Versículo destacado
Levítico 27:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" El SEÑOR habló a Moisés y le dijo: "
Levítico 27:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 El SEÑOR habló a Moisés y le dijo:
2 Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando un hombre haga un voto especial, las personas pertenecerán al SEÑOR conforme a tu valoración.
3 Tu valoración de un varón de veinte a sesenta años será de cincuenta siclos de plata, según el siclo del santuario.
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Esto forma parte de la ley acerca de los votos especiales, es decir, votos que iban más allá de lo acostumbrado. Dios no ordenó directamente que se hicieran esos votos, pero se agradaba cuando estaban de acuerdo con sus mandamientos generales. Por eso, no solo debemos preguntarnos: «¿Qué debemos hacer?», sino también: «¿Qué podemos hacer para honrar a Dios?». Así como las personas generosas planean actos generosos (Isaías 32:8), los creyentes sinceros piensan en maneras sinceras de expresar su devoción. Cuando recibimos una misericordia especial, o incluso cuando esperamos recibirla, es bueno honrar a Dios con un voto especial.
El primer caso se refiere a los votos hechos por una persona, o en favor de una persona, para el servicio del tabernáculo, como se explica en Levítico 27:2. Un hombre podía consagrarse a sí mismo o a un hijo para realizar allí algún trabajo humilde, como barrer, sacar cenizas o hacer mandados. En ese caso, se consideraba que la persona pertenecía al Señor; es decir, Dios aceptaba la disposición sincera de su corazón. «Hiciste bien en tenerlo en tu corazón» (2 Crónicas 6:8). Sin embargo, como los levitas —la tribu apartada para el servicio del tabernáculo— ya cumplían esa función, esas personas debían ser rescatadas en su lugar. El dinero pagado por su rescate se usaba para reparar el santuario o para otras necesidades sagradas, como en 2 Reyes 12:14.
Por eso se estableció una escala fija de valores para que la usaran los sacerdotes. Los adultos de veinte a sesenta años tenían el valor más alto, porque eran los más capaces de servir. Un hombre era valorado en cincuenta siclos y una mujer en treinta, según Levítico 27:3-4. En aquel tiempo se asignaba a las mujeres un valor menor, aunque esto no es así en Cristo, porque en Cristo Jesús no hay hombre ni mujer (Gálatas 3:28). Quienes están en sus mejores años deben recordar que se espera más de ellos en el servicio de Dios que de los niños, que todavía no tienen plena capacidad para servir, o de los ancianos, que ya han pasado esa etapa.
Los que tenían entre cinco y veinte años eran valorados menos, porque podían trabajar en menor medida, como se indica en Levítico 27:5. Los padres podían consagrar a Dios a sus hijos pequeños, incluso antes de que nacieran, como hizo Ana con Samuel; pero no debían presentarlos ni rescatarlos hasta que cumplieran un mes. Así pasaba un sábado antes de su circuncisión y una luna nueva antes de establecer su valor. Su valoración era pequeña, como se indica en Levítico 27:6. Samuel, que había sido consagrado a Dios, no fue rescatado porque era levita y desde niño fue usado de manera especial en el tabernáculo.
Los ancianos eran valorados menos que los jóvenes, pero más que los niños pequeños, como se indica en Levítico 27:7. Los judíos observaban que una mujer anciana tenía un valor equivalente a dos terceras partes del valor de un hombre anciano; así, en la vejez, la diferencia entre ambos valores era menor. Esto llevó a decir, como señala el obispo Patrick: «Una mujer anciana en una casa es un tesoro en una casa». Pablo también mostró gran respeto por las mujeres mayores cuando dijo que debían enseñar lo bueno (Tito 2:3).
A los pobres se les debía asignar un valor de acuerdo con lo que podían pagar, como se indica en Levítico 27:8. Tenían que pagar algo, para no hacer votos a Dios de manera irresponsable, porque Dios no se complace en los necios (Eclesiastés 5:4). Pero no debían pagar más de lo que podían, sino de acuerdo con sus recursos, para no arruinarse ni arruinar a sus familias por un celo religioso mal dirigido. Dios espera que las personas den conforme a lo que tienen, no conforme a lo que no tienen (Lucas 21:4).
El caso siguiente se refiere a los animales consagrados a Dios. Si el animal era limpio, es decir, apto para el sacrificio, no podía ser rescatado ni cambiado por otro. Era santo, como se indica en Levítico 27:9-10. Una vez hecho el voto, no podía usarse para fines comunes ni cambiarse después. Debía ofrecerse sobre el altar. Si tenía algún defecto y no era apto para el sacrificio, la persona que lo había consagrado no podía recuperarlo. En ese caso, los sacerdotes debían conservarlo para su propio uso, pues administraban lo que se ofrecía a Dios, o venderlo para atender las necesidades del santuario. Esto enseña que debemos ser cuidadosos al hacer votos y constantes en cumplirlos. Es una trampa tratar a la ligera las cosas santas y luego reconsiderarlo después de haber hecho el voto (Proverbios 20:25). También concuerda con esta regla: «Cada uno debe dar según haya decidido en su corazón» (2 Corintios 9:7).
Si el animal era impuro, se le asignaba un valor para el uso del sacerdote. Pero si la persona que lo había consagrado quería recuperarlo, podía rescatarlo pagando ese valor en dinero, más una quinta parte, como se indica en Levítico 27:11-13. Las personas deben sentir el costo de ser inconstantes. Dios ha dado a conocer su voluntad acerca de su servicio, y no se agrada cuando no tomamos decisiones claras. Espera que quienes se relacionan con él estén firmes y decidan de antemano qué están dispuestos a cumplir.
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De este capítulo
Levítico 27:2
"Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando un hombre haga un voto especial, las personas pertenecerán al SEÑOR conforme a tu valoración."
Levítico 27:3
"Tu valoración de un varón de veinte a sesenta años será de cincuenta siclos de plata, según el siclo del santuario."
Levítico 27:4
"Si es una mujer, tu valoración será de treinta siclos."
Levítico 27:5
"Si tiene de cinco a veinte años, tu valoración será de veinte siclos por el varón y de diez siclos por la mujer."
Levítico 27:6
"Si tiene de un mes a cinco años, tu valoración será de cinco siclos de plata por el varón y de tres siclos de plata por la mujer."
Levítico 27:7
"Si tiene sesenta años o más, tu valoración será de quince siclos por el varón y de diez siclos por la mujer."
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