia del monte (Éxodo 33:6), permaneciendo lejos, como el cobrador de impuestos de la parábola de Jesús (Lucas 18:13). Dios les había ordenado apartar sus adornos (Éxodo 33:5), y ellos lo hicieron. Lo hicieron para mostrar su profundo dolor y también para disciplinarse de una manera santa por haber entregado sus aretes para hacer el becerro de oro. Quienes habían estado dispuestos a desprenderse de sus adornos para apoyar su pecado no podían hacer menos que quitárselos para mostrar tristeza y vergüenza por él.
Cuando el Señor Dios llama al llanto y al duelo, debemos obedecer. No solo debemos abstenernos de los alimentos agradables (Daniel 10:3), sino también apartar nuestros adornos. Incluso las cosas apropiadas en otras ocasiones están fuera de lugar en días de humillación o de aflicción pública (Isaías 3:18).
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De este capítulo
Éxodo 33:2
"Enviaré un ángel delante de ti y expulsaré al cananeo, al amorreo, al hitita, al ferezeo, al heveo y al jebuseo."
Éxodo 33:3
"A una tierra que fluye leche y miel; porque yo no subiré en medio de ti, porque eres un pueblo terco, no sea que te consuma en el camino."
Éxodo 33:4
"Cuando el pueblo oyó estas malas noticias, se puso de luto, y ninguno se puso sus adornos."
Éxodo 33:5
"Porque el SEÑOR había dicho a Moisés: «Di a los hijos de Israel: “Ustedes son un pueblo terco. Yo subiré en medio de ti en un momento y te consumiré. Por tanto, quítate ahora tus adornos, para que yo sepa qué he de hacer contigo”»."
Éxodo 33:6
"Y los hijos de Israel se despojaron de sus adornos junto al monte Horeb."
Éxodo 33:7
"Moisés tomó el tabernáculo, lo instaló fuera del campamento, lejos del campamento, y lo llamó el Tabernáculo de Reunión. Y todo el que buscaba al SEÑOR salía al Tabernáculo de Reunión, que estaba fuera del campamento."
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