Versículo destacado

Éxodo 18:13 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" Al día siguiente, Moisés se sentó a juzgar al pueblo, y el pueblo permaneció junto a Moisés desde la mañana hasta la tarde. "

Éxodo 18:13

menu_book El versículo en contexto

11 Ahora sé que el SEÑOR es mayor que todos los dioses, porque en aquello en que actuaron con soberbia, él estuvo por encima de ellos.

12 Jetro, suegro de Moisés, tomó un holocausto y sacrificios para Dios; y Aarón y todos los ancianos de Israel fueron a comer pan con el suegro de Moisés delante de Dios.

13 Al día siguiente, Moisés se sentó a juzgar al pueblo, y el pueblo permaneció junto a Moisés desde la mañana hasta la tarde.

14 Cuando el suegro de Moisés vio todo lo que él hacía con el pueblo, dijo: ¿Qué es esto que haces con el pueblo? ¿Por qué te sientas tú solo mientras todo el pueblo permanece junto a ti desde la mañana hasta la tarde?

15 Moisés respondió a su suegro: Porque el pueblo viene a mí para consultar a Dios.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí vemos el gran celo y arduo trabajo de Moisés como magistrado. Primero había sido usado para rescatar a Israel de la esclavitud, y en eso ya apuntaba a Cristo. Ahora también era usado como legislador y juez entre el pueblo. Respondía preguntas, les comunicaba la voluntad de Dios en los casos difíciles y explicaba las leyes que ya habían sido dadas, como las relacionadas con el día de reposo y el maná, además de la ley natural concerniente a la adoración y la justicia (Éxodo 18:15).

El pueblo acudía a él para pedir dirección de parte de Dios, y era una gran misericordia que contaran con una fuente tan segura a la cual consultar. A menudo quisiéramos tener una manera clara de conocer la voluntad de Dios cuando no sabemos qué hacer. Moisés fue fiel tanto al que lo había designado como al pueblo que acudía a él. Él no inventaba las leyes; simplemente daba a conocer las leyes de Dios. Su lugar era el de un siervo, no el de un gobernante sobre la palabra de Dios (Éxodo 18:16).

También resolvía disputas y juzgaba los casos en que las personas estaban enfrentadas entre sí (Éxodo 18:16). Si el pueblo era tan propenso a pelear unos con otros como lo había sido a contender con Dios, seguramente Moisés tenía muchos casos delante de él. Y como llevar esos casos a juicio no les costaba nada, probablemente eran todavía más numerosos. En una ocasión, en Egipto, cuando Moisés intentó detener una pelea, le preguntaron: «¿Quién te puso como príncipe y juez?». Ahora ya no había duda de que Dios lo había puesto en ese cargo, y acudían humildemente al hombre que antes habían rechazado.

Moisés realizaba esta labor con gran cuidado, como se puede ver en la calma con que se sentaba a juzgar (Éxodo 18:13). Lo hacía con bondad y con disposición para recibir al pueblo, que permanecía delante de él y tenía libre acceso a su presencia (Éxodo 18:14). El israelita más pobre podía presentarle su caso. También mostraba una dedicación constante a su deber. Aunque su suegro Jetro estaba con él, no se tomó un día libre. Se sentó a juzgar desde la mañana hasta la tarde, incluso el día después de la llegada de Jetro.

El trabajo necesario debe estar antes que las atenciones sociales. No debemos honrar a nuestros amigos dejando de lado lo que le debemos a Dios, cuando ambas cosas pueden mantenerse en su debido lugar. Aunque Moisés gozaba de gran honra, no usó su alta posición como pretexto para dejar el trabajo en manos de otros. Entendía que una mayor responsabilidad debía aumentar el deber, no disminuirlo. Quien considera indigno de sí hacer el bien piensa demasiado bien de sí mismo. Incluso los ángeles reciben honra al servir.

Aunque el pueblo había provocado con frecuencia a Moisés y hasta había estado dispuesto a apedrearlo (Éxodo 17:4), él siguió poniéndose a su servicio. Que otros fallen en su deber para con nosotros no nos excusa de cumplir el nuestro para con ellos. Moisés también era ya un hombre anciano, pero continuó con su tarea desde la mañana hasta la noche. Dios le había dado una fuerza extraordinaria de cuerpo y mente, de modo que podía realizar mucho trabajo con facilidad y aun con gozo. Esto también animaba a otros a entregarse por completo al servicio de Dios, porque después de toda su labor, sus fuerzas no se habían agotado. Los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas.

Jetro, el suegro de Moisés, mostró sabiduría y preocupación como amigo. No le parecía bien la manera en que Moisés estaba manejando la situación, y tuvo la honestidad de decírselo (Éxodo 18:14, 17, 18). Pensaba que Moisés estaba asumiendo demasiado por sí solo, que eso perjudicaría su salud y que también cansaría al pueblo. Por eso le dijo claramente: «Esto no está bien». Incluso en una buena labor puede haber demasiado de algo bueno. Por eso el celo debe ser guiado por la sabiduría; de lo contrario, aquello que busca el bien puede recibir críticas. La sabiduría nos ayuda a hacer lo suficiente sin hacer más de lo que podemos soportar.

Luego Jetro aconsejó una mejor manera de gobernar. Moisés debía reservar para sí todos los asuntos que involucraran directamente a Dios (Éxodo 18:19). Ese era un honor especial que no debía compartir con otro. Además, todo lo que concerniera a la nación entera debía seguir pasando por él (Éxodo 18:20). Pero debía designar jueces sobre las tribus y las familias para que atendieran los casos menores entre una persona y otra. Así, la justicia sería más tranquila y rápida que si todo se llevara ante Moisés en una sola gran reunión. De esta manera, serían gobernados como una nación bajo un gobernante principal, con funcionarios de menor rango designados bajo su autoridad (1 Pedro 2:13-14). Muchas manos aligerarían el trabajo, los casos se atenderían antes y el pueblo tendría la justicia más cerca del lugar donde vivía.

Sin embargo, si surgía un asunto grave, podía llevarse ante Moisés; y si los jueces de menor rango no estaban seguros de cómo resolverlo, podían remitirlo a él (Éxodo 18:22). Así, Moisés sería más útil al ocuparse de los casos más importantes. Las personas con mayores dones y posiciones más elevadas pueden recibir mucha ayuda de quienes están debajo de ellas, y no deben despreciar esa ayuda. La cabeza necesita de las manos y de los pies (1 Corintios 12:21). Las personas importantes no solo deben procurar ser útiles por sí mismas, sino también pensar cuidadosamente en cómo otros pueden ser útiles de acuerdo con sus capacidades. Ese fue el consejo de Jetro. Muestra que, aunque Moisés era superior a Jetro en cuanto a profecía, Jetro era más sabio que Moisés en cuanto al gobierno.

Jetro también dio dos reglas importantes para escoger a esos jueces (Éxodo 18:21). Primero, debían ser hombres idóneos. Tenían que ser capaces, con buen juicio y valentía. Necesitaban una mente clara y un corazón firme; personas que no se dejaran intimidar por las amenazas ni por las multitudes enojadas. Segundo, debían ser hombres que temieran a Dios. Quien sabe que Dios lo está observando y vive con reverencia ante su juicio tiene menos probabilidades de hacer lo malo. Una persona así será más firme frente a la tentación de actuar injustamente (Nehemías 5:15; Génesis 42:18).

También debían ser hombres de verdad: honestos y confiables, de aquellos cuya palabra se puede creer y cuya lealtad se puede respaldar. Debían ser personas que no mintieran, que no traicionaran la confianza puesta en ellas ni actuaran en secreto contra los demás.

Un hombre solo está capacitado para ejercer un cargo público si desprecia noblemente las ganancias mundanas y aborrece la avaricia. No basta con que evite los sobornos y se niegue a enriquecerse por medios injustos; debe incluso rechazar la idea de obtener ese tipo de beneficio. Esa es la clase de persona que desprecia la ganancia injusta y sacude sus manos para no aceptar sobornos (Isaías 33:15).

Jetro también dijo que Moisés debía esperar la dirección de Dios en este asunto (Éxodo 18:23). Sabía que Moisés tenía un Consejero mejor que él, así que lo remitió a la sabiduría de Dios. Los consejos siempre deben darse con humilde sumisión a la palabra y a la providencia de Dios, porque ellas deben tener la última palabra. Moisés no rechazó este consejo solo porque provenía de un hombre que no conocía las revelaciones de Dios tan íntimamente como él. En cambio, escuchó a su suegro Jetro (Éxodo 18:24).

Después de reflexionar sobre el asunto, Moisés vio que el plan era acertado y decidió ponerlo en práctica. Lo hizo poco después, una vez que recibió de Dios las instrucciones sobre el tema. Las personas no son tan sabias como creen si son demasiado orgullosas para aceptar consejos. La persona verdaderamente sabia escucha y crece en entendimiento, y no rechaza un buen consejo, aun cuando provenga de alguien que ocupa una posición inferior a la suya.

Moisés no dejó en manos del pueblo la elección de los magistrados, es decir, de los jueces y funcionarios públicos. El pueblo ya había demostrado que no estaba preparado para asumir esa responsabilidad. En vez de eso, Moisés los escogió y los designó personalmente: a unos sobre grupos más grandes y a otros sobre grupos más pequeños, de modo que probablemente los de menor rango servían bajo la autoridad de los de mayor rango. Tenemos muchas razones para valorar el buen gobierno como una gran misericordia y para dar gracias a Dios por las leyes y los magistrados. Sin ellos, seríamos como los peces del mar, donde los más grandes se tragan a los más pequeños.

Después Jetro regresó a su propia tierra (Éxodo 18:27). Sin duda, se llevó consigo un conocimiento más profundo de Dios y lo compartió con sus vecinos para instruirlos. Se piensa que los ceneos mencionados en 1 Samuel 15:6 eran descendientes de Jetro; véase también Jueces 1:16. Más adelante recibieron protección especial por la bondad que su antepasado había mostrado hacia Israel. La buena voluntad que se muestra al pueblo de Dios, aun en las cosas más pequeñas, no quedará sin recompensa. A más tardar, será recompensada en la resurrección.

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