Versículo destacado
Jeremías 43:8 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Entonces la palabra del Señor vino a Jeremías en Tafnes, diciendo: "
Jeremías 43:8
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
6 hombres, mujeres, niños, las hijas del rey y toda persona que Nebuzaradán, capitán de la guardia, había dejado con Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Safán, junto con el profeta Jeremías y Baruc hijo de Nerías.
7 Así llegaron a la tierra de Egipto, porque no obedecieron la voz del Señor; llegaron hasta Tafnes.
8 Entonces la palabra del Señor vino a Jeremías en Tafnes, diciendo:
9 Toma en tu mano piedras grandes y escóndelas en el barro del horno de ladrillos que está a la entrada de la casa del faraón en Tafnes, a la vista de los hombres de Judá.
10 Y diles: Así dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: Miren, enviaré a buscar a Nabucodonosor, rey de Babilonia, mi siervo, y pondré su trono sobre estas piedras que yo he escondido; él extenderá sobre ellas su pabellón real.
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Aquí tenemos a Jeremías profetizando en Egipto, como también lo hará en el capítulo siguiente. Ahora se encontraba en Tafnes, adonde lo habían llevado quienes tenían autoridad sobre él. Estaba rodeado de egipcios idólatras y de israelitas infieles; aun así, allí también vino a él la palabra del Señor. Dios puede alcanzar con su gracia a su pueblo dondequiera que esté, y cuando sus siervos están atados, la palabra del Señor no está atada. El Espíritu de profecía no estaba limitado a la tierra de Israel. Jeremías había llegado a Egipto no por decisión propia, sino por la fuerza, y Dios no retiró de él su favor.
Lo que Jeremías recibía del Señor, se lo comunicaba al pueblo. Dondequiera que estemos, debemos procurar hacer el bien, porque esa es nuestra labor en este mundo. Aquí se nos presentan dos mensajes que Jeremías recibió y que debía comunicar mientras estaba en Egipto. Probablemente ayudó a sus compatriotas allí en todo lo que pudo, hasta donde ellos lo permitieron: orando por ellos, enseñándoles y consolándolos. Sin embargo, solo se registran dos mensajes que recibió directamente de Dios: este, acerca de Egipto, y el del capítulo siguiente, acerca de los judíos que estaban en Egipto. Dios ya les había dicho que, si iban a Egipto, la espada que temían los seguiría hasta allí. Ahora les anuncia con mayor claridad que la espada de Nabucodonosor, la que especialmente temían, iría tras ellos.
Primero, esto se muestra mediante una señal. Jeremías debía tomar piedras grandes, de las que se usaban para los cimientos, y colocarlas en el barro del horno de ladrillos, junto al camino que estaba cerca del palacio del faraón (Jeremías 43:9). Era un lugar visible, frente al palacio real. Egipto era conocido por sus hornos de ladrillos, como los israelitas habían aprendido cuando los egipcios los obligaron a fabricar ladrillos (Éxodo 5:7), y quizá ese recuerdo se vuelve aquí un testimonio contra Egipto. En sentido simbólico, el fundamento de la ruina de Egipto quedaría puesto entre aquellos ladrillos y aquel barro. Jeremías debía hacer esto no delante de los egipcios, que no sabían quién era, sino delante de los hombres de Judá, a quienes había sido enviado. Como no podía impedir que fueran a Egipto, al menos intentaría llevarlos a arrepentirse de haber ido.
Después se anuncia la profecía con palabras claras. El rey actual de Babilonia, Nabucodonosor, el mismo gobernante que había destruido Jerusalén, vendría personalmente contra Egipto y tomaría incluso la ciudad real. La señal sería que colocaría su trono precisamente donde Jeremías había puesto aquellas piedras (Jeremías 43:10). Este detalle específico fue anunciado para que, cuando ocurriera, ellos recordaran la profecía y volvieran a reconocer cuánto conoce Dios, aun los acontecimientos más pequeños. Dios llama a Nabucodonosor su siervo porque, aunque él no lo supiera, estaba cumpliendo la voluntad de Dios y sirviendo a sus propósitos. Los gobernantes del mundo son siervos de Dios, y él los usa como quiere, incluso cuando no buscan honrarlo.
Nabucodonosor también destruiría a muchos egipcios y tendría a todo el pueblo bajo su poder (Jeremías 43:11). Atacaría la tierra de Egipto y, aunque Egipto siempre había sido considerado una nación fuerte, nadie podría resistirlo. A quienes decidiera entregar a la muerte, los mataría, ya fuera mediante una plaga —que probablemente es lo que se indica aquí—, mediante la espada de la guerra o de alguna otra manera. A quienes decidiera perdonar, los dejaría con vida y los llevaría cautivos. Al ir a Egipto, los judíos habían llevado consigo hasta allí a los caldeos, y por eso habían hecho mal a quienes los habían recibido. Los que habían prometido proteger a Israel del rey de Babilonia quedarían ellos mismos expuestos a él.
Nabucodonosor también destruiría los ídolos de Egipto, tanto sus templos como las imágenes de sus dioses (Jeremías 43:12). Quemaría las casas de los dioses egipcios, pero el fuego sería encendido por la ira de Dios. Ese fuego consumiría algunos ídolos y se llevaría otros, como se describe en (Isaías 46:1). Bet-semes, cuyo nombre significa «casa del sol», era el nombre de un templo dedicado al sol, donde se reunían quienes lo adoraban. Nabucodonosor rompería en pedazos las imágenes que estaban allí y se llevaría sus materiales valiosos (Jeremías 43:13). Esto muestra que toda la tierra quedaría devastada, de tal manera que ni siquiera los templos y las imágenes escaparían. El propio Nabucodonosor era idólatra y promovía la idolatría; tenía sus propios templos e imágenes del sol. Sin embargo, Dios lo usaría para destruir los ídolos de Egipto. De esta manera, a veces Dios usa a una persona malvada o a una nación malvada como vara contra otra.
Nabucodonosor también se apoderaría de Egipto, y nadie podría defenderlo ni vengarlo (Jeremías 43:12). Se vestiría con las riquezas obtenidas de Egipto, usándolas tanto como adorno como protección. Se las pondría con la misma facilidad con que un pastor se pone su abrigo por la mañana para salir a cuidar sus ovejas. Ya había reunido riquezas de muchas otras naciones mediante sus conquistas, así que el botín de Egipto significaría poco para él, como una prenda cualquiera para un pastor. Después de tomar todo lo que quisiera, tal como Ben-adad había amenazado hacer en otra ocasión (1 Reyes 20:6), se marcharía en paz, sin que nadie lo molestara ni lo obligara a salir apresuradamente. Egipto quedaría completamente quebrantado.
Esta destrucción de Egipto a manos del rey de Babilonia también fue anunciada en (Ezequiel 29:19) y (Ezequiel 30:10). Babilonia estaba muy lejos de Egipto, pero desde allí vendría la ruina de Egipto, porque Dios puede hacer que sus juicios lleguen a su destino, aun desde lugares distantes.
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De este capítulo
Jeremías 43:1
"Y sucedió que, cuando Jeremías terminó de decir a todo el pueblo todas las palabras del Señor su Dios, por las cuales el Señor su Dios lo había enviado a ellos, es decir, todas estas palabras,"
Jeremías 43:2
"Azarías hijo de Osaías, Johanán hijo de Carea y todos los hombres orgullosos dijeron a Jeremías: Hablas falsamente. El Señor nuestro Dios no te ha enviado a decir: “No vayan a Egipto para residir allí”."
Jeremías 43:3
"Más bien, Baruc hijo de Nerías te incita contra nosotros para entregarnos en manos de los caldeos, a fin de que nos maten y nos lleven cautivos a Babilonia."
Jeremías 43:4
"Así que Johanán hijo de Carea, todos los jefes de las fuerzas y todo el pueblo no obedecieron la voz del Señor para habitar en la tierra de Judá."
Jeremías 43:5
"En cambio, Johanán hijo de Carea y todos los jefes de las fuerzas tomaron a todo el remanente de Judá que había regresado de todas las naciones adonde habían sido expulsados, para habitar en la tierra de Judá:"
Jeremías 43:6
"hombres, mujeres, niños, las hijas del rey y toda persona que Nebuzaradán, capitán de la guardia, había dejado con Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Safán, junto con el profeta Jeremías y Baruc hijo de Nerías."
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