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La palabra que vino a Jeremías de parte del SEÑOR, cuando Nabucodonosor, rey de Babilonia, todo su ejército, todos los reinos de la tierra bajo su dominio y todo el pueblo combatían contra Jerusalén y contra todas sus ciudades, diciendo:
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Así dice el SEÑOR, Dios de Israel: Ve y habla con Sedequías, rey de Judá, y dile: Así dice el SEÑOR: Mira, entregaré esta ciudad en manos del rey de Babilonia, y él la quemará con fuego.
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Y tú no escaparás de su mano, sino que ciertamente serás capturado y entregado en su mano. Tus ojos contemplarán los ojos del rey de Babilonia, él hablará contigo cara a cara, y tú irás a Babilonia.
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Sin embargo, escucha la palabra del SEÑOR, Sedequías, rey de Judá. Así dice el SEÑOR acerca de ti: No morirás a espada.
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Jeremías 34:4 significa que, aunque Sedequías enfrentaría el juicio de Dios y sería llevado a Babilonia, no moriría en batalla ni por la espada. Dios …
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Sino que morirás en paz; y así como hicieron quemas por tus padres, los reyes anteriores que te precedieron, también quemarán aromas por ti. Y se lamentarán por ti, diciendo: «¡Ay, señor!». Porque yo he pronunciado la palabra, dice el SEÑOR.
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Entonces el profeta Jeremías habló todas estas palabras a Sedequías, rey de Judá, en Jerusalén,
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cuando el ejército del rey de Babilonia combatía contra Jerusalén y contra todas las ciudades de Judá que quedaban: contra Laquis y contra Azeca, porque estas ciudades fortificadas eran las que quedaban de las ciudades de Judá.
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Esta es la palabra que vino a Jeremías de parte del SEÑOR, después que el rey Sedequías hizo un pacto con todo el pueblo que estaba en Jerusalén para proclamarles libertad:
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que cada uno dejara en libertad a su siervo y cada uno a su sierva, hebreo o hebrea, para que nadie se sirviera más de ellos, es decir, de un judío hermano suyo.
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Cuando todos los jefes y todo el pueblo que habían entrado en el pacto oyeron que cada uno debía dejar en libertad a su siervo y cada uno a su sierva, para que nadie se sirviera más de ellos, obedecieron y los dejaron ir.
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Pero después se volvieron atrás e hicieron regresar a los siervos y a las siervas que habían dejado en libertad, y los sometieron para que fueran siervos y siervas.
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Por tanto, la palabra del SEÑOR vino a Jeremías de parte del SEÑOR, diciendo:
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Así dice el SEÑOR, Dios de Israel: Yo hice un pacto con sus padres el día en que los saqué de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre, diciendo:
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Al cabo de siete años, cada uno de ustedes dejará ir a su hermano hebreo que le haya sido vendido. Después de que te haya servido seis años, lo dejarás ir libre de ti. Pero sus padres no me escucharon ni inclinaron su oído.
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Y ustedes se habían vuelto ahora y habían hecho lo recto ante mis ojos, proclamando cada uno libertad a su prójimo; y habían hecho un pacto delante de mí, en la casa que lleva mi nombre.
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Pero se volvieron atrás y profanaron mi nombre. Cada uno hizo regresar a su siervo y cada uno a su sierva, a quienes habían puesto en libertad para que fueran adonde quisieran, y los sometieron para que fueran siervos y siervas de ustedes.
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Por tanto, así dice el SEÑOR: Ustedes no me han escuchado al proclamar cada uno libertad a su hermano y cada uno a su prójimo. Miren, yo proclamo libertad para ustedes, dice el SEÑOR, a la espada, a la peste y al hambre; y haré que sean trasladados a todos los reinos de la tierra.
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Y entregaré a los hombres que quebrantaron mi pacto y no cumplieron las palabras del pacto que hicieron delante de mí cuando cortaron el becerro en dos y pasaron entre sus partes:
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a los jefes de Judá, a los jefes de Jerusalén, a los eunucos, a los sacerdotes y a todo el pueblo de la tierra, quienes pasaron entre las partes del becerro.
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Los entregaré en manos de sus enemigos y en manos de quienes buscan quitarles la vida. Sus cadáveres servirán de alimento a las aves del cielo y a las bestias de la tierra.
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Y entregaré a Sedequías, rey de Judá, y a sus jefes en manos de sus enemigos, en manos de quienes buscan quitarles la vida y en manos del ejército del rey de Babilonia, que se ha retirado de ustedes.
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Miren, yo daré la orden, dice el SEÑOR, y haré que regresen a esta ciudad. Combatirán contra ella, la tomarán y la quemarán con fuego; y convertiré las ciudades de Judá en una desolación sin habitantes.
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