Versículo destacado
Números 6:1 - Significado y aplicación
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Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" El SEÑOR habló a Moisés y le dijo: "
Números 6:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 El SEÑOR habló a Moisés y le dijo:
2 Habla a los israelitas y diles: Cuando un hombre o una mujer se aparte para hacer voto de nazareo, a fin de consagrarse al SEÑOR,
3 se abstendrá de vino y de bebida fermentada. No beberá vinagre de vino ni vinagre de bebida fermentada; tampoco beberá ningún jugo de uvas ni comerá uvas frescas o secas.
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Después de la ley que exponía y avergonzaba a quienes se habían contaminado por el pecado, era apropiado continuar con una ley para quienes se habían honrado mediante una devoción especial a Dios. Esta ley da dirección y ánimo a las personas que se apartaban por una fe firme y una vida santa, y que se distinguían de sus vecinos. Es muy probable que algunas personas ya fueran conocidas como nazareos antes de que se escribiera esta ley, pues aquí el voto se trata como algo ya conocido, aunque ahora se establecen reglas más claras.
José es llamado nazareo entre sus hermanos (Génesis 49:26), no solo porque fue apartado de ellos, sino porque fue mayor que ellos. Un nazareo era una persona apartada para el SEÑOR (Números 6:2). Algunos eran nazareos de por vida, ya fuera por elección del propio Dios, como Sansón (Jueces 13:5) y Juan el Bautista (Lucas 1:15), o por el voto de uno de sus padres, como Samuel (1 Samuel 1:11). Esta ley no se refiere a esos casos, sino a quienes se convertían en nazareos por un tiempo determinado, mediante un voto voluntario; para ellos Dios establece estas normas.
Una mujer también podía hacer este voto, dentro de los límites descritos en Números 30:3, donde el voto que una mujer hacía al SEÑOR parece incluir este de manera especial. Durante el tiempo de su voto, los nazareos pertenecían al SEÑOR, y probablemente dedicaban buena parte de ese tiempo a estudiar la ley de Dios, orar y ayudar a enseñarla a otros. Toda su manera de vivir debía mostrar piedad. También se apartaban de la gente y las cosas comunes, porque quienes están apartados para Dios no deben dejarse moldear por el mundo que los rodea.
Lo hacían mediante un voto propio. Todo israelita ya estaba obligado por la ley de Dios a amarlo con todo su corazón, pero el nazareo iba más allá al asumir actos adicionales de adoración y negación propia como señales de ese amor. De esa manera, algunos se convertían en ejemplos especiales dentro del pueblo de Dios, en líderes religiosos y modelos de una vida santa. Dios había mostrado gran bondad a Israel al levantar entre sus jóvenes a algunos nazareos (Amós 2:11). Eran conocidos públicamente como personas más puras que la nieve y más blancas que la leche (Lamentaciones 4:7).
A Cristo se le burlaron llamándolo nazareno, y también a sus seguidores, pero él no era nazareo conforme a esta ley. Bebía vino y tocaba cadáveres. Aun así, esta imagen encontró su verdadero significado en él, porque en Cristo se reunieron toda pureza y perfección. Todo cristiano verdadero es, en sentido espiritual, un nazareo, apartado para el SEÑOR mediante un voto. Pablo, por insistencia de sus amigos y como gesto de consideración hacia los judíos, participó por un tiempo en esta práctica nazarea, pero también quedó claro que a los creyentes gentiles no se les exigía cumplirla (Hechos 21:24, Hechos 21:25).
Ser nazareo se consideraba un gran honor. Si un hombre hablaba de ello como si fuera una carga y decía: «Preferiría ser nazareo antes que hacer algo así», los judíos lo consideraban malvado. Pero si hacía un voto santo al SEÑOR para ser nazareo, entonces, como ellos decían, la corona de su Dios estaba sobre su cabeza.
Dios mismo estableció las normas para estas personas, de modo que las ideas humanas no añadieran restricciones nuevas sin fin. Primero, no debían tener nada que ver con el fruto de la vid (Números 6:3, Números 6:4). No podían beber vino ni bebidas fuertes, ni comer uvas, semillas, cáscaras ni siquiera pasas. El doctor Lightfoot pensaba que esto quizá representaba la vida pura de la humanidad antes de la caída, y que la vid pudo haber sido el árbol prohibido en el Edén. Si fuera así, esta ley señalaría de nuevo a la inocencia y la santidad.
Quienes daban vino a los nazareos estaban haciendo la obra del tentador (Amós 2:12), empujándolos hacia lo que Dios había prohibido. Los recabitas muestran que rechazar el vino se consideraba una señal de disciplina y honor (Jeremías 35:6). Debían evitar el vino, primero, para ser ejemplos de templanza y dominio propio. Quienes se apartan para Dios no deben satisfacer los deseos del cuerpo, sino mantenerlo bajo control.
La Escritura permite un poco de vino por motivos de salud, como Pablo le mencionó a Timoteo (1 Timoteo 5:23), pero beber por placer no es apropiado para quienes buscan vivir conforme al Espíritu y no conforme a la carne. Segundo, debían estar preparados para el servicio de Dios. El vino podía nublarles la mente y hacerlos olvidar la ley (Proverbios 31:5), o hacerlos extraviarse por causa de la bebida (Isaías 28:7). Los cristianos también deben tener mucho cuidado y moderación con el vino y las bebidas fuertes, porque cuando el amor por estas cosas toma el control, Satanás puede atrapar fácilmente a una persona.
Es significativo que, como se les prohibía el vino —que era lo principal en cuestión—, también se les prohibiera todo lo que procedía de la vid. Esto nos enseña a evitar el pecado con mucho cuidado y a mantenernos alejados de todo lo que conduce al pecado o puede tentarnos a cometerlo. Debemos apartarnos de toda apariencia de maldad (1 Tesalonicenses 5:22).
Segundo, no debían cortarse el cabello (Números 6:5). No debían recortarse la cabeza ni afeitarse la barba. Esta era la señal del nazareato de Sansón, que aparece repetidamente en su historia. Mostraba un noble desprecio por el cuerpo, su comodidad y su belleza. Como estaban apartados para Dios, debían concentrarse en el cuidado y la belleza del alma. También mostraba que, durante un tiempo, habían renunciado a los placeres mundanos y habían escogido una vida de negación propia. Mefiboset, por su dolor, no se recortó la barba (2 Samuel 19:24).
Algunos también señalan que el cabello largo se menciona como señal de sumisión (1 Corintios 11:5 y siguientes). Si es así, el cabello largo del nazareo mostraba que estaba bajo el gobierno de Dios y que se había sometido a su autoridad. También hacía que fuera fácil reconocerlo, para que otros lo respetaran como alguien apartado. Su cabello lo distinguía de manera natural, sin adornos ni ostentación. Era como una corona dada por la naturaleza y testificaba que se había mantenido puro. Si se contaminaba, debía cortarse el cabello (Números 6:9). Véase también Jeremías 7:29.
Tercero, no debían acercarse a ningún cadáver (Números 6:6, Números 6:7). Otras personas podían tocar cadáveres y quedar ceremonialmente impuras por un tiempo. En algunos casos, tenían que hacerlo, porque de lo contrario el muerto no sería enterrado. Pero los nazareos debían evitarlo, aun a costa de perder todo el honor de su voto nazareo. Ni siquiera podían asistir al funeral de un familiar cercano, ni de su padre o su madre, tal como tampoco se le permitía hacerlo al sumo sacerdote, porque la consagración de Dios estaba sobre su cabeza.
Quienes se apartan para Dios deben aprender a apartarse en la práctica y a hacer más que los demás. Deben mantener limpia su conciencia de obras muertas y no tocar nada impuro. Cuanto más elevada sea nuestra profesión pública de fe y cuanto más visibles seamos, más cuidadosos debemos ser para evitar el pecado. Tenemos más honor que perder por causa de él. También deben controlar sus sentimientos incluso hacia sus familiares cercanos, para que el dolor por una pérdida no destruya su gozo en Dios ni su disposición a someterse a la voluntad de Dios. Véase (Mateo 8:21-22).
Durante todos los días de su consagración, debían ser santos para el SEÑOR (Números 6:8). Ese era el verdadero significado de las normas externas. Sin esta devoción interior, aquellas reglas no significaban nada. El nazareo tenía que pertenecer a Dios, servirlo y mantener su mente fija en él. Debía conservar la pureza de su corazón y de su vida y reflejar en todo la imagen y la voluntad de Dios. Eso es lo que significa ser santo. Eso es lo que significa ser un verdadero nazareo.
También había una disposición para purificar al nazareo si se contaminaba al tocar accidentalmente un cadáver. Aquí no se establece ninguna pena por quebrantar deliberadamente las reglas anteriores. La ley no esperaba que un hombre con suficiente devoción religiosa para hacer este voto lo quebrantara intencionalmente. Tampoco era probable que bebiera vino o se cortara el cabello por decisión propia. Pero, por la providencia de Dios y sin ninguna culpa de su parte, podía acercarse a un cadáver. Ese es el caso descrito en Números 6:9: si alguien moría repentinamente junto a él, contaminaba la cabeza de su consagración.
A veces la muerte se lleva a las personas de manera repentina, sin ninguna advertencia. Alguien puede estar vivo y morir tan rápidamente que ni siquiera el nazareo más cuidadoso podría evitar el contacto con el cadáver. Así de cercano y breve es el paso del tiempo a la eternidad. Que Dios nos prepare para una muerte repentina.
En ese caso, tenía que purificarse de la impureza ceremonial, como los demás, al séptimo día (Números 6:9). De hecho, se exigía más del nazareo que de otras personas que hubieran tocado un cadáver. Tenía que presentar una ofrenda por el pecado y un holocausto, y hacer expiación por él (Números 6:10-11). Esto nos enseña que los pecados cometidos por debilidad y las faltas en las que caemos por sorpresa deben ser objeto de un arrepentimiento genuino. También nos enseña que cada día debemos aplicar a nuestra vida el valor del sacrificio de Cristo para el perdón de nuestros pecados (1 Juan 2:1-2). Además, muestra que cuando quienes hacen una firme profesión pública de fe realizan algo que perjudica ese testimonio, se espera más de ellos que de los demás, tanto para recuperar su paz como para restaurar su reputación.
También tenía que comenzar de nuevo los días de su consagración. Todos los días que habían transcurrido antes de su impureza, aunque estuviera muy cerca de terminar su voto, se perdían y no contaban (Números 6:12). Esto hacía que fueran muy cuidadosos de no contaminarse con un cadáver, porque esa era la única situación que les hacía perder el tiempo ya cumplido. También nos advierte que, si un justo se aparta de su justicia y se contamina con obras muertas, toda la justicia que haya hecho será olvidada (Ezequiel 33:13). Todo se pierde y resulta inútil si no persevera hasta el fin (Gálatas 3:4). Tiene que comenzar otra vez y volver a hacer sus primeras obras.
Cuando se cumplía el tiempo del voto, se realizaba una ceremonia solemne para liberar al nazareo de él. No podía quedar libre antes de que terminara el tiempo establecido. Antes de hacer el voto, la decisión era suya; después, ya era demasiado tarde para averiguar si quería continuar. Los judíos dicen que el voto de un nazareo no podía durar menos de treinta días. Si alguien decía: «Seré nazareo solo dos días», aun así quedaba obligado por treinta. Sin embargo, el voto de Pablo parece haber durado solo siete días (Hechos 21:27), o, más probablemente, en ese momento estaba llevando a cabo la ceremonia final de un voto de nazareo del que ya se había liberado años antes en Cencrea, cuando se cortó el cabello como parte de la conclusión del voto (Hechos 18:18).
Cuando terminaba el tiempo establecido, primero se le declaraba libre públicamente a la entrada del tabernáculo (Números 6:13), para que todos supieran que su voto había terminado y nadie se ofendiera al verlo beber vino después de haberse abstenido de él durante tanto tiempo. También tenía que hacerlo con sacrificios (Números 6:14). Aun después de semejante acto de devoción, no debía pensar que ahora Dios le debía algo. Todavía tenía que presentar una ofrenda a Dios al terminar su voto, porque incluso después de haber cumplido con todo nuestro deber, debemos reconocer que seguimos estando en deuda con Dios.
Tenía que presentar una ofrenda de cada clase de las establecidas. La primera era el holocausto, como señal de que Dios todavía tenía autoridad sobre él y sobre todo lo que poseía, aunque ese voto en particular estuviera terminando. La segunda era la ofrenda por el pecado. En Números 6:14 aparece mencionada en segundo lugar, pero parece que se ofrecía primero en Números 6:16, porque era necesario hacer expiación por el pecado antes de que cualquier sacrificio pudiera ser aceptado. Es sorprendente que incluso el nazareo, que parecía más limpio que la nieve y más blanco que la leche, no pudiera presentarse delante del Dios santo sin una ofrenda por el pecado. Aunque hubiera cumplido su voto sin ninguna impureza externa, todavía tenía que presentar un sacrificio por el pecado. Aun las mejores personas contraen culpa de maneras que no perciben, incluso en sus mejores acciones: dejan de hacer algún bien y permiten que entre algún mal. Si Dios nos tratara con estricta justicia, eso nos destruiría. Por eso debemos confiar en la expiación y presentarla como nuestra justicia delante de Dios.
La tercera era la ofrenda de paz, presentada en agradecimiento a Dios, quien lo había ayudado a cumplir su voto, y como una oración para que Dios lo guardara de hacer algo indigno de quien alguna vez había sido nazareo. Tenía que recordar que, aunque ahora estaba libre de las obligaciones de su propio voto, todavía seguía sujeto a la ley de Dios. La cuarta incluía las ofrendas de cereal y las libaciones, conforme a la instrucción (Números 6:15, 17), pues estas siempre acompañaban a los holocaustos y a las ofrendas de paz. Junto con ellas se ofrecía una cesta de tortas y obleas sin levadura. La quinta consistía en una parte de la ofrenda de paz, junto con una torta y una oblea, que se mecía delante del SEÑOR como ofrenda mecida (Números 6:19-20). Este era un regalo para el sacerdote, quien lo recibía por su servicio después de que primero se hubiera ofrecido a Dios. La sexta era la ofrenda voluntaria, que podía presentar según sus posibilidades, como se indica en Números 6:21. Podía llevar más de esto, pero no menos.
Para darle mayor solemnidad a la ocasión, era común que los amigos ayudaran a pagar los gastos (Hechos 21:24). Se requería una ceremonia más, como cuando se cancela una obligación después de que se han cumplido sus términos: se cortaba el cabello del hombre, que había dejado crecer durante su tiempo como nazareo, y se quemaba en el fuego que estaba debajo de las ofrendas de paz (Números 6:18). Esto mostraba que el cumplimiento completo de su voto era aceptado por Dios por medio de Cristo, el gran sacrificio, y no de ninguna otra manera. De esto debemos aprender a hacer votos al SEÑOR nuestro Dios y cumplirlos, porque él no se complace en los necios.
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De este capítulo
Números 6:2
"Habla a los israelitas y diles: Cuando un hombre o una mujer se aparte para hacer voto de nazareo, a fin de consagrarse al SEÑOR,"
Números 6:3
"se abstendrá de vino y de bebida fermentada. No beberá vinagre de vino ni vinagre de bebida fermentada; tampoco beberá ningún jugo de uvas ni comerá uvas frescas o secas."
Números 6:4
"Durante todos los días de su consagración no comerá nada que proceda de la vid, desde las semillas hasta la cáscara."
Números 6:5
"Durante todos los días del voto de su consagración, ninguna navaja pasará sobre su cabeza. Hasta que se cumplan los días durante los cuales se consagra al SEÑOR, será santo y dejará crecer los mechones del cabello de su cabeza."
Números 6:6
"Durante todos los días en que se consagre al SEÑOR, no se acercará a ningún cadáver."
Números 6:7
"No se hará impuro por su padre, su madre, su hermano o su hermana cuando mueran, porque la consagración de su Dios está sobre su cabeza."
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