Versículo destacado
Levítico 22:17 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" El SEÑOR habló a Moisés y le dijo: "
Levítico 22:17
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
15 Ellos no profanarán las cosas santas de los hijos de Israel, las cuales ofrecen al SEÑOR,
16 ni harán que ellos carguen con la culpa de la transgresión cuando coman sus cosas santas, porque yo, el SEÑOR, los santifico.
17 El SEÑOR habló a Moisés y le dijo:
18 Habla a Aarón, a sus hijos y a todos los hijos de Israel, y diles: Cualquier hombre de la casa de Israel o de los extranjeros que viven en Israel que presente su ofrenda por cualquiera de sus votos o por cualquiera de sus ofrendas voluntarias, las cuales ofrecerán al SEÑOR como holocausto,
19 Ofrecerán por voluntad propia un macho sin defecto de entre el ganado vacuno, las ovejas o las cabras.
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Estas son cuatro leyes acerca de los sacrificios:
I. Todo lo que se ofreciera a Dios debía estar sin defecto; de lo contrario, Dios no lo aceptaría. Esta regla ya se había mencionado en las leyes correspondientes a cada tipo de ofrenda. Aquí se especifica qué se consideraba un defecto que hacía que un animal no fuera apto para el sacrificio: que fuera ciego, cojo, tuviera una protuberancia o padeciera sarna (Levítico 22:22). Si estaba magullado, aplastado, fracturado o castrado (Levítico 22:24), es decir, si había sido privado de sus órganos reproductivos de alguna de esas maneras, tampoco podía ofrecerse. También se hacía una distinción entre una ofrenda voluntaria y una ofrenda hecha en cumplimiento de un voto (Levítico 22:23). Si un animal tenía alguna parte de más o de menos, alguna desigualdad en miembros que debían corresponderse —por ejemplo, un ojo, una oreja o una pata más grande o más pequeña de lo normal—, podía aceptarse como ofrenda voluntaria, porque no se había hecho previamente una promesa especial. Pero no podía aceptarse para cumplir un voto. Esto enseñaba al pueblo a cumplir cuidadosamente sus promesas a Dios y a no disminuir aquello que solemnemente había prometido dar. Lo que estaba bajo nuestro control antes de hacer un voto, como en el caso de una ofrenda voluntaria, deja de pertenecernos después de haberlo hecho (Hechos 5:4).
Esta regla se repite una y otra vez: no debía aceptarse ningún sacrificio con defecto (Levítico 22:20, Levítico 22:21). Por eso se examinaba con mucho cuidado cada animal que se llevaba para el sacrificio, a fin de comprobar que no tuviera ninguna imperfección. Ni siquiera podía aceptarse un sacrificio defectuoso ofrecido por un extranjero, aunque se debía animar a los extranjeros a honrar al Dios de Israel de todas las maneras posibles (Levítico 22:25). Esto muestra que se esperaba que vinieran desde lejos a la casa de Dios (1 Reyes 8:41, 1 Reyes 8:42) y que fueran recibidos, con sus ofrendas aceptadas, como en el caso de Darío (Esdras 6:9, Esdras 6:10; Isaías 56:6, Isaías 56:7). Muchos sacerdotes paganos no eran tan estrictos y aceptaban sacrificios vergonzosos para sus dioses. Pero el Dios de Israel no sería servido de esa manera.
Esta ley era necesaria para proteger el honor del santuario y del Dios que allí se adoraba. Todo lo que se usara para honrarlo debía ser lo mejor de su clase, porque él es el más grande y excelente de todos los seres, y lo mejor debe recibir lo mejor. Vemos cuán profunda y justamente se indignó Dios cuando se quebrantó esta ley (Malaquías 1:8, Malaquías 1:13, Malaquías 1:14). También hacía que los sacrificios establecidos por la ley fueran mejores representaciones de Cristo, el gran sacrificio del cual recibían todo su valor. De acuerdo con esta ley, él es llamado un Cordero sin mancha y sin contaminación (1 Pedro 1:19). Un sacerdote así y un sacrificio así eran precisamente lo que necesitábamos, porque él era inocente y puro. Cuando Pilato dijo que no encontraba ningún delito en él, estaba declarando, en efecto, que el sacrificio no tenía defecto. Los judíos dicen que era responsabilidad del sagán, o asistente del sumo sacerdote, inspeccionar los sacrificios y comprobar que no tuvieran defectos. Cuando Cristo sufrió, Anás ocupaba ese cargo; pero quienes llevaron primero a Cristo ante Anás y luego hicieron que lo enviaran atado a Caifás, como si fuera un sacrificio apto para ser ofrecido (Juan 18:13, Juan 18:24), no se daban cuenta de que estaban representando el significado de esta ley.
Esto también nos enseña a darle a Dios lo mejor que tenemos en nuestros sacrificios espirituales. Si nuestras oraciones y nuestra adoración son descuidadas, frías, vacías y llenas de distracciones, estamos ofreciendo como sacrificio lo ciego, lo cojo y lo enfermo. Maldito es el que engaña de esa manera, porque mientras intenta defraudar a Dios, trae juicio sobre su propia alma.
II. No debía ofrecerse ningún animal antes de que cumpliera ocho días completos (Levítico 22:26, Levítico 22:27). Ya se había establecido que los primogénitos del ganado, que debían darse a Dios, no se llevaran hasta después del octavo día (Éxodo 22:30). Aquí se añade que ningún animal debía sacrificarse antes de cumplir ocho días. Antes de ese momento ni siquiera se consideraba apto para la mesa de una persona; por tanto, tampoco era apto para el altar de Dios. Los judíos dicen que esto se debía a que el sábado santifica todas las cosas y que no debía ofrecerse nada a Dios hasta que hubiera pasado por lo menos un sábado. También correspondía a la ley de la circuncisión, pues los niños debían ser circuncidados al octavo día. Cristo fue sacrificado por nosotros, no durante su infancia —aunque Herodes intentó matarlo entonces—, sino en la plenitud de su vida.
III. No debía matarse a una madre y a su cría el mismo día, ya fuera para un sacrificio o para un uso ordinario (Levítico 22:28). Hay una ley semejante acerca de las aves (Deuteronomio 22:6). Esto se prohibía, no porque el acto fuera malo en sí mismo, sino porque parecía cruel y despiadado hacia los animales. Se asemejaba a la crueldad del rey de Babilonia, que mató delante de Sedequías a sus hijos y luego le sacó los ojos. Daba la impresión de un corazón endurecido hacia toda la especie, como si se quisiera borrar por completo una línea familiar.
IV. La carne de las ofrendas de acción de gracias debía comerse el mismo día en que se ofrecían (Levítico 22:29, Levítico 22:30). Esto repite lo que ya se había ordenado anteriormente (Levítico 7:15; Levítico 19:6, Levítico 19:7). El capítulo termina con un mandato general, repetido con frecuencia: guardar los mandamientos de Dios y no profanar su santo nombre (Levítico 22:31, Levítico 22:32). Quienes afirman pertenecer a Dios, pero no toman en serio sus mandamientos, profanan su nombre.
Se dan varias razones: su autoridad sobre ellos: «Yo soy el SEÑOR»; su reclamo sobre ellos: «Yo soy su Dios»; su derecho sobre ellos por haberlos redimido: «Yo los saqué de la tierra de Egipto para ser su Dios»; su propósito salvador para ellos: «Yo soy el SEÑOR, quien los santifica»; y su determinación inmutable de recibir honra de ellos si no se la dan voluntariamente: «Seré honrado entre los hijos de Israel». Al final, Dios no permitirá que ninguna persona le quite su gloria. Tarde o temprano recuperará lo que le corresponde, ya sea mediante el arrepentimiento de los pecadores o mediante su ruina.
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De este capítulo
Levítico 22:1
"El SEÑOR habló a Moisés y le dijo:"
Levítico 22:2
"Habla a Aarón y a sus hijos, para que se aparten de las cosas santas de los hijos de Israel y no profanen mi santo nombre en las cosas que ellos consagran para mí. Yo soy el SEÑOR."
Levítico 22:3
"Diles: Cualquiera de todos sus descendientes, a lo largo de sus generaciones, que se acerque a las cosas santas que los hijos de Israel consagran al SEÑOR mientras tenga sobre sí su impureza, esa persona será excluida de mi presencia. Yo soy el SEÑOR."
Levítico 22:4
"Ningún hombre de la descendencia de Aarón que sea leproso o tenga flujo comerá de las cosas santas hasta que quede limpio. Tampoco el que toque cualquier cosa que haya quedado impura por un muerto, ni el hombre que tenga emisión de semen;"
Levítico 22:5
"ni el que toque cualquier animal que se arrastra, por el cual pueda quedar impuro, ni a un hombre del cual pueda adquirir impureza, cualquiera que sea su impureza."
Levítico 22:6
"La persona que toque cualquiera de estas cosas quedará impura hasta el anochecer y no comerá de las cosas santas a menos que lave su cuerpo con agua."
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