Versículo destacado
Marcos 10:32 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Iban por el camino subiendo a Jerusalén, y Jesús iba delante de ellos. Ellos estaban asombrados y, mientras lo seguían, tenían miedo. Él volvió a tomar aparte a los doce y comenzó a decirles las cosas que le sucederían: "
Marcos 10:32
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
30 que no reciba cien veces más ahora, en este tiempo: casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras, junto con persecuciones; y en el mundo venidero, la vida eterna.
31 Pero muchos que son primeros serán últimos, y los últimos, primeros.
32 Iban por el camino subiendo a Jerusalén, y Jesús iba delante de ellos. Ellos estaban asombrados y, mientras lo seguían, tenían miedo. Él volvió a tomar aparte a los doce y comenzó a decirles las cosas que le sucederían:
33 Miren, subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas. Ellos lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles.
34 Se burlarán de él, lo azotarán, lo escupirán y lo matarán; y al tercer día resucitará.
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Aquí vemos, en primer lugar, que Cristo anuncia de antemano sus propios sufrimientos. Este era un tema al que volvía con frecuencia, aunque les resultaba muy difícil de escuchar a sus discípulos. Cuando subían a Jerusalén, Jesús iba delante de ellos, como el capitán de nuestra salvación, quien sería perfeccionado por medio del sufrimiento (Marcos 10:32). Así mostró que estaba dispuesto a avanzar con su misión, aun cuando se acercaba a su parte más difícil. Ahora que el momento estaba cerca, era como si dijera: «Miren, aquí voy». No retrocedía; avanzaba con más determinación que nunca.
Jesús iba delante de ellos, y ellos estaban asombrados. Comenzaban a darse cuenta del peligro al que también se exponían al ir a Jerusalén. Sabían cuán hostil era el Sanedrín, el consejo gobernante judío, hacia su Maestro y hacia ellos, y estaban preparados para temblar. Para animarlos, Cristo iba delante de ellos. Era como si les dijera: «Vamos; seguramente se atreverán a ir adonde va su Maestro». Cuando vemos sufrimientos delante de nosotros, nos ayuda ver que nuestro Maestro va delante.
También es posible entender que iba delante de ellos y que por eso estaban asombrados. Se maravillaban al verlo avanzar con tanta alegría y determinación, aunque sabía que iba a sufrir y morir. El valor de Cristo y su firme propósito al llevar a cabo nuestra salvación son, y seguirán siendo, motivo de asombro para todos sus discípulos.
También corrigió a dos discípulos por una petición ambiciosa. La historia es muy parecida a la que aparece en Mateo 20:20. Allí se dice que su madre hizo la petición; aquí se dice que ellos mismos la hicieron. Ella presentó la solicitud, y ellos la respaldaron.
Debemos notar que algunas personas no aprovechan los grandes estímulos que Cristo nos da para orar, mientras que otras hacen un mal uso de ellos. Él ha dicho: «Pidan, y se les dará», y pedir las grandes cosas que ha prometido es un hermoso acto de fe. Pero estos discípulos se equivocaron al hacerle a su Maestro una petición sin límites: «Queremos que hagas por nosotros todo lo que te pidamos». Es mejor dejar en sus manos que haga lo que él considere conveniente. Él puede hacer mucho más de lo que podemos pedir (Efesios 3:20).
También debemos tener cuidado de no hacer promesas demasiado amplias. Cristo no aceptó hacer todo lo que ellos quisieran. En vez de eso, les preguntó qué querían: «¿Qué quieren que haga por ustedes?». Quería que continuaran con su petición para que pudieran darse cuenta de lo vergonzosa que era.
Muchos se han dejado engañar por ideas equivocadas acerca del reino de Cristo, como si fuera de este mundo y semejante a los reinos de los gobernantes terrenales. Santiago y Juan parecen haber razonado así: si Cristo resucita, debe ser rey; y si es rey, sus apóstoles deben ser nobles. Uno esperaba ocupar el primer lugar y el otro el segundo, como José en la corte del faraón o Daniel en la de Darío.
El honor mundano es algo deslumbrante, y aun los propios discípulos de Cristo se han dejado cegar muchas veces por él. Sin embargo, para nosotros debería ser más importante ser buenos que parecer importantes u ocupar el lugar más alto. Nuestra debilidad y falta de visión se manifiestan en nuestras oraciones tanto como en cualquier otra cosa. No sabemos cómo hablar correctamente con Dios porque nuestra mente está oscurecida, tanto en lo que se refiere a él como a nosotros mismos. Es insensato tratar de dirigir a Dios; lo sabio es someternos a él.
La voluntad de Cristo es que nos preparemos para sufrir y dejemos en sus manos la recompensa por nuestros sufrimientos. Él no necesita que le recuerden, como a Asuero, el rey persa, los servicios de su pueblo, ni puede olvidar la obra de fe y amor de los suyos. Nuestra preocupación debe ser tener la sabiduría y la gracia necesarias para saber sufrir con él. Entonces podemos confiar en que él decidirá cómo reinaremos con él, cuándo, dónde y cuáles serán nuestros grados de gloria.
También corrigió a los demás discípulos por su resentimiento ante aquella petición. Comenzaron a molestarse mucho y se indignaron contra Santiago y Juan (Marcos 10:41). Estaban enojados con ellos por querer los lugares más altos, no porque eso fuera impropio de los discípulos de Cristo, sino porque cada uno esperaba ocupar ese mismo lugar. En cierta ocasión, un hombre dijo que estaba pisoteando el orgullo de Alejandro, pero le respondieron acertadamente que estaba demostrando un orgullo todavía mayor. De la misma manera, estos discípulos mostraban su propia ambición al molestarse por la ambición de Santiago y Juan. Cristo aprovechó ese momento para advertirles contra ese mismo espíritu, y contra él en todos los ministros del evangelio que vendrían después (Marcos 10:42-44).
Los llamó de una manera cercana y familiar, dándoles un ejemplo de humildad mientras corregía su orgullo. Primero les mostró que, por lo general, el poder se abusa en el mundo (Marcos 10:42). Los que son considerados gobernantes de las naciones ejercen autoridad sobre ellas. Eso es lo que les interesa. Les importa menos proteger a la gente y procurar su bienestar que usar el poder sobre ella. Quieren que los obedezcan, quieren actuar de manera arbitraria y quieren que su voluntad gobierne en todo. Su actitud es: «Así lo quiero, así lo ordeno, y mi voluntad es razón suficiente». Les preocupa lo que pueden obtener de sus súbditos para sostener su propio esplendor y grandeza, no lo que pueden hacer por ellos.
Eso, entonces, no debe permitirse en la iglesia. Jesús dice: «No será así entre ustedes». Los que están bajo su cuidado deben ser como ovejas bajo el cuidado de un pastor. El pastor debe cuidarlas, alimentarlas y servirlas, no tratarlas como caballos bajo el control de un conductor que solo las hace trabajar y las golpea para obtener su propio beneficio.
Quien quiera ser grande y ocupar el primer lugar, y se impulse a sí mismo hacia una posición de rango y poder mundanos, terminará siendo siervo de todos. Será pequeño y carecerá de honor a los ojos de todas las personas sabias y buenas. «El que se enaltece será humillado». Dicho de otra manera, quien de verdad quiera ser grande debe entregarse a hacer el bien a todos. Debe estar dispuesto a realizar las tareas más humildes y soportar el trabajo más difícil. Quienes son más útiles no solo serán los más honrados en la vida venidera, sino también los más honorables aun ahora.
Para demostrarlo, Cristo les presentó su propio ejemplo (Marcos 10:45). El Hijo del Hombre primero enfrenta los sufrimientos más difíciles y los mayores peligros, y después entra en su gloria. Sus seguidores no pueden esperar llegar a ella por un camino diferente ni tener más comodidad y honor que él. Él toma la forma de un siervo. No vino para que le sirvieran ni para que lo atendieran, sino para servir y mostrar bondad.
También vino en obediencia hasta la muerte y bajo el poder de la muerte, porque entregó su vida como rescate por muchos. Si murió para el bien de su pueblo, nosotros también debemos procurar vivir para el bien de ese pueblo.
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De este capítulo
Marcos 10:1
"Y se levantó de allí y llegó a las regiones de Judea, al otro lado del Jordán. La gente volvió a reunirse alrededor de él y, como acostumbraba, volvió a enseñarles."
Marcos 10:2
"Se acercaron a él los fariseos y, para ponerlo a prueba, le preguntaron: «¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su esposa?»"
Marcos 10:3
"Él les respondió: «¿Qué les mandó Moisés?»"
Marcos 10:4
"Ellos dijeron: «Moisés permitió escribir un certificado de divorcio y despedirla»."
Marcos 10:5
"Jesús les respondió: Por la dureza del corazón de ustedes, él les escribió este mandamiento."
Marcos 10:6
"Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo hombre y mujer."
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