Versículo destacado

Números 22:1 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" Los hijos de Israel partieron y acamparon en las llanuras de Moab, a este lado del Jordán, junto a Jericó. "

Números 22:1

menu_book El versículo en contexto

1 Los hijos de Israel partieron y acamparon en las llanuras de Moab, a este lado del Jordán, junto a Jericó.

2 Balac hijo de Zipor vio todo lo que Israel había hecho a los amorreos.

3 Moab tuvo mucho miedo del pueblo, porque eran muchos; y Moab se angustió a causa de los hijos de Israel.

auto_stories

Explora estudios bíblicos guiados

Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor

Micro-Study 5 días

Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)

Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.

Vista previa de la sesión 1:

Dichosos los humildes

schedule 6 min

Micro-Study 5 días

Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)

Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.

Vista previa de la sesión 1:

El cuidado del Pastor

schedule 5 min

lock_open Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones

person_add Crear cuenta gratis

auto_stories Comentario de Bible Guided

Los israelitas ya habían terminado sus largos años de peregrinación por el desierto y estaban acampados en las llanuras de Moab, cerca del Jordán. Permanecieron allí hasta que, después de la muerte de Moisés, cruzaron el Jordán bajo el liderazgo de Josué. Ahora el escritor pasa a relatar lo que sucedió después.

Primero, vemos el miedo que se apoderó de los moabitas cuando Israel se acercó. No tenían ninguna razón real para esperar que Israel les hiciera daño, si hubieran recordado el mandato que Dios le había dado a Israel de no pelear contra Moab ni atacarlo (Deuteronomio 2:9). Pero, si lo sabían, probablemente pensaron que aquello era solo una estrategia para hacerlos sentir seguros antes de conquistar su territorio. Así que trataron a Israel como un enemigo, aunque Israel no les había dado ningún motivo para hacerlo.

Este es un patrón común entre las personas malvadas. Quienes tienen la intención de hacer daño a menudo fingen que otros planean hacerles daño a ellos. Su sospecha sin fundamento se convierte en una excusa para su propia ira injusta. Los moabitas se enteraron de la victoria de Israel sobre los amorreos (Números 22:2) y vieron cuánta gente tenía Israel. Por eso concluyeron que, si no actuaban rápidamente, Israel arrasaría con ellos y con todos los pueblos de alrededor, como un buey que devora la hierba.

Estaban aterrorizados y transmitieron su miedo a los ancianos de Madián para que pudieran planear juntos cómo protegerse. Si Moab caía, Madián tampoco duraría mucho. Sin embargo, los moabitas pudieron haber usado el éxito de Israel para hacer el bien. Israel los había librado de Sehón, rey de los amorreos, quien había tomado parte de su territorio y quizá habría tomado más. Debieron haber recibido a Israel con agrado y buscar la paz con ellos, pero se habían apartado de la fe de su antepasado Lot y habían caído en la idolatría. Por eso odiaban al pueblo del Dios de Abraham, y Dios permitió que sus planes los confundieran y afligieran.

Segundo, el rey de Moab ideó un plan para que Israel fuera maldecido; es decir, quería poner a Dios en contra de Israel, porque había visto que Dios estaba peleando a favor de ellos. Confiaba más en las estrategias astutas que en los ejércitos. Pensó que, si encontraba a algún profeta o mago que pronunciara el mal contra Israel y bendijera a su propio bando, podría derrotar a un pueblo que parecía demasiado fuerte para él.

Esta idea surgía, en parte, de lo poco que quedaba de religión entre ellos, pues suponía que poderes invisibles gobernaban los asuntos humanos y que las personas debían buscar la ayuda de esos poderes. Pero también surgía de las ruinas de la verdadera religión. Si los moabitas y los madianitas no se hubieran alejado tanto de la fe de Abraham y de Lot, jamás habrían imaginado que podían dañar mediante maldiciones al pueblo de Dios.

Tercero, Balac, rey de Moab, mandó llamar a Balaam hijo de Beor, un adivino muy conocido, para pedirle que maldijera a Israel. Balaam vivía muy lejos, en la misma región general de donde había venido Abraham y donde había vivido Labán. Tal vez había otros adivinos más cerca, pero ninguno tenía la reputación de Balaam. Balac estaba decidido a conseguir la mejor ayuda que pudiera encontrar, aunque tuviera que enviar mensajeros muy lejos.

Balac trató primero de ganarse la amistad de Balaam hablándole como si fuera un consejero de confianza. Le explicó lo peligrosa que parecía Israel por su gran número y por la ubicación de su campamento: cubrían toda la tierra y estaban acampados frente a él (Números 22:5). Después casi trató a Balaam como si fuera un dios, atribuyéndoles a sus palabras un poder que no tenían. Dijo que a quien Balaam bendijera le iría bien y que a quien maldijera le iría mal (Números 22:6).

El obispo Patrick y muchos escritores judíos pensaban que Balaam quizá había sido alguna vez un verdadero profeta, y que la gente había llegado a confiar en él porque sus predicciones y oraciones parecían cumplirse. Pero, a medida que crecieron en él el orgullo y la avaricia, Dios lo abandonó, y entonces recurrió a prácticas malignas para conservar su reputación. En 2 Pedro 2:16 se le llama profeta porque alguna vez lo había sido, o porque había construido su fama mediante prácticas mágicas, como Simón el mago, quien engañó tanto a la gente que lo llamaban «el gran poder de Dios» (Hechos 8:10).

Cuando los verdaderos profetas de Dios pronuncian una maldición en el nombre del Señor, esta puede tener gran efecto, como ocurrió con la maldición de Noé (Génesis 9:25) y con la de Eliseo (2 Reyes 2:24). Pero una maldición injustificada no alcanzará a su objetivo (Proverbios 26:2), así como no tuvo éxito la maldición de Goliat contra David, aunque Goliat invocó a sus dioses (1 Samuel 17:43). Debemos desear las oraciones de los ministros y del pueblo de Dios a nuestro favor, y temer tenerlos en nuestra contra, porque Dios toma en serio sus bendiciones y sus maldiciones.

Sin embargo, los halagos de Balac no bastaron por sí solos para convencer a Balaam. El verdadero atractivo vino después: le llevaron en las manos el pago por la adivinación, la recompensa de hacer el mal, algo que Balaam amaba (2 Pedro 2:15).

Cuarto, Dios detuvo a Balaam y le prohibió maldecir a Israel. Balaam probablemente conocía la historia y el carácter de Israel, y debía saber que Dios estaba verdaderamente con ellos. Debió haber despedido de inmediato a los mensajeros y decirles que jamás maldeciría a un pueblo al que Dios había bendecido. En vez de eso, los hospedó durante la noche, lo que le dio tiempo para pensar y recibir instrucciones de Dios (Números 22:8). Cuando nos detenemos a negociar con la tentación, nos ponemos en peligro de ser vencidos por ella.

Esa noche Dios se presentó ante Balaam, probablemente en un sueño, y le preguntó qué querían de él aquellos hombres. Dios ya lo sabía, pero quería que Balaam lo dijera. Balaam explicó la petición de ellos (Números 22:9-11), y entonces Dios le dijo que no fuera con ellos ni maldijera a aquel pueblo bendecido (Números 22:12). A veces Dios habló así a hombres malvados para proteger a su pueblo, como lo hizo con Abimelec (Génesis 20:3) y con Labán (Génesis 31:24). Incluso leemos acerca de algunos que hicieron el mal y, aun así, profetizaron y realizaron milagros en el nombre de Cristo.

A Balaam no solo se le dijo que no fuera con Balac, sino también que ni siquiera intentara maldecir a ese pueblo desde lejos, algo que quizá habría tratado de hacer. La razón era clara: ellos eran bendecidos. Esto formaba parte de la bendición dada a Abraham: «Maldeciré a quienes te maldigan» (Génesis 12:3). Por lo tanto, cualquier intento de maldecir a Israel no solo habría sido inútil, sino también peligroso.

Israel había provocado muchas veces a Dios en el desierto, pero él no permitió que sus enemigos lo maldijeran. Dios no les pagó conforme a sus pecados. La bendición pertenece a quienes tienen sus pecados cubiertos, como dice Pablo en Romanos 4:6-7.

Entonces los mensajeros regresaron sin Balaam. Balaam no fue completamente honesto cuando les comunicó la respuesta de Dios, como vemos en Números 22:13. Solo dijo: «El Señor no me permite ir con ustedes». No les dijo, como debió hacerlo, que Israel era un pueblo bendecido y que no debía ser maldecido de ninguna manera. Si lo hubiera dicho, todo el plan se habría derrumbado y la tentación no habría vuelto a presentarse.

En cambio, prácticamente le envió sus saludos a Balac y le hizo saber que aprobaba el plan y que le habría gustado ayudar, si tan solo se lo hubieran permitido. Expresó el asunto con las palabras que más lo protegían, diciendo que tenía la posición de un profeta y que no podía ir sin el permiso de Dios, un permiso que todavía no había recibido. Así que, por el momento, tuvo que negarse.

Esto muestra un grave peligro. Las personas se convierten en un blanco fácil para la tentación de Satanás cuando hablan a la ligera de los mandamientos de Dios, como si obedecer fuera solamente cuestión de pedir permiso. Ir en contra de la ley de Dios no es simplemente actuar sin autorización; es rebelión.

Los mensajeros tampoco fueron honestos cuando informaron a Balac. Lo único que dijeron fue: «Balaam se niega a venir con nosotros» (Números 22:14). Eso daba la impresión de que Balaam simplemente quería una oferta mejor o mayores honores. No querían que Balac supiera que Dios mismo había rechazado el plan.

De esta manera, los grandes gobernantes suelen ser engañados por los halagos de quienes los rodean. Sus consejeros hacen todo lo posible para impedir que reconozcan sus propios defectos y decisiones insensatas.

IA cristiana que tiene en cuenta tu denominación

Aplica Números 22:1 a tu vida hoy

Recibe orientación basada en las Escrituras, consciente de tu denominación y personalizada para tu situación.

1 Haz tu pregunta arrow_forward 2 Considera tu tradición arrow_forward 3 Aplica las Escrituras

✓ No necesitas tarjeta de crédito • ✓ 100 % privado • ✓ Obtén 30 créditos gratis para comenzar

Cómo puede ayudarte tu IA cristiana

Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana

menu_book

Estudio bíblico

psychology

Orientación para la vida

favorite

Apoyo en la oración

lightbulb

Sabiduría diaria

forum Pregúntale a tu IA cristiana — Gratis

Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes

De este capítulo

auto_awesome

Oración diaria

Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria

Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.

Gratis. Cancela tu suscripción cuando quieras. Nunca compartimos tu correo electrónico.

Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.

Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.