Versículo destacado
2 Reyes 17:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" En el año duodécimo de Acaz, rey de Judá, Oseas hijo de Ela comenzó a reinar en Samaria sobre Israel, y reinó nueve años. "
2 Reyes 17:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 En el año duodécimo de Acaz, rey de Judá, Oseas hijo de Ela comenzó a reinar en Samaria sobre Israel, y reinó nueve años.
2 Hizo lo malo ante los ojos del SEÑOR, aunque no como los reyes de Israel que habían reinado antes de él.
3 Salmanasar, rey de Asiria, subió contra él; y Oseas se convirtió en su siervo y le daba tributo.
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Aquí se nos presenta el reinado y la ruina de Oseas, el último rey de Israel. Observemos, en primer lugar, que llegó al trono mediante traición y asesinato, como leemos anteriormente (2 Reyes 15:30), pero no pudo conservarlo de inmediato. Mató a Peka en el cuarto año de Acaz, pero no comenzó a reinar sino hasta el duodécimo año de Acaz (2 Reyes 17:1). No sabemos si la demora se debió al rey de Asiria, al rey de Judá o a algunos de los propios seguidores de Oseas, pero duró mucho tiempo.
Sus planes malvados recibieron un castigo justo, y se cumplió la palabra de Dios: «Ahora dirán: “No tenemos rey, porque no temimos al Señor”» (Oseas 10:3). Aunque Oseas era malo, no estaba tan entregado al culto de los becerros de oro como los reyes anteriores de Israel (2 Reyes 17:2). Los judíos dicen que el rey de Asiria ya se había llevado el becerro de Dan durante la campaña registrada en 2 Reyes 15:29. Si fue así, Oseas quizá confiaba menos en el otro becerro; algunos dicen también que permitió que quienes quisieran subieran a Jerusalén para adorar.
Sin embargo, resulta impactante que el reino de Israel cayera durante el reinado de uno de sus reyes relativamente mejores. «Tus juicios, oh Dios», son un gran abismo. Dios estaba mostrando que esta ruina era consecuencia de los pecados de muchas generaciones, no solo de aquella. También estaba castigando al pueblo mismo, no únicamente a sus reyes. Oseas quizá no era tan malvado como los que habían reinado antes de él, pero el pueblo seguía siendo tan pecador como siempre; y el hecho de que él les diera la oportunidad de mejorar hacía aún más evidente su culpa.
El juicio también llegó paso a paso. Primero se les obligó a pagar tributo al rey de Asiria, y solo después fueron llevados cautivos (2 Reyes 17:3). Si aquella disciplina más leve los hubiera humillado y los hubiera llevado a cambiar, quizá se habría evitado el juicio más severo. Pero, en lugar de eso, intentaron liberarse del dominio de Asiria mediante una estrategia engañosa (2 Reyes 17:4). Si el rey y el pueblo se hubieran vuelto a Dios, hubieran hecho las paces con él y le hubieran orado, quizá habrían recuperado su libertad y su honor. En cambio, dejaron de pagar el tributo y se apoyaron en el rey de Egipto, que demostró no servirles de nada, como una caña quebrada. Nadie gana nada al luchar contra la red de Dios; solo consigue más problemas.
Al final, la destrucción fue completa. El rey de Israel fue capturado, encerrado y encadenado; probablemente lo tomaron por sorpresa antes de que Samaria misma fuera sitiada. La tierra de Israel fue invadida, y el ejército de Asiria tomó posesión de ella (2 Reyes 17:5). Samaria, la ciudad real, resistió durante tres años después de que el resto del país había caído, y durante ese tiempo debió haber mucho sufrimiento. Aun así, la brevedad con que se narra el relato parece indicar que Dios se había apartado de ellos y ya no mostraba la misma preocupación por la aflicción de Israel que en otras ocasiones.
Finalmente, el pueblo de Israel fue llevado cautivo a Asiria (2 Reyes 17:6). Las personas importantes fueron obligadas a abandonar sus hogares y llevadas a vivir como esclavos y mendigos en una tierra extranjera. De esta manera, Asiria demostró su poder sobre ellos, los despojó de sus bienes, castigó su rebelión y se aseguró de que no volvieran a levantarse. También se benefició de su trabajo, así como el faraón se había beneficiado del trabajo de sus antepasados. Así, este pueblo indigno terminó como había comenzado: bajo opresión y en servidumbre.
Los establecieron en Halah y en Habor, probablemente en lugares muy distantes entre sí para que no pudieran mantenerse en contacto y volver a convertirse en una amenaza. Con el tiempo, se mezclaron tanto con otras naciones que desaparecieron de la vista, y el nombre de Israel dejó de recordarse. Quienes se olvidaron de Dios fueron olvidados ellos mismos. Quienes quisieron ser como las demás naciones quedaron sepultados entre las naciones. Quienes no quisieron servir a Dios en su propia tierra fueron obligados a servir a sus enemigos en una tierra extranjera.
Es probable que se llevaran a los hombres de rango y con propiedades, mientras que muchos de los más pobres quedaron atrás, incluidos habitantes de todas las tribus. Algunos de estos se fueron a Judá, y otros quedaron sometidos a los colonos asirios. Más adelante, sus descendientes fueron conocidos como galileos o samaritanos. Así llegó a su fin Israel como nación. Se convirtieron en Lo-amí, «no pueblo mío», y Lo-ruhama, «ya no compadecida». La misma tierra de Canaán los expulsó.
Cuando leemos acerca de su entrada en la tierra bajo el liderazgo de Oseas hijo de Nun, ¿quién habría esperado un final así bajo Oseas hijo de Ela? Mucho tiempo después, en la historia posterior, la gloria de Roma bajo Augusto se desvaneció bajo Augústulo. Dios dispuso las cosas de tal manera que el honor de las diez tribus quedara eclipsado, mientras que el honor de Judá, la tribu real, y de Leví, la tribu santa, resplandeciera con mayor claridad. Sin embargo, todavía leemos acerca de un pueblo sellado de cada una de las doce tribus, excepto Dan (Apocalipsis 7).
Santiago escribe a las doce tribus dispersas entre las naciones (Santiago 1:1), y Pablo habla de las doce tribus como aquellas que sirven a Dios con fervor, día y noche (Hechos 26:7). Por eso, aunque no leemos mucho acerca del pueblo llevado al exilio y aunque no hay una buena razón para aceptar la idea de que todavía existe como un pueblo separado en algún lugar lejano, un remanente sí escapó. Mantuvieron vivo el nombre de Israel hasta que llegó a pertenecer a la iglesia del evangelio, el Israel espiritual, donde permanecerá para siempre (Gálatas 6:16).
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De este capítulo
2 Reyes 17:2
"Hizo lo malo ante los ojos del SEÑOR, aunque no como los reyes de Israel que habían reinado antes de él."
2 Reyes 17:3
"Salmanasar, rey de Asiria, subió contra él; y Oseas se convirtió en su siervo y le daba tributo."
2 Reyes 17:4
"El rey de Asiria descubrió una conspiración en Oseas, porque este había enviado mensajeros a So, rey de Egipto, y no había llevado tributo al rey de Asiria como hacía año tras año. Por eso, el rey de Asiria lo encerró y lo mantuvo atado en prisión."
2 Reyes 17:5
"Entonces el rey de Asiria recorrió toda la tierra, subió a Samaria y la sitió durante tres años."
2 Reyes 17:6
"En el noveno año de Oseas, el rey de Asiria tomó Samaria, deportó a Israel a Asiria y los estableció en Halah, en Habor junto al río Gozán y en las ciudades de los medos."
2 Reyes 17:7
"Esto sucedió porque los hijos de Israel habían pecado contra el SEÑOR su Dios, quien los había sacado de la tierra de Egipto, de debajo de la mano del faraón, rey de Egipto, y habían temido a otros dioses."
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