Versículo destacado
Jueces 17:7 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Había un joven de Belén de Judá, de la familia de Judá, que era levita y residía allí como extranjero. "
Jueces 17:7
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
5 El hombre Micaía tenía una casa de dioses, e hizo un efod y terafines, y consagró a uno de sus hijos, quien llegó a ser su sacerdote.
6 En aquellos días no había rey en Israel, sino que cada uno hacía lo que era correcto ante sus propios ojos.
7 Había un joven de Belén de Judá, de la familia de Judá, que era levita y residía allí como extranjero.
8 El hombre salió de la ciudad de Belén de Judá para residir como extranjero donde pudiera encontrar un lugar; y en su viaje llegó al monte de Efraín, a la casa de Micaía.
9 Micaía le preguntó: «¿De dónde vienes?». Él le respondió: «Soy un levita de Belén de Judá, y voy a residir como extranjero donde pueda encontrar un lugar».
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
Aquí tenemos el relato de Micaía, quien consiguió un levita para que fuera su sacerdote particular o capellán. Tal vez pensaba que su propio hijo, como heredero de sus bienes, era demasiado importante para dedicarse al trabajo sacerdotal. O, más probablemente, pensaba que, por no pertenecer a la tribu de Dios, su hijo no era suficientemente apto para esa función. Micaía quería una forma de religión que se ajustara a sus propios deseos, no una que estuviera gobernada por la ley de Dios.
Lo que llevó a este levita hasta Micaía fue lo siguiente: por parte de su madre, pertenecía a la familia de Judá y vivía en Belén con sus parientes, ya que Belén no era una ciudad destinada a los levitas. O quizá se había quedado allí como huésped o extranjero (Jueces 17:7). Desde allí salió a buscar cualquier lugar donde pudiera vivir, y durante sus viajes llegó a la casa de Micaía, en la región montañosa de Efraín (Jueces 17:8).
Algunos piensan que esta situación fue una desgracia para él, porque tuvo que irse de Belén, ya fuera porque la gente lo trataba mal o, más probablemente, porque lo habían descuidado y lo habían dejado sin apoyo. Dios había provisto plenamente para los levitas, pero el pueblo les retenía lo que les correspondía y tampoco los ayudaba a tomar posesión de las ciudades que se les habían asignado. Así, fueron empujados a la necesidad, y nadie se preocupó lo suficiente por ayudarlos. El alejamiento de Israel de Dios comenzó cuando el pueblo se apartó de los levitas; por eso se les había advertido que no los abandonaran (Deuteronomio 12:19). Es señal de que la religión está decayendo cuando los buenos ministros son ignorados y quedan sin sustento.
Sin embargo, parece más probable que la culpa y la insensatez fueran del propio levita. Le gustaba andar de un lado para otro, abandonó el lugar que le correspondía y perdió el respeto de sus amigos. Con una mente inquieta, se fue a buscar fortuna, como suele decirse. Es difícil imaginar que la situación en Israel hubiera llegado a ser tan mala que un levita tuviera que vivir en la pobreza, a menos que él mismo hubiera contribuido a esa situación. Merecen compasión quienes desean establecerse pero no pueden hacerlo. En cambio, necesitan corrección quienes podrían establecerse pero no quieren. Puesto que la inquietud suele convertirse en una carga permanente, resulta extraño que cualquier israelita, y especialmente un levita, escogiera vivir de esa manera.
El acuerdo que Micaía hizo con él también revela mucho. Si Micaía no hubiera estado suficientemente satisfecho con su propio hijo como sacerdote, habría enviado a buscar un levita. En vez de eso, simplemente tomó al que se cruzó en su camino, lo cual demuestra cuán poco celo tenía en este asunto. Es probable que aquel levita errante hubiera oído hablar en la región de la casa de dioses de Micaía, con su imagen tallada y su imagen de fundición. Si hubiera tenido el verdadero espíritu de un levita, habría ido a reprender a Micaía por su idolatría y a advertirle que aquello estaba directamente en contra de la ley de Dios y que atraería sobre él el juicio divino. Pero, como una rama corrupta e indigna de aquella tribu santa, fue a ofrecer sus servicios y dijo: «¿Tienes algún trabajo para un levita? Estoy desempleado y voy a vivir dondequiera que encuentre un lugar» (Jueces 17:9). Su único objetivo era conseguir comida, no hacer el bien.
Entonces Micaía lo invitó a formar parte de su familia (Jueces 17:10) y le prometió, en primer lugar, una posición más honorable. «Sé para mí como un padre y como sacerdote». Aunque el levita era joven y acababa de llegar, Micaía dijo que lo trataría como a un padre si aceptaba servir como sacerdote. No lo consideró uno de los sirvientes. Tampoco pidió pruebas de su llamado, ni preguntó por su conducta en el lugar donde había estado antes, ni consideró si, aunque fuera levita, podía ser un hombre tan malo que trajera problemas y vergüenza a la familia. Micaía parecía pensar que, aunque aquel hombre fuera un gran sinvergüenza, todavía podía servir como sacerdote de una imagen tallada, como el sacerdote de Jeroboam, escogido de entre la gente más baja (1 Reyes 12:31). No sorprende que quienes pueden convertir cualquier cosa en un dios también puedan convertir a cualquier persona en sacerdote.
En segundo lugar, Micaía le prometió un sustento aceptable. Le daría comida, bebida y ropa: dos mudas, como indican las notas marginales, una para el uso diario y otra para los días especiales; además, diez siclos, unos veinticinco chelines al año para sus gastos personales. Era un salario pobre en comparación con lo que Dios había provisto para los levitas que cumplían bien con su deber. Pero quienes abandonan el servicio de Dios nunca mejoran su situación ni encuentran un amo mejor. El ministerio es el mejor llamado, pero se convierte en el peor oficio del mundo para quien lo desempeña de manera incorrecta.
El levita aceptó el acuerdo con Micaía (Jueces 17:11). Estuvo conforme con vivir en la casa de aquel hombre. Aunque el trabajo consistía en una adoración falsa y el pago era vergonzoso, no puso objeción a ninguna de las dos cosas. Se consideró afortunado por haber encontrado una casa tan cómoda. Entonces Micaía, creyéndose más santo que sus vecinos, se tomó la libertad de ordenar a este levita (Jueces 17:12). Como había construido, equipado y sostenido aquel santuario, pensó que eso le daba derecho no solo a escoger al hombre que serviría allí, sino también a conferirle una posición oficial que Dios no le había autorizado a otorgar y que el levita no tenía derecho a recibir.
Micaía trató al levita como a un padre y lo cuidó como a un hijo. Parecía dispuesto a compensar con respeto el bajo salario que le daba. Pero todo esto solo hizo más grave la corrupción, porque aquel acuerdo completo constituía una rebelión abierta contra Dios.
Micaía quedó satisfecho con todo aquello (Jueces 17:13). «Ahora sé que el Señor me hará bien», dijo. Con esto podía querer decir que esperaba que su nuevo sistema religioso le diera una posición respetable ante sus vecinos y le ayudara a obtener ganancias de su altar. O, más probablemente, pensaba que Dios lo bendeciría en todo lo que hiciera. Pensaba así simplemente porque tenía a un levita como sacerdote.
Vio la llegada inesperada de un levita como una prueba de que Dios estaba complacido con él y con sus imágenes. Las personas que ya están engañadas, y luego encuentran algún acontecimiento inesperado que favorece sus planes pecaminosos, suelen tomarlo rápidamente como una señal de la aprobación de Dios. Micaía también pensaba que, una vez resuelto el problema del sacerdocio, todo lo demás estaba bien, aunque todavía conservara su imagen tallada y su imagen de fundición. Muchas personas se engañan a sí mismas al hacer una pequeña corrección y luego pensar que toda su condición espiritual es buena. Se imaginan que están como deben estar porque ya no son tan malas en un aspecto como lo eran antes, como si corregir una falta compensara el hecho de conservar todas las demás.
También pensaba que convertir a un levita en sacerdote era una acción digna y honorable. En realidad, se había apoderado descaradamente de una función que Dios no le había dado, y eso solo aumentaba su culpa. El orgullo, la ignorancia y la autocomplacencia pueden llevar a las personas no solo a defender, sino también a elogiar e incluso a considerar sagrados los actos de pecado más atrevidos. Micaía tenía muchas más razones para temer la maldición de Dios, pues había llevado a uno de los miembros de la propia tribu de Dios a la idolatría. Sin embargo, aun por esto esperaba que Dios le hiciera bien.
También suponía que tener a un levita en su casa le aseguraría naturalmente el favor de Dios. Los corazones dominados por los deseos de la carne, en vez de estar gobernados por la fe, suelen apoyarse demasiado en los privilegios externos. Piensan que Dios seguramente los bendecirá porque tienen padres piadosos, viven en hogares donde se ora, pertenecen al círculo de personas buenas o escuchan la predicación fiel. Pero todo eso equivale únicamente a tener a un levita como sacerdote. No ofrece ninguna seguridad, a menos que ellos mismos sean fieles y aprovechen correctamente esas ventajas.
Cómo puede ayudarte tu IA cristiana
Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana
Estudio bíblico
Orientación para la vida
Apoyo en la oración
Sabiduría diaria
Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes
De este capítulo
Jueces 17:1
"Había un hombre del monte de Efraín que se llamaba Micaía."
Jueces 17:2
"Él dijo a su madre: «Los mil cien siclos de plata que te quitaron, por los cuales pronunciaste una maldición y también hablaste a mis oídos, mira, la plata está conmigo; yo la tomé». Su madre dijo: «Bendito seas por el SEÑOR, hijo mío»."
Jueces 17:3
"Cuando él devolvió los mil cien siclos de plata a su madre, ella dijo: «Había dedicado por completo la plata al SEÑOR, de mi mano para mi hijo, a fin de hacer una imagen tallada y una imagen de metal fundido; ahora, por tanto, te la devolveré»."
Jueces 17:4
"Sin embargo, él devolvió el dinero a su madre; y su madre tomó doscientos siclos de plata y se los dio al fundidor, quien hizo con ellos una imagen tallada y una imagen de metal fundido; y estas estuvieron en la casa de Micaía."
Jueces 17:5
"El hombre Micaía tenía una casa de dioses, e hizo un efod y terafines, y consagró a uno de sus hijos, quien llegó a ser su sacerdote."
Jueces 17:6
"En aquellos días no había rey en Israel, sino que cada uno hacía lo que era correcto ante sus propios ojos."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.