Versículo destacado
Deuteronomio 32:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Presten oído, cielos, y hablaré; escucha, tierra, las palabras de mi boca. "
Deuteronomio 32:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Presten oído, cielos, y hablaré; escucha, tierra, las palabras de mi boca.
2 Mi doctrina caerá gota a gota como la lluvia; mi discurso destilará como el rocío, como la lluvia menuda sobre la hierba tierna y como los aguaceros sobre el pasto.
3 Porque proclamaré el nombre del SEÑOR; atribuyan grandeza a nuestro Dios.
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Esta es una apertura imponente para el cántico de Moisés en Deuteronomio 32:1-2. Comienza con un solemne llamado al cielo y a la tierra para que sean testigos de la verdad y del peso de lo que está a punto de decir, así como de la justicia de las acciones de Dios contra un pueblo rebelde y obstinado. En Deuteronomio 31:28, Moisés ya había dicho que en este cántico llamaría al cielo y a la tierra para que dieran testimonio contra ellos. El cielo y la tierra escucharían con más disposición que este pueblo insensato, porque permanecen obedientes a su Creador y continúan existiendo por su mandato, como siervos suyos (Salmo 119:89-91). Por eso se levantarían como testigos contra Israel rebelde. Darían testimonio tanto de la advertencia que Dios les había dado como de la negativa del pueblo a escucharla. Véase también Job 20:27, donde los cielos revelan el pecado y la tierra se levanta contra el pecador. O bien, el cielo y la tierra pueden representar a todos sus habitantes, ángeles y seres humanos. Ambos grupos estarán de acuerdo en que Dios actuó correctamente con Israel y proclamarán su justicia (Salmo 50:6; Apocalipsis 19:1-2).
Moisés también comienza con un llamado serio al pueblo mismo en Deuteronomio 32:2: «Que mi enseñanza caiga como la lluvia». Un intérprete de la paráfrasis caldea explica la primera parte como una lluvia de juicio, un aguacero pesado y arrollador para los rebeldes. La lluvia puede ser una señal de juicio, como cuando el mundo fue inundado, y por eso la palabra de Dios puede ser a la vez vivificante y aterradora. Para algunos, es un mensaje dulce y refrescante, como el rocío sobre la tierra seca. Para otros, es temible e incluso mortal, porque no la reciben correctamente.
El tema de este cántico es la enseñanza. En una ocasión anterior, Moisés les había dado un cántico de alabanza y gratitud en Éxodo 15, pero este cántico es para instruir. En los salmos, himnos y cánticos espirituales, no solo debemos honrar a Dios, sino también enseñarnos y advertirnos unos a otros (Colosenses 3:16). Por eso muchos de los salmos de David reciben el nombre de *Masquil*, que significa «para instrucción». Moisés compara su enseñanza con la lluvia y los aguaceros que vienen de lo alto para hacer fructificar la tierra y cumplir el propósito para el cual fueron enviados (Isaías 55:10-11). Esta lluvia no depende de la sabiduría ni de la voluntad humanas (Miqueas 5:7). Es una misericordia cuando llega con frecuencia, y es nuestro deber recibirla y aprovecharla (Hebreos 6:7).
Moisés dice que su enseñanza «destilará como el rocío» y caerá «como la lluvia ligera», en silencio y sin estruendo. Con frecuencia, la palabra predicada produce el mayor bien cuando llega con suavidad y penetra dulcemente en el corazón y en los sentimientos de quienes la escuchan. Moisés también pide que la reciban con alegría, como la tierra sedienta recibe la lluvia (Salmo 72:6). Es más probable que la palabra de Dios nos haga bien cuando la recibimos de esa manera. El obispo Patrick entiende estas palabras como una oración para que lo que descendió del cielo sobre ellos penetrara profundamente en su corazón, los ablandara y los hiciera fructificar en obediencia.
Luego Moisés hace una solemne declaración sobre la grandeza y la justicia de Dios en Deuteronomio 32:3-4. Comienza de esa manera para defender el honor de Dios, para que la maldad de Israel no arrojara vergüenza sobre él. Por más corruptos que sean quienes llevan su nombre, Dios sigue siendo justo, recto y completamente bueno. Moisés también dice esto para dejar más claro el pecado de Israel, porque conocían y adoraban a un Dios tan santo y, aun así, vivían de una manera tan impía. Además, lo dice para justificar la manera en que Dios los trata. Debemos aferrarnos firmemente a esta verdad: Dios es justo aun cuando sus juicios son profundos y difíciles de entender (Jeremías 12:1; Salmo 36:6).
Moisés proclama entonces el nombre del Señor, para que Israel supiera qué clase de Dios había escogido para sí y nunca fuera tan insensato como para cambiarlo por un dios falso, un ídolo inútil. Los llama a reconocer la grandeza de Dios. Nos ayuda mucho, para resistir el pecado y permanecer fieles a nuestro deber, mantener pensamientos elevados y honorables acerca de Dios y hablar de él de esa manera. No podemos hacerlo más grande, porque su grandeza no tiene límite; pero debemos reconocerla y darle el honor que le corresponde.
Al describir la grandeza de Dios, Moisés no habla primero de su eternidad, de su tamaño inconmensurable ni de la gloria resplandeciente del mundo celestial. En cambio, señala la fidelidad de la palabra de Dios, la perfección de sus obras y la sabiduría y justicia de su gobierno. Estas son las cosas que Dios nos ha revelado, y les pertenecen a nosotros y a nuestros hijos (Deuteronomio 32:4). Él es «la Roca». Ese nombre aparece seis veces en este capítulo, y la Septuaginta, la antigua traducción griega, con frecuencia lo traduce como «Dios». Hugh Broughton observa que en otras partes del Antiguo Testamento se llama a Dios la roca dieciocho veces, sin contar este capítulo, aunque algunas traducciones usan «fuerza» en su lugar. Con esto argumenta contra quienes ponen a Pedro como roca en el lugar que pertenece únicamente a Dios. Dios es la Roca porque es inmutable e inconmovible en sí mismo. También es un refugio fuerte para todos los que acuden a él y un fundamento eterno para todos los que confían en él.
Sus obras son perfectas. Su obra en la creación fue perfecta, porque todo era muy bueno. Su obra en la providencia también es perfecta, o se demostrará perfecta a su debido tiempo, cuando el plan de Dios haya sido completado por completo. Nada de lo que Dios hace puede mejorarse (Eclesiastés 3:14). En ese momento, estaba llevando a término lo que había prometido y comenzado para Israel, y ellos debían tomarlo como prueba de que todas sus obras son perfectas. Las obras humanas siempre tienen defectos y asuntos inconclusos, pero la obra de Dios está completa. Si él comienza algo, también lo terminará.
«Todos sus caminos son justos». Esto significa que los fines que busca son rectos y que los medios que escoge son sabios y justos. La palabra «juicio» incluye tanto prudencia como justicia. Los caminos del Señor son rectos (Oseas 14:9). Él es un Dios de verdad, por lo que su palabra es digna de confianza. No puede mentir; es fiel a cada promesa, y ninguna de sus amenazas dejará de cumplirse. En él no hay iniquidad. Nunca ha engañado a nadie que confiara en él, nunca ha agraviado a quien apelara a su justicia ni ha tratado con dureza a quien se entregara a su misericordia. Él es justo y recto, y se encargará de que nadie salga perdiendo por confiar en él.
¡Qué imagen tan luminosa y hermosa nos ofrece este versículo del Dios a quien adoramos! Nos da todas las razones para amarlo, temerlo y vivir con alegría, confianza y completa devoción a él. Él es nuestra roca, y en él no hay injusticia ni puede haberla jamás (Salmo 92:15).
Esto conduce a una seria acusación contra el pueblo de Dios, cuyo carácter era lo opuesto al del Dios de Israel (Deuteronomio 32:5). Se habían arruinado a sí mismos. Todo el pueblo se había corrompido, como si toda la cabeza estuviera enferma y todo el corazón debilitado. Dios no los había corrompido, porque él es justo y recto. Ellos fueron los únicos responsables de su pecado y de su ruina, y ambas cosas están incluidas en esta afirmación.
Se habían arruinado al ceder al pecado. Cada persona es tentada cuando sus propios deseos la atraen y la seducen. También se habían destruido a sí mismos, como dice Oseas (Oseas 13:9). Si alguien desprecia la sabiduría, él mismo cargará con la culpa y el dolor (Proverbios 9:12). Su mancha no era la mancha de los hijos de Dios. Aun los hijos de Dios tienen fallas en esta vida imperfecta, porque si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos. Pero el pecado de Israel no era una pequeña debilidad contra la que luchaban. Era una maldad que habían decidido plenamente llevar a cabo.
Eran una generación torcida y perversa, guiada por un espíritu de oposición obstinada. Hacían lo que estaba prohibido simplemente porque estaba prohibido. Ponían sus propios deseos e ideas en contra de la voluntad de Dios. No soportaban la corrección, odiaban el cambio y seguían obstinadamente su propio camino. La paráfrasis caldea entiende el versículo de esta manera: se habían corrompido o desviado a sí mismos, y no a Dios; eran hijos que servían a los ídolos, una generación que había corrompido sus propias obras y se había apartado de sí misma. Los idólatras no pueden hacerle daño a Dios, dañar sus obras ni convertirlo en un extraño en este mundo (Job 35:6). Todo el daño que causan recae sobre ellos mismos y sobre sus propias obras.
El obispo Patrick ofrece otra interpretación: «¿Acaso él les hizo algún daño?». En otras palabras, ¿debe culparse a Dios, la Roca, por los problemas que vienen sobre Israel? No. Sus hijos son su mancha; es decir, todo el mal que les sobreviene es fruto de la maldad de sus hijos, porque toda la generación es torcida y perversa. Todos los que se arruinan, se arruinan a sí mismos. Mueren porque han escogido morir.
Esto se convierte entonces en un doloroso llamado a este pueblo rebelde por su ingratitud (Deuteronomio 32:6). «¿Así le pagan al Señor?». Sin duda, ya no deberían comportarse de manera tan vergonzosa y desleal con él. Moisés les recuerda los sólidos derechos que Dios tenía sobre su servicio y lealtad. Dios había sido un Padre para ellos: les había dado la vida, los había alimentado, los había cargado, los había cuidado y había soportado su conducta. ¿Acaso rechazarían el amor de un padre?
También los había rescatado, a un gran costo, mediante los milagros que los sacaron de Egipto, y había entregado hombres y pueblos por la vida de ellos (Isaías 43:4). ¿Acaso no es él su Padre, su dueño, aquel que tiene legítimo derecho sobre ustedes? Hasta el buey conoce a su dueño. Dios los hizo, les dio existencia, los estableció y los ha conservado con vida. ¿Pueden negar el deber que le deben por todo lo que ha hecho y por todo lo que ha planeado para ustedes? Nuestras obligaciones no son menos firmes como cristianos bautizados. Pertenecemos a nuestro Creador, quien nos hizo; a nuestro Redentor, quien nos compró; y a nuestro Santificador, quien nos hace santos y nos fortalece.
A partir de esto, Moisés muestra la maldad de apartarse de Dios y rebelarse contra él. Es una profunda ingratitud. «¿Así le pagan al Señor?». ¿Es esta la respuesta que le dan por todos sus favores? ¿Usarán contra él las capacidades que recibieron de sus manos? Compárese con (Miqueas 6:3-4) y (Juan 10:32). Es una maldad tan escandalosa que todos la condenarían. Llamar ingrato a alguien es decir algo muy grave en su contra.
También es una completa insensatez. «¡Pueblo necio e insensato!». En verdad es necio, y doblemente necio. ¿Quién los ha engañado? (Gálatas 3:1). Es una locura apartarse de aquel de quien dependemos para todo y abandonar nuestra propia misericordia para seguir mentiras inútiles. Todos los pecadores voluntariosos, especialmente los que pecan siendo parte del pueblo de Dios, se encuentran entre las personas más insensatas e ingratas del mundo.
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De este capítulo
Deuteronomio 32:2
"Mi doctrina caerá gota a gota como la lluvia; mi discurso destilará como el rocío, como la lluvia menuda sobre la hierba tierna y como los aguaceros sobre el pasto."
Deuteronomio 32:3
"Porque proclamaré el nombre del SEÑOR; atribuyan grandeza a nuestro Dios."
Deuteronomio 32:4
"Él es la Roca; su obra es perfecta, porque todos sus caminos son juicio. Es un Dios de verdad y sin iniquidad; justo y recto es él."
Deuteronomio 32:5
"Ellos se han corrompido; su mancha no es la mancha de sus hijos. Son una generación perversa y torcida."
Deuteronomio 32:6
"¿Así recompensan al SEÑOR, pueblo necio y sin sabiduría? ¿No es él tu Padre, el que te compró? ¿No te hizo y te estableció?"
Deuteronomio 32:7
"Recuerda los días antiguos; considera los años de muchas generaciones. Pregunta a tu padre, y él te mostrará; a tus ancianos, y ellos te dirán."
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