Versículo destacado

Mateo 17:14 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" Cuando llegaron adonde estaba la multitud, se acercó a él un hombre, se arrodilló ante él y dijo: "

Mateo 17:14

menu_book El versículo en contexto

12 Pero les digo que Elías ya vino, y no lo reconocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron. Del mismo modo, también el Hijo del Hombre sufrirá a manos de ellos.

13 Entonces los discípulos entendieron que les había hablado de Juan el Bautista.

14 Cuando llegaron adonde estaba la multitud, se acercó a él un hombre, se arrodilló ante él y dijo:

15 Señor, ten misericordia de mi hijo, porque es lunático y padece mucho; muchas veces cae en el fuego y muchas veces en el agua.

16 Lo traje a tus discípulos, pero no pudieron curarlo.

auto_stories

Explora estudios bíblicos guiados

Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor

Micro-Study 5 días

Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)

Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.

Vista previa de la sesión 1:

Dichosos los humildes

schedule 6 min

Micro-Study 5 días

Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)

Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.

Vista previa de la sesión 1:

El cuidado del Pastor

schedule 5 min

lock_open Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones

person_add Crear cuenta gratis

auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí vemos la sanidad milagrosa de un niño afligido por un demonio y que sufría convulsiones. Observemos primero el cuadro triste que el padre presenta ante Cristo. Esto sucede justo después de que Jesús baja del monte donde fue transfigurado. La gloria de Cristo no hizo que se olvidara de las personas ni de sus necesidades y sufrimientos. Después de hablar con Moisés y Elías, bajó con la misma disposición de antes, listo para recibir a la gente pobre y necesitada, así como a la multitud que lo rodeaba.

El padre se acerca con urgencia. Se arrodilla ante Jesús, y eso muestra cuán profundamente siente su necesidad. El verdadero dolor suele llevar a las personas a arrodillarse. Quienes saben que necesitan a Cristo acuden a él con fervor, y él recibe ese tipo de súplica. El padre dice dos cosas acerca de su hijo. Primero, describe la miseria del niño: «Señor, ten misericordia de mi hijo» (Mateo 17:15). Un padre no puede dejar de sentir el dolor de un hijo que sufre, porque, en cierto sentido, los hijos son parte de nosotros. Por eso, las dificultades de los hijos deben presentarse ante Dios en una oración fiel y sincera. Si el niño no puede orar por sí mismo, como bien pudo haber sido el caso aquí, entonces los padres deben orar aún más. Los padres deben sentir profundamente este deber por los hijos que son débiles y no pueden orar, y aún más por los que son pecadores y se niegan a orar.

La condición del niño era muy triste. Era epiléptico y sufría mucho. Esa palabra se refiere a un trastorno que afecta el cerebro y que suele presentarse en ataques repetidos. Con el permiso de Dios, el diablo había causado esta enfermedad o la había usado para aumentar el sufrimiento. Es probable que el niño tuviera convulsiones, y que Satanás interviniera para hacer que la enfermedad fuera mucho más dolorosa de lo que normalmente habría sido. Cuando Satanás obtiene control, a menudo usa enfermedades del cuerpo que perturban la mente, porque su verdadero objetivo es el alma. El padre habla del efecto y dice que el niño es epiléptico, pero Cristo tratará con la causa al reprender al demonio. Así obra también en la sanidad espiritual.

Los efectos eran terribles. El niño caía con frecuencia en el fuego y en el agua. Si la enfermedad hacía que cayera, la malicia del diablo hacía que cayera en lugares peligrosos. Este es el mal de Satanás dondequiera que obtiene poder sobre un alma. Él busca destruir, como dice 1 Pedro 5:8.

El padre también dice que los discípulos lo habían decepcionado: «Lo traje a tus discípulos, pero no pudieron sanarlo» (Mateo 17:16). Jesús les había dado poder para expulsar demonios (Mateo 10:1, Mateo 10:8), y antes lo habían logrado (Lucas 10:17). Sin embargo, aquí fracasaron, aunque estaban presentes nueve de ellos y una gran multitud observaba. Cristo permitió esto por razones sabias. Humilló a los discípulos y les mostró que dependían de él. También le dio a Cristo el honor de ayudar cuando toda ayuda humana había fallado. El bastón de Eliseo en manos de Giezi no pudo levantar al niño, así que Eliseo tuvo que ir personalmente. De la misma manera, Cristo a veces impide que sus instrumentos humanos tengan éxito para que las personas se vuelvan a él, la fuente de la vida y de la ayuda. El fracaso de los instrumentos no detuvo la obra de su gracia. Si él no obra por medio de ellos, todavía puede obrar sin ellos.

Entonces Jesús reprende primero a la gente y después al demonio. Dice: «¡Gente incrédula y rebelde!» (Mateo 17:17). Esto no estaba dirigido únicamente a los discípulos, sino a la multitud y, probablemente de manera especial, a los escribas mencionados en Marcos 9:14. Parece que se burlaban de los discípulos porque se habían encontrado con un caso que estaba más allá de su poder. Cristo mismo no pudo hacer muchos milagros entre personas dominadas por la incredulidad. Aquí, la falta de fe de la gente les impidió recibir bendiciones que de otro modo habrían podido recibir. De la misma manera, la fe débil de los discípulos les impidió hacer por Dios lo que de otro modo habrían podido hacer. Las personas incrédulas pronto se vuelven torcidas en su manera de vivir, y esa perversidad es el pecado en su peor forma. La fe está de acuerdo con Dios, mientras que la incredulidad se resiste a él y discute con él. Israel fue terco porque le faltó fe (Salmos 95:9), y Deuteronomio 32:20 dice que no había fe en ellos.

Luego Cristo habla de dos cosas que le causaban tristeza. Primero, habla de cuánto tiempo había estado con ellos: «¿Hasta cuándo estaré con ustedes?». Es como si preguntara si siempre necesitarían su presencia física y nunca llegarían al punto de dejarse guiar por los discípulos, luego por el Espíritu y por la autoridad de su misión. ¿Tendría que llevarse siempre al niño en brazos, sin que este aprendiera nunca a caminar por sí mismo? Segundo, habla de cuánto tiempo los había soportado: «¿Hasta cuándo tendré que soportarlos?». La incredulidad y la perversidad de quienes disfrutan de los medios de la gracia entristecen profundamente al Señor Jesús. Él había soportado a Israel de esa manera desde mucho tiempo atrás (Hechos 13:18). Mientras más tiempo soporta Cristo a un pueblo terco e incrédulo, más grave se vuelve su pecado ante sus ojos. Él es Dios, no un ser humano; por eso, si fuera solamente un hombre, no soportaría tanto ni durante tanto tiempo.

Aun así, sana al niño y lo restaura. Dice: «Tráiganmelo aquí». Aunque la gente era terca y Cristo había sido provocado, todavía se preocupaba por el niño. Cristo puede enojarse, pero nunca es cruel. Aun en su disgusto, no aparta su compasión de los afligidos. «Tráiganmelo». Cuando toda otra ayuda falla, todavía somos bien recibidos al acudir a Cristo, confiando en su poder y bondad. Esto también representa la obra de Cristo como nuestro Redentor.

Él rompe el poder de Satanás. Jesús reprendió al demonio con autoridad, y su palabra tuvo fuerza (Mateo 17:18). Cristo derrota a Satanás por el poder de su palabra, la espada que sale de su boca (Apocalipsis 19:21). Satanás no puede resistir la reprensión de Cristo, aunque haya tenido a alguien bajo su dominio durante mucho tiempo. Esto consuela a quienes luchan contra enemigos espirituales, porque Cristo ya despojó de su poder a esas fuerzas (Colosenses 2:15). El León de la tribu de Judá vencerá al león rugiente que busca devorar. También sana el sufrimiento humano. El niño fue sanado de inmediato y por completo. Esto anima a los padres a llevar a sus hijos a Cristo, especialmente cuando sus almas están bajo el poder de Satanás. Él puede sanarlos y está tan dispuesto como es capaz. No solo deben llevar a sus hijos a él en oración, sino también llevarlos a su palabra, el medio ordinario por el cual se derriban las fortalezas de Satanás en el alma. Las reprensiones de Cristo, cuando llegan al corazón, destruyen allí el poder de Satanás.

La conversación de Cristo con sus discípulos nos deja aquí una lección útil. Primero, ellos le preguntaron por qué no habían podido expulsar al demonio en esa ocasión (Mateo 17:19). Se acercaron a Jesús en privado. Los ministros, que sirven a Cristo públicamente, también necesitan tener comunión privada con él. Allí, en secreto, pueden confesarle su debilidad, sus fallas y sus errores en el servicio público, y preguntarle qué salió mal.

Debemos aprovechar bien el acceso abierto que tenemos a Jesús en privado. Debemos hablar con él con libertad y cuidado. También debemos hacernos el mismo tipo de preguntas que se hicieron los discípulos: por qué fuimos tan torpes y descuidados en ese momento, y por qué quedamos tan lejos de cumplir con ese deber. Cuando se descubre lo que está mal, se puede corregir.

Segundo, Cristo les dio dos razones de su fracaso. La primera fue la incredulidad (Mateo 17:20). Cuando habló con el padre del niño y con la multitud, culpó a la incredulidad. Cuando habló con sus discípulos, señaló la incredulidad de ellos. La verdad es que ambos lados tenían culpa, pero debemos preocuparnos más por escuchar acerca de nuestras propias fallas que de las fallas de los demás. Debemos culparnos a nosotros mismos antes de culpar a otros.

Cuando la predicación de la palabra parece ser menos eficaz que antes, la gente suele culpar a los ministros, y los ministros culpan a la gente. Pero es más apropiado que cada persona reconozca su propia culpa y diga: «Es por mi causa». Los ministros, cuando corrigen a otros, deben aprender a dar a cada persona la porción adecuada de la palabra. También deben impedir que las personas juzguen a los demás enseñándoles a juzgarse a sí mismas: «Es por su incredulidad».

Los discípulos sí tenían fe, pero era débil y producía poco. Cuando la fe no alcanza la fuerza, la energía y la acción que debería tener, con razón puede llamarse incredulidad. Muchas personas son culpables de incredulidad, aunque no sean incrédulas por completo. Por causa de nuestra incredulidad hacemos tan poco en la vida cristiana y fallamos tan a menudo en lo bueno.

Nuestro Señor Jesucristo aprovechó este momento para mostrarles el poder de la fe, a fin de que no volvieran a fracasar de la misma manera. «Si tienen fe, aunque sea tan pequeña como un grano de mostaza, harán maravillas» (Mateo 17:20). Algunos piensan que hablaba de la cualidad de la semilla de mostaza, porque cuando se tritura es picante y fuerte. Si tu fe está activa y creciendo, y no está muerta, apagada o estancada, no serás derrotado de esta manera. Pero es más probable que hablara de su tamaño. Si tuvieras aunque fuera una cantidad diminuta de fe verdadera, como la semilla más pequeña, harías maravillas.

En general, la fe es una confianza firme en todo lo que Dios ha revelado, una aceptación dispuesta y una dependencia segura de ello. Aquí se trata de la fe en una promesa especial: la promesa por la cual Cristo les dio a sus discípulos poder para hacer milagros en su nombre y confirmar así la enseñanza que predicaban. A ellos les faltaba confiar en esa promesa. Tal vez dudaban de que su comisión siguiera vigente, o temían que hubiera terminado con su primera misión y que no continuara ahora que regresaban junto a su Maestro. O quizá pensaban que de algún modo la habían perdido o que se les había quitado.

Tal vez la ausencia de Cristo, que estaba con los tres discípulos principales, y su instrucción de que los demás no lo siguieran, les hizo preguntarse si todavía tenían poder para hacer esto o si el poder del Señor seguía con ellos. En cualquier caso, en ese momento no estaban dependiendo de la promesa de la presencia de Cristo con la firmeza que debían. Es bueno desconfiar de nosotros mismos y de nuestras propias fuerzas, pero a Cristo le desagrada que desconfiemos de cualquier poder que provenga de él o que él nos haya dado.

Si tienes siquiera un poco de esta fe sincera, si verdaderamente dependes del poder que te fue dado, dirás a este monte: «Muévete». Esta es una expresión común cuyo significado es el que sigue, y nada más: «Nada será imposible para ustedes». Ellos habían recibido plena autoridad para expulsar demonios sin excepción, pero este demonio era inusualmente feroz y obstinado. Desconfiaron del poder que habían recibido, y por eso fracasaron. Para dejarlo claro, Cristo les mostró lo que podrían haber hecho. La fe activa puede mover montañas, no por su propia fuerza, sino por el poder de Dios, al cual la fe se aferra por medio de la promesa de Dios.

La segunda razón era que la enfermedad misma hacía que la curación fuera más difícil de lo habitual (Mateo 17:21). «Esta clase no sale sino con oración y ayuno». Esta clase de posesión, que provocaba una especie de convulsión, o esta clase de demonio, que era tan violento, por lo general no se expulsa sino mediante grandes actos de devoción, y eso era precisamente lo que a ellos les faltaba. Algunos enemigos espirituales son más fuertes que otros, aunque todos sean principados y potestades.

La fuerza inusual de Satanás no debe debilitar nuestra fe. Debe impulsarnos a actuar con mayor fervor y a orar con más insistencia para que nuestra fe aumente. Algunos entienden el versículo de esta manera: «Esta clase de fe, la que mueve montañas, no proviene de Dios, no crece hasta alcanzar toda su fuerza ni llega a actuar plenamente sino por medio de la oración ferviente».

El ayuno y la oración son medios apropiados para hacer retroceder el poder de Satanás contra nosotros y para recibir la ayuda de Dios. El ayuno le da mayor intensidad a la oración. También demuestra humildad, que es necesaria al orar. Además, ayuda a debilitar los hábitos pecaminosos y prepara el cuerpo para servir al alma en la oración. Cuando el dominio del diablo sobre el alma se fortalece por la condición del cuerpo, es necesario unir el ayuno con la oración, para mantener el cuerpo bajo control.

IA cristiana que tiene en cuenta tu denominación

Aplica Mateo 17:14 a tu vida hoy

Recibe orientación basada en las Escrituras, consciente de tu denominación y personalizada para tu situación.

1 Haz tu pregunta arrow_forward 2 Considera tu tradición arrow_forward 3 Aplica las Escrituras

✓ No necesitas tarjeta de crédito • ✓ 100 % privado • ✓ Obtén 30 créditos gratis para comenzar

Cómo puede ayudarte tu IA cristiana

Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana

menu_book

Estudio bíblico

psychology

Orientación para la vida

favorite

Apoyo en la oración

lightbulb

Sabiduría diaria

forum Pregúntale a tu IA cristiana — Gratis

Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes

De este capítulo

auto_awesome

Oración diaria

Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria

Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.

Gratis. Cancela tu suscripción cuando quieras. Nunca compartimos tu correo electrónico.

Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.

Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.