Versículo destacado
Números 27:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Entonces se acercaron las hijas de Zelofehad, hijo de Hefer, hijo de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés, de las familias de Manasés, hijo de José. Estos son los nombres de sus hijas: Maala, Noa, Hogla, Milca y Tirsa. "
Números 27:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Entonces se acercaron las hijas de Zelofehad, hijo de Hefer, hijo de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés, de las familias de Manasés, hijo de José. Estos son los nombres de sus hijas: Maala, Noa, Hogla, Milca y Tirsa.
2 Ellas se presentaron ante Moisés, ante el sacerdote Eleazar, ante los príncipes y ante toda la congregación, junto a la puerta del tabernáculo de reunión, diciendo:
3 Nuestro padre murió en el desierto. Él no estuvo en el grupo de los que se reunieron contra el Señor, en el grupo de Coré, sino que murió por su propio pecado y no tuvo hijos varones.
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En el capítulo anterior, versículo 33, ya se menciona el caso de las hijas de Zelofehad. Por la atención cuidadosa que se le dedica, parece que se trataba de una situación poco común. En aquel tiempo, aparentemente no ocurría en ningún lugar de Israel que un hombre no tuviera hijos varones, sino solo hijas. Su caso vuelve a aparecer en Números 36:1-13 por otro asunto y, conforme a la resolución dada allí, más adelante recibieron su herencia (Josué 17:3-4). Es razonable pensar que su carácter también le dio peso a su causa y contribuyó a que su caso fuera tan notable.
Aquí vemos, en primer lugar, que ellas mismas presentan su situación y llevan su petición ante el tribunal supremo de Israel. Ese tribunal estaba formado por Moisés como gobernante, los príncipes como líderes y la congregación, es decir, los ancianos del pueblo escogidos para representarlo, como representantes de la gente común (Números 27:2). Este cuerpo honorable se reunía cerca de la entrada del tabernáculo, para que en los casos difíciles pudiera pedirle dirección a Dios. Estas jóvenes llevaron allí su reclamo, porque los magistrados deben defender a los huérfanos (Salmo 82:3). No se nos dice que tuvieran un abogado que hablara por ellas, pero supieron presentar muy bien su propio caso. Pudieron hacerlo con mayor facilidad porque su causa era clara, honesta y se defendía por sí misma.
Observemos lo que pidieron. Querían recibir una porción de la tierra de Canaán entre los hermanos de su padre (Números 27:4). Dios le había dicho a Moisés, y Moisés se lo había comunicado fielmente al pueblo, que la tierra de Canaán se repartiría entre los que habían sido contados en el censo (Números 26:53). Estas hijas sabían que ellas no habían sido contadas y que, conforme a esa regla, no podían esperar recibir una herencia. La familia de su padre sería tratada como si se hubiera extinguido, aunque él sí hubiera dejado hijas. Ellas consideraron que eso era injusto, así que pidieron ser tratadas como herederas en lugar de su padre y recibir su herencia. Si hubieran tenido un hermano, no habrían acudido a Moisés, como aquel hombre que acudió a Jesús para pedirle que repartiera con él la herencia de su hermano (Lucas 12:13). Pero como no tenían hermano, pidieron recibir una propiedad.
Con esta petición demostraron una fe firme en el poder de Dios y en su promesa de darles Canaán a los israelitas. Aunque la tierra todavía no había sido conquistada y seguía completamente en manos de sus habitantes, pidieron su porción como si ya les perteneciera. Véase Salmo 60:6-7, donde Dios afirma en su santidad que Galaad y Manasés son suyos. También demostraron un profundo deseo de tener un lugar y un nombre en la tierra prometida, lo cual apuntaba hacia el cielo. Si, como algunos piensan, también estaban mirando hacia esa herencia mayor y aferrándose a la vida eterna, entonces eran verdaderamente mujeres sabias. Su ejemplo debe impulsarnos a hacer todo lo posible para estar seguros de nuestro derecho a la herencia celestial, donde, bajo el pacto de la gracia, no hay diferencia entre hombre y mujer (Gálatas 3:28).
También demostraron un verdadero respeto por su padre. Ahora que había muerto, su nombre era precioso para ellas, y les preocupaba que el nombre de su familia desapareciera. Los hijos tienen una deuda con la memoria de sus padres, como lo enseña el quinto mandamiento: «Honra a tu padre y a tu madre».
En segundo lugar, su petición se basaba en que su padre no había muerto bajo ninguna acusación pública que lo hubiera deshonrado o le hubiera hecho perder su patrimonio. Él había muerto por su propio pecado (Números 27:3). No se había unido a ninguna rebelión contra Moisés, especialmente a la rebelión de Coré, ni había participado en los pecados de otros. Solo era culpable de la pecaminosidad común de la humanidad, y por eso debía responder únicamente ante Dios. No se había sometido a ningún juicio legal ante Moisés y los príncipes. Nadie había demostrado jamás algo contra él que impidiera que sus hijos reclamaran la herencia. Es un consuelo para los padres, cuando llega el momento de morir, que si deben sufrir por su propio pecado, no tengan conciencia de ninguna culpa que pueda traerles daño a sus hijos.
En segundo lugar, su caso quedó resuelto por la propia respuesta de Dios. Moisés no se atrevió a dictar el fallo por sí mismo, porque, aunque el reclamo de ellas parecía justo y razonable, sus instrucciones directas indicaban que la tierra debía repartirse entre los que habían sido contados, y los contados eran solamente varones. Por eso llevó el asunto ante el Señor y esperó su decisión (Números 27:5). Dios mismo dio el fallo. Él no solo toma en cuenta a las naciones, sino también a las familias particulares, y ordena sus asuntos conforme a su sabio propósito.
La petición fue concedida (Números 27:7): «Hablan con razón; dales una propiedad». Quienes buscan una herencia en la tierra prometida recibirán lo que piden, y junto con ello recibirán otras bendiciones. Dios aprueba y honra reclamos como este. El asunto también quedó establecido para casos futuros. Las hijas de Zelofehad no pensaban únicamente en su propio bienestar y en el buen nombre de su familia, sino también en la honra y el bien de las mujeres. Por eso, para este caso, se estableció una ley general: si un hombre no tenía hijos varones, su patrimonio pasaría a sus hijas (Números 27:8). Les correspondería a todas juntas, no solo a la mayor, y en partes iguales.
En Números 27:9-11 se dan más instrucciones acerca de las herencias. Si un hombre no tenía hijos, su patrimonio pasaría a sus hermanos. Si no tenía hermanos, pasaría a los hermanos de su padre; y si tampoco los tenía, pasaría a su pariente más cercano. La ley de nuestra sociedad coincide exactamente con estas reglas. Algunos maestros judíos querían afirmar que, si un hombre no tenía hijos, su patrimonio debía pasar primero a su padre, si todavía vivía, antes que a sus hermanos; pero la ley no dice eso. Nuestra ley común también establece claramente que la propiedad no puede ascender por la línea familiar. Así que, si un hombre compraba un terreno en propiedad y moría sin hijos mientras su padre aún vivía, su padre no podía heredarlo. Esto muestra cómo Dios establece quiénes son los herederos, y nosotros debemos aceptar el orden que él ha dispuesto.
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De este capítulo
Números 27:2
"Ellas se presentaron ante Moisés, ante el sacerdote Eleazar, ante los príncipes y ante toda la congregación, junto a la puerta del tabernáculo de reunión, diciendo:"
Números 27:3
"Nuestro padre murió en el desierto. Él no estuvo en el grupo de los que se reunieron contra el Señor, en el grupo de Coré, sino que murió por su propio pecado y no tuvo hijos varones."
Números 27:4
"¿Por qué ha de desaparecer el nombre de nuestro padre de entre su familia por no haber tenido un hijo? Dennos, por tanto, una posesión entre los hermanos de nuestro padre."
Números 27:5
"Moisés presentó la causa de ellas ante el Señor."
Números 27:6
"Y el Señor habló a Moisés, diciendo:"
Números 27:7
"Las hijas de Zelofehad tienen razón. Ciertamente les darás una posesión como herencia entre los hermanos de su padre, y harás que la herencia de su padre pase a ellas."
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