Versículo destacado
Números 16:41 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Pero al día siguiente toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y contra Aarón diciendo: «Ustedes han matado al pueblo del SEÑOR». "
Números 16:41
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
39 El sacerdote Eleazar tomó los incensarios de bronce con los que habían ofrecido los que fueron quemados, y los convirtieron en láminas anchas para recubrir el altar.
40 Esto sería un recordatorio para los hijos de Israel, a fin de que ningún extraño que no fuera de la descendencia de Aarón se acercara a ofrecer incienso delante del SEÑOR, para que no fuera como Coré y como su grupo, tal como el SEÑOR le había dicho por medio de Moisés.
41 Pero al día siguiente toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y contra Aarón diciendo: «Ustedes han matado al pueblo del SEÑOR».
42 Cuando la congregación se reunió contra Moisés y contra Aarón, miraron hacia el tabernáculo de reunión y, de pronto, la nube lo cubrió y apareció la gloria del SEÑOR.
43 Moisés y Aarón fueron delante del tabernáculo de reunión.
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Al día siguiente estalló una nueva rebelión contra Moisés y Aarón. El cielo y la tierra deberían asombrarse ante esto, porque revela la corrupción obstinada del pecador. Al día siguiente (Números 16:41), toda la multitud se amotinó. Apenas habían sido aterrorizados por el castigo de los rebeldes: todavía resonaban en sus oídos los gritos de aquellos pecadores que habían arruinado su propia alma, todavía estaba allí el olor del fuego y el suelo abierto apenas se había cerrado. Sin embargo, repitieron el mismo pecado e ignoraron todas aquellas advertencias.
Además, acababan de ser rescatados de sufrir el mismo castigo. Los sobrevivientes eran como tizones arrancados del fuego, pero se volvieron contra Moisés y Aarón, precisamente los hombres cuya oración los había salvado. Su acusación era muy grave: «Ustedes han matado al pueblo del SEÑOR». Nada podía ser más injusto ni más odioso. Honraron a los rebeldes llamándolos el pueblo del SEÑOR, aunque aquellos hombres habían muerto luchando contra él. También atacaron la justicia de Dios mismo. Era evidente que Moisés y Aarón no habían tenido ninguna participación en su muerte; habían hecho todo lo posible por salvarlos. Así que, al acusarlos de asesinato, el pueblo en realidad estaba culpando a Dios.
Esta obstinación, incluso después del temor producido por la ley de Dios en el monte Sinaí y por sus juicios en esta ocasión, muestra cuánto necesitamos la gracia de Dios. Sin ella, ni las advertencias más fuertes cambiarán el corazón o la vida de una persona. El amor logra lo que el temor no puede lograr.
Dios se manifestó rápidamente contra los rebeldes. Cuando se reunieron contra Moisés y Aarón, quizá con la intención de quitarlos de en medio o matarlos, miraron hacia el tabernáculo, como si sus conciencias intranquilas esperaran que de allí viniera el peligro. Entonces apareció la gloria del SEÑOR (Números 16:42), para proteger a sus siervos y avergonzar a quienes los acusaban. Moisés y Aarón fueron delante del tabernáculo, en parte para ponerse a salvo, pues allí se refugiaban de las palabras airadas (Salmo 27:5; Salmo 31:20), y en parte para preguntarle a Dios qué quería que hicieran (Números 16:43). La justicia mostraba que el pueblo merecía ser destruido de inmediato (Números 16:45). ¿Por qué habrían de vivir otro día quienes odiaban la corrección y seguían rebelándose? Si el juicio hiciera su obra, el asunto terminaría pronto; pero antes era necesario proteger a Moisés y Aarón.
Moisés y Aarón oraron por el pueblo. Aunque, humanamente hablando, tenían toda razón para orar contra Israel como lo hizo Elías (Romanos 11:2), perdonaron los insultos y siguieron siendo los mejores amigos de sus enemigos. Ambos cayeron rostro en tierra y le suplicaron misericordia a Dios, conscientes de la gravedad de la ofensa. Ya habían hecho lo mismo en situaciones parecidas y, aunque el pueblo les había respondido con ingratitud, volvieron a recurrir a esa misma forma de oración. Eso es orar continuamente.
Moisés vio que la plaga ya había comenzado entre los rebeldes reunidos, así que envió a Aarón, en el ejercicio de su ministerio sacerdotal, a hacer expiación por ellos, es decir, a cubrir el pecado y apartar la culpa (Números 16:46). Aarón se apresuró y quemó incienso entre los vivos y los muertos, no para purificar el aire, sino para aplacar la ira de Dios; así detuvo la plaga. Esto mostró varias cosas.
Mostró que Aarón era un hombre bueno, con un amor genuino por su pueblo, aunque ellos lo odiaban y le tenían envidia. Aunque en ese momento Dios estaba defendiendo el sacerdocio de Aarón, él intervino para apartar la ira de Dios. Incluso se olvidó de su edad y de su dignidad, y corrió al centro de la multitud para ayudarlos. No dijo: «Que sufran un rato y después me recibirán mejor». En cambio, se apresuró hacia el lugar donde la muerte estaba entrando. Moisés y Aarón habían sido acusados de matar al pueblo del SEÑOR, así que podrían haber respondido con dureza. ¿Podía el pueblo esperar ayuda de aquellos a quienes había llamado asesinos? Pero estos hombres buenos nos enseñan a no volvernos indiferentes hacia quienes nos hablan con dureza ni a negar una ayuda necesaria solo porque alguien nos ha insultado. Debemos responder al mal haciendo el bien.
También mostró que Aarón era un hombre valiente. Se atrevió a entrar en medio de una multitud enojada que se había reunido contra él, y la plaga pudo haberlos alterado todavía más. Se atrevió a ir al lugar donde la infección se estaba extendiendo y donde la muerte caía a su alrededor. Para salvarles la vida, arriesgó la suya y no consideró demasiado valiosa su propia vida mientras pudiera cumplir con su ministerio.
También mostró que Aarón era un hombre de Dios, apartado para actuar en favor del pueblo en los asuntos que correspondían a Dios. Su llamado al sacerdocio quedó confirmado de manera contundente y fuera de toda duda. Dios ya había preservado su vida cuando los intrusos fueron destruidos, y ahora hizo de él el instrumento para salvar a Israel. Comparemos el incensario de Aarón con los incensarios de aquellos pecadores que arruinaron su propia alma. Los incensarios de ellos provocaron la ira de Dios, pero el de Aarón trajo paz. La acción de ellos destruyó vidas, pero la de Aarón las salvó. No queda lugar para dudar del llamado de Aarón al sacerdocio. Quienes demuestran ser más útiles al bien común muestran tener el mejor derecho al honor público. Si alguien quiere ser grande, que se convierta en servidor de todos.
Aarón también era una figura de Cristo, quien vino al mundo para hacer expiación por el pecado y apartar de nosotros la ira de Dios. Por medio de su mediación, es decir, de su obra al ponerse entre Dios y las personas como ayudador e intercesor, él se coloca entre los vivos y los muertos, protegiendo a su pueblo escogido y rescatándolo de un mundo lleno de pecado y maldición.
La justicia de Dios fue honrada mediante la muerte de algunos. La espada del SEÑOR ejecutó un gran juicio en muy poco tiempo. Aunque Aarón se apresuró todo lo que pudo, 14,700 hombres ya habían muerto antes de que él llegara al lugar donde debía servir (Números 16:49). En el caso de Coré habían muerto solo unos pocos, principalmente los líderes, como ejemplo. Pero, puesto que el pueblo no se volvió a Dios después de su paciencia y misericordia, la justicia ya no fue tan moderada con la sangre de Israel. Ellos se habían quejado de que la muerte de unos cuantos cientos era una matanza cruel del pueblo del SEÑOR; aquí Dios respondió a esa queja con la muerte de muchos miles.
Quienes disputan contra juicios menores se están preparando juicios peores, porque cuando Dios juzga, él prevalecerá. También se manifestó su misericordia al preservar al resto. Dios les había mostrado lo que podía hacer con su poder y lo que podía hacer en justicia, pero luego les mostró lo que haría en su amor y compasión: todavía los preservaría como su propio pueblo, por medio de un mediador, es decir, de alguien que se pone entre Dios y las personas. La nube del incienso de Aarón, llevado por su mano, detuvo la plaga.
Esto honra profundamente la bondad de Dios, porque muchas veces se acuerda de la misericordia aun en medio de la ira. Incluso después de que el juicio ha comenzado, la oración puede detenerlo. Él está tan dispuesto a perdonar y se complace tan poco en la muerte de los pecadores.
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De este capítulo
Números 16:1
"Coré hijo de Izhar, hijo de Coat, hijo de Leví, junto con Datán y Abiram, hijos de Eliab, y On hijo de Pelet, descendientes de Rubén, tomaron hombres."
Números 16:2
"Se levantaron contra Moisés junto con algunos de los hijos de Israel: doscientos cincuenta dirigentes de la asamblea, famosos en la congregación, hombres de renombre."
Números 16:3
"Se reunieron contra Moisés y contra Aarón, y les dijeron: «¡Ustedes se atribuyen demasiado! Toda la congregación es santa, cada uno de ellos, y el SEÑOR está en medio de ellos. ¿Por qué, entonces, se elevan ustedes por encima de la congregación del SEÑOR?»"
Números 16:4
"Cuando Moisés lo oyó, cayó rostro en tierra."
Números 16:5
"Luego habló a Coré y a todo su grupo: Mañana mismo el SEÑOR mostrará quiénes son suyos y quién es santo, y hará que este se acerque a él; hará que aquel a quien haya escogido se acerque a él."
Números 16:6
"Hagan esto: tomen incensarios, Coré y todo su grupo,"
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