Versículo destacado

1 Samuel 12:1 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" Samuel dijo a todo Israel: Miren, he escuchado la voz de ustedes en todo lo que me dijeron, y he puesto un rey sobre ustedes. "

1 Samuel 12:1

menu_book El versículo en contexto

1 Samuel dijo a todo Israel: Miren, he escuchado la voz de ustedes en todo lo que me dijeron, y he puesto un rey sobre ustedes.

2 Ahora, miren, el rey camina delante de ustedes. Yo ya soy viejo y tengo canas; mis hijos están con ustedes, y yo he caminado delante de ustedes desde mi juventud hasta este día.

3 Aquí estoy. Testifiquen contra mí delante del SEÑOR y delante de su ungido. ¿De quién he tomado el buey? ¿De quién he tomado el asno? ¿A quién he defraudado? ¿A quién he oprimido? ¿De mano de quién he recibido algún soborno para cegar con él mis ojos? Y se lo devolveré.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Samuel comienza dando al pueblo un breve informe sobre el cambio reciente de gobierno y la situación presente, como una introducción a lo que dirá después (1 Samuel 12:1, 12:2). Les recuerda que les había servido toda su vida. Desde su juventud había caminado delante de ellos como un guía y un pastor que conduce a su rebaño (Salmo 80:1). Había comenzado a servirles cuando era joven, en cuanto Dios le dio luz profética, y había continuado hasta llegar a la vejez.

Ahora declara claramente que es viejo y de cabello canoso. Esto hace aún más injusto que lo hayan rechazado, pero también lo hace más dispuesto a hacerse a un lado, pues la carga del gobierno se había vuelto pesada para él. Su edad debía darles mayor peso a sus palabras, porque los muchos años traen sabiduría, y los gobernantes y ministros de más edad merecen un respeto especial. También deja entrever que quizá no tendrá muchas más oportunidades de hablarles, así que deben prestarle mucha atención ahora.

Luego habla de sus hijos. «Ellos están con ustedes», dice, dando a entender que siguen allí y que pueden rendir cuentas si han hecho algo malo. No huyeron después de este cambio de liderazgo. Están bajo el gobierno de Saúl igual que todos los demás; por eso, si alguien puede presentar una acusación contra ellos, que lo haga mediante el debido proceso legal, con el castigo y la restitución que correspondan.

Samuel también les recuerda que había aceptado su petición de tener un rey (1 Samuel 12:1). Había escuchado lo que le pidieron y había hecho lo que querían, aunque eso significara dejar de lado su propia autoridad y la de su familia. Ahora les pide que, a cambio, lo escuchen a él. El cambio de gobierno ya se había completado, pues el rey estaba ahora delante de ellos en público y listo para atender los asuntos del pueblo (1 Samuel 12:2). Ya que habían escogido ser como las demás naciones en su gobierno civil y habían dejado de lado el gobierno directo de Dios, debían tener cuidado de no imitar también a las naciones en la religión y abandonar la adoración de Dios.

Entonces Samuel hace un solemne llamado respecto a su propia honestidad en el cargo (1 Samuel 12:3). «Declaren contra mí», les dice. «¿De quién he tomado un buey?». Con esto quiere demostrar que lo habían tratado injustamente al apartarlo, pues no podían señalar ninguna falta en su gobierno. El único defecto de su administración era que había sido demasiado bondadosa y poco costosa para el pueblo. También quería defender su reputación, porque quienes se enteraran de que lo habían rechazado podrían suponer que había hecho algo malo. Era importante que dejara un registro claro de que no lo habían destituido por haber actuado mal, sino para complacer a un pueblo inquieto que no pedía un gobernante mejor, sino uno más alto.

Este llamado también sirve de ejemplo para el hombre que lo sucedería. Samuel quiere que su sucesor aprenda de su ejemplo y realice el mismo tipo de trabajo justo y honesto. Además, al final de su discurso piensa reprender al pueblo. Por eso comienza aclarando su propia conducta, pues cualquiera que corrija a otros con seguridad debe asegurarse primero de tener las manos limpias.

En su llamado, Samuel niega tres tipos de conducta indebida. Primero, dice que nunca tomó lo que no era suyo, ya fuera un buey o un burro. Nunca se apoderó del ganado de ellos para cobrar impuestos, multas o bienes extraviados, ni utilizó sus servicios sin pagarles. Segundo, nunca engañó a nadie con quien trató ni maltrató a quienes estaban bajo su autoridad. Tercero, nunca aceptó sobornos ni permitió que las preferencias personales torcieran su juicio.

Luego pide que testifiquen contra él quienes lo habían apartado. «Aquí estoy», dice. «Declaren contra mí si tienen algo que presentar, delante del Señor y del rey, que son los jueces correspondientes». De esta manera también honra a Saúl, al reconocer que, si había hecho algo malo, debía responder ante el nuevo rey.

Samuel queda honrado por el resultado. No esperaba que el pueblo lo elogiara al despedirse, aunque lo merecía. Por eso no les recuerda las cosas buenas que había hecho y por las que debían darle las gracias. Solo pide justicia, y ellos se la conceden. Reconocen que no los había gobernado con dureza ni había usado su poder para hacerles daño. También reconocen que no había hecho más pesada su carga al quitarles algo para su propio sustento. Como Nehemías, quien no exigió la provisión correspondiente al gobernador (Nehemías 5:18), Samuel había actuado con justicia y generosidad. No había deseado la plata, el oro ni la ropa de nadie (Hechos 20:33).

Este testimonio público de la honestidad de Samuel quedó registrado para honrarlo (1 Samuel 12:5). El Señor es testigo, porque examina el corazón, y su ungido es testigo, porque evalúa las acciones visibles. El pueblo también lo confirma: «Él es testigo». El testimonio de los demás, y especialmente el testimonio de nuestra propia conciencia de que hemos vivido con honestidad en el lugar que ocupamos, nos consuela cuando otros nos tratan con falta de respeto. Demetrio es un hombre feliz porque todos hablan bien de él, y la verdad misma también da buen testimonio de su vida (3 Juan 1:12).

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