Versículo destacado
1 Reyes 15:9 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" En el año veinte de Jeroboam, rey de Israel, Asa comenzó a reinar sobre Judá. "
1 Reyes 15:9
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
7 Los demás hechos de Abiam y todo lo que hizo, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Y hubo guerra entre Abiam y Jeroboam.
8 Abiam descansó con sus padres, y lo sepultaron en la ciudad de David. Asa, su hijo, reinó en su lugar.
9 En el año veinte de Jeroboam, rey de Israel, Asa comenzó a reinar sobre Judá.
10 Reinó cuarenta y un años en Jerusalén. Su madre se llamaba Maaca, hija de Abisalom.
11 Asa hizo lo recto ante los ojos del SEÑOR, como lo había hecho David, su padre.
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Este pasaje ofrece un breve relato del reinado de Asa; una historia más completa se encuentra después en 2 Crónicas 14:1-15; 15; y 16:1-14. En primer lugar, reinó durante mucho tiempo: cuarenta y un años en Jerusalén (1 Reyes 15:10). Al considerar a los reyes de Judá, encontramos que el número de reyes buenos y malos fue aproximadamente igual. Sin embargo, es alentador notar que, por lo general, los reyes buenos gobernaron durante más tiempo, mientras que los malos reinaron por menos años. Esto nos ayuda a ver que el pueblo de Dios no estaba tan mal como podría parecer a primera vista durante ese período.
La Biblia dice que Asa hizo lo recto ante los ojos del Señor (1 Reyes 15:11). Ese es el verdadero criterio de lo que es correcto: aquello que agrada a Dios. Siguió el ejemplo de David, su antepasado, al mantenerse cerca de Dios y de la adoración que él había establecido. Esto le dio una excelente reputación, porque fue como David en su fe, aunque no tuvo los mismos dones, como el de profetizar o escribir salmos.
Si igualamos la gracia de los creyentes fieles que nos precedieron, eso es suficiente para recibir la aprobación de Dios, aunque no igualemos sus capacidades. Asa fue como David, aunque no fue como él en su capacidad de conquistar o escribir. Su corazón permaneció plenamente dedicado al Señor durante toda su vida (1 Reyes 15:14). Esto significa que su fe era sincera y constante. Todo lo que hacía por Dios lo hacía con honestidad y con el único propósito de honrarlo.
El reinado de Asa fue un tiempo de reforma. Comenzó eliminando el mal, y así es como toda reforma debe comenzar. Primero enfrentó la inmoralidad. Expulsó del país a los prostitutos cultuales y cerró los lugares donde se practicaba el pecado sexual. Una nación no puede prosperar mientras tolere prácticas tan degradantes y peligrosas. Después se enfrentó a la idolatría: eliminó todos los ídolos, incluso los que había hecho su padre (1 Reyes 15:12). Como su padre los había fabricado, Asa se sentía aún más responsable de quitarlos, para que la culpa no recayera sobre él ni sobre su familia.
También eliminó la idolatría de la propia familia real (1 Reyes 15:13). Maacá, su madre o, más probablemente, su abuela, tenía un ídolo en un bosque sagrado. Ella lo había criado durante su niñez y quizá amaba profundamente a ese ídolo, pero Asa no quiso justificar su pecado. La reforma debe comenzar en el hogar. Las malas prácticas nunca se detendrán por completo en una nación mientras sean protegidas en la corte. Asa honró y respetó a su madre en todo lo demás, pero amó más a Dios. Al igual que los levitas en la bendición de Moisés (Deuteronomio 33:9), puso su deber hacia Dios por encima de los lazos familiares.
Por eso actuó contra el ídolo de ella de dos maneras. Primero, lo destruyó públicamente y lo quemó junto al arroyo de Cedrón, probablemente esparciendo allí las cenizas, a imitación de Moisés (Éxodo 32:20), para mostrar su aborrecimiento de la idolatría. No dejó ningún rastro de aquel ídolo de la corte. Segundo, la destituyó de su posición real o, por lo menos, del lugar de honor que ocupaba en la corte. La apartó del poder público y la envió a una vida privada.
Asa también restauró lo que era bueno (1 Reyes 15:15). Llevó al templo del Señor los objetos que él mismo había consagrado con el botín tomado de los etíopes a quienes había derrotado. También llevó lo que su padre había prometido, aunque su padre murió antes de poder cumplir aquella promesa. No solo debemos dejar de hacer el mal; también debemos aprender a hacer el bien. No basta con desechar los ídolos del pecado; debemos entregarnos a nosotros mismos y todo lo que tenemos para honrar a Dios. Cuando quienes fueron dedicados a Dios en el bautismo durante su infancia hacen después suya esa dedicación y le sirven fielmente, están llevando al templo los regalos consagrados que ellos y sus padres prometieron. Sencillamente, están dando a Dios lo que ya le pertenece.
Asa también fue sabio en la manera de gobernar. Él mismo edificó ciudades para ayudar a su pueblo a crecer y para atraer a otros, haciendo que la vida allí fuera más segura y próspera (1 Reyes 15:23). También trabajó arduamente para impedir que Basá construyera Ramá, porque Basá quería cortar el tránsito entre Judá y Jerusalén e impedir que los fieles fueran allí a adorar. Nunca se debe permitir que un enemigo fortalezca de esa manera una ciudad fronteriza.
Sin embargo, Asa no estuvo libre de errores. Incluso en las dos cosas por las que fue elogiado, todavía quedó algo pendiente. Aun las mejores personas tienen deficiencias. Asa eliminó los ídolos, y eso estuvo bien, pero no quitó los lugares altos (1 Reyes 15:14). Su reforma se detuvo allí. Derribó las imágenes que competían con el Dios verdadero, pero permitió que permanecieran los altares de esos lugares altos. Allí se ofrecían sacrificios que debían haberse llevado al altar del templo.
Quizá pensó que no había un gran peligro en ellos, ya que personas piadosas habían usado lugares semejantes antes de que se construyera el templo. También pudo haber dudado en disgustar al pueblo, que los apreciaba y estaba apegado a ellos por costumbre y conveniencia. Pero en Judá y Benjamín, las tribus que estaban bajo el gobierno de Asa, esos lugares altos eran aún menos justificables, porque Jerusalén y el templo estaban muy cerca. Eran contrarios a la ley de Dios, que exigía que la adoración se llevara a cabo en el único lugar que él había escogido (Deuteronomio 12:11). Disminuían el respeto del pueblo por el templo y dejaban la puerta abierta para que la idolatría regresara. No estuvo bien que Asa, después de haber iniciado la reforma, no los eliminara también.
Aun así, su corazón permaneció plenamente dedicado al Señor. Esto nos consuela. Una persona puede ser honesta y recta delante de Dios, y ser aceptada por él, aun cuando no haya hecho todo el bien que debía haber hecho. En el nuevo pacto, la perfección que Dios exige no significa una perfección sin pecado, porque entonces ninguno de nosotros podría permanecer en pie. Significa sinceridad: un corazón verdadero e íntegro.
Estuvo bien que Asa llevara al templo de Dios los objetos consagrados. Pero más adelante tomó de nuevo lo que había sido apartado para Dios, cuando sacó oro y plata del tesoro del templo y se los envió como soborno a Ben-adad, rey de Siria, para que rompiera su acuerdo con Basá, rey de Israel. Ben-adad debía atacar a Israel y obligar a Basá a abandonar la construcción de Ramá (1 Reyes 15:18-19).
Asa pecó en esto. Primero, tentó a Ben-adad a romper su tratado, lo cual significaba quebrantar la confianza pública. Si estuvo mal que Ben-adad lo hiciera, entonces también estuvo mal que Asa lo incitara a hacerlo. Segundo, Asa no confió en que Dios, quien ya lo había ayudado tanto, podía librarlo de aquel problema sin recurrir a medios injustos. Tercero, tomó oro del tesoro del templo, que solo debía usarse en situaciones especiales.
El plan funcionó. Ben-adad atacó a Israel, y Basá tuvo que abandonar Ramá con todas sus fuerzas (1 Reyes 15:20-21). Eso le dio a Asa la oportunidad de derribar las obras de Basá, y usó la madera y las piedras para construir algunas de sus propias ciudades (1 Reyes 15:22). Aun así, el plan desagradó a Dios. Asa pensó que había actuado sabiamente y que así aseguraría su paz, pero el profeta le dijo que había actuado neciamente y que, a partir de entonces, tendría guerras (2 Crónicas 16:7-9).
Los principales problemas del reinado de Asa fueron los siguientes. Basá, rey de Israel, fue para él una fuente constante de dificultades. Basá reinó veinticuatro años, y durante todos esos años hubo alguna forma de guerra entre él y Asa (1 Reyes 15:16). Esta fue una de las consecuencias de la división del reino. Los dos reinos continuaron haciéndose daño y debilitándose mutuamente, lo que hizo que ambos fueran una presa más fácil para cualquier enemigo común.
En su vejez, Asa también sufrió de gota, una enfermedad dolorosa en los pies. La enfermedad de sus pies le dificultaba atender los asuntos públicos y probablemente lo volvía más irritable con quienes lo rodeaban.
El resto de los hechos de Asa quedó registrado con más detalle en los archivos oficiales, a los que este pasaje hace referencia (1 Reyes 15:23). Reinó durante mucho tiempo y terminó su reinado con honra. Dejó el trono a un sucesor que no fue inferior a él en ningún aspecto.
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De este capítulo
1 Reyes 15:1
"En el año dieciocho del rey Jeroboam hijo de Nabat, Abiam comenzó a reinar sobre Judá."
1 Reyes 15:2
"Reinó tres años en Jerusalén. Su madre se llamaba Maaca, hija de Abisalom."
1 Reyes 15:3
"Él anduvo en todos los pecados que su padre había cometido antes que él, y su corazón no fue íntegro para con el SEÑOR su Dios, como el corazón de David, su padre."
1 Reyes 15:4
"Sin embargo, por amor a David, el SEÑOR su Dios le dio una lámpara en Jerusalén, levantando a su hijo después de él y estableciendo a Jerusalén,"
1 Reyes 15:5
"porque David hizo lo recto ante los ojos del SEÑOR y no se apartó de nada de lo que él le mandó durante todos los días de su vida, excepto en el asunto de Urías el hitita."
1 Reyes 15:6
"Hubo guerra entre Roboam y Jeroboam durante todos los días de su vida."
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