Versículo destacado
Ezequiel 30:20 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Y sucedió en el año undécimo, en el primer mes, el día séptimo del mes, que la palabra del SEÑOR vino a mí, diciendo: "
Ezequiel 30:20
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
18 También en Tafnes se oscurecerá el día cuando yo quiebre allí los yugos de Egipto. Cesará en ella la pompa de su fuerza; una nube la cubrirá y sus hijas irán al cautiverio.
19 Así ejecutaré juicios en Egipto, y sabrán que yo soy el SEÑOR.
20 Y sucedió en el año undécimo, en el primer mes, el día séptimo del mes, que la palabra del SEÑOR vino a mí, diciendo:
21 Hijo del Hombre, he quebrado el brazo del faraón, rey de Egipto; y he aquí, no será vendado para que sane, ni se le pondrá una venda para ligarlo y fortalecerlo a fin de que sostenga la espada.
22 Por tanto, así dice el Señor DIOS: He aquí, estoy contra el faraón, rey de Egipto, y quebraré sus brazos, tanto el fuerte como el que fue quebrado; y haré que la espada caiga de su mano.
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Esta breve profecía sobre la creciente debilidad de Egipto fue dada aproximadamente cuando el ejército egipcio intentó levantar el sitio de Jerusalén, pero fracasó y regresó sin lograrlo. Entonces el rey de Babilonia reanudó el sitio y alcanzó su propósito. Egipto era un reino antiguo y durante mucho tiempo había sido poderoso, mientras que Babilonia apenas había llegado a gran esplendor y fuerza después de ocupar el lugar de Asiria. En el curso de la providencia de Dios, unas naciones se levantan mientras otras caen: una tiene que crecer y la otra disminuir.
La profecía dice que el rey de Egipto se debilitaría cada vez más. Sus fronteras se reducirían, su riqueza y su poder decaerían, y tendría menos capacidad que nunca para ayudarse a sí mismo o a sus aliados. Esto ya había comenzado a suceder, en parte, cuando Dios dijo: «He quebrado el brazo de Faraón» (Ezequiel 30:21). Podía decirse que un brazo de ese reino había sido quebrado cuando el rey de Babilonia derrotó al ejército del faraón Necao en Carquemis (Jeremías 46:2) y tomó todo lo que pertenecía a Egipto, desde el arroyo de Egipto hasta el río Éufrates (2 Reyes 24:7).
Egipto había pasado mucho tiempo construyendo su fuerza y extendiendo su dominio; por eso, conforme a los caminos de Dios, su caída ocurrió lentamente y paso a paso. Esto sucedió poco después de que el rey de Egipto matara al buen rey Josías, y durante ese mismo reinado Egipto recibió el golpe mortal del que nunca se recuperó. Antes de que fueran quebrados su corazón y su cuello, primero fue quebrado su brazo. Los juicios de Dios a menudo llegan por etapas, dando a las personas tiempo para arrepentirse. Cuando Dios quiebra el brazo de Egipto, nadie más puede sanarlo, porque solo Dios puede curar las heridas que inflige. Cuando deja sin fuerza a un poder, ese poder ya no puede volver a tomar la espada.
Este juicio volvería a suceder y de una manera más completa. Antes se había quebrado un brazo, y se había hecho algún esfuerzo por volver a colocarlo, como si se intentara sanar una herida mortal. Pero ahora Dios dice: «Estoy contra Faraón, y quebraré sus dos brazos, el fuerte y el que ya estaba quebrado y había sido colocado de nuevo» (Ezequiel 30:22). Si los juicios menores no humillan ni corrigen a los pecadores, Dios envía otros mayores. Hará que Faraón deje caer la espada que había tomado, creyéndose lo bastante fuerte para sostenerla.
La misma advertencia se repite: «Quebraré los brazos de Faraón» (Ezequiel 30:24). Faraón había sido anteriormente un opresor cruel del pueblo de Dios y, más recientemente, había servido como un apoyo débil, semejante a una caña quebrada. Ahora Dios quebraría sus brazos y le pediría cuentas por ambas cosas. Dios tiene el derecho de quebrar el poder de cualquiera que lo use para hacer el mal o para engañar a los demás.
Esto no era todo. El rey de Egipto perdería el ánimo al ver que las fuerzas del rey de Babilonia venían contra él. Gemiría delante de él como un hombre herido de muerte. Quienes son más orgullosos en tiempos de éxito a menudo son los más abatidos en tiempos de angustia. Faraón gemiría aun antes de que la espada lo tocara, como si ya hubiera sido herido de muerte.
El pueblo de Egipto también sería dispersado entre las naciones (Ezequiel 30:23, 30:26). Otras naciones se habían mezclado con ellos (Ezequiel 30:5), y ahora ellos serían mezclados entre otras naciones, obligados a buscar refugio allí. Así aprenderían que el Señor es justo en todo lo que hace.
La profecía también dice que el rey de Babilonia se haría cada vez más fuerte (Ezequiel 30:24, 30:25). Dios fortalecería los brazos del rey de Babilonia para que pudiera llevar a cabo la obra que le había asignado. También pondría su espada en la mano del rey de Babilonia, lo que significa que le daría autoridad y poder para hacer la guerra, especialmente contra Egipto. Tanto los gobernantes como los generales, como Pilato (Juan 19:11) y Nabucodonosor, no tienen autoridad alguna sino la que viene de lo alto.
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De este capítulo
Ezequiel 30:1
"La palabra del SEÑOR vino de nuevo a mí, diciendo:"
Ezequiel 30:2
"Hijo de hombre, profetiza y di: Así dice el Señor DIOS: ¡Aúllen! ¡Ay de aquel día!"
Ezequiel 30:3
"Porque el día está cerca; sí, el día del SEÑOR está cerca. Será un día nublado; será el tiempo de las naciones."
Ezequiel 30:4
"La espada vendrá sobre Egipto, y habrá gran dolor en Etiopía cuando los muertos caigan en Egipto. Se llevarán su multitud y sus cimientos serán derribados."
Ezequiel 30:5
"Etiopía, Libia, Lidia, todo el pueblo mezclado, Cub y los hombres de la tierra aliada caerán con ellos a espada."
Ezequiel 30:6
"Así dice el SEÑOR: También caerán los que sostienen a Egipto, y descenderá el orgullo de su poder. Desde la torre de Siene caerán en él a espada, dice el Señor DIOS."
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