Versículo destacado
2 Reyes 15:8 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" En el año treinta y ocho de Azarías, rey de Judá, Zacarías, hijo de Jeroboam, reinó sobre Israel en Samaria durante seis meses. "
2 Reyes 15:8
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
6 Los demás hechos de Azarías y todo lo que hizo, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?
7 Azarías descansó con sus padres, y lo sepultaron con sus padres en la ciudad de David. Su hijo Jotam reinó en su lugar.
8 En el año treinta y ocho de Azarías, rey de Judá, Zacarías, hijo de Jeroboam, reinó sobre Israel en Samaria durante seis meses.
9 Hizo lo malo ante los ojos del SEÑOR, como habían hecho sus padres. No se apartó de los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, quien hizo pecar a Israel.
10 Salum, hijo de Jabes, conspiró contra él, lo hirió delante del pueblo, lo mató y reinó en su lugar.
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Los mejores días del reino de Israel fueron los de la familia de Jehú. Durante el reinado de Jehú y los tres reinados siguientes, todavía había muchos pecados vergonzosos y pesadas cargas en Israel; pero la corona pasaba ordenadamente de un rey al siguiente, los reyes morían en paz y aún se prestaba cierta atención a los asuntos públicos. Sin embargo, cuando esos días terminaron, la historia que se relata en estos versículos, y que abarca unos treinta y tres años, muestra al reino sumido en un completo desorden. ¡Ay de las mujeres embarazadas y de las que amamantaban en aquellos días (2 Reyes 15:16)! Grandes calamidades tenían que venir cuando los pecados de la tierra producían tantos gobernantes.
Hay varias cosas que sobresalen en medio de estos cambios tristes y de los problemas que siguieron. Primero, Dios había puesto a prueba a Israel tanto con juicios como con misericordias, y por medio de sus profetas había explicado estas lecciones y llamado insistentemente al pueblo a tomarlas en cuenta. Pero el pueblo permaneció terco y no cambió, así que Dios justamente permitió que estas desgracias cayeran sobre ellos, tal como Moisés lo había advertido. Si aun así seguían apartándose de él, serían castigados con mayor severidad (Levítico 26:21 y siguientes).
Segundo, Dios cumplió la promesa que le había hecho a Jehú: sus hijos ocuparían el trono de Israel hasta la cuarta generación. Fue un favor mayor que el concedido a cualquier otra familia real, antes o después. Dios había dicho que sucedería (2 Reyes 10:30), y aquí se nos dice que efectivamente sucedió (2 Reyes 15:12). Esto demuestra cuán fielmente cumple Dios su palabra. Desde hacía mucho tiempo estaban determinados estos desastres para Israel, y el pueblo los merecía; pero no ocurrieron hasta que la promesa hecha a Jehú se cumplió por completo. De esa manera, Dios recompensó a Jehú por su celo al destruir el culto a Baal y la casa de Acab. Sin embargo, cuando los pecados de la propia casa de Jehú llegaron a su colmo, Dios también juzgó a esa casa por la sangre derramada en Jezreel, llamada la sangre de Jezreel (Oseas 1:4).
Tercero, todos estos reyes hicieron lo malo ante los ojos del Señor porque siguieron los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat. Aunque se oponían unos a otros, coincidían en una cosa: mantenían viva la idolatría, y al pueblo le agradaba que fuera así. Eran como el vino que se vierte de una vasija a otra, pero conserva el mismo mal sabor. Fue triste que su gobierno cambiara tan a menudo y, aun así, nunca cambiara para mejorar. Entre todas sus facciones rivales, ninguna consideró que fuera su deber destruir los becerros de oro que otros se habían esforzado tanto en defender.
Cuarto, con una sola excepción, cada uno de estos reyes conspiró contra su antecesor y lo mató. Salum, Manahem, Peka y Oseas fueron traidores y asesinos; aun así, todos gobernaron durante cierto tiempo: uno por diez años, otro por veinte y otro por nueve. Dios puede permitir que la maldad prospere por un tiempo y que alcance riqueza y honor, pero tarde o temprano la sangre reclama sangre, y los traicioneros reciben traición como pago. A menudo Dios usa a un malvado como vara para castigar a otro, y al final cada malvado provoca su propia ruina.
Quinto, la ambición de los hombres poderosos hizo miserable a la nación. Tifsah, una ciudad de Israel, fue destruida cruelmente, junto con todo su territorio, por uno de estos pretendientes al trono (2 Reyes 15:16). Sin duda, cada uno de ellos se abrió camino hacia el poder mediante el derramamiento de sangre, y ninguno de estos reyes podía caer sin arrastrar a otros consigo. Ningún país enfrenta problemas mayores ni peores enemigos que aquellos hombres a quienes no les importa la paz ni el bienestar de su patria mientras puedan satisfacer su deseo de venganza y poder.
Sexto, mientras la nación estaba dividida por conflictos internos, los reyes de Asiria, primero uno (2 Reyes 15:19) y después otro (2 Reyes 15:29), vinieron contra ella e hicieron lo que quisieron. Nada convierte a una nación en presa más fácil para un enemigo común que las luchas civiles y las disputas por el trono. Dichosa es la tierra donde el gobierno está establecido y la paz permanece firme.
Séptimo, esta era la condición de Israel poco antes de su ruina definitiva y de su deportación, que ocurrieron en el noveno año de Oseas, el último de estos usurpadores. Si en aquellos días de confusión y angustia se hubieran humillado delante de Dios y hubieran buscado su favor, quizá se habría evitado aquella destrucción final. Pero cuando Dios juzga, vence. Estas facciones, fruto de un espíritu maligno enviado entre ellos, apresuraron su deportación, porque un reino dividido contra sí mismo pronto cae en la ruina.
Ahora consideremos brevemente los reinados individuales. Zacarías, hijo de Jeroboam, comenzó a reinar en el año treinta y ocho de Azarías, también llamado Uzías, rey de Judá (2 Reyes 15:8). Algunos cronólogos cuidadosos piensan que el trono permaneció vacante durante veintidós años entre Jeroboam y Zacarías, mientras que otros hablan de once años, debido a los disturbios y desacuerdos que había en el reino. Por eso no sorprende que Zacarías fuera removido antes de afirmarse en el trono. Reinó solo seis meses, y entonces Salum lo mató frente al pueblo. Pudo haber sido algo parecido a la muerte de César en el senado, o quizá Salum lo ejecutó públicamente como a un criminal, con la aprobación del pueblo, porque de alguna manera se había vuelto detestable. Así llegó a su fin la línea de Jehú.
Pero ¿tuvo paz Salum después de matar a su señor? No la tuvo (2 Reyes 15:13). Su reinado duró solo un mes, y luego fue eliminado. El profeta que vivía en ese tiempo quizá se refería a esto cuando dijo: «En un mes serán devorados ellos y sus posesiones» (Oseas 5:7). Un gobierno edificado sobre sangre y mentiras rara vez dura mucho. Manahem, ya fuera indignado por el crimen de Salum o animado por su ejemplo, pronto le hizo lo mismo que él había hecho con su señor: lo mató y reinó en su lugar (2 Reyes 15:14). Probablemente era el comandante del ejército. Cuando se enteró de la traición y la toma del poder de Salum mientras el ejército estaba acampado en Tirsá, se apresuró a castigarlo, tal como Omri había actuado en un caso parecido con Zimri (1 Reyes 16:17).
Manahem mantuvo el reino durante diez años (2 Reyes 15:17). Sin embargo, aunque en otro tiempo se había llamado misericordiosos a los reyes de Israel (1 Reyes 20:31), este Manahem, para vergüenza de su país, fue escandalosamente cruel con su propio pueblo. Cuando algunos se resistieron a someterse a él, no solo destruyó una ciudad y sus alrededores, sino que, como si hubiera olvidado que él mismo había nacido de una mujer, abrió el vientre de todas las mujeres embarazadas (2 Reyes 15:16). Solo podemos asombrarnos de que un hombre llegara a ser tan salvaje y perdiera por completo todo sentimiento humano.
Con estos actos crueles esperaba asegurar su gobierno y atemorizar a todos los demás para que lo apoyaran. Pero no parece haber logrado su objetivo, porque cuando el rey de Asiria vino contra él, mostró tan poca confianza en su propio pueblo que no se atrevió a enfrentarlo en batalla. En vez de eso, tuvo que comprar la paz a un precio muy alto. También necesitaba ayuda para mantener el reino bajo su control, así que incluyó en su acuerdo con el rey de Asiria —quien sin duda sabía cómo sacar provecho de semejante trato más adelante— que Asiria lo ayudaría contra sus propios súbditos descontentos.
El dinero que usó para comprar la amistad de Asiria fue enorme: mil talentos de plata (2 Reyes 15:19). Probablemente Manahem lo obtuvo por la fuerza de los ricos, mientras perdonaba a los pobres y colocaba la carga sobre quienes podían soportarla mejor. Una vez reunida esa cantidad, se la entregó al rey de Asiria como pago por su ejército: cincuenta siclos de plata por cada soldado.
De esta manera, escapó por el momento del rey de Asiria. El ejército asirio no se quedó a vivir en la tierra (2 Reyes 15:20), sino que se retiró enriquecido por el botín que había obtenido con poco esfuerzo. Ese éxito probablemente los animó a regresar después y devastarlo todo. Así, el hombre que debía proteger a su país terminó traicionándolo.
Pekaías, hijo de Manahem, sucedió a su padre, pero reinó solo dos años y luego fue asesinado por Peka. Sufrió tanto por su propio pecado como por el de su padre. De él se repite, como antes, que no se apartó de los pecados de Jeroboam, el primer rey del reino del norte. Esto se menciona para mostrar que Dios tenía razón al traer pronto la destrucción sobre ellos, porque se negaron a cambiar (2 Reyes 15:24).
Parece que Peka tenía algunos aliados importantes, y aquí se mencionan dos de ellos (2 Reyes 15:25). Con su ayuda llevó a cabo su plan.
Aunque Peka obtuvo el trono mediante la traición, lo conservó durante veinte años (2 Reyes 15:27). Tardó mucho tiempo, pero finalmente su violencia recayó sobre su propia cabeza. Llegó a ser más poderoso en el exterior que los otros usurpadores. En la última parte de su reinado, durante el tiempo de Acaz, fue una gran amenaza para Judá, como más tarde lo describió Isaías (Isaías 7:1).
También perdió gran parte de su reino ante el rey de Asiria. Allí se mencionan varias ciudades (2 Reyes 15:29), y estas pérdidas incluyeron toda la tierra de Galaad al otro lado del Jordán y Galilea, al norte, con los territorios de las tribus de Neftalí y Zabulón. El pueblo fue llevado cautivo a Asiria. Dios usó este juicio para castigar a Peka por haber atacado a Judá y Jerusalén. Isaías había anunciado que, dentro de dos o tres años después de aquel ataque, antes de que un niño nacido en ese tiempo pudiera siquiera decir «papá» y «mamá», el rey de Asiria se llevaría las riquezas de Samaria (Isaías 8:4). Aquí vemos el cumplimiento de esa promesa.
Poco después, Peka perdió la vida a manos de sus propios compatriotas. Probablemente estaban enojados porque él los había dejado expuestos ante un enemigo extranjero mientras atacaba a Judá. Oseas se aprovechó de ese enojo, mató a Peka y reinó en su lugar. Debió de desear mucho la corona, porque en aquel tiempo era un premio peligroso. La corona de Israel ya les había costado la vida a varios gobernantes y estaba bajo el juicio de Dios. Era como una corona que ningún hombre sensato recogería de la calle; sin embargo, Oseas la tomó, y le costó muy caro.
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De este capítulo
2 Reyes 15:1
"En el año veintisiete de Jeroboam, rey de Israel, comenzó a reinar Azarías, hijo de Amasías, rey de Judá."
2 Reyes 15:2
"Tenía dieciséis años cuando comenzó a reinar, y reinó cincuenta y dos años en Jerusalén. Su madre se llamaba Jecolía y era de Jerusalén."
2 Reyes 15:3
"Hizo lo recto ante los ojos del SEÑOR, conforme a todo lo que había hecho su padre Amasías;"
2 Reyes 15:4
"solo que los lugares altos no fueron quitados; el pueblo todavía sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos."
2 Reyes 15:5
"El SEÑOR hirió al rey, y este quedó leproso hasta el día de su muerte y vivió en una casa separada. Jotam, hijo del rey, estaba a cargo de la casa y juzgaba al pueblo del país."
2 Reyes 15:6
"Los demás hechos de Azarías y todo lo que hizo, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?"
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