Versículo destacado
Isaías 51:4 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Escúchame, pueblo mío; préstame oído, nación mía. Porque de mí saldrá una ley, y estableceré mi juicio como luz para el pueblo. "
Isaías 51:4
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
2 Miren a Abraham, su padre, y a Sara, que los dio a luz; porque cuando lo llamé, él estaba solo, y lo bendije y lo multipliqué.
3 Porque el SEÑOR consolará a Sion; consolará todos sus lugares devastados. Hará que su desierto sea como Edén y su tierra árida como el jardín del SEÑOR. Allí se hallarán gozo y alegría, acción de gracias y voz de canto.
4 Escúchame, pueblo mío; préstame oído, nación mía. Porque de mí saldrá una ley, y estableceré mi juicio como luz para el pueblo.
5 Mi justicia está cerca; mi salvación ha salido, y mis brazos juzgarán al pueblo. Las islas esperarán en mí y confiarán en mi brazo.
6 Levanten los ojos hacia los cielos y miren la tierra abajo; porque los cielos se desvanecerán como humo, la tierra se envejecerá como una prenda de vestir y sus habitantes morirán de igual manera. Pero mi salvación será para siempre, y mi justicia no será abolida.
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Ambos mensajes terminan con la misma promesa: la justicia y la salvación de Dios durarán para siempre. Por eso debemos leerlos juntos, pues ambos tienen el propósito de consolar al pueblo de Dios.
¿A quién pertenece este consuelo? Al «pueblo mío» y a la «nación mía»: al pueblo que Dios apartó para sí. Le pertenecen, y él lo reconoce como suyo. Ese pueblo vive bajo su gobierno como su Rey y su Dios, le es leal y confía en su protección. También es un pueblo que conoce lo correcto, no solo porque ha recibido enseñanza, sino porque pone en práctica lo que ha aprendido. Puede distinguir la verdad de la falsedad, y el bien del mal.
No solo tiene una mente clara; también tiene un corazón transformado, porque la ley de Dios está escrita en su interior y gobierna allí. Aquellos a quienes Dios considera su pueblo son los que llevan su ley en el corazón. Aun así, quienes saben lo que es correcto y tienen la ley de Dios dentro de sí pueden sufrir profundamente, sentir gran tristeza y ser tratados con vergüenza y desprecio. Sin embargo, su Dios los consuela precisamente con la justicia que conocen y con la ley que llevan en el corazón.
El consuelo consiste en esto: el evangelio de Cristo será predicado y dado a conocer en el mundo. «De mí saldrá una ley»: una ley evangélica, es decir, la ley del evangelio, la ley de Cristo, la ley de la fe (Isaías 2:3). Esta ley también es el juicio de Dios, porque es la ley de la libertad por la que el mundo será gobernado y juzgado. No solo saldrá; también permanecerá y echará raíces profundas en el mundo. No será únicamente para los judíos, que la escucharon primero, sino también una luz para las naciones.
Esta es la ley y este es el juicio que debemos escuchar y atender; de lo contrario, enfrentaremos las consecuencias. Si un mandato viene de Dios, todo el que tenga oídos debe escuchar. Además, esta ley y este juicio traerán consigo justicia y salvación. Abrirán un camino seguro para que los seres humanos sean reconciliados con Dios y salvos (Isaías 51:5). Se les llama la justicia de Dios y la salvación de Dios porque él las planeó y las llevó a cabo.
La primera es una justicia que Dios acepta a nuestro favor, y que también produce en nosotros y acepta por su gracia. La segunda es la salvación que viene del Señor y culmina en él. No hay salvación sin justicia, y donde está presente la justicia de Dios, allí también estará su salvación. Todos los que son justificados, es decir, declarados justos delante de Dios, y santificados, es decir, hechos santos, también serán glorificados.
Esta justicia y esta salvación pronto se manifestarán. «Mi justicia está cerca». Está cerca en el tiempo, porque todo está listo. También está cerca en cuanto al lugar, porque no es difícil encontrarla. La palabra está cerca de nosotros, y Cristo está en la palabra, junto con la justicia que ella anuncia (Romanos 10:8). «Mi salvación ya salió». El decreto acerca de ella ya fue emitido; por eso su llegada es tan segura como si ya hubiera ocurrido, y el tiempo está cerca.
Esta justicia y esta salvación del evangelio no estarán limitadas a la nación judía. También llegarán a los gentiles. «Mis brazos juzgarán a los pueblos». Aquellos que se nieguen a someterse a los juicios pronunciados por la boca de Dios serán quebrantados por los juicios ejecutados por su mano. Algunos serán juzgados de esta manera por medio del evangelio, pues Cristo vino al mundo tanto para juicio como para salvación. Pero otros, incluidos los habitantes de las islas, esperarán en él y recibirán con alegría su evangelio, junto con sus mandatos y su consuelo.
Esto era un consuelo para el pueblo de Dios, porque muchos se unirían a él, y su crecimiento aumentaría su fuerza y su belleza. También se dice: «En mi brazo confiarán», refiriéndose al brazo del Señor revelado en Cristo (Isaías 53:1). El brazo de Dios juzgará a quienes se nieguen a arrepentirse, pero otros confiarán en ese mismo brazo y serán salvos por él. Para nosotros, el mismo evangelio es un aroma de vida o de muerte, según la manera en que lo recibamos.
Esta justicia y esta salvación durarán para siempre y nunca serán eliminadas (Isaías 51:8). El Mesías establece una justicia eterna (Daniel 9:24), y él es el autor de la redención eterna (Hebreos 5:9). Así como esta salvación se extiende por todas las naciones, también continuará a través de todas las generaciones. Nunca debemos esperar otro camino de salvación, ni otro pacto de paz o gobierno de justicia, aparte del que tenemos en el evangelio. Lo que el evangelio concede permanecerá hasta el fin (Mateo 28:20).
Es para siempre porque sus resultados permanecen en la eternidad, y esta ley de libertad determinará la condición eterna de las personas. La permanencia del evangelio y las bendiciones que trae se hacen evidentes al considerar la desaparición de este mundo y de todo lo que hay en él. Mira hacia los cielos. Han permanecido hasta ahora y parecen capaces de seguir así, pero desaparecerán como el humo que se esfuma rápidamente. Serán enrollados como un pergamino, y sus astros caerán como las hojas en el otoño.
Mira también hacia la tierra. Ella permanece por un tiempo (Eclesiastés 1:4), pero se desgastará como una prenda que envejece con el uso. Las personas que viven en ella, incluso quienes parecen estar más establecidos aquí, morirán de la misma manera. El alma se desvanecerá de este mundo como el humo, y el cuerpo será dejado a un lado como una prenda vieja. Pueden ser quebrantados con facilidad (Job 4:19), y su desaparición no detendrá los propósitos de Dios.
Pero cuando el cielo y la tierra pasen, y toda carne se marchite como la hierba, la palabra del Señor permanecerá para siempre, y ni la más pequeña parte de ella fallará. Quienes hayan unido su felicidad a la justicia y la salvación de Cristo seguirán teniendo ese consuelo cuando el tiempo termine y los días dejen de existir.
Si la justicia y la salvación de Dios están cerca de su pueblo, entonces este no debe temer los insultos de los seres humanos, débiles y mortales como son, ni dejarse perturbar por sus burlas y palabras llenas de malicia. Tal vez sean los mismos que se burlan diciendo: «Cántennos una de las canciones de Sión», o preguntan con desprecio: «¿Dónde está ahora su Dios?». Quienes reciben la justicia del evangelio no deben temer a los que los llaman Beelzebú ni a quienes falsamente hablan toda clase de mal contra ellos. No deben dejarse sacudir por esas palabras, como si su reputación hubiera quedado arruinada para siempre.
Tampoco deben temer que esas amenazas se cumplan ni permitir que los aparten de su deber. No deben dejarse intimidar hasta pecar ni ser empujados a actuar con deshonestidad para protegerse. Quienes soportan poco por causa de Cristo no podrán soportar mucho por él. No debemos temer el reproche de los seres humanos, porque quienes lo pronuncian pronto serán silenciados. La polilla los comerá como a una prenda (Isaías 51:8), y el gusano los consumirá como si fueran lana o tela de lana.
Si tenemos la aprobación del Dios vivo, podemos pasar por alto las críticas de los seres humanos mortales. Poco importa lo que otros digan de nosotros cuando ellos mismos pronto se convertirán en polvo y alimento de gusanos. Estas palabras también pueden señalar los juicios de Dios contra quienes hablan en contra de su pueblo. Debido a su odio, serán destruidos lenta y silenciosamente, pero con toda seguridad, cuando Dios los llame a rendir cuentas por todas sus palabras crueles (Judas 1:14-15).
La causa por la que sufrimos no puede ser derrotada. Sus falsas acusaciones quedarán al descubierto, pero la verdad triunfará al final, y la justicia de una causa agraviada permanecerá claramente para siempre. Las nubes pueden ocultar el sol, pero no pueden detener su curso.
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De este capítulo
Isaías 51:1
"Escúchenme, ustedes que siguen la justicia, ustedes que buscan al SEÑOR. Miren la roca de la que fueron cortados y el hueco de la cantera de la que fueron extraídos."
Isaías 51:2
"Miren a Abraham, su padre, y a Sara, que los dio a luz; porque cuando lo llamé, él estaba solo, y lo bendije y lo multipliqué."
Isaías 51:3
"Porque el SEÑOR consolará a Sion; consolará todos sus lugares devastados. Hará que su desierto sea como Edén y su tierra árida como el jardín del SEÑOR. Allí se hallarán gozo y alegría, acción de gracias y voz de canto."
Isaías 51:5
"Mi justicia está cerca; mi salvación ha salido, y mis brazos juzgarán al pueblo. Las islas esperarán en mí y confiarán en mi brazo."
Isaías 51:6
"Levanten los ojos hacia los cielos y miren la tierra abajo; porque los cielos se desvanecerán como humo, la tierra se envejecerá como una prenda de vestir y sus habitantes morirán de igual manera. Pero mi salvación será para siempre, y mi justicia no será abolida."
Isaías 51:7
"Escúchenme, ustedes que conocen la justicia, pueblo en cuyo corazón está mi ley. No teman el reproche de los hombres ni tengan miedo de sus insultos."
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