Versículo destacado
Éxodo 30:11 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" El SEÑOR habló a Moisés y le dijo: "
Éxodo 30:11
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
9 No ofrecerán sobre él incienso extraño, ni holocausto ni ofrenda de cereal; tampoco derramarán sobre él una ofrenda líquida.
10 Una vez al año, Aarón hará expiación sobre sus cuernos con la sangre de la ofrenda por el pecado de las expiaciones. Una vez al año hará expiación sobre él a lo largo de sus generaciones. Es santísimo para el SEÑOR.
11 El SEÑOR habló a Moisés y le dijo:
12 Cuando hagas el censo de los hijos de Israel para contarlos, cada uno dará al SEÑOR un rescate por su alma cuando los cuentes, para que no haya ninguna plaga entre ellos cuando los cuentes.
13 Esto dará todo el que pase entre los que sean contados: medio siclo, conforme al siclo del santuario (un siclo equivale a veinte geras). Medio siclo será la ofrenda para el SEÑOR.
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Algunos han observado que la repetición de las palabras «El SEÑOR habló a Moisés», aquí y más adelante (Éxodo 30:17, 30:22, 30:34), sugiere que Dios no le dio todos estos mandamientos a Moisés en un solo mensaje prolongado en el monte. Probablemente hubo varias pausas, que le permitieron a Moisés escribir lo que escuchaba o, al menos, fijarlo firmemente en su memoria. De manera semejante, Cristo enseñó a sus discípulos poco a poco, conforme podían asimilarlo.
Aquí se le ordena a Moisés recoger dinero del pueblo mediante un impuesto por persona: una cantidad fija por cada individuo, destinada al servicio del tabernáculo, la tienda sagrada donde Dios se encontraba con su pueblo. Debía hacerlo cuando censara al pueblo. Algunos piensan que esto se aplicaba únicamente al primer censo, cuando el tabernáculo acababa de ser establecido, y que el impuesto ayudó a completar lo que aún faltaba para terminar la obra o para iniciar el servicio del tabernáculo. Otros creen que se recaudaba nuevamente cada vez que había una necesidad especial y cada vez que se contaba al pueblo, y que David pecó al no exigirlo cuando hizo el censo. Sin embargo, muchos escritores judíos, y otros que siguieron su interpretación, piensan que se convirtió en un pago anual, aunque comenzó cuando Moisés contó al pueblo por primera vez. Este era el dinero del tributo que Cristo pagó para no ofender a sus adversarios (Mateo 17:27), aunque también mostró por qué podía haber quedado exento.
La cantidad era medio siclo, aproximadamente quince peniques según la equivalencia monetaria de aquella época. Los ricos no debían dar más, ni los pobres menos (Éxodo 30:15). Esto mostraba que los ricos y los pobres tienen el mismo valor ante Dios, y que él no favorece a una persona sobre otra (Hechos 10:34; Job 34:19). En otras ofrendas, cada persona daba conforme a sus posibilidades. Pero este pago, llamado el rescate por la vida, debía ser igual para todos, porque los ricos necesitan a Cristo tanto como los pobres, y los pobres son tan bien recibidos por él como los ricos. Ambos contribuían al sostenimiento del servicio del templo porque tenían la misma participación en sus bendiciones. En Cristo y en sus ordenanzas se encuentran ricos y pobres; y el Señor, que creó a ambos, y el Señor Jesucristo, que redime a ambos, es la fuente de su esperanza común (Proverbios 22:2).
Los judíos dicen que, si un hombre se negaba a pagar este tributo, no era incluido en la expiación. El dinero debía pagarse como rescate por la vida, para que ninguna plaga cayera sobre ellos. De esta manera reconocían que sus vidas procedían de Dios, que por causa del pecado merecían perderlas y que dependían de su poder y paciencia para seguir respirando cada día. Así honraban al Dios de sus vidas y le rogaban que detuviera las plagas que sus pecados merecían.
El dinero recaudado debía usarse para el servicio del tabernáculo (Éxodo 30:16). Servía para comprar sacrificios, harina, incienso, vino, aceite, combustible, sal, vestiduras sacerdotales y todo lo demás que necesitaba la congregación entera. Quienes disfrutan de la bendición de tener el tabernáculo de Dios entre ellos deben estar dispuestos a contribuir a sus gastos y no resentir los costos necesarios de la adoración pública. De esa manera honramos al Señor con nuestras riquezas y consideramos que el mejor uso del dinero es dedicarlo al servicio de Dios. El dinero no puede pagar la expiación por la vida, pero sí puede usarse para honrar a quien hizo posible esa expiación y para sostener el evangelio por medio del cual se aplica.
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De este capítulo
Éxodo 30:1
"Harás un altar para quemar incienso sobre él; lo harás de madera de acacia."
Éxodo 30:2
"Su longitud será de un codo y su anchura de un codo; será cuadrado, y su altura será de dos codos. Sus cuernos serán de una misma pieza con él."
Éxodo 30:3
"Lo recubrirás de oro puro: su parte superior, sus lados alrededor y sus cuernos. También le harás una moldura de oro alrededor."
Éxodo 30:4
"Le harás dos anillos de oro debajo de su moldura, junto a sus dos esquinas; los harás en sus dos lados, y servirán para colocar las varas con las que será transportado."
Éxodo 30:5
"Harás las varas de madera de acacia y las recubrirás de oro."
Éxodo 30:6
"Pondrás el altar delante del velo que está junto al arca del testimonio, delante del propiciatorio que está sobre el testimonio, donde me reuniré contigo."
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