Versículo destacado
Eclesiastés 9:11 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Volví y vi bajo el sol que la carrera no es de los veloces, ni la batalla de los fuertes; que tampoco el pan es de los sabios, ni las riquezas de los entendidos, ni el favor de los hábiles, sino que a todos les acontecen el tiempo y la casualidad. "
Eclesiastés 9:11
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
9 Vive con alegría junto a la esposa que amas todos los días de la vida de tu vanidad que él te ha dado bajo el sol, todos los días de tu vanidad; porque esa es tu parte en esta vida y en el trabajo con que te afanas bajo el sol.
10 Todo lo que tu mano encuentre para hacer, hazlo con todas tus fuerzas, porque en el sepulcro, adonde vas, no hay obra, ni proyecto, ni conocimiento ni sabiduría.
11 Volví y vi bajo el sol que la carrera no es de los veloces, ni la batalla de los fuertes; que tampoco el pan es de los sabios, ni las riquezas de los entendidos, ni el favor de los hábiles, sino que a todos les acontecen el tiempo y la casualidad.
12 Porque el hombre tampoco conoce su tiempo. Como los peces que quedan atrapados en una red maligna y como las aves que quedan atrapadas en la trampa, así quedan atrapados los hijos de los hombres en un tiempo malo, cuando este cae de repente sobre ellos.
13 También vi esta sabiduría bajo el sol, y me pareció grande:
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El predicador ofrece otra prueba de que el mundo es vacío y vanidad, y de que nuestras obras están en las manos de Dios, no en las nuestras. Muestra cuán inciertos son los acontecimientos futuros y con cuánta frecuencia contradicen las esperanzas que teníamos. Justo antes nos exhortó a hacer con todas nuestras fuerzas aquello que emprendamos (Eclesiastés 9:10), pero ahora nos recuerda que, después de hacer todo lo que está a nuestro alcance, debemos dejar el resultado en manos de Dios y no dar por sentado que tendremos éxito.
A menudo nos decepcionan las cosas buenas que esperábamos con tanta intensidad (Eclesiastés 9:11). Salomón lo había visto personalmente, y muchas personas lo han comprobado desde entonces, tanto en los asuntos públicos como en la vida privada. Los acontecimientos no siempre corresponden a lo que parecía probable o razonable. La fortuna no concede a nadie un éxito tan completo que todos sus esfuerzos resulten bien. El resultado de nuestros planes con frecuencia contradice nuestras expectativas de una manera que no podemos explicar. Esto evita que la persona de mayor posición se vuelva orgullosa y que la de menor posición caiga en la desesperación. Enseña a todos a vivir dependiendo humildemente de Dios, de quien proceden el juicio y la suerte de cada persona.
Salomón da varios ejemplos de decepción, incluso cuando los medios parecían muy prometedores. Parecería que el corredor más rápido debería ganar la carrera; sin embargo, la carrera no siempre es de los veloces. Algo puede retrasarlo, o su confianza puede volverlo descuidado, y alguien más lento puede adelantarlo. También parecería que el ejército más fuerte debería ganar siempre la batalla, o que el campeón más fuerte debería triunfar siempre en un combate individual; sin embargo, la batalla no siempre es de los fuertes. En una ocasión, Jonatán y su escudero hicieron huir a una fuerza filistea, y muchas veces la causa justa ha triunfado contra un poder mayor. El punto es que la victoria no siempre sigue a la fuerza.
Luego continúa: parecería que las personas sabias y capaces siempre prosperarían en el mundo, tendrían suficiente para vivir e incluso acumularían riquezas. Sin embargo, el pan no siempre se da a los sabios, ni las riquezas a las personas entendidas. Muchas personas talentosas y prácticas, que parecían destinadas a prosperar, se han quedado atrás y finalmente no han logrado nada. Del mismo modo, parecería que quienes entienden a los demás y saben manejar los asuntos seguramente ganarían favor y ascenderían en la vida pública. Pero muchas personas capaces han sufrido decepciones, han pasado la vida en el anonimato o incluso han caído en desgracia. A veces, los mismos métodos que usaron para elevarse terminaron arruinándolos, porque el favor no siempre se concede a los hábiles, y con frecuencia se prefiere a los necios sobre los sabios.
Salomón explica todas estas decepciones mediante la regla de la providencia de Dios. Para nosotros, los acontecimientos pueden parecer aleatorios y los llamamos casualidad, pero en realidad están guiados por el plan establecido y el conocimiento previo de Dios. Este libro llama “tiempo” a esa temporada señalada (Eclesiastés 3:1), y la misma idea aparece en (Salmo 31:15). “A todos les acontecen el tiempo y la casualidad”. El cuidado soberano de Dios frustra los planes humanos, arruina las esperanzas humanas y nos enseña que el camino de una persona no está bajo su propio control, sino bajo la voluntad de Dios. Aun así, debemos usar los medios que tenemos a nuestro alcance, pero no debemos confiar en ellos. Si tenemos éxito, debemos darle la gloria a Dios (Salmo 44:3). Si sufrimos una decepción, debemos aceptar su voluntad y estar contentos con lo que nos ha correspondido.
También nos sorprenden con frecuencia dificultades que casi no esperábamos (Eclesiastés 9:12). “El hombre no conoce su tiempo” significa el momento de su aflicción, de su caída o de su muerte, lo que las Escrituras suelen llamar nuestro día y nuestra hora. No sabemos qué dificultades nos esperan para interrumpir nuestro trabajo o poner fin a nuestra vida. No sabemos qué traerán el tiempo y la casualidad, ni qué puede producir un día o una noche. No nos corresponde conocer los tiempos, ni siquiera nuestro propio tiempo: cuándo o cómo moriremos. En su sabiduría, Dios mantiene esto oculto para que siempre estemos preparados.
La dificultad puede llegar incluso mediante aquello que esperábamos que nos trajera el mayor placer y beneficio. Los peces y las aves son atrapados por el señuelo que los atrae, porque se acercan a él con entusiasmo. De la misma manera, los seres humanos a menudo quedan atrapados cuando un tiempo malo cae repentinamente sobre ellos, antes de que se den cuenta. Estas cosas también les suceden a todos por igual. Con frecuencia las personas encuentran daño donde esperaban encontrar bien, y se enfrentan a la muerte donde esperaban recibir un premio. Por eso, nunca debemos actuar con descuido, sino estar siempre preparados para los cambios, de modo que, aunque lleguen de repente, no nos sorprendan ni nos llenen de temor.
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De este capítulo
Eclesiastés 9:1
"Consideré en mi corazón todo esto, incluso para declarar todo esto: que los justos, los sabios y sus obras están en la mano de Dios. Ningún hombre conoce ni el amor ni el odio por todo lo que está delante de ellos."
Eclesiastés 9:2
"A todos les sucede lo mismo: un mismo destino hay para el justo y para el malvado; para el bueno y para el limpio, y para el impuro; para el que sacrifica y para el que no sacrifica. Como es el bueno, así es el pecador; y el que jura, como el que teme prestar juramento."
Eclesiastés 9:3
"Este es un mal entre todas las cosas que se hacen bajo el sol: que un mismo destino alcanza a todos. Sí, también el corazón de los hijos de los hombres está lleno de maldad, y hay locura en su corazón mientras viven; y después van a los muertos."
Eclesiastés 9:4
"Porque para el que está unido a todos los vivientes hay esperanza, porque más vale perro vivo que león muerto."
Eclesiastés 9:5
"Porque los vivos saben que morirán, pero los muertos no saben nada ni tienen ya recompensa alguna, porque su memoria ha caído en el olvido."
Eclesiastés 9:6
"También su amor, su odio y su envidia ya han perecido, y nunca más tendrán parte en nada de lo que se hace bajo el sol."
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