Versículo destacado
Éxodo 25:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" El SEÑOR habló a Moisés y le dijo: "
Éxodo 25:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 El SEÑOR habló a Moisés y le dijo:
2 Habla a los hijos de Israel para que me traigan una ofrenda. De todo hombre que la dé voluntariamente de corazón, ustedes tomarán mi ofrenda.
3 Esta es la ofrenda que tomarán de ellos: oro, plata, bronce,
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Podemos suponer que, cuando Moisés entró en medio de la nube y permaneció allí tanto tiempo, rodeado por los santos ángeles alrededor de la gloria divina, vio y escuchó cosas maravillosas acerca del mundo celestial. Pero no estaba permitido repetirlas, y eran demasiado grandes para que el lenguaje humano pudiera expresarlas. Por eso, en el relato que escribió sobre aquel encuentro, no intenta satisfacer la curiosidad de quienes se entrometen en asuntos que no han visto. Escribe únicamente lo que debía comunicarles a los hijos de Israel.
La Escritura tiene el propósito de guiarnos en nuestro deber, no de alimentar especulaciones ni entretener nuestra imaginación. En estos versículos, Dios le comunica a Moisés su propósito general: los hijos de Israel debían construirle un santuario, porque él había decidido vivir en medio de ellos (Éxodo 25:8). Algunos consideran que, aunque antes de esto se usaban altares y arboledas para la adoración, ninguna nación había construido todavía una casa o un templo para uso sagrado hasta que Moisés levantó este tabernáculo, una tienda santa y portátil. También creen que los templos paganos posteriores tomaron su modelo de este.
Dios había escogido a Israel para que fuera su pueblo especial, por encima de todas las demás naciones; el pueblo en medio del cual se conservarían y establecerían la revelación divina y la religión verdadera. Él mismo sería su Rey. Como Rey, ya les había dado leyes para su vida personal y para relacionarse unos con otros, además de normas generales para la adoración basadas en la razón y en la ley natural, especialmente en los Diez Mandamientos y las explicaciones que los acompañan. Pero eso no bastaba para distinguirlos de las demás naciones ni para responder plenamente al pacto por medio del cual Dios sería su Dios.
Por eso, primero ordena que se construya entre ellos un palacio real para él, llamado aquí santuario, lugar santo o morada. Jeremías dice: «Trono glorioso, excelso desde el principio, es el lugar de nuestro santuario» (Jeremías 17:12). Este santuario debe entenderse de dos maneras. Era ceremonial, apropiado para el resto de aquel sistema del pacto, que consistía en reglas y ritos externos (Hebreos 9:10). Por eso se le llama santuario terrenal (Hebreos 9:1). Allí Dios establecía su corte como Rey de Israel.
Allí manifestaba su presencia en medio del pueblo. Debía ser una señal de que realmente estaba entre ellos, para que nunca más tuvieran que preguntar: «¿Está el SEÑOR entre nosotros o no?». Y como vivían en tiendas en el desierto, este palacio real también se construyó como una tienda, para que pudiera viajar con ellos. Eso mostraba con cuánta bondad Dios se acomodaba a su condición. Allí también les exigía que acudieran a honrarlo. Debían ir allí para pedir su dirección, presentar sus sacrificios y reunirse como un solo pueblo para mostrar respeto al Dios de Israel.
El santuario también era un tipo, o una representación, de realidades espirituales mayores. Los lugares santos hechos por manos humanas eran copias de los verdaderos (Hebreos 9:24). La iglesia del evangelio es el verdadero tabernáculo que levantó el Señor, no el ser humano (Hebreos 8:2). El cuerpo de Cristo, en el cual y por medio del cual hizo expiación, era el tabernáculo más grande y perfecto (Hebreos 9:11). «El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros», como si hubiera establecido su morada en un tabernáculo.
En segundo lugar, cuando Moisés iba a levantar este palacio, primero necesitaba saber de dónde obtener los materiales y qué modelo seguir. No podía diseñarlo con su propia capacidad ni pagarlo por sí mismo, así que Dios lo instruyó en ambos asuntos. El pueblo debía proporcionar los materiales, no mediante un impuesto obligatorio, sino como una ofrenda voluntaria. Esta es la primera instrucción que se da aquí.
Dios dijo: «Habla a los hijos de Israel y diles que me traigan una ofrenda». Ellos tenían muchas razones para hacerlo. Dios mismo los había engrandecido y enriquecido con los bienes de Egipto. Les había dicho que pidieran objetos prestados, y había movido a los egipcios a dárselos; por tanto, sus riquezas habían venido de él. Era apropiado, entonces, que se las devolvieran y las usaran para su servicio, como una respuesta agradecida a su bondad.
El mejor uso de nuestras riquezas terrenales es honrar a Dios con ellas mediante actos de adoración y misericordia. Y cuando Dios nos concede un éxito notable en nuestro trabajo, cuando hemos tenido, como suele decirse, una buena racha, es razonable hacer algo adicional para su gloria y apartar parte de nuestras ganancias para el Señor de toda la tierra (Miqueas 4:13). El santuario que debían construir era para su propio bien y consuelo, así que no debían resentir el costo. Bien podían dar generosamente para honrar a Dios mientras recibían gratuitamente el sustento, con alimento que cada día descendía del cielo para ellos y sus familias. Nosotros también debemos reconocer que todo lo que tenemos proviene de la generosidad de Dios y, por lo tanto, todo lo que tenemos debe usarse para su gloria. Ya que vivimos gracias a él, debemos vivir para él.
Esta ofrenda debía darse libremente y de corazón. Eso significa, primero, que no se estableció de antemano qué debía dar cada persona ni cuánto debía dar. Se dejó a su generosidad, para que pudieran demostrar su buena voluntad hacia la casa de Dios y su servicio, y para que el entusiasmo santo de unos pocos animara a muchos (2 Corintios 9:2). No solo debemos preguntar: «¿Qué tenemos que hacer?», sino también: «¿Qué podemos hacer por Dios?». Segundo, cualquier cosa que dieran debían darla con alegría, no de mala gana, porque Dios ama al que da con alegría (2 Corintios 9:7). Lo que se gasta al servicio de Dios debe considerarse bien gastado.
Los objetos que debían ofrecer se mencionan aquí (Éxodo 25:3-7), y todos eran apropiados para el tabernáculo y su servicio. Algunos observan que se proporcionaron oro, plata y bronce, pero no hierro. El hierro es el metal de la guerra, y esta debía ser una casa de paz. Todo lo que se daba era rico, fino y de la mejor calidad, porque Dios, que es el mejor, debe recibir lo mejor.
Dios mismo proporcionaría el modelo: «Conforme a todo lo que yo te muestre» (Éxodo 25:9). Dios le mostró a Moisés un modelo exacto en miniatura, y Moisés debía seguirlo en cada detalle. Ezequiel también vio en una visión la forma y el diseño del templo de la misma manera (Ezequiel 43:11). Todo lo que se hace al servicio de Dios debe hacerse conforme a su dirección y no de otra manera. Pero Dios no solo le mostró a Moisés el modelo; también le dio instrucciones detalladas para construir el tabernáculo de acuerdo con él, parte por parte, y en este capítulo y el siguiente presenta claramente esas instrucciones.
Cuando Moisés comenzó el Génesis, dio un relato muy breve de la creación del mundo. Es una obra inmensa y maravillosa, llena de muchos detalles; sin embargo, no la describió extensamente, como la sabiduría humana habría esperado de un escritor guiado por Dios. Pero cuando llega a describir el tabernáculo, lo hace con gran cuidado y exactitud.
El mismo Dios que no nos reveló las líneas y los círculos del globo terráqueo, el diámetro de la tierra ni el tamaño de las estrellas, sí nos revela las medidas exactas de cada tabla y cada cortina del tabernáculo. La razón es clara: Dios valora a su iglesia y la religión que ha establecido más que a todo el resto del mundo. La Escritura no fue dada para explicar detalladamente las obras de la naturaleza. Una visión general de la creación es suficiente para llevarnos a conocer y servir al Creador. En cambio, la Escritura fue escrita para mostrarnos el camino de la gracia y las cosas que solo pueden conocerse mediante la revelación divina.
Por la misma razón, la felicidad futura del pueblo de Dios se describe con mayor detalle como una nueva Jerusalén que como cielos nuevos y una tierra nueva.
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De este capítulo
Éxodo 25:2
"Habla a los hijos de Israel para que me traigan una ofrenda. De todo hombre que la dé voluntariamente de corazón, ustedes tomarán mi ofrenda."
Éxodo 25:3
"Esta es la ofrenda que tomarán de ellos: oro, plata, bronce,"
Éxodo 25:4
"tela azul, púrpura, escarlata, lino fino, pelo de cabra,"
Éxodo 25:5
"pieles de carnero teñidas de rojo, pieles de tejón, madera de acacia,"
Éxodo 25:6
"aceite para la lámpara, especias para el aceite de la unción y para el incienso aromático,"
Éxodo 25:7
"piedras de ónice y piedras para engastar en el efod y en el pectoral."
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