Versículo destacado
Marcos 10:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Y se levantó de allí y llegó a las regiones de Judea, al otro lado del Jordán. La gente volvió a reunirse alrededor de él y, como acostumbraba, volvió a enseñarles. "
Marcos 10:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Y se levantó de allí y llegó a las regiones de Judea, al otro lado del Jordán. La gente volvió a reunirse alrededor de él y, como acostumbraba, volvió a enseñarles.
2 Se acercaron a él los fariseos y, para ponerlo a prueba, le preguntaron: «¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su esposa?»
3 Él les respondió: «¿Qué les mandó Moisés?»
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Nuestro Señor Jesucristo era un predicador itinerante. No permanecía mucho tiempo en un solo lugar, porque toda la tierra de Canaán era su parroquia, es decir, todo su campo de trabajo. Por eso visitaba cada región e instruía incluso a la gente que vivía en los lugares más apartados. Aquí lo encontramos en la región de Judea, al este del río Jordán, así como poco antes lo habíamos encontrado en los extremos occidentales, cerca de Tiro y Sidón. Sus viajes eran como el recorrido del sol, cuya luz y calor no dejan nada oculto.
En primer lugar, la gente acudía a él en grandes multitudes (Marcos 10:1). Adondequiera que iba, volvían a reunirse alrededor de él. Y él volvía a enseñarles, como lo había hecho antes en aquellas regiones. Predicar era la práctica constante de Cristo. Dondequiera que llegaba, hacía aquello a lo que estaba acostumbrado. En Mateo se dice que los sanaba; aquí se dice que les enseñaba. Sus milagros confirmaban y respaldaban su enseñanza, y su enseñanza explicaba y resaltaba sus milagros. Les enseñaba de nuevo. Aun quienes ya han sido instruidos por Cristo necesitan que se les enseñe otra vez. La enseñanza cristiana es tan completa que siempre hay algo más que aprender, y nuestra memoria es tan débil que necesitamos que se nos recuerde lo que ya sabemos.
En segundo lugar, los fariseos, líderes religiosos celosos de la creciente influencia de Jesús, discutían con él y trataban de obstaculizar su obra de todas las maneras posibles. Querían distraerlo, confundirlo y poner al pueblo en su contra.
Comenzaron con una pregunta acerca del divorcio (Marcos 10:2): «¿Está permitido que un hombre se divorcie de su esposa?». Habría sido una buena pregunta si la hubieran hecho con sinceridad y con un deseo humilde de conocer la voluntad de Dios. Pero la hicieron para ponerlo a prueba, buscando un motivo para acusarlo sin importar cómo respondiera. Los ministros deben mantenerse alerta, para que nadie los atrape mientras aparenta pedirles consejo.
Cristo les respondió con una pregunta (Marcos 10:3): «¿Qué les mandó Moisés?». Lo hizo para mostrar respeto por la ley de Moisés y demostrar que no había venido a destruirla. También quería que examinaran los escritos de Moisés con cuidado y honestidad, en vez de escoger una parte e ignorar otra.
Ellos dieron un resumen acertado de lo que encontraron en la ley de Moisés acerca del divorcio (Marcos 10:4). Moisés no ordenó el divorcio. Permitió que un hombre escribiera un certificado de divorcio y despidiera a su esposa (Deuteronomio 24:1). Si un hombre decidía hacerlo, debía ponerlo por escrito, entregárselo a ella y después dejarla ir para que no volviera a vivir con él.
Cristo respondió apoyándose en la misma enseñanza que ya había dado en Mateo 5:32: quien se divorcia de su esposa, excepto por causa de inmoralidad sexual, hace que ella cometa adulterio. Él explica esto mostrando dos cosas.
Primero, la razón por la que Moisés permitió el divorcio era precisamente una razón para que los hombres no abusaran de ese permiso. Se permitió solamente por la dureza de sus corazones (Marcos 10:5). En otras palabras, si no se les permitía divorciarse de sus esposas, algunos podrían llegar incluso al extremo de asesinarlas. Por tanto, quien se vale de ese permiso debe reconocer que su corazón es lo bastante duro como para necesitarlo.
Segundo, el propio relato de Moisés sobre el matrimonio da una razón contra el divorcio tan contundente que casi equivale a una prohibición. Así que, si la pregunta es: «¿Qué mandó Moisés?» (Marcos 10:3), la respuesta es esta: aunque por un tiempo permitió el divorcio debido a la dureza de corazón de los judíos, también dio una razón permanente en contra de él, una razón que se aplica a todos los descendientes de Adán y Eva, y eso es lo que debemos seguir.
Moisés nos dice, primero, que Dios creó a los seres humanos como hombre y mujer, un hombre y una mujer. Esto significaba que Adán no podía despedir a su esposa y tomar otra, porque no había otra mujer para tomar. También señalaba a todos sus descendientes en la misma dirección, mostrando que ellos tampoco debían hacerlo. Segundo, cuando este hombre y esta mujer fueron unidos en santo matrimonio por mandato de Dios, la norma fue que el hombre dejara a su padre y a su madre y se uniera a su esposa (Marcos 10:7). Esto muestra no solo lo estrecho que es el vínculo matrimonial, sino también cuánto debe durar. Él debe permanecer unido a su esposa, no separarse de ella. Tercero, el resultado de esta unión es que, aunque son dos, llegan a ser una sola carne (Marcos 10:8). Su unión es la más íntima que puede existir y, como afirma el doctor Hammond, es algo sagrado que no debe ser violado.
Cuarto, Dios mismo los unió. No solo los hizo, como Creador, capaces de darse consuelo y ayudarse mutuamente. También, en su sabiduría y bondad, dispuso que quienes son unidos en matrimonio vivan juntos en amor hasta que la muerte los separe. El matrimonio no es una invención humana, sino una institución divina, y por eso debe tratarse con reverencia. Merece aún más cuidado y honor porque es una imagen de la unión espiritual e inseparable entre Cristo y su iglesia.
A partir de todo esto, Cristo concluye que los hombres no deben separarse de sus esposas, a quienes Dios ha unido tan estrechamente con ellos. El vínculo que Dios ha establecido no debe romperse a la ligera. Quienes se divorcian de sus esposas por cualquier ofensa pequeña harían bien en pensar qué sucedería si Dios los tratara de la misma manera. Compárese Isaías 50:1 y Jeremías 3:1.
Finalmente, Cristo habló en privado con sus discípulos acerca del mismo asunto (Marcos 10:10-12). Es de gran ayuda tener un tiempo personal con Cristo, no solo para tratar los misterios del evangelio, sino también los deberes morales, a fin de comprenderlos mejor. Aquí solo se registra una parte de aquella enseñanza privada: la norma que Cristo dio en este caso. Es adulterio que un hombre se divorcie de su esposa y se case con otra. Peca contra la esposa que ha despedido, porque rompe el vínculo y la promesa que le hizo (Marcos 10:11). También añade que, si una mujer se divorcia de su esposo, es decir, si lo deja de común acuerdo con él y se casa con otro, también comete adulterio (Marcos 10:12). No cambia nada que ella diga que su esposo estuvo de acuerdo. Cuando la sabiduría y la gracia, la santidad y el amor gobiernan el corazón, los mandamientos se vuelven fáciles, aunque a la mente carnal le parezcan un yugo pesado.
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De este capítulo
Marcos 10:2
"Se acercaron a él los fariseos y, para ponerlo a prueba, le preguntaron: «¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su esposa?»"
Marcos 10:3
"Él les respondió: «¿Qué les mandó Moisés?»"
Marcos 10:4
"Ellos dijeron: «Moisés permitió escribir un certificado de divorcio y despedirla»."
Marcos 10:5
"Jesús les respondió: Por la dureza del corazón de ustedes, él les escribió este mandamiento."
Marcos 10:6
"Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo hombre y mujer."
Marcos 10:7
"Por esta causa, el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa;"
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