Versículo destacado
1 Reyes 21:17 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Entonces la palabra del SEÑOR vino a Elías el tisbita, diciendo: "
1 Reyes 21:17
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
15 Cuando Jezabel oyó que Nabot había sido apedreado y estaba muerto, le dijo a Acab: «Levántate y toma posesión de la viña de Nabot el jezreelita, que él se negó a darte a cambio de dinero, porque Nabot ya no está vivo, sino muerto».
16 Cuando Acab oyó que Nabot estaba muerto, se levantó para bajar a la viña de Nabot el jezreelita y tomar posesión de ella.
17 Entonces la palabra del SEÑOR vino a Elías el tisbita, diciendo:
18 Levántate y baja al encuentro de Acab, rey de Israel, que está en Samaria. Mira, está en la viña de Nabot, adonde ha bajado para tomar posesión de ella.
19 Hablarás con él y le dirás: “Así dice el SEÑOR: ¿Has asesinado y además has tomado posesión?”. También le dirás: “Así dice el SEÑOR: En el lugar donde los perros lamieron la sangre de Nabot, los perros lamerán tu sangre, la tuya”.
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En estos versículos vemos primero el muy mal carácter de Acab, lo cual ayuda a entender por qué Dios pronunció una sentencia tan severa contra él (1 Reyes 21:25-26). Dios no lo castigó con tanta dureza únicamente por el caso de Nabot, aunque el pecado de Acab en ese asunto se parecía mucho al pecado de David con Urías. Más bien, Acab llevaba mucho tiempo siendo culpable de numerosos pecados, especialmente de idolatría, mientras que David, aparte de aquel terrible episodio, generalmente hacía lo correcto.
Acab se distingue como alguien hábil y activo para hacer el mal. Él se «vendió» para hacer lo malo; es decir, se convirtió voluntariamente en esclavo de sus deseos. Eligió el pecado, le sirvió y estaba dispuesto a recibir su paga, que es la muerte (Romanos 6:23). Pablo dijo que estaba «vendido al pecado» (Romanos 7:14), como alguien cautivo contra su voluntad; pero Acab hizo esto por decisión propia. Jezabel, la esposa de Acab, lo incitaba a hacer el mal, pero eso no era una excusa. Un corazón lleno de corrupción y un espíritu dispuesto a hacer lo malo aumentaban su culpa. Sus pecados eran muchos, pero su adoración de ídolos era especialmente ofensiva para Dios, porque seguía a dioses falsos como los cananeos. Israel se encontraba en una condición lamentable cuando un hombre así gobernaba sobre el pueblo.
Después vemos el mensaje que Elías fue enviado a entregar cuando Acab fue a tomar posesión de la viña de Nabot (1 Reyes 21:17-19). Hasta ese momento, Dios había guardado silencio. No había detenido las cartas de Jezabel ni a los ancianos de Jezreel, pero ahora Acab debía ser confrontado y su pecado expuesto claramente delante de él. Elías, el gran profeta, fue enviado, y no un mensajero de menor rango como en la ocasión anterior, cuando Dios había enviado a Acab palabras de misericordia (1 Reyes 20:13). Ahora el principal de los profetas debía acusarlo y condenarlo por asesinato.
El lugar y el momento del mensaje tenían gran importancia. Elías se encontró con Acab en la viña de Nabot, precisamente cuando Acab iba a tomar posesión de ella. Allí mismo, y en ese momento, se leyó la sentencia contra él. Al quedarse con la tierra, Acab aprobaba todo lo que se había hecho y se hacía culpable después de los hechos, como quien se une a un crimen una vez cometido. Fue sorprendido en medio de su maldad, y por eso la reprensión le afectaría todavía más. Nada bueno podía esperar de una viña comprada con sangre (Habacuc 2:12), cuando él había provocado la muerte de su dueño (Job 31:39). Justo cuando disfrutaba de su ganancia mal habida y pensaba convertir la viña en un jardín de flores, la ira de Dios se levantaría contra él (Job 20:14, 20, 23).
Luego vemos lo que ocurrió entre Acab y el profeta. En vez de humillarse delante de Elías, como debió haberlo hecho (2 Crónicas 36:12), Acab reaccionó con enojo. Le dijo: «¿Me has encontrado, enemigo mío?» (1 Reyes 21:20). Estas palabras muestran que odiaba a Elías. La última vez que habían estado juntos se habían separado como amigos (1 Reyes 18:46), porque en aquel momento Acab había apoyado la reforma. Pero ahora había vuelto atrás y se había hecho peor que antes. Su conciencia le decía que había convertido a Dios en su enemigo, así que no podía esperar que Elías fuera su amigo. Es triste cuando una persona convierte la palabra de Dios en su enemiga, y es aún más desesperado cuando llama enemigos a los siervos de Dios porque le dicen la verdad (Gálatas 4:16).
Acab también le tenía miedo a Elías. Sus palabras, «¿Me has encontrado?», muestran que había estado evitándolo, y que ahora su presencia lo aterrorizaba. Para Acab, la presencia de Elías era como la escritura en la pared para Belsasar: le producía temor y vergüenza. Estaba tan perturbado como un criminal cuando llega el oficial para arrestarlo. Las personas atraen sobre sí mismas ese temor cuando convierten a Dios y a su palabra en objetos de terror.
Entonces Elías anunció el juicio de Dios: «Te he encontrado», le dijo, «porque te has vendido para hacer lo malo» (1 Reyes 21:20). Quienes se entregan al pecado tarde o temprano serán descubiertos, y eso les traerá gran horror. Ahora Acab es llevado a juicio, tal como Nabot lo había sido, y tiembla más que Nabot. Elías expone primero la acusación con claridad: «¿Has matado y también has tomado posesión?» (1 Reyes 21:19). Acab no podía escapar diciendo que la ley había matado a Nabot, porque la justicia torcida es la peor forma de injusticia. Tampoco podía decir que no sabía nada, porque todo se había hecho para complacerlo y él había demostrado que lo aprobaba. Al tomar la tierra, también tomó la culpa. La tierra venía acompañada de su carga.
Luego Elías pronunció el juicio contra él. En nombre de Dios declaró que la familia de Acab sería arruinada y eliminada. Su casa llegaría a ser como las casas de sus malvados predecesores, Jeroboam y Baasa (1 Reyes 21:21-22). A los que murieran en la ciudad los comerían los perros, y a los que murieran en el campo los comerían las aves (1 Reyes 21:24), tal como se había anunciado acerca de la casa de Jeroboam (1 Reyes 14:11) y de la casa de Baasa (1 Reyes 16:4). Jezabel, en particular, sería comida por los perros (1 Reyes 21:23), y esto se cumplió después (2 Reyes 9:36). En cuanto al propio Acab, los perros lamerían su sangre en el mismo lugar donde habían lamido la sangre de Nabot (1 Reyes 21:19). Su sangre real, tan orgullosa y ardiente, pronto se convertiría en alimento para los perros. Esto se cumplió en 1 Reyes 22:38. Todo ello señala una muerte violenta, un final vergonzoso y deshonra aun después de la muerte. El castigo se refiere especialmente al cuerpo, aunque también puede apuntar a la miseria del alma después de la muerte.
Finalmente, Acab se humilló ante esta sentencia, y después vino un mensaje más favorable. En cierta manera, Acab mostró arrepentimiento.
El mensaje de Elías en nombre de Dios aterrorizó a Acab por un momento, de modo que rasgó su ropa y se vistió de tela áspera, como señal de duelo y arrepentimiento (1 Reyes 21:27). Seguía siendo un pecador orgulloso y terco, pero por un tiempo fue quebrantado. Dios puede hacer temblar al corazón más fuerte y humillar a la persona más orgullosa. Su palabra está viva y tiene poder; cuando él quiere, actúa como fuego y como martillo (Jeremías 23:29). También hizo temblar a Félix.
Acab adoptó la apariencia externa de una persona arrepentida, alguien que parece lamentar su pecado, pero su corazón no había cambiado. Después de esto, todavía odiaba a un profeta fiel (1 Reyes 22:8). No sorprende encontrar apariencias y palabras de arrepentimiento donde falta el arrepentimiento verdadero. Dios le dijo a Elías: «¿Has visto cómo Acab se ha humillado?» Esto solo ocurrió en lo exterior. La ropa estaba rasgada, pero el corazón no. Un hipócrita puede llegar muy lejos en sus deberes religiosos externos y, aun así, quedarse lejos de la realidad espiritual.
Acab sí obtuvo un aplazamiento del juicio, lo que podemos llamar una especie de perdón temporal. Aunque su arrepentimiento era solo externo —lamentaba el castigo, no el pecado— y aunque no abandonó sus ídolos ni devolvió la viña de Nabot a los herederos de Nabot, todavía le rindió a Dios cierto honor. Dios lo tomó en cuenta y le dijo a Elías que también lo tomara en cuenta: «¿Has visto cómo Acab se ha humillado?» Por causa de esto, la ruina anunciada para su casa se pospuso hasta los días de su hijo. La sentencia no fue cancelada, pero su ejecución fue retrasada.
Esto muestra la gran bondad de Dios y su disposición a mostrar misericordia. Aquí se dice que la misericordia triunfa sobre el juicio. Se mostró favor a este hombre malvado para que la bondad de Dios se diera a conocer, aun con el riesgo de que algunos malinterpretaran su santidad, su verdad o su justicia, aunque Dios no carece de ninguna de ellas. También se nos enseña a reconocer lo bueno incluso en personas que no son tan buenas como deberían ser, y a elogiarlo en la medida en que sea genuino. Esto ayuda a explicar por qué a veces las personas malvadas prosperan durante mucho tiempo: Dios les está dando recompensas externas por sus actos externos. Y anima a todos los que se arrepienten de verdad y creen sinceramente en el santo evangelio. Si una persona cuyo arrepentimiento es incompleto puede irse con un aplazamiento del juicio, con mayor razón quien se arrepiente sinceramente puede irse justificado, es decir, declarado justo delante de Dios.
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De este capítulo
1 Reyes 21:1
"Después de estas cosas, sucedió que Nabot el jezreelita tenía una viña en Jezreel, muy cerca del palacio de Acab, rey de Samaria."
1 Reyes 21:2
"Acab habló con Nabot y le dijo: «Dame tu viña para tenerla como huerto de verduras, porque está cerca de mi casa. A cambio, te daré una viña mejor que esa; o, si te parece bien, te daré su valor en dinero»."
1 Reyes 21:3
"Y Nabot le dijo a Acab: «¡Que el SEÑOR no permita que te dé la herencia de mis padres!»"
1 Reyes 21:4
"Acab entró en su casa abatido y disgustado por lo que Nabot el jezreelita le había dicho, pues había dicho: «No te daré la herencia de mis padres». Entonces se acostó en su cama, volvió el rostro y no quiso comer pan."
1 Reyes 21:5
"Pero Jezabel, su esposa, fue a verlo y le preguntó: «¿Por qué está tan triste tu espíritu que no comes pan?»."
1 Reyes 21:6
"Él le respondió: «Porque hablé con Nabot el jezreelita y le dije: “Dame tu viña a cambio de dinero; o, si te parece bien, te daré otra viña a cambio”. Pero él respondió: “No te daré mi viña”»."
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