Versículo destacado
Números 27:12 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Y el Señor dijo a Moisés: Sube a este monte de Abarim y contempla la tierra que he dado a los hijos de Israel. "
Números 27:12
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
10 Y si no tiene hermanos, darán su herencia a los hermanos de su padre.
11 Y si su padre no tiene hermanos, darán su herencia al pariente de su familia que sea más cercano a él, y este tomará posesión de ella. Esto será para los hijos de Israel un estatuto de juicio, tal como el Señor mandó a Moisés.
12 Y el Señor dijo a Moisés: Sube a este monte de Abarim y contempla la tierra que he dado a los hijos de Israel.
13 Cuando la hayas contemplado, tú también serás reunido con tu pueblo, como fue reunido tu hermano Aarón.
14 Porque ustedes se rebelaron contra mi mandato en el desierto de Zin, durante la contienda de la congregación, en cuanto a santificarme en el agua ante los ojos de ellos. Esa es el agua de Meriba, en Cades, en el desierto de Zin.
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Aquí, Dios le habla a Moisés de su falta: haber hablado descuidadamente en las aguas de la contienda. Moisés no mostró, con todo el cuidado que debía, el debido respeto por el honor de Dios ni por el bien de Israel (Números 27:14). Aunque era siervo del Señor y le había sido fiel, en una ocasión quebrantó el mandato de Dios y no cumplió con su deber. Aunque había recibido gran honor y gozado del favor de Dios, tuvo que escuchar acerca de su fracaso, y el mundo entero también tendría que saberlo, una y otra vez.
Dios mostrará su desagrado por el pecado incluso en aquellos que están más cerca de él y son más queridos por él. Por eso, quienes son conocidos por su sabiduría y honor deben vigilar cuidadosamente sus palabras y sus acciones. De lo contrario, podrían hacer o decir algo que perjudique su paz, su reputación o ambas, aun mucho tiempo después.
Dios también le anuncia a Moisés su muerte. Su muerte era el castigo por su pecado, pero la noticia se le comunica de una manera que suaviza la sentencia y lo ayuda a aceptarla. Moisés debe morir, pero antes tendrá el gozo de contemplar la tierra prometida (Números 27:12). Dios no pretendía que contemplar Canaán fuera una burla ni que le recordara el error que le impidió entrar en ella. Moisés lo recibió como una muestra de bondad, y podemos pensar que su vista fue fortalecida para que pudiera ver la tierra con claridad y en toda su extensión. Esa vista de Canaán también señalaba su esperanza, fundada en la fe, de una patria mejor, es decir, la celestial; y esto ofrece gran consuelo a los creyentes que están por morir.
Moisés debe morir, pero la muerte no lo separaría del pueblo de Dios. Solo lo reuniría para descansar con los santos patriarcas que habían partido antes que él. Abraham, Isaac y Jacob eran su pueblo, el pueblo que Dios había escogido y amado, y la muerte llevaría a Moisés junto a ellos. Moisés también debe morir como había muerto Aarón, su hermano y el primer sumo sacerdote de Israel (Números 27:13). Moisés había visto con cuánta calma y disposición Aarón dejó primero su sacerdocio y después su cuerpo; por eso, no debía temer a la muerte.
La muerte de nuestros seres queridos debe enseñarnos dos cosas. Primero, debe hacernos pensar con frecuencia en nuestra propia muerte, porque no somos mejores que nuestros padres ni nuestros hermanos. Si ellos se han ido, nosotros también nos iremos. Si ya fueron reunidos con sus antepasados, pronto nosotros también seremos reunidos. Segundo, debe ayudarnos a pensar en la muerte sin terror y hasta a estar preparados para recibirla. Si vivimos como ellos vivieron, podemos morir como ellos murieron. Su final fue en paz y terminaron su camino con gozo; por eso, no hay razón para temer al atravesar ese valle oscuro.
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De este capítulo
Números 27:1
"Entonces se acercaron las hijas de Zelofehad, hijo de Hefer, hijo de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés, de las familias de Manasés, hijo de José. Estos son los nombres de sus hijas: Maala, Noa, Hogla, Milca y Tirsa."
Números 27:2
"Ellas se presentaron ante Moisés, ante el sacerdote Eleazar, ante los príncipes y ante toda la congregación, junto a la puerta del tabernáculo de reunión, diciendo:"
Números 27:3
"Nuestro padre murió en el desierto. Él no estuvo en el grupo de los que se reunieron contra el Señor, en el grupo de Coré, sino que murió por su propio pecado y no tuvo hijos varones."
Números 27:4
"¿Por qué ha de desaparecer el nombre de nuestro padre de entre su familia por no haber tenido un hijo? Dennos, por tanto, una posesión entre los hermanos de nuestro padre."
Números 27:5
"Moisés presentó la causa de ellas ante el Señor."
Números 27:6
"Y el Señor habló a Moisés, diciendo:"
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