Versículo destacado
Números 15:37 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Y el SEÑOR habló a Moisés, diciendo: "
Números 15:37
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
35 Y el SEÑOR dijo a Moisés: El hombre ciertamente será ejecutado; toda la congregación lo apedreará fuera del campamento.
36 Entonces toda la congregación lo sacó fuera del campamento, lo apedreó y murió, tal como el SEÑOR había mandado a Moisés.
37 Y el SEÑOR habló a Moisés, diciendo:
38 Habla a los hijos de Israel y diles que se hagan flecos en los bordes de sus vestidos a lo largo de sus generaciones, y que pongan sobre el fleco de cada borde un cordón azul.
39 El fleco será para que ustedes lo miren, recuerden todos los mandamientos del SEÑOR y los cumplan, y para que no sigan su propio corazón ni sus propios ojos, tras los cuales suelen prostituirse.
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Ahora que la ley había provisto un medio para el perdón de los pecados cometidos por ignorancia y debilidad, también establecía una manera de ayudar a prevenirlos. Se les ordenó a los israelitas hacer flecos en los bordes de sus vestidos. Estos debían servirles como recordatorios de su deber, para que no pecaran por olvidar los mandamientos de Dios.
El distintivo consistía en un fleco de hilo, seda o lana, o incluso en una parte del mismo vestido que se dejaba suelta en la parte inferior, con un cordón azul atado en la parte superior para sostenerlo (Números 15:38). Puesto que los judíos eran un pueblo especial, esto también los distinguía de sus vecinos en su manera de vestir, así como las leyes sobre los alimentos los distinguían. Estas pequeñas señales les enseñaban a no seguir a las naciones en asuntos más importantes. También demostraban, dondequiera que fueran, que no se avergonzaban de Dios ni de su ley.
Nuestro Salvador vivió bajo la ley, por lo que también usó estos flecos. Por eso leemos acerca del borde o fleco de su vestido (Mateo 9:20). Los fariseos, líderes religiosos entre los judíos, alargaban sus flecos para que la gente pensara que eran más santos y devotos que los demás. Las filacterias eran algo diferente, pues eran una invención de ellos, mientras que los flecos eran un mandato de Dios. Incluso hoy, los judíos los usan y, al ponérselos, dicen: «Bendito sea el que nos hizo suyos y nos mandó usar flecos».
El propósito de este mandamiento era recordarles que pertenecían a Dios de una manera especial. Los flecos no fueron dados simplemente para adornar sus vestidos, sino para despertar su mente al recordarles la voluntad de Dios (2 Pedro 3:1). Al mirar el fleco, debían recordar los mandamientos. Muchas personas miran los adornos para alimentar su orgullo, pero este tenía el propósito de despertar la conciencia y llamarlos al deber. De ese modo, su religión permanecería siempre delante de ellos y la llevarían consigo adondequiera que fueran, así como llevaban sus vestidos.
Si eran tentados a pecar, el fleco debía advertirles que no quebrantaran los mandamientos de Dios. Si olvidaban cumplir un deber en el momento apropiado, debía recordárselo. Aunque este mandamiento no se nos exige a nosotros, todavía nos enseña a tener siempre presentes los mandamientos del Señor nuestro Dios, guardarlos en la memoria y aplicarlos a cada situación según sea necesario. Su propósito especial era guardarlos de la idolatría, es decir, de seguir sus propios deseos y lo que sus ojos anhelaban en la adoración.
Sin embargo, la enseñanza va más allá de la idolatría. Se aplica a toda una vida de obediencia, porque nada se opone más al honor de Dios, ni a nuestro verdadero bien, que vivir guiados por nuestro propio corazón y por nuestros propios ojos. La imaginación del corazón es mala, y también lo es el deseo de los ojos.
Después de repetir algunos mandamientos ceremoniales, el capítulo termina con esa gran y fundamental ley de la religión: «Sean santos para su Dios», limpios del pecado y verdaderamente dedicados a su servicio. También repite la gran razón que está detrás de todos los mandamientos: «Yo soy el SEÑOR su Dios». Si creyéramos esto con mayor firmeza y meditáramos en ello con más frecuencia y seriedad, nos sentiríamos obligados por el deber, por nuestro propio bien y por la gratitud a guardar todos sus mandamientos.
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De este capítulo
Números 15:1
"Y el SEÑOR habló a Moisés, diciendo:"
Números 15:2
"Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando entren en la tierra donde habitarán, la cual yo les doy,"
Números 15:3
"y presenten al SEÑOR una ofrenda hecha por fuego, ya sea un holocausto o un sacrificio para cumplir un voto, como ofrenda voluntaria o en sus fiestas solemnes, para producir un aroma agradable al SEÑOR, del ganado mayor o del rebaño,"
Números 15:4
"entonces quien presente su ofrenda al SEÑOR llevará como ofrenda de cereal una décima parte de harina mezclada con la cuarta parte de un hin de aceite."
Números 15:5
"Y prepararás la cuarta parte de un hin de vino como ofrenda líquida, junto con el holocausto o el sacrificio, por cada cordero."
Números 15:6
"O por un carnero, prepararás como ofrenda de cereal dos décimas partes de harina mezclada con la tercera parte de un hin de aceite."
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