Versículo destacado
Salmos 78:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Escucha, pueblo mío, mi ley; inclinen sus oídos a las palabras de mi boca. "
Salmos 78:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Escucha, pueblo mío, mi ley; inclinen sus oídos a las palabras de mi boca.
2 Abriré mi boca en parábola; pronunciaré dichos enigmáticos de tiempos antiguos,
3 los cuales hemos oído y conocido, y nuestros padres nos han contado.
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
Estos versículos son la introducción a esta historia y muestran que el salmo corresponde a su título. Verdaderamente es un *Masquil*, un salmo destinado a instruir. Si no aprendemos de él, la culpa es nuestra.
El salmista primero pide que presten cuidadosa atención a lo que está a punto de enseñar: «Escucha, pueblo mío, mi ley» (Salmos 78:1). Algunos consideran que estas son palabras de David, pronunciadas como rey, o de Asaf hablando en nombre de David como secretario real. En ese caso, se dirige al pueblo que está bajo su cuidado y llama ley o mandato a su enseñanza, porque tiene autoridad y exige una respuesta. Cuando la verdad de Dios se recibe con amor, pesa sobre la conciencia como una ley. Si Dios, por su gracia, usa para bien a personas importantes, ellas pueden hacer mucho más que otras, porque sus palabras tienen peso entre quienes las rodean.
Otra manera de entenderlo es que el salmista habla como profeta, como mensajero de Dios, y por eso llama pueblo suyo a quienes escuchan, en nombre del Señor. Entonces, el llamado es a obedecer lo que Dios dice, tal como el Cristo resucitado afirma: «El que tenga oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias» (Apocalipsis 2:7). En cualquiera de los dos casos, el punto es claro: la revelación de Dios no debe limitarse a llegar a nuestros oídos. Debemos escuchar con humildad y prestarle toda nuestra atención.
Se dan varias razones para escuchar atentamente lo que sigue. Primero, el tema es importante, poco común y digno de una profunda reflexión: «Abriré mi boca en parábolas; pronunciaré enigmas de tiempos antiguos» (Salmos 78:2). No se les llama «enigmas» porque sean imposibles de entender, sino porque son profundos y merecen un estudio cuidadoso. Son semejantes a las parábolas que más adelante enseñaría Jesús, por medio de las cuales presentó las verdades del reino de Dios en forma de imágenes (Mateo 13:35).
Segundo, se trata de verdades antiguas transmitidas por nuestros padres. Son «cosas que hemos oído y conocido» (Salmos 78:3). Su verdad no está en duda. Lucas habla de la misma manera cuando dice que escribe acerca de cosas «que ciertamente se creen entre nosotros» (Lucas 1:1). Puesto que nuestros padres y antepasados nos transmitieron estas cosas, debemos tratarlas con respeto cuando son verdaderas y buenas.
Tercero, estas verdades deben transmitirse a la siguiente generación: «No las ocultaremos a sus hijos» (Salmos 78:4). Tenemos esta responsabilidad con nuestros propios hijos y también con los hijos de los demás, porque nuestra preocupación debe extenderse más allá de nuestra propia familia. Lo que debe transmitirse no es solamente conocimiento, habilidades, libertad y bienes, sino especialmente «las alabanzas del Señor, su poder y sus maravillas». Nuestro gran deber es conservar pura y completa nuestra fe, este precioso encargo, para quienes vengan después de nosotros.
Hay dos cosas cuyo conocimiento pleno y claro debemos preservar para nuestros herederos. La primera es la ley de Dios. Él «estableció un testimonio», es decir, un testimonio del pacto, y fijó una ley en Jacob e Israel, con mandamientos y promesas que debían enseñarse a sus hijos (Salmos 78:5; Deuteronomio 6:7, 6:20). La iglesia nunca tuvo el propósito de ser algo limitado a una sola generación. Dios proveyó una línea de ministros en Leví y Aarón, y también encargó a los padres que instruyeran a sus hijos en su ley. Cuando una generación desaparece, otra debe levantarse y declarar estas cosas a la siguiente (Salmos 78:6), para que el pueblo de Dios continúe de generación en generación.
La segunda son las obras de Dios a favor de ellos, tanto en misericordia como en juicio. Sus obras deben enseñarse junto con su ley, porque muestran sus promesas a quienes obedecen y sus advertencias a quienes desobedecen. Estas cosas deben contarse a nuestros hijos y nietos, primero para animarlos a obedecer a Dios. Si recuerdan las obras de Dios, serán guiados a poner su esperanza en él y a guardar sus mandamientos (Salmos 78:7). Quienes verdaderamente esperan la salvación de Dios son los que toman en serio sus mandamientos. Meditar en las obras de Dios fortalece tanto la fe como la obediencia, porque él puede sostenernos en ambas.
También deben aprender estas cosas para no imitar los pecados de sus padres (Salmos 78:8). Sus padres fueron una generación obstinada y rebelde. Aunque eran descendientes de Abraham y pertenecían externamente al pueblo del pacto de Dios, seguían oponiéndose a su voluntad. Afirmaban tener una relación con él, pero su corazón no era recto delante de él. No eran sinceros en sus promesas ni constantes en la adoración y, por eso, pronto se apartaron de él. La hipocresía suele conducir al abandono de la fe. Las personas que no afirman su corazón delante de Dios no permanecerán fieles a él.
Esta es una advertencia para los hijos de padres que no honran a Dios. Si consideran la palabra y las obras de Dios, tendrán razones suficientes para no seguir el mismo camino.
No será una excusa para llevar una vida indigna decir que esa forma de vivir nos fue transmitida por nuestros padres (1 Pedro 1:18). Lo que sabemos que fue malo en ellos debería advertirnos. Debemos temer cualquier cosa que les haya resultado tan dañina, así como evitaríamos los hábitos que arruinaron su salud o sus bienes.
Cómo puede ayudarte tu IA cristiana
Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana
Estudio bíblico
Orientación para la vida
Apoyo en la oración
Sabiduría diaria
Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes
De este capítulo
Salmos 78:2
"Abriré mi boca en parábola; pronunciaré dichos enigmáticos de tiempos antiguos,"
Salmos 78:3
"los cuales hemos oído y conocido, y nuestros padres nos han contado."
Salmos 78:4
"No los ocultaremos de sus hijos, sino que mostraremos a la generación venidera las alabanzas del SEÑOR, su poder y las obras maravillosas que ha hecho."
Salmos 78:5
"Porque estableció un testimonio en Jacob y dispuso una ley en Israel, los cuales mandó a nuestros padres que dieran a conocer a sus hijos,"
Salmos 78:6
"para que los conociera la generación venidera, los hijos que habrían de nacer, quienes se levantarían y los declararían a sus hijos,"
Salmos 78:7
"para que pusieran su esperanza en Dios, no olvidaran las obras de Dios y guardaran sus mandamientos,"
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.