Versículo destacado
Job 11:7 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" ¿Puedes descubrir a Dios investigando? ¿Puedes hallar al Todopoderoso hasta la perfección? "
Job 11:7
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
5 Pero ¡ojalá Dios hablara y abriera sus labios contra ti,
6 y te mostrara los secretos de la sabiduría, que son el doble de lo que existe! Sabe, por tanto, que Dios te exige menos de lo que merece tu iniquidad.
7 ¿Puedes descubrir a Dios investigando? ¿Puedes hallar al Todopoderoso hasta la perfección?
8 Es tan alto como el cielo; ¿qué puedes hacer? Más profundo que el infierno; ¿qué puedes saber?
9 Su medida es más larga que la tierra y más ancha que el mar.
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Aquí Zofar dice muchas cosas acertadas acerca de la grandeza y la gloria de Dios, así como de la debilidad y la necedad humanas. Cuando ponemos ambas realidades lado a lado y reflexionamos sinceramente en ellas, deberían llevarnos a someternos a todo lo que Dios hace en su providencia, es decir, en su gobierno sabio sobre todas las cosas.
Primero, vemos quién es Dios, y eso debería llevarnos a adorarlo. Él está más allá de nuestra comprensión: es infinito e inconmensurable, de modo que nuestra mente limitada no puede formarse una imagen completa de él. Puesto que sabemos tan poco acerca de la naturaleza de Dios, no estamos capacitados para juzgar su providencia. Cuando criticamos lo que él hace, estamos hablando de cosas que no entendemos. No podemos conocer a Dios plenamente; por eso, ¿cómo nos atreveríamos a culparlo?
Las palabras de Zofar muestran que la naturaleza de Dios está muy por encima de nuestro entendimiento: «¿Puedes descubrir a Dios investigando? ¿Puedes hallar al Todopoderoso hasta la perfección?». La respuesta es no. Somos criaturas débiles y de visión limitada, como un gusano de la tierra, y permanecemos aquí solo por un breve tiempo. Aunque busquemos a Dios con empeño y cuidado, no podemos esperar agotar esa búsqueda. Podemos buscarlo y encontrarlo en parte (Hechos 17:27), pero no podemos descubrir plenamente aquello que él ha decidido mantener oculto. Podemos saber que Dios existe, pero no comprender por completo quién es. Podemos ver el océano, pero no alcanzar a ver lo que hay al otro lado.
Mediante una búsqueda humilde, cuidadosa y llena de fe, podemos aprender algo acerca de Dios, pero nunca conocerlo por completo. Podemos conocerlo, pero no comprenderlo en su totalidad. Tampoco podemos seguir todas sus obras desde el principio hasta el fin (Eclesiastés 3:11). Dios es inescrutable. No se pueden contar los años de su eternidad, medir los límites de su grandeza ni sondear las profundidades de su sabiduría; tampoco se puede poner límite al alcance de su poder. Su gloria no puede describirse plenamente, ni su bondad puede contarse por completo. Por eso debemos hablar de Dios con humildad y cuidado, sin intentar darle órdenes ni discutir con él. Debemos agradecerle por lo que nos ha revelado de sí mismo y anhelar el día en que lo veremos tal como él es (1 Corintios 13:9-10).
La grandeza de Dios también supera a todo el mundo creado. Algunos entienden el pasaje en el sentido de que su grandeza es más alta que el cielo, más profunda que la tumba o el gran abismo, más extensa que la tierra y más ancha que el mar. En aquel tiempo gran parte del mar era desconocida, y aun hoy mucho de la creación permanece fuera de nuestro alcance. No podemos abarcar la naturaleza de Dios; tal conocimiento es demasiado maravilloso para nosotros (Salmo 139:6). Tampoco podemos comprender plenamente sus planes ni explicar por qué actúa como lo hace. Sus juicios son un gran abismo. Pablo emplea un lenguaje semejante al hablar del amor de Cristo: lo describe como ancho, largo, profundo y alto, y nos anima a conocerlo hasta donde nos sea posible (Efesios 3:18-19).
Dios también es el Señor soberano, es decir, gobierna con autoridad absoluta. Si decide quitar la vida o producir un cambio, ya sea en las naciones, en las familias o en nuestras propias circunstancias, nadie puede detenerlo. Si encierra a alguien en una prisión o en la red de la aflicción (Salmo 66:11), o si se lleva a una criatura como un cazador que captura a su presa, nadie puede obligarlo a devolverla. Si reúne a las personas como rastrojo para el fuego, o recoge para sí el espíritu y el aliento de una persona (Job 34:14), nadie puede impedírselo. Nadie puede detener su sentencia ni resistir su cumplimiento. Nadie puede controlar su poder, cuestionar su sabiduría ni acusar su justicia.
Si aquel que hizo todas las cosas de la nada decide reducirlas nuevamente a la nada, o devolverlas a su desorden original, nadie puede hacerlo cambiar de rumbo. Si aquel que primero separó la luz de las tinieblas y la tierra seca del mar decide reunirlas otra vez, nadie puede detener su mano. El que creó también puede deshacer, y nadie tiene derecho a desafiarlo.
Dios también observa a los seres humanos con rigor y justicia (Job 11:11). Él conoce a las personas inútiles y vacías. Nosotros sabemos muy poco acerca de él, pero él nos conoce perfectamente. También ve la maldad, no para aprobarla (Habacuc 1:13), sino para pedir cuentas por ella. Observa a las personas vacías y vanidosas. En sí mismos, todos los seres humanos son así, porque incluso la mejor persona no es más que vanidad. Dios conoce sus planes y sus esperanzas, y puede quebrarlos y frustrarlos. Ve los pensamientos y las palabras necias, así como la debilidad de las personas para hacer el bien. También ve el pecado abierto, aun cuando se oculte y se cubra con habilidad. Nada de lo que hacen los malvados está escondido de la mirada de Dios. Él sin duda lo toma en cuenta, aunque por un tiempo parezca guardar silencio.
Ahora vemos lo que es el ser humano, y eso debería humillarnos (Job 11:12). Dios ve que la persona vana desea ser sabia, o al menos desea que los demás la consideren sabia, aunque nace como un pollino de asno salvaje: necio, terco e indomable. El ser humano es una criatura vacía por dentro. Dios lo creó lleno, pero se vació a sí mismo y se empobreció. Ahora es una criatura sin valor propio, sin nada que pueda presentar ante Dios.
También es necio, como las bestias que perecen (Salmo 49:20; Salmo 73:22). Es como un asno, uno de los animales más torpes, un pollino que todavía no ha sido entrenado para ningún trabajo. Si alguna vez llega a ser útil para algo, es por la gracia de Cristo, quien en una ocasión usó un pollino de asna en su entrada triunfal. El ser humano también es obstinado y difícil de gobernar. Un pollino común puede ser entrenado, pero el pollino de un asno salvaje no se deja domesticar ni escucha el grito del conductor (Job 39:5-7). De la misma manera, las personas suelen comportarse como si fueran libres y dueñas de sí mismas, como un asno salvaje acostumbrado al desierto (Jeremías 2:24), ansioso por satisfacer sus propios deseos y pasiones.
Sin embargo, el ser humano también es orgulloso y se considera importante. Quiere ser sabio y quiere que los demás lo crean. Valora el honor de la sabiduría, aunque no quiera obedecer sus leyes. Busca una sabiduría prohibida y, como Adán y Eva, nuestros primeros padres, intenta ser sabio más allá de lo que Dios ha revelado en su palabra. Al hacerlo, pierde el árbol de la vida mientras extiende la mano para alcanzar el árbol del conocimiento. Una criatura así no está capacitada para discutir con Dios ni para exigirle cuentas. Si conociéramos mejor a Dios y también a nosotros mismos, entenderíamos mucho mejor cómo debemos presentarnos delante de él.
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De este capítulo
Job 11:1
"Entonces Zofar el naamatita respondió y dijo:"
Job 11:2
"¿No debe responderse a la multitud de palabras? ¿Debe ser justificado un hombre lleno de palabrería?"
Job 11:3
"¿Tus mentiras harán callar a los hombres? Y cuando te burlas, ¿nadie te avergonzará?"
Job 11:4
"Pues has dicho: «Mi doctrina es pura, y estoy limpio ante tus ojos»."
Job 11:5
"Pero ¡ojalá Dios hablara y abriera sus labios contra ti,"
Job 11:6
"y te mostrara los secretos de la sabiduría, que son el doble de lo que existe! Sabe, por tanto, que Dios te exige menos de lo que merece tu iniquidad."
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