Versículo destacado
Lucas 14:25 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Grandes multitudes iban con él; entonces se volvió y les dijo: "
Lucas 14:25
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
23 Entonces el señor dijo al siervo: Sal a los caminos y a los cercados, y oblígalos a entrar, para que se llene mi casa.
24 Porque les digo que ninguno de aquellos hombres que fueron invitados probará mi cena.
25 Grandes multitudes iban con él; entonces se volvió y les dijo:
26 Si alguien viene a mí y no aborrece a su padre, a su madre, a su esposa, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y aun su propia vida, no puede ser mi discípulo.
27 Y cualquiera que no cargue su cruz y venga detrás de mí no puede ser mi discípulo.
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
Observa cómo Cristo adaptaba su enseñanza a las personas que tenía delante y daba a cada una la palabra adecuada. A los fariseos les predicaba humildad y bondad. Aquí les habla a las multitudes que lo seguían de cerca y parecían deseosas de ser sus discípulas. Les advierte que deben entender el costo del discipulado antes de hacer esa profesión de fe.
Primero, observa cuán deseosa estaba la gente de seguir a Cristo, según (Lucas 14:25). Grandes multitudes iban con él; muchos lo hacían por amor, y otros, simplemente por acompañar a los demás, porque las multitudes suelen atraer a más multitudes. Era una multitud mezclada, como el grupo que salió de Egipto con Israel. Debemos esperar una mezcla semejante en la iglesia; por eso, los ministros deben distinguir cuidadosamente entre lo valioso y lo inútil.
Segundo, observa cuánto quería Cristo que reflexionaran sobre su entusiasmo. Quienes deciden seguir a Cristo deben esperar lo peor y prepararse para ello. Él da por sentado que quieren ser sus discípulos porque creen que eso los llevará a recibir honra en su reino. Tal vez esperaban que dijera: «Si alguien viene a mí y me sigue, tendrá abundancia de riquezas y honra». Pero dice lo contrario.
Deben estar dispuestos a renunciar a lo que les es muy querido. Deben venir a él con el corazón ya desprendido de las comodidades terrenales, para poder separarse de ellas con disposición en vez de renunciar a su lugar en Cristo. Nadie puede ser discípulo de Cristo si no está dispuesto a «aborrecer» a su padre, a su madre e incluso su propia vida, según (Lucas 14:26). Esto no significa odiar a esas personas. Significa amar a Cristo más que a cualquier persona o cosa de este mundo. Si el deber hacia los padres entra en conflicto con un deber claro hacia Cristo, Cristo debe ocupar el primer lugar.
Si una persona tiene que escoger entre negar a Cristo y perder los vínculos familiares, como les ocurrió a muchos de los primeros cristianos, debe escoger a Cristo. Toda persona ama su propia vida, pero nadie puede ser discípulo de Cristo si no ama a Cristo más que a la vida misma. Debe estar dispuesta a soportar sufrimientos amargos, incluso la muerte, antes que deshonrar a Cristo o abandonar su verdad y sus caminos. Los gozos de la vida espiritual y la esperanza de la vida eterna hacen más fácil soportar esta exigencia tan difícil.
También deben estar dispuestos a llevar una carga pesada, según (Lucas 14:27). Quien no lleva su cruz, como un condenado que va camino a la crucifixión, y no sigue a Cristo adondequiera que él lo conduzca, no puede ser su discípulo. En otras palabras, servir a Cristo traerá sufrimiento, por lo que no es un camino apropiado para quienes no pueden soportarlo. Tal vez no todos los verdaderos discípulos mueran en una cruz, pero todos deben llevar una cruz en el sentido de sufrir, soportar vergüenza y enfrentar el desprecio público.
Deben estar dispuestos a soportar los insultos y una reputación deshonrosa. Deben llevar la cruz en el camino del deber cada vez que la obediencia la ponga delante de ellos. Cuando Cristo los llame a hacerlo, deben buscar en él la fortaleza y el consuelo, y mantener fija la esperanza en la recompensa que él concede.
Cristo es justo con nosotros porque nos dice claramente lo que puede costar seguirlo. Por eso, nosotros también debemos ser sinceros con nosotros mismos y reflexionar cuidadosamente antes de profesar la fe. Josué hizo que el pueblo considerara lo que estaba haciendo cuando prometió servir al Señor (Josué 24:19). Es mejor no comenzar nunca que comenzar y luego detenerse. Así que, antes de empezar, debemos pensar en lo que significa perseverar.
Esta es la manera sabia y correcta de actuar. Lo hacemos en otras áreas de la vida, y la causa de Cristo puede soportar un examen cuidadoso. Satanás muestra el lado más atractivo de su camino y oculta lo peor, porque lo mejor que ofrece no puede compensar lo peor. El camino de Cristo puede someterse a un examen completo, porque lo que él ofrece supera ampliamente el costo. Reflexionar con cuidado es especialmente importante en tiempos de sufrimiento, porque nos ayuda a seguir adelante.
Cristo explica esto mediante dos imágenes. La primera enseña que debemos calcular el costo de profesar la fe. La segunda enseña que debemos considerar el peligro. Cuando una persona comienza a profesar su fe, es como alguien que construye una torre o una casa hermosa. Primero debe sentarse a calcular el costo y asegurarse de tomar en cuenta más de lo que los trabajadores le indican al principio. Tiene que comparar el gasto con lo que posee; de lo contrario, podrían burlarse de ella por haber comenzado algo que no puede terminar.
Todo el que abraza la fe es como alguien que construye una torre, no como la torre de Babel, edificada contra el cielo y dejada sin terminar. Esta es una torre construida en obediencia al cielo, y tendrá colocada su piedra final. Comienza desde abajo, pon los cimientos a gran profundidad, edifica sobre la roca y construye con cuidado. Después, apunta tan alto como el cielo. Quienes se proponen construir esta torre deben sentarse a calcular el costo.
Deben pensar en lo que les costará dar muerte a sus pecados, incluso a los que más aman. Les costará vivir una vida de negación propia, vigilancia cuidadosa y obediencia constante en los deberes santos. También puede costarles su buena reputación, sus bienes, su libertad y todo lo que les es querido en este mundo, incluso la vida misma. Y si todo esto llegara a costarnos, ¿cómo podría compararse con lo que Cristo pagó para obtener para nosotros las bendiciones de la fe, bendiciones que recibimos sin dinero y sin precio?
Muchos de los que comienzan a construir esta torre no continúan ni la terminan, y esa es su insensatez. Les falta valor y perseverancia, y no tienen un corazón firme y decidido; por eso nunca llevan su obra a término. Es cierto que ninguno de nosotros tiene en sí mismo la fuerza suficiente para terminar esta torre, pero Cristo ha dicho: «Mi gracia es suficiente para ti», y esa gracia no le faltará a ninguno de nosotros si la busca y la aprovecha.
Nada es más vergonzoso que quienes comenzaron bien en la fe se vuelvan atrás. Todos se burlarán con razón de una persona así, porque habrá perdido todo su esfuerzo por no haber perseverado. Perdemos lo que hemos trabajado para alcanzar (2 Juan 1:8), y todo lo que hemos hecho y sufrido resulta inútil si nos apartamos (Gálatas 3:4).
Cuando escogemos ser discípulos de Cristo, somos como un hombre que va a la guerra; por eso, debemos pensar en el peligro y las dificultades que tenemos por delante (Lucas 14:31-32). Un rey que declara la guerra a un príncipe vecino primero considera si tiene fuerzas suficientes para llevarla a cabo; si no las tiene, abandona el plan. La vida cristiana es una especie de guerra. Hay muchos lugares de nuestro camino que deben conquistarse mediante la lucha, y tenemos que combatir a cada paso, porque nuestros enemigos espirituales nunca dejan de oponerse a nosotros.
Antes de alistarnos bajo la bandera de Cristo, debemos considerar cuidadosamente si podemos soportar las dificultades que debe esperar un buen soldado de Jesucristo. Tenemos que preguntarnos si estamos dispuestos a enfrentar los poderes del infierno y de la tierra, que vienen contra nosotros con gran fuerza. De las dos opciones, es mejor hacer la paz más favorable que podamos con el mundo que afirmar que vamos a renunciar a él y luego, cuando lleguen los problemas y la persecución a causa de la palabra, volvernos atrás. Aquel joven que no pudo decidirse a separarse de sus posesiones por causa de Cristo hizo mejor en alejarse de él con tristeza que en quedarse a su lado fingiendo.
Esta parábola también puede aplicarse de otra manera. Enseña que debemos comenzar pronto a vivir en la fe, en vez de actuar con cautela, y transmite el mismo sentido que estas palabras: «Ponte de acuerdo pronto con tu adversario» (Mateo 5:25). Quienes siguen pecando están haciendo guerra contra Dios, una guerra totalmente antinatural e injusta. Se rebelan contra su Rey legítimo, cuyo gobierno es perfectamente justo y bueno. Ni siquiera el pecador más orgulloso y atrevido puede compararse con Dios. La diferencia de fuerzas es mucho mayor que la que se representa aquí entre diez mil y veinte mil.
Provocar al Señor a celos sería una completa insensatez, porque nadie es más fuerte que él. ¿Quién conoce el poder de su enojo? Por eso, nos conviene hacer las paces con él. No necesitamos preguntar cuáles son las condiciones de paz, porque ya se nos han ofrecido, y son justas y muy beneficiosas para nosotros. Debemos conocerlas y vivir en paz. Hay que hacerlo ahora, mientras el otro todavía está lejos, porque retrasarlo en un caso así es muy peligroso y hace más difícil acudir después a él.
Sin embargo, aquí la parábola se aplica al cuidado que debemos tener cuando profesamos la fe. Salomón dice: «Con buenos consejos se hace la guerra» (Proverbios 20:18), porque quien saca la espada desecha la vaina. De la misma manera, debemos profesar la fe con reflexión y seriedad, sabiendo que, a menos que renunciemos a todo lo que tenemos, no podemos ser discípulos de Cristo. Es decir, debemos contar con renunciar a todo y estar dispuestos a hacerlo, porque todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús sufrirán persecución y, aun así, seguirán viviendo piadosamente.
También les advierte que no se aparten ni pierdan el verdadero espíritu y carácter cristianos, porque eso los volvería completamente inútiles (Lucas 14:34-35). Los buenos cristianos son la sal de la tierra, y esto se aplica especialmente a los buenos ministros (Mateo 5:13). Esta sal es buena y muy útil, porque, mediante su enseñanza y ejemplo, da sabor a quienes los rodean, los preserva de la corrupción, los despierta y los hace más agradables.
Pero los cristianos que retroceden porque no están dispuestos a renunciar a lo que tienen en el mundo terminan renunciando también a su profesión de fe. Entonces se vuelven mundanos y dominados por los deseos de la carne, y pierden todo espíritu cristiano. Son como la sal que ha perdido su sabor: lo que los químicos llaman el residuo inerte que queda después de extraer todo lo útil. Es una de las cosas más inútiles y despreciables del mundo, sin ninguna virtud ni buena cualidad.
Esa sal nunca puede recuperar su sabor. «¿Con qué se sazonará?». No se puede volver a salar. Esto muestra lo difícil, casi imposible, que es restaurar a un apóstata, es decir, a alguien que se ha apartado de la fe (Hebreos 6:4-6). Si el cristianismo no logra librar a las personas de la mundanalidad y la sensualidad, y ese remedio ya se probó sin éxito, entonces su situación debe considerarse desesperada.
No sirve para nada. Ni siquiera es apta para usarse como abono en la tierra, y tampoco ayudará si se arroja al estercolero para que se descomponga. No se puede obtener nada de ella. Una persona religiosa cuya mente y conducta se han corrompido es la clase de persona más insípida e inútil. Si habla de las cosas de Dios, de las que alguna vez tuvo cierto conocimiento, lo hace de una manera tan torpe que nadie recibe ayuda. Es como un proverbio en boca de un necio.
A esa persona se la echa fuera, porque ya nadie quiere tener trato con ella. Quienes profesan la fe y viven de manera escandalosa deben ser expulsados de la iglesia, no solo porque han perdido los honores y privilegios de pertenecer a ella, sino también porque pueden contagiar a otros con su ejemplo. Nuestro Salvador termina llamando a todos a prestar atención y a tomar esta advertencia: «El que tenga oídos para oír, que oiga». ¿Qué mejor uso podrían tener nuestros oídos que escuchar la palabra de Cristo, especialmente cuando nos advierte del peligro de apartarnos y del daño que nos causamos al hacerlo?
Cómo puede ayudarte tu IA cristiana
Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana
Estudio bíblico
Orientación para la vida
Apoyo en la oración
Sabiduría diaria
Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes
De este capítulo
Lucas 14:1
"Y sucedió que, cuando entró en la casa de uno de los principales fariseos para comer pan en sábado, ellos lo observaban."
Lucas 14:2
"Y sucedió que había delante de él un hombre que padecía de hidropesía."
Lucas 14:3
"Entonces Jesús tomó la palabra y dijo a los intérpretes de la ley y a los fariseos: ¿Es lícito sanar en sábado?"
Lucas 14:4
"Pero ellos guardaron silencio. Entonces él lo tomó, lo sanó y lo dejó ir."
Lucas 14:5
"Y les respondió: ¿Quién de ustedes tendrá un asno o un buey que haya caído en un pozo y no lo sacará enseguida en sábado?"
Lucas 14:6
"Y no pudieron responderle a estas cosas."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.