Versículo destacado
2 Crónicas 13:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" En el año dieciocho del rey Jeroboam, Abías comenzó a reinar sobre Judá. "
2 Crónicas 13:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 En el año dieciocho del rey Jeroboam, Abías comenzó a reinar sobre Judá.
2 Reinó tres años en Jerusalén. Su madre se llamaba Micaía, hija de Uriel, de Gabaa. Y hubo guerra entre Abías y Jeroboam.
3 Abías dispuso para la batalla un ejército de hombres valientes de guerra: cuatrocientos mil hombres escogidos. Jeroboam también dispuso la batalla contra él con ochocientos mil hombres escogidos, hombres de gran valor.
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La madre de Abías se llamaba Maaca, hija de Absalón (2 Crónicas 11:20). Aquí se la llama Micaías, hija de Uriel. Lo más probable es que fuera nieta de Absalón por medio de su hija Tamar (2 Samuel 14:27), y que Uriel fuera su padre. Pero aquí seguimos a Abías en su batalla contra Jeroboam, rey de Israel.
Primero, Dios permitió que Abías peleara contra Jeroboam y lo apoyó en el conflicto, aunque no le había permitido hacerlo a Roboam (2 Crónicas 11:4). Al parecer, ahora era Jeroboam quien atacaba, y Abías estaba actuando en defensa propia. Es posible que Jeroboam hubiera sobrevivido a Roboam y luego reclamara el trono de Judá como si le correspondiera por haber sobrevivido, o al menos que esperara arrebatárselo a este joven rey cuando llegó al poder. Abías fue valiente al resistir semejantes pretensiones descaradas, y Dios estuvo de su lado.
Cuando Roboam intentó recuperar a las diez tribus, Jeroboam todavía estaba siendo puesto a prueba. Pero ahora Jeroboam ya había demostrado qué clase de hombre era al establecer los becerros y expulsar a los sacerdotes, y se le permitió a Abías castigarlo. No parece que Abías pretendiera hacer algo más que eso. Roboam, en cambio, buscaba nada menos que someter por completo a las diez tribus bajo su autoridad, lo cual iba en contra del plan de Dios.
Segundo, el ejército de Jeroboam era dos veces más grande que el de Abías (2 Crónicas 13:3). Jeroboam podía reclutar de diez tribus, mientras que Abías solo tenía dos. A ambos ejércitos se los describe como hombres valientes, escogidos y poderosos. Judá tenía cuatrocientos mil soldados, mientras que el ejército de Jeroboam tenía ochocientos mil. Sin embargo, ganó la fuerza menor, porque las batallas no siempre se deciden por la fuerza o por el número.
Tercero, antes de pelear contra ellos, Abías razonó con ellos. No intentó persuadirlos de que regresaran a la casa de David, porque eso ya había quedado establecido por la decisión de Dios, y él la aceptaba. Pero sí los exhortó a dejar de luchar contra la casa de David. No quería que se opusieran al reino del Señor en manos de los hijos de David (2 Crónicas 13:8), sino que al menos se conformaran con lo que ya tenían. Es sabio razonar antes de recurrir a la fuerza. Si un asunto puede resolverse mediante argumentos, eso es mejor que resolverlo con la espada. Nunca debemos recurrir a la violencia hasta que todo esfuerzo pacífico haya fracasado. La guerra debe ser el último recurso de los reyes. Un buen razonamiento puede producir mucho bien y evitar mucho daño. «¡Qué poder tienen las palabras correctas!».
Abías había llevado a su ejército hasta el corazón del territorio enemigo, pues pronunció este discurso desde una colina del monte de Efraín, donde Jeroboam y sus principales oficiales podían escucharlo. Parece probable que Abías quisiera establecer un tratado, y ellos aceptaron escucharlo. Los grandes generales suelen hablarles a sus soldados para animarlos, y el discurso de Abías pudo haber ayudado a sus propios hombres, pero estaba dirigido principalmente a Jeroboam y a todo Israel. Intentó demostrar dos cosas, tanto para beneficio de su propio pueblo como para convencer al enemigo.
Primero, dijo que tenía el derecho de su lado, un derecho divino: «Ustedes saben, o deberían saber, que Dios le dio el reino a David y a sus hijos para siempre» (2 Crónicas 13:5). No se trataba de un gobierno establecido por la providencia común, es decir, por la manera habitual en que Dios ordena los reinos, sino por un pacto de sal: un pacto permanente hecho mediante sacrificio, que siempre llevaba sal, como señala el obispo Patrick. Todo Israel había reconocido en otro tiempo que David era un rey establecido por Dios y que Dios había fijado la corona en su familia. Por eso, la primera toma del trono de Israel por parte de Jeroboam no podía justificarse. Sin embargo, Abías no se refería principalmente a eso, porque Jeroboam también había recibido de Dios autoridad sobre las diez tribus. Pero el intento de Jeroboam de perturbar la paz y la posesión del rey de Judá era claramente injusto, porque cuando le fueron entregadas las diez tribus, dos tribus quedaron reservadas para la casa de David.
Abías muestra, primero, cuán deshonesto fue Jeroboam al proclamarse rey: «Se rebeló contra su señor» (2 Crónicas 13:6), el mismo que lo había ascendido (1 Reyes 11:28). Se aprovechó de la debilidad de Roboam en un momento crítico. La gratitud hacia su antiguo señor y la justicia hacia el reclamo de Roboam debieron haberlo llevado a apoyarlo y a ayudar a mantener leal al pueblo. En lugar de eso, dirigió una rebelión y se convirtió en un blanco del juicio. A quienes lo apoyaron se los llama hombres indignos, una expresión quizá tomada de Jueces 11:3. Eran hombres sin principios firmes, dispuestos a cambiar con facilidad; eran hombres de Belial, es decir, hombres que querían deshacerse de toda autoridad y elegir líderes que simplemente hicieran lo que ellos quisieran.
Segundo, Abías muestra el gran pecado del ataque que Jeroboam estaba llevando a cabo. Al luchar contra la casa de David, estaba luchando contra el reino del Señor. Quienes se oponen a lo correcto se oponen al Dios justo, que está sentado en el trono y juzga con justicia. No pueden esperar tener éxito en una lucha semejante. La justicia puede parecer derrotada por un tiempo, pero al final prevalecerá.
Segundo, Abías argumentó que Dios estaba de su lado. Insistió con fuerza en este punto, diciendo que Jeroboam y su ejército servían a la falsa adoración y a los ídolos, mientras que él y los hombres de Judá tenían entre ellos la adoración pura del Dios verdadero y viviente. Por el relato sobre Abías en 1 Reyes 15:3, parece que él mismo no estaba motivado principalmente por la religión en esta guerra. Por todo lo demás que pueda decirse de él, no parece haber sido idólatra; y aunque quizá toleró los lugares altos y las imágenes (2 Crónicas 14:3, 5), sí mantuvo el servicio del templo. Además, cualesquiera que fueran los pecados de Judá, su religión seguía siendo mejor que la de Israel, y ese era el reino contra el que ahora estaban luchando.
Es común que quienes niegan la verdadera piedad se jacten de su forma exterior. Abías también estaba hablando en defensa de la causa de su propio reino. Y aunque no era tan bueno como debía haber sido, esperaba que, por causa de las personas buenas y de las cosas buenas que había en Judá, Dios actuara ahora a favor de ellos. Muchas personas tienen poca religión en su propia vida, pero aun así tienen suficiente sensatez para valorarla en los demás.
Miren cómo describe el alejamiento de Israel de Dios. «Ustedes son una gran multitud», dice, «mucho más numerosos que nosotros, pero no tienen que temernos, porque ya llevan dentro de ustedes mismos lo suficiente para causar su propia ruina». Primero: «Tienen becerros como dioses» (2 Crónicas 13:8), y ellos no pueden protegerlos ni ayudarlos. Al contrario, seguramente harán que el Dios verdadero y viviente se levante contra ustedes. Serán como Acán, una fuente de problemas dentro de su campamento. Segundo: «Tienen hombres indignos como sacerdotes» (2 Crónicas 13:9).
Han rechazado a la tribu de Leví y a la familia de Aarón, a quienes Dios escogió para servir en las cosas santas. En cambio, siguiendo la costumbre de las naciones idólatras, hacen sacerdote a cualquier hombre que quiera ocupar el cargo y pueda pagar el costo de su ordenación, aunque avergüence la función que desempeña.
Sin embargo, aunque hombres así eran totalmente inadecuados para ser sacerdotes, eran los mejores sacerdotes que podían encontrar. ¿Qué mejor combinación para dioses que no son dioses que sacerdotes que en realidad no son sacerdotes? Es un caso de semejanza entre unos y otros: tanto los dioses como los sacerdotes no son más que impostores y usurpadores.
En cuanto a Judá, no ha abandonado a Dios. El Señor es nuestro Dios, el Dios de nuestros antepasados, el Dios de Israel, el único capaz de protegernos y darnos la victoria. Él está con nosotros porque nosotros estamos con él.
Primero, está con nosotros en casa, en su templo. Nosotros cumplimos con su servicio (2 Crónicas 13:10-11). No adoramos imágenes, no tenemos otros sacerdotes que los que él designó y no seguimos otras normas de adoración que las que él dio. Tanto el servicio del templo como sus utensilios provienen de su propia mano. Nos mantenemos firmes en sus mandamientos y no les añadimos ni les quitamos nada. Estas cosas son nuestro consuelo y son las que ahora defendemos. Por eso tenemos la mejor causa, tanto en asuntos religiosos como en el gobierno civil.
Segundo, está con nosotros aquí, en el campamento. Él es nuestro comandante, así que podemos estar seguros de que está con nosotros, porque nosotros estamos con él (2 Crónicas 13:12). Como señal de su presencia, tenemos aquí a sus sacerdotes, tocando las trompetas como lo exige la ley. Estas trompetas son un testimonio contra ustedes y una promesa para nosotros: en el día de la batalla, el Señor nuestro Dios se acordará de nosotros y nos salvará de nuestros enemigos. Ese es el significado de esta señal sagrada (Números 10:9).
Nada fortalece más a las personas ni les da mayor valor que saber que Dios está con ellas y pelea por ellas. Abías termina con una advertencia clara para sus enemigos: no luchen contra el Dios de sus antepasados. Es una insensatez luchar contra el Dios todopoderoso, y es una traición ingrata luchar contra el Dios de sus padres. No pueden esperar tener éxito.
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De este capítulo
2 Crónicas 13:2
"Reinó tres años en Jerusalén. Su madre se llamaba Micaía, hija de Uriel, de Gabaa. Y hubo guerra entre Abías y Jeroboam."
2 Crónicas 13:3
"Abías dispuso para la batalla un ejército de hombres valientes de guerra: cuatrocientos mil hombres escogidos. Jeroboam también dispuso la batalla contra él con ochocientos mil hombres escogidos, hombres de gran valor."
2 Crónicas 13:4
"Abías se puso de pie sobre el monte Zemaraim, que está en la región montañosa de Efraín, y dijo: Escúchenme, Jeroboam y todo Israel."
2 Crónicas 13:5
"¿No deberían saber que el SEÑOR, Dios de Israel, dio para siempre a David el reino sobre Israel, a él y a sus hijos, mediante un pacto de sal?"
2 Crónicas 13:6
"Sin embargo, Jeroboam hijo de Nabat, siervo de Salomón hijo de David, se levantó y se rebeló contra su señor."
2 Crónicas 13:7
"Se reunieron con él hombres vanos, hijos de Belial, y se hicieron fuertes contra Roboam hijo de Salomón, cuando Roboam era joven y de corazón tierno, y no pudo resistirlos."
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