Versículo destacado
Jeremías 35:12 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Entonces vino la palabra del SEÑOR a Jeremías, diciendo: "
Jeremías 35:12
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
10 sino que hemos habitado en tiendas, hemos obedecido y hemos hecho conforme a todo lo que Jonadab, nuestro padre, nos ordenó.
11 Pero sucedió que, cuando Nabucodonosor, rey de Babilonia, subió a la tierra, dijimos: Vengan, vayamos a Jerusalén por temor al ejército de los caldeos y por temor al ejército de los sirios. Por eso habitamos en Jerusalén.
12 Entonces vino la palabra del SEÑOR a Jeremías, diciendo:
13 Así dice el SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel: Ve y di a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén: ¿No recibirán instrucción para escuchar mis palabras?, dice el SEÑOR.
14 Se han cumplido las palabras de Jonadab hijo de Recab, quien ordenó a sus hijos que no bebieran vino; pues hasta el día de hoy no lo beben, sino que obedecen el mandato de su padre. Sin embargo, yo les he hablado, madrugando y hablando, pero ustedes no me escucharon.
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La prueba de la fidelidad de los recabitas tenía el propósito de servir como señal, y ahora llegamos a su enseñanza. La obediencia de ellos a su padre se convierte en una manera de poner al descubierto la desobediencia de Judá a Dios. El profeta pregunta a Judá, en el nombre de Dios: «¿No aprenderán nunca?» (Jeremías 35:13). ¿Acaso nada logrará llegar a ustedes, conmoverlos o enseñarles cuál es su deber y cuál es su pecado?
«Miren a los recabitas —les dice— y vean cómo obedecieron el mandato de su padre» (Jeremías 35:14). Sin embargo, ustedes tenían muchas más razones para obedecer a Dios que ellos para obedecer a Jonadab, el antepasado que les dio esa norma. La vergüenza es mayor porque los recabitas obedecieron a un simple hombre, con sabiduría y poder meramente humanos: su padre según la carne. Pero Judá desobedeció al Dios eterno, quien tiene plena autoridad sobre ellos como el Padre de sus espíritus.
La vergüenza es aún mayor porque Jonadab había muerto hacía mucho tiempo y no podía vigilarlos ni castigarlos. Dios, en cambio, vive para siempre, ve si se cumplen sus leyes y está dispuesto a castigar la desobediencia. A los recabitas no se les recordaba continuamente cuál era su deber, pero Dios seguía enviando profetas a su pueblo para recordárselo. Él mismo les había hablado, levantándose temprano para hablarles, por medio de su palabra y de la conciencia (Jeremías 35:14). También había enviado a todos sus siervos los profetas, levantándose temprano para enviarlos, pero nada de eso produjo un cambio (Jeremías 35:15).
Hay aún más elementos en este contraste. Jonadab nunca hizo por su familia lo que Dios había hecho por su pueblo. Les dio un mandato, pero no una herencia que facilitara la obediencia. Dios les había dado a su pueblo una tierra buena y les había prometido que la conservarían si obedecían. Por eso, tanto la gratitud como su propio interés los obligaban a escuchar; sin embargo, no quisieron hacerlo. Además, al pueblo de Dios no se le había pedido soportar una disciplina tan estricta ni practicar una renuncia tan grande como la de los recabitas. Aun así, ellos cumplieron las órdenes de Jonadab, mientras que las de Dios fueron ignoradas.
Por eso se anuncia nuevamente el juicio contra Judá y Jerusalén, porque su desobediencia es mucho más grave. Los recabitas se levantarán en el juicio contra ellos y los condenarán, porque cumplieron cuidadosamente el mandato de su padre y permanecieron firmes en él (Jeremías 35:16). Pero este pueblo rebelde y obstinado no escuchó a Dios. Como no quisieron obedecer sus mandamientos, él hará realidad sus advertencias y traerá sobre ellos, por medio del ejército caldeo, todo el mal anunciado contra ellos en la ley y en los profetas (Jeremías 35:17). Dios les había hablado y los había llamado de todas las maneras posibles, por medio de su palabra y de su providencia, pero ellos no escucharon ni respondieron.
Sin embargo, se promete misericordia a los recabitas porque permanecieron juntos y fieles a la norma de su familia. Su lealtad solo había sido puesta a prueba para avergonzar a Judá, pero como ellos se mantuvieron firmes, esa misma fidelidad se convirtió en algo que Dios elogió y honró. En ese momento, Dios aprovechó para prometerles un bienestar duradero (Jeremías 35:18, Jeremías 35:19). Su familia continuaría mientras continuaran las familias de Israel, entre las cuales vivían como extranjeros y peregrinos.
Nunca les faltaría un descendiente que heredara lo poco que tenían, aunque no poseían tierras para transmitirlas. A veces, quienes cuentan con menos recursos tienen las familias más numerosas. El mismo Dios que da bocas para alimentar también proveerá el alimento. Más aún, la fe seguiría presente en su linaje. Nunca les faltaría alguien que se presentara delante de Dios para servirle.
No eran sacerdotes ni levitas, y no parece que ocuparan un lugar en el servicio del templo. Aun así, por medio de su vida constante de devoción, se presentaban delante de Dios para servirle. La mayor bendición que puede tener una familia es que la adoración a Dios continúe en ella de una generación a otra. Además, la moderación, la renuncia personal y el rechazo de las comodidades mundanas ayudan mucho a llevar una vida de devoción. Cuanto menos atados estemos a los placeres de los sentidos, más dispuestos estaremos para el servicio de Dios. Nada perjudica más la transmisión de la fe dentro de una familia que el orgullo y el lujo.
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De este capítulo
Jeremías 35:1
"La palabra que vino a Jeremías de parte del SEÑOR en los días de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, diciendo:"
Jeremías 35:2
"Ve a la casa de los recabitas, habla con ellos, llévalos a la casa del SEÑOR, a una de las cámaras, y dales vino para beber."
Jeremías 35:3
"Entonces tomé a Jaazanías hijo de Jeremías, hijo de Habasinías, a sus hermanos, a todos sus hijos y a toda la casa de los recabitas;"
Jeremías 35:4
"y los llevé a la casa del SEÑOR, a la cámara de los hijos de Hanán hijo de Igdalías, hombre de Dios, la cual estaba junto a la cámara de los príncipes, encima de la cámara de Maasías hijo de Salum, guardián de la puerta."
Jeremías 35:5
"Puse delante de los hijos de la casa de los recabitas vasijas llenas de vino y copas, y les dije: Beban vino."
Jeremías 35:6
"Pero ellos dijeron: No beberemos vino, porque Jonadab hijo de Recab, nuestro padre, nos ordenó: No beberán vino jamás, ni ustedes ni sus hijos."
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