Versículo destacado
Ezequiel 29:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" En el décimo año, en el décimo mes, el día doce del mes, la palabra del SEÑOR vino a mí y dijo: "
Ezequiel 29:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 En el décimo año, en el décimo mes, el día doce del mes, la palabra del SEÑOR vino a mí y dijo:
2 Hijo del Hombre, vuelve tu rostro contra Faraón, rey de Egipto, y profetiza contra él y contra todo Egipto.
3 Habla y di: Así dice el Señor DIOS: Mira, yo estoy contra ti, Faraón, rey de Egipto, el gran dragón que yace en medio de sus ríos y que ha dicho: Mi río es mío, y yo lo hice para mí.
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Esta profecía contra Egipto fue dada en el décimo año del cautiverio. Está colocada después de la profecía contra Tiro, que ocurrió en el undécimo año, porque Tiro fue destruida primero. El éxito de Nabucodonosor contra Tiro fue la recompensa por su servicio allí, y después vino la caída de Egipto. Por eso la profecía contra Tiro aparece primero: para ayudarnos a notar ese orden.
También debemos observar el momento en que se dio la primera profecía contra Egipto. Fue precisamente cuando el rey de Egipto marchaba para ayudar a Jerusalén y levantar el sitio (Jeremías 37:5), pero no cumplió las expectativas que los judíos habían puesto en él. Es sabio reconocer de antemano que toda ayuda humana finalmente fallará, especialmente cuando estamos más tentados a confiar en ella. Así podemos aprender a dejar de depender de los seres humanos.
Esta profecía está dirigida contra el faraón, rey de Egipto, y contra todo Egipto (Ezequiel 29:2). La profecía contra Tiro comenzó con el pueblo y luego pasó al príncipe, pero esta comienza con el príncipe. Eso es apropiado, porque sus primeros efectos se manifestaron en la agitación y la rebelión del pueblo contra su gobernante.
El faraón Hofra, que era el faraón reinante, aparece como un gran dragón, o cocodrilo, tendido en medio de sus ríos y jugando en ellos (Ezequiel 29:3). El río Nilo era conocido por sus cocodrilos. A los ojos de Dios, el rey de Egipto era como una enorme bestia dañina, llena de peligro y destrucción. Por eso Dios dice: «Estoy contra ti». Esto también puede significar: «Estoy por encima de ti».
Por más alto que se eleven los gobernantes terrenales, hay Uno que está por encima de ellos: Dios (Eclesiastés 5:8). Él puede refrenarlos. Si son crueles y opresores, también los hará rendir cuentas. Aquí se hace evidente el orgullo y la comodidad del faraón. Descansa junto a sus ríos y disfruta de sus riquezas y placeres, mientras dice: «El Nilo es mío; yo lo hice para mí».
Se atribuye el poder absoluto, con súbditos que le sirven. Actúa como si fuera independiente, sin nadie por encima de él ni rival a su lado. También actúa como si no le debiera nada a nadie. Pero la gente mundana suele jactarse de lo que posee y olvidar que todo lo que tenemos lo hemos recibido de Dios y solo lo administramos por encargo suyo. No nos pertenecemos a nosotros mismos. Ni siquiera nuestra lengua nos pertenece (Salmos 12:4). Tampoco nuestros ríos nos pertenecen, porque su fuente está en Dios.
La afirmación del faraón es todavía más insensata cuando dice: «Yo lo hice para mí». Con eso se atribuye dos cosas que pertenecen únicamente a Dios: ser el creador de todas las cosas y ser aquel para quien existen todas las cosas. Solo el gran Creador puede decir del mundo y de todo lo que hay en él: «Yo lo hice para mí». El faraón dice esto porque no piensa en el Hacedor del río ni honra a Aquel que lo formó desde tiempos antiguos (Isaías 22:11). Todo lo que tenemos lo recibimos de Dios y debemos usarlo para él. No podemos decir: «Nosotros lo hicimos», y mucho menos: «Lo hicimos para nosotros». Por eso no tenemos razón para jactarnos. El yo es el gran ídolo que el mundo adora, mientras rechaza a Dios y su gobierno.
La respuesta de Dios a este hombre orgulloso es humillarlo. Puesto que es como un gran dragón en las aguas, Dios tratará con él de una manera correspondiente a esa imagen (Ezequiel 29:4, 5). Lo sacará de sus ríos. Dios tiene un garfio y una cuerda para este leviatán, y puede controlarlo aun cuando ninguna fuerza humana pueda hacerlo (Job 41:1). Dios dice: «Te sacaré de en medio de tus ríos», es decir, lo expulsará de su palacio, de su reino y de todo aquello en lo que encontraba tanta comodidad y seguridad.
Heródoto dice que este faraón había gobernado con gran prosperidad durante veinticinco años y se había vuelto tan orgulloso que afirmó que ni siquiera Dios podría expulsarlo de su reino. Pero pronto aprendería cuán equivocado estaba, y descubriría que aquello en lo que confiaba no lo protegería. Dios puede expulsar a las personas precisamente del lugar donde se sienten más seguras.
Todos sus peces serán sacados con él. Estos representan a sus siervos, soldados y a todos los que dependían de él, aunque él pensaba que eran ellos quienes dependían de él. Se aferrarán a sus escamas y permanecerán a su lado, decididos a vivir y morir con su rey. Pero el rey y su ejército, el dragón y todos los peces adheridos a él, morirán juntos, como peces arrojados sobre tierra seca, y se convertirán en alimento para las fieras y las aves (Ezequiel 29:5). Parece que esto ocurrió poco después, cuando el faraón salió a luchar contra los cireneos en apoyo de Aricio, rey de Libia, quien había sido expulsado por ellos. El faraón fue derrotado, su ejército huyó y su reino se indignó tanto que el pueblo se rebeló contra él. Así quedó abandonado en el desierto, él y todos los peces del río que estaban con él. Esto es lo que finalmente producen el orgullo, la jactancia y la seguridad despreocupada. Las personas pierden justamente aquello que reclaman para sí mismas contra Dios, cuando olvidan que solo lo poseen bajo su autoridad.
La razón por la que Dios contiende con Egipto es que habían hecho daño a su pueblo. Animaron a Israel a esperar ayuda de ellos en un tiempo de angustia, pero le fallaron (Ezequiel 29:6, 7). Fueron como un bastón de caña para la casa de Israel. Ofrecieron apoyo, pero cuando Israel se apoyó en ellos, resultaron demasiado débiles para ayudar o demasiado falsos para tener verdadero interés. Se quebraron bajo el peso de Israel y le causaron una profunda decepción y dolor, como si le hubieran desgarrado el hombro y hecho temblar de miedo la cintura.
Es probable que el rey de Egipto hubiera animado a Sedequías, rey de Judá, a romper su acuerdo con el rey de Babilonia, prometiéndole apoyo si surgían problemas. Pero cuando Egipto no actuó con verdadera fuerza, dejó a Judá sumida en un profundo temor y confusión. Dios ya había dicho mucho tiempo antes que los egipcios eran cañas quebradas (Isaías 30:6, 7). Rabsaces también lo había afirmado (Isaías 36:6). Ahora Israel comprobó que era verdad. Israel fue insensato al confiar en ellos y sufrió por ello. Dios tenía razón al permitir que esa esperanza quedara defraudada. Pero la confianza insensata de Israel no excusa la falsedad y la traición de Egipto, ni protegerá a Egipto de los juicios del Dios que venga tales agravios.
Engañar a quienes confían en nosotros es un gran pecado. Provoca profundamente a Dios y también es injusto, ingrato, deshonroso y cruel.
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De este capítulo
Ezequiel 29:2
"Hijo del Hombre, vuelve tu rostro contra Faraón, rey de Egipto, y profetiza contra él y contra todo Egipto."
Ezequiel 29:3
"Habla y di: Así dice el Señor DIOS: Mira, yo estoy contra ti, Faraón, rey de Egipto, el gran dragón que yace en medio de sus ríos y que ha dicho: Mi río es mío, y yo lo hice para mí."
Ezequiel 29:4
"Pero pondré garfios en tus mandíbulas y haré que los peces de tus ríos se peguen a tus escamas. Te sacaré de en medio de tus ríos, y todos los peces de tus ríos se pegarán a tus escamas."
Ezequiel 29:5
"Te dejaré arrojado en el desierto, a ti y a todos los peces de tus ríos. Caerás en campo abierto; no serás reunido ni recogido. Te he dado como alimento a las bestias del campo y a las aves del cielo."
Ezequiel 29:6
"Todos los habitantes de Egipto sabrán que yo soy el SEÑOR, porque ellos han sido una vara de caña para la casa de Israel."
Ezequiel 29:7
"Cuando te tomaron por tu mano, te quebraste y les desgarraste todo el hombro; y cuando se apoyaron en ti, te quebraste e hiciste que todos sus lomos quedaran inmóviles."
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