Versículo destacado

Jueces 6:33 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" Entonces todos los madianitas, los amalecitas y los hijos del oriente se reunieron, cruzaron y acamparon en el valle de Jezreel. "

Jueces 6:33

menu_book El versículo en contexto

31 Joás dijo a todos los que estaban contra él: ¿Defenderán ustedes a Baal? ¿Lo salvarán? El que lo defienda, que muera mientras aún sea de mañana. Si es un dios, que se defienda a sí mismo, porque alguien ha derribado su altar.

32 Por eso, aquel día lo llamó Jerobaal, diciendo: Que Baal contienda contra él, porque ha derribado su altar.

33 Entonces todos los madianitas, los amalecitas y los hijos del oriente se reunieron, cruzaron y acamparon en el valle de Jezreel.

34 Pero el Espíritu del SEÑOR vino sobre Gedeón; él tocó una trompeta, y Abiezer se reunió detrás de él.

35 Envió mensajeros por todo Manasés, que también se reunió detrás de él. También envió mensajeros a Aser, Zabulón y Neftalí, y ellos subieron a encontrarse con ellos.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí vemos cómo las fuerzas enemigas avanzan contra Israel (Jueces 6:33). Un gran ejército de madianitas, amalecitas y pueblos del oriente se reunió, cruzó el Jordán y acampó en el valle de Jezreel. Nadie vigiló aquel cruce importante y conveniente, quizá porque no les importaba o porque no se atrevían a detenerlos. Acamparon en el valle de Jezreel, en medio del territorio de Manasés, no muy lejos de la casa de Gedeón.

Algunos piensan que se enteraron de que Gedeón había derribado el altar de Baal y que vinieron a defender a Baal, usando esto como pretexto para atacar a Israel. Sin embargo, es más probable que fuera la época de la cosecha, cuando acostumbraban hacer estas incursiones cada año (Jueces 6:3), y que su llegada se esperara mientras Gedeón trillaba el grano (Jueces 6:11). Dios levantó a Gedeón para que estuviera preparado antes de que llegara aquel terrible golpe. Los muchos años de éxito en esos ataques, la falta de resistencia y el abundante botín que habían llevado les habían dado confianza y los habían vuelto ambiciosos. Pero ahora su culpa había llegado al colmo y había llegado el momento del juicio. Venían a saquear, y ahora ellos mismos serían saqueados. Se habían reunido como gavillas en la era (Miqueas 4:12-13), para que Gedeón las trillara.

También vemos los preparativos que hizo Gedeón para atacarlos en su campamento (Jueces 6:34-35). Dios, por medio de su Espíritu, le dio a Gedeón fuerza y valor. El Espíritu del Señor revistió a Gedeón; así puede traducirse la expresión, como si lo hubiera vestido con un manto para honrarlo y con una armadura para protegerlo. Por sí mismo era un hombre valiente y esforzado, pero la fuerza y el valor personales, aun bien empleados, no serían suficientes para una tarea tan grande. Necesitaba la armadura de Dios, y eso fue en lo que tuvo que apoyarse. Dios lo revistió de una manera especial por medio de su Espíritu. A quienes Dios llama a su obra, también los capacita y los impulsa para realizarla.

Entonces Gedeón, con su trompeta, convocó a sus vecinos, y Dios obró juntamente con él. Tocó la trompeta para llamar voluntarios, y acudieron más hombres de los que quizá esperaba. Los hombres de Abiezer, el propio clan de Gedeón, aunque poco antes se habían enojado con él por derribar el altar de Baal e incluso habían pedido su muerte, ahora reconocieron su error. Acudieron con valentía para ayudarlo y se sometieron a él como su líder; así, Abiezer se reunió detrás de él (Jueces 6:34). Dios puede cambiar rápidamente el corazón aun de los idólatras y los perseguidores.

Incluso las tribus más lejanas, Aser y Neftalí, respondieron a su llamado y enviaron a sus mejores hombres (Jueces 6:35). Aunque estaban más lejos del peligro, sabían que, si los madianitas arrasaban a sus vecinos, ellos serían los siguientes. Por eso estuvieron dispuestos a unirse contra un enemigo común.

También vemos las señales que Dios le dio bondadosamente a Gedeón para fortalecer tanto su propia fe como la de quienes estaban con él. Es posible que Gedeón las pidiera más por el bien de ellos que por el suyo. O quizá quería saber si ese era el momento indicado para atacar a Madián o si debía esperar otra oportunidad. Su petición fue esta (Jueces 6:36-37): «Hazme saber por esto que salvarás a Israel por medio de mí: que un vellón de lana quede al aire libre, mojado por el rocío, mientras el suelo a su alrededor permanece seco». En esencia, estaba diciendo: «Señor, creo; ayuda mi incredulidad». Gedeón veía que su fe era débil e inconstante, así que le pidió a Dios que completara lo que le faltaba.

Podemos pensar que Dios, quien tenía el propósito de darle estas señales para mostrar el honor de su propio poder y bondad, también puso esa petición en el corazón de Gedeón. Aun así, cuando Gedeón pidió una segunda señal, la opuesta a la primera, lo hizo con una humilde disculpa. Le rogó a Dios que no se enojara, porque aquello parecía revelar un espíritu inquieto y lleno de dudas, así como descontento con las muchas seguridades que ya había recibido (Jueces 6:39). «No te enojes conmigo», dijo. Se atrevió a pedir de nuevo, pero lo hizo con temor y temblor. La bondad de Dios no lo había vuelto descuidado ni irrespetuoso. Abraham dio un ejemplo parecido cuando Dios le permitió hablar con gran libertad: «No se enoje ahora mi Señor, y hablaré» (Génesis 18:30, 32). Debemos buscar el favor de Dios con profundo respeto, conscientes de la distancia que existe entre él y nosotros, y con un temor santo de su ira.

Dios concedió bondadosamente la petición de Gedeón. ¡Cuán tierno es Dios con los verdaderos creyentes, aun cuando son débiles, y cuán dispuesto está a inclinarse hacia sus debilidades para que no quiebre la caña cascada ni apague el pábilo que humea! Gedeón quería que el vellón estuviera mojado y el suelo seco. Pero después, para que nadie dijera que la lana absorbe naturalmente la humedad y que no había sucedido nada extraordinario, pidió que la noche siguiente el suelo estuviera mojado y el vellón seco. Dios también hizo esto, pues está dispuesto a darles a los herederos de la promesa una esperanza firme y un gran consuelo (Hebreos 6:17-18), incluso por medio de dos cosas inmutables. Él permite que las peticiones de su pueblo lo persuadan, e incluso deja que sus dudas y su insatisfacción influyan en la manera en que responde.

Estas señales fueron verdaderos milagros y, por eso, confirmaron firmemente el llamado de Gedeón. Se dice que el rocío viene del Señor y que no espera al ser humano ni depende del poder humano (Miqueas 5:7). Sin embargo, aquí Dios escuchó la voz de un hombre. Así como una vez dirigió el sol para Josué, también dirigió el rocío para Gedeón, mostrando que no cae por casualidad, sino por la providencia de Dios. La segunda señal invirtió la primera y, para satisfacer a Gedeón, se realizó en ambas direcciones. Como observó el doctor Fuller, los verdaderos milagros del cielo pueden soportar que se les dé la vuelta, porque siguen siendo los mismos por dentro y por fuera.

Estas señales también estaban llenas de significado. Gedeón y sus hombres estaban a punto de enfrentarse a los madianitas. ¿Podía Dios distinguir entre un pequeño vellón que representaba a Israel y toda la extensa tierra de Madián? Sí, y esta señal ayudó a Gedeón a saber que podía hacerlo. ¿Quería Gedeón que el rocío de la gracia de Dios cayera sobre él de una manera especial? Vio el vellón mojado por el rocío para recibir esa seguridad. ¿Quería que Dios fuera como el rocío para todo Israel? Entonces vio todo el suelo mojado. Algunos consideran que el vellón representa a la nación judía, que en otro tiempo fue regada por el rocío de la palabra y las ordenanzas de Dios mientras el resto del mundo permanecía seco. Pero, como rechazaron a Cristo y su evangelio, llegaron a estar secos como el desierto, mientras las naciones a su alrededor son como un jardín regado.

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