Versículo destacado
Job 11:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Entonces Zofar el naamatita respondió y dijo: "
Job 11:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Entonces Zofar el naamatita respondió y dijo:
2 ¿No debe responderse a la multitud de palabras? ¿Debe ser justificado un hombre lleno de palabrería?
3 ¿Tus mentiras harán callar a los hombres? Y cuando te burlas, ¿nadie te avergonzará?
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Es triste ver cómo los sentimientos intensos pueden llevar demasiado lejos incluso a hombres sabios y buenos en medio de un debate. Zofar es un ejemplo de ello. Elifaz comenzó con una introducción amable (Job 4:2), y Bildad fue algo más severo (Job 8:2). Pero Zofar ataca a Job sin misericordia y habla de él de manera muy ofensiva: «¿Acaso debe ser justificado el hombre que habla tanto? ¿Harán callar a los demás tus mentiras?». Esa no es la manera de consolar a Job, ni tampoco de convencerlo. Tampoco corresponde a alguien que afirma hablar en nombre de Dios y defender su justicia. A quienes entran en discusiones les resulta difícil conservar un espíritu sereno. Toda su sabiduría, prudencia y dominio propio apenas serán suficientes para evitar la clase de rudeza que Zofar muestra aquí.
Primero, Zofar describe a Job de una manera falsa e injusta (Job 11:2-3). Quiere presentarlo como alguien ocioso, insensato y aficionado a escucharse hablar. Incluso lo llama mentiroso y burlón. Lo hace para que parezca correcto castigarlo. Cuando las personas quieren pelear con un hermano y atacarlo, a menudo lo pintan bajo la peor luz posible y lo hacen parecer despreciable, sea verdad o no.
Pero si hemos leído los discursos de Job en los capítulos anteriores, sabemos que estaban llenos de sensatez y se mantenían centrados en el tema. Las convicciones de Job eran correctas, sus razonamientos eran sólidos y muchas de sus palabras eran serias e importantes. Si alguna parte de su discurso mostró tensión o pasión, un poco de paciencia y caridad habría sabido comprenderla. Sin embargo, Zofar lo presenta injustamente como un hombre que nunca pensaba antes de hablar, sino que simplemente acumulaba palabras para hacer ruido y defender su caso. «¿No debería responderse a una multitud de palabras?». A veces, el silencio es la mejor respuesta a las palabras insensatas y muestra el mayor desprecio por ellas: «No respondas al necio según su necedad». Pero si respondemos, deben hacerlo la razón y la gracia, no el orgullo ni la ira.
Zofar también habla como si Job debiera ser juzgado por la cantidad de palabras que usa: «¿Acaso debe ser justificado el hombre que habla tanto?». Es decir, ¿debe aprobarse a alguien simplemente porque habla mucho? No, porque cuando abundan las palabras tampoco faltan los pecados. Muchas palabras no hacen sólido un argumento. Una persona no gana una discusión mediante discursos y frases elegantes. Dios no acepta esa clase de palabrería, y tampoco lo hacen las personas sabias (Mateo 6:7). Zofar también acusa a Job de mentir, como si esperara silenciar a sus oponentes mediante falsedades atrevidas: «¿Harán callar a los demás tus mentiras?». Lo llama burlón, como si engañara a todos y presentara la falsedad con una apariencia atractiva. Pero Job no había perdido la razón. Hablaba con verdad y sensatez, y aun así fue muy malinterpretado. Elifaz y Bildad ya le habían respondido y tratado de avergonzarlo, así que no fue un acto de generosidad que Zofar atacara con tanta dureza a un hombre que ya estaba bajo tanta presión. Eran tres contra uno.
Segundo, Zofar pone en boca de Job palabras que Job nunca dijo (Job 11:4). Afirma: «Tú has dicho: “Mi enseñanza es pura”». Y aun si Job hubiera dicho eso, no habría sido necesariamente incorrecto, porque Job sostenía la fe verdadera y hablaba de Dios con más rectitud que sus amigos. Si en algunos momentos habló con demasiada confianza, eso no convertía su enseñanza en falsa. Zofar también afirma que Job dijo: «Soy limpio ante tus ojos». Pero Job no había dicho eso. Había declarado: «Tú sabes que no soy malvado» (Job 10:7), y también había reconocido: «He pecado». Nunca afirmó estar libre de pecado. Lo que sí sostuvo fue que no era un hipócrita, como lo acusaban sus amigos; y eso es muy diferente de afirmar una perfección absoluta. Debemos interpretar las palabras de nuestros hermanos de la mejor manera que razonablemente permitan, pero quienes discuten suelen sentirse tentados a torcerlas en la dirección opuesta.
Tercero, Zofar apela a Dios y quiere que Dios se levante contra Job. Está tan seguro de que Job se equivoca que nada lo satisfará, a menos que Dios mismo intervenga para silenciarlo y condenarlo. A menudo las personas se apresuran demasiado a involucrar a Dios en sus conflictos y dan por hecho que, si él hablara, se pondría de su lado, como Zofar lo hace aquí. «¡Ojalá Dios hablara!», dice, como si Dios sin duda abriera sus labios contra Job. Sin embargo, cuando Dios habló más adelante, habló a favor de Job y en contra de sus tres amigos. Ciertamente debemos dejar todo conflicto en manos del juicio de Dios, porque su juicio siempre es verdadero. Pero no siempre tienen la razón quienes muestran mayor entusiasmo por apelar a ese juicio y deciden de antemano que los respaldará.
Como Zofar no puede convencer al propio Job, quiere que Dios le enseñe dos cosas que todos debemos recordar, especialmente en el sufrimiento. Primero, quiere que Job vea el profundo misterio de los propósitos de Dios. Zofar no puede explicarlos, pero quiere que Dios le muestre a Job suficiente de la sabiduría divina para que entienda que es mucho mayor de lo que puede comprender. En la sabiduría de Dios hay cosas ocultas, como secretos de Estado. «Su camino está en el mar; las nubes y la oscuridad lo rodean». Él tiene razones para lo que hace que no podemos entender y en las que no debemos intentar entrometernos. Lo que conocemos de Dios es mucho menos que lo que desconocemos. Lo oculto es más de dos veces lo que vemos (Efesios 3:9). Meditar en la profundidad de los propósitos de Dios, que no podemos medir, puede calmarnos bajo su mano aflictiva. Algunos entienden esto como una referencia a que Dios conoce mucho más de nuestra maldad de lo que nosotros mismos conocemos. Cuando Dios le dio a David una conciencia plena de su pecado, David dijo que Dios le había hecho conocer la sabiduría en lo íntimo (Salmo 51:6).
Segundo, Zofar quiere que Job vea la justicia completa de los tratos de Dios. En esencia, le dice: «Entiende esto: por severo que sea tu castigo, Dios te está dando menos de lo que merecen tus pecados». Algunos interpretan estas palabras como que Dios le está perdonando parte de su culpa y no lo está tratando conforme a todo su peso. El punto es claro: cuando no se cumple con el deber, es justo exigir un castigo. Y cualquiera que sea el sufrimiento que enfrentemos en este mundo, debemos reconocer que es menor de lo que nuestros pecados merecen. Por eso, en vez de quejarnos de nuestras dificultades, debemos agradecer a Dios que no estemos en el infierno (Lamentaciones 3:39; Salmo 103:10).
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De este capítulo
Job 11:2
"¿No debe responderse a la multitud de palabras? ¿Debe ser justificado un hombre lleno de palabrería?"
Job 11:3
"¿Tus mentiras harán callar a los hombres? Y cuando te burlas, ¿nadie te avergonzará?"
Job 11:4
"Pues has dicho: «Mi doctrina es pura, y estoy limpio ante tus ojos»."
Job 11:5
"Pero ¡ojalá Dios hablara y abriera sus labios contra ti,"
Job 11:6
"y te mostrara los secretos de la sabiduría, que son el doble de lo que existe! Sabe, por tanto, que Dios te exige menos de lo que merece tu iniquidad."
Job 11:7
"¿Puedes descubrir a Dios investigando? ¿Puedes hallar al Todopoderoso hasta la perfección?"
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