Versículo destacado
Job 5:17 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Mira, dichoso es el hombre a quien Dios corrige; por tanto, no desprecies la disciplina del Todopoderoso. "
Job 5:17
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
15 Pero él salva al pobre de la espada, de la boca de ellos y de la mano del poderoso.
16 Así el pobre tiene esperanza, y la iniquidad cierra su boca.
17 Mira, dichoso es el hombre a quien Dios corrige; por tanto, no desprecies la disciplina del Todopoderoso.
18 Porque él causa dolor y venda la herida; él hiere, y sus manos sanan.
19 Él te librará en seis angustias; sí, en siete ningún mal te tocará.
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Elifaz, en la última parte de su discurso, le presenta a Job una perspectiva esperanzadora de lo que podría resultar de su sufrimiento, si tan solo cambiara de actitud y se sometiera a él. En efecto, le dice que no trate con desprecio la disciplina de Dios. La llama la disciplina del Todopoderoso, el Dios plenamente suficiente, aquel a quien es insensato resistir y sabio confiar.
«No desprecies» es una expresión fuerte en el original. Primero significa que no debemos retroceder ante el sufrimiento como si fuera insoportable. La gracia debe vencer la aversión natural que todos sentimos hacia el dolor, y debemos aceptar la voluntad de Dios en medio de él. Necesitamos disciplina y la merecemos; por eso no deberíamos sorprendernos ni amargarnos cuando duele.
Segundo, no debemos pensar mal de la disciplina ni desecharla como inútil o perjudicial solo porque por el momento sea dolorosa. Nunca debemos considerar indigno someternos a la instrucción de Dios. En realidad, Dios honra a una persona cuando la visita y la pone a prueba (Job 7:17-18).
Tercero, no debemos ignorarla como si fuera solo un accidente o la obra de causas que están fuera de la atención de Dios. Debemos recibirla como la voz de Dios y un mensaje del cielo. Reverencia la disciplina del Señor, préstale seria atención y tiembla cuando ruge el león (Amós 3:8). Si nos sometemos a la corrección y aprendemos lo que Dios quiere enseñarnos por medio de ella, entonces verdaderamente la honramos. Cuando Dios usa las dificultades para reclamar lo que nos ha confiado, honramos su derecho al recibirlas y devolverle lo que le pertenece.
Después, Elifaz añade palabras de consuelo. Si Job soportara su aflicción de esta manera, cambiaría la naturaleza de su sufrimiento. Seguiría pareciendo miseria, pero en realidad sería una bendición. «Dichoso es el hombre a quien Dios corrige», si aprovecha bien esa corrección. La persona piadosa es dichosa aun en el sufrimiento, porque no ha perdido el favor de Dios ni la esperanza del cielo. De hecho, el sufrimiento puede hacerla dichosa porque demuestra que es hija de Dios y contribuye a hacerla santa. Debilita los hábitos pecaminosos, desprende el corazón del mundo, acerca a la persona a Dios y la impulsa a acudir a la Biblia y a la oración. De ese modo, produce para ella «un eterno peso de gloria» mucho mayor que el dolor que siente ahora. Por eso es dichoso aquel a quien Dios corrige (Santiago 1:12).
Elifaz también dice que el resultado será bueno. Aunque Dios haga que el cuerpo se cubra de llagas y que la mente se abrume de tristeza, también venda las heridas que ha causado. Así como un cirujano hábil y bondadoso cubre las incisiones que tuvo que hacer, Dios consuela a su pueblo por medio de su Espíritu. Muchas veces sus consuelos son mayores cuando las aflicciones son más intensas, y compensan con creces esos sufrimientos. Esto brinda un profundo consuelo a quienes padecen.
Aunque Dios hiere, también sana a su debido tiempo. Sostiene a su pueblo y lo ayuda a soportar sus dificultades, y en el momento adecuado lo saca de ellas. Entonces todo vuelve a estar bien, y Dios lo consuela conforme al tiempo en que lo afligió. Su manera habitual de obrar es herir primero y sanar después, humillar primero y levantar después. Como dijo un escritor, nunca causa una herida tan profunda que él mismo no pueda curarla. La misma mano que causa la herida aplica la medicina. Dios puede despedazar a los malvados y dejarlos abandonados a su suerte, pero los humildes y arrepentidos pueden decir: «Él nos ha herido, pero nos sanará» (Oseas 5:14; 6:1).
Esta es una verdad general, pero luego Elifaz se dirige directamente a Job y enumera promesas preciosas. Dice que, si Job se humillara bajo la mano de Dios, Dios haría muchas cosas buenas por él. Aunque ellos no tenían la Biblia como nosotros, Elifaz todavía contaba con suficiente luz de la revelación anterior de Dios para hablar de estas promesas. Y aunque los amigos de Job no siempre fueron guiados correctamente en todo lo que dijeron, las verdades generales que expresaron correspondían a la fe de aquella época temprana. Puesto que la Escritura misma cita como verdadera una parte de este discurso (Job 5:13), y puesto que el mandato de Job 5:17 ciertamente también es obligatorio para nosotros, podemos recibir estas promesas como promesas del propio Dios. Podemos encontrar esperanza en esta parte de la Escritura por medio de la paciencia y el consuelo.
Elifaz promete que la ayuda de Dios se repetirá cada vez que regresen las dificultades: «En seis dificultades te librará; aun en la séptima no te tocará el mal» (Job 5:19). Esto significa que debemos esperar una sucesión de pruebas mientras vivamos. Las nubes regresan después de la lluvia, y después de una dificultad puede venir otra. Pero Dios llevará a su pueblo a través de todas ellas (2 Timoteo 3:11; Salmo 34:19). Las liberaciones del pasado no son razones para esperar que ya no habrá más dificultades, pero sí son garantías de que vendrá más ayuda (Proverbios 19:19).
También dice que, cualesquiera que sean las dificultades que vengan, no causarán un daño verdadero a los justos. Ningún mal los tocará realmente. La amargura será quitada de ellas y, aunque las dificultades amenacen, no podrán destruirlos (Salmo 91:10). El maligno no se apodera de los hijos de Dios (1 Juan 5:18). Puesto que Dios los guarda del pecado, también los guarda del mal más profundo en cada prueba.
Luego Elifaz dice que, cuando haya un juicio generalizado, el pueblo de Dios tendrá una protección especial. Si llega el hambre, Dios lo mantendrá con vida. «En tiempos de hambre te librará de la muerte», es decir, será preservado cuando otros perezcan (Salmo 33:19). «Tendrás alimento»; incluso en medio del hambre quedará satisfecho (Salmo 37:3, 19). En tiempos de guerra, cuando muchos caigan a su alrededor, Dios lo librará de la espada.
Si Dios está complacido contigo, nada podrá tocarte. O, si te hiere, incluso si te causa la muerte, en realidad no podrá hacerte daño. Solo puede matar el cuerpo, y ni siquiera tiene poder para hacerlo a menos que se le permita desde lo alto.
Lo que se diga maliciosamente contra el pueblo de Dios tampoco le causará un daño verdadero (Job 5:21). No solo será protegido de la espada de la guerra, sino también escondido del azote de la lengua, que duele como un látigo aunque no mate. Las personas más buenas e inocentes no pueden mantenerse a salvo de la calumnia, los insultos y las acusaciones falsas, aun cuando no hayan hecho nada malo. Nadie puede esconderse de estas cosas, pero Dios puede esconder a una persona tan bien que ni las mentiras más crueles perturben su paz ni permitan que otros manchen su buen nombre. Dios también refrena el resto de la ira humana, pues detiene a las personas malvadas por medio de su conciencia. Por eso, el azote de la lengua no destruye todos los consuelos de las personas buenas en este mundo.
También tendrán una paz y una calma santas en su mente, provenientes de la esperanza y la confianza en Dios, aun en los peores momentos. Cuando el peligro parezca más amenazante, permanecerán tranquilos, convencidos de que están a salvo. No temerán la destrucción, aun cuando la vean acercarse (Job 5:21). No temerán a las fieras del campo ni a las personas crueles que actúan como fieras. Incluso en medio de la destrucción y el hambre se reirán (Job 5:22), no porque desprecien la disciplina de Dios o tomen a la ligera sus juicios, sino porque triunfan en el poder y la bondad de Dios. De ese modo se elevan por encima del mundo y de todas sus dificultades, y pueden alegrarse aun en el sufrimiento. El apóstol Pablo se rio de la destrucción en este sentido cuando preguntó: «Muerte, ¿dónde está tu aguijón?». Habló en nombre de todos los creyentes cuando declaró que nada en esta vida presente puede separarnos del amor de Dios y que, en todas estas cosas, somos más que vencedores (Romanos 8:35 y siguientes). Véase también Isaías 37:22.
Cuando estén en paz con Dios, también habrá amistad entre ellos y toda la creación (Job 5:23). Al caminar por su tierra, no tendrán que temer tropezar, porque estarán en paz con las piedras del campo. Las piedras no herirán sus pies, ni correrán peligro a causa de los animales del campo, porque ellos también estarán en paz con ustedes. Compárese con Oseas 2:18, donde Dios dice que hará un pacto para su pueblo con las fieras del campo. Esto sugiere que, mientras las personas están en guerra con su Creador, incluso las criaturas inferiores están, en cierto sentido, en guerra contra ellas. Pero un Dios reconciliado trae armonía a todo. Nuestro pacto con Dios trae un pacto de paz con toda la creación, de modo que las criaturas no nos harán daño y estarán dispuestas a servirnos para bien.
Sus hogares y sus familias también disfrutarán de bienestar (Job 5:24). La paz y la piedad en el hogar producen ese ambiente. Sabrás y tendrás la certeza de que tu tienda está en paz, y podrás confiar tanto en su seguridad presente como en su bienestar futuro. La paz es, en cierto sentido, tu morada: la casa donde viven quienes viven en Dios y se sienten en casa con él. Visitarás tu hogar, es decir, revisarás sus asuntos, y no pecarás.
Dios dará a su pueblo un lugar estable, quizá pequeño y móvil como una cabaña o una tienda, pero aun así fijo y tranquilo. No pecarán ni andarán errantes; es decir, según algunos entienden, no serán fugitivos y vagabundos como Caín bajo su maldición. Habitarán en la tierra y, con seguridad, no con la vida incierta de los vagabundos, serán sustentados. Sus familias estarán bajo el cuidado especial de la providencia de Dios y prosperarán en la medida en que eso sea bueno para ellas. También tendrán la seguridad de la paz y de su permanencia de una generación a otra. Para su profundo consuelo, sabrán que la paz está asegurada para ellos y para sus hijos, porque cuentan con la palabra de Dios. La providencia puede cambiar, pero la promesa no puede cambiar.
También tendrán sabiduría para administrar bien a sus familias, ordenar sus asuntos con prudencia y cuidar la vida de su hogar; a esto se le llama aquí visitar su morada. Los responsables de una familia no deben ser extraños en su propia casa, sino prestar cuidadosa atención a lo que tienen y a lo que hacen sus siervos. Tendrán además la gracia para tratar los asuntos familiares de una manera piadosa y no pecar al hacerlo. Pedirán cuentas a sus siervos sin enojo, orgullo, avaricia ni amor al mundo. Examinarán sus asuntos sin descontento por lo que poseen ni desconfianza acerca de lo que vendrá. La piedad familiar corona la paz y la prosperidad del hogar. La mayor bendición tanto en nuestro trabajo como en nuestro disfrute es que Dios nos guarde del pecado mientras los tenemos.
Cuando estamos lejos, es reconfortante saber que nuestra tienda está en paz. Cuando volvemos a casa, es reconfortante visitar nuestro hogar con alegría por el éxito alcanzado, sabiendo que no hemos fallado en nuestros deberes y que nuestra conciencia está limpia delante de Dios.
Sus descendientes también serán numerosos y prosperarán. Job había perdido a todos sus hijos, pero Elifaz dice que, si Job vuelve a Dios, Dios reconstruirá otra vez su familia. Su descendencia será tan numerosa como antes, crecerá y prosperará como la hierba de la tierra (Job 5:25), y Job lo verá. Dios tiene preparadas bendiciones para los hijos de los fieles, y ellos las recibirán si no se arruinan por su propia necedad. Para los padres es un consuelo ver prosperar a sus hijos, especialmente en lo espiritual. Si son verdaderamente buenos, son verdaderamente grandes, aunque el mundo piense poco de ellos.
Su muerte también llegará en el momento oportuno, y al final terminarán su camino con alegría y honra (Job 5:26). Es una gran misericordia vivir hasta una edad avanzada y no ver interrumpido a la mitad el número de nuestros días. Si la providencia de Dios no nos concede una vida larga, aun así, si su gracia nos enseña a estar conformes con el tiempo que nos ha dado, puede decirse que hemos llegado a una edad plena. La persona que ha terminado su trabajo y está preparada para entrar en el otro mundo ha vivido lo suficiente.
También es una misericordia estar dispuestos a morir, acercarnos al sepulcro de buena gana en vez de ser llevados a él por la fuerza, como aquel cuya vida le fue reclamada de repente. Y es una misericordia morir en el momento adecuado, como el grano que se corta y se recoge cuando está completamente maduro: no antes, pero tampoco se deja en pie después de estar listo, para que no se eche a perder. Nuestros tiempos están en las manos de Dios, y eso es bueno, porque él se encargará de que quienes le pertenecen mueran en el mejor momento. Aunque nuestra muerte nos parezca prematura, demostrará no haber llegado fuera de tiempo.
En el último versículo, Elifaz presenta estas promesas a Job como palabras dignas de confianza, en las que puede apoyarse por completo: las han examinado y han comprobado que son verdaderas.
En efecto, recibieron estas verdades de sus antepasados, pero no las aceptaron simplemente por confianza en ellos. Las examinaron con cuidado, compararon las cosas espirituales con las espirituales, las estudiaron detenidamente y su propia observación y experiencia confirmaron su fe. Por eso todos están de acuerdo en que son verdaderas.
La verdad es un tesoro por el que vale la pena excavar y buscar profundamente. Solo entonces sabremos cómo valorarla nosotros mismos y cómo transmitirla a otros después de habernos esforzado por encontrarla. Escúchala y conócela para tu propio bien. No basta con oír la verdad y entenderla. También debemos ponerla en práctica, crecer en sabiduría y bondad por medio de ella, sentir su efecto en nosotros y someternos a su dirección.
Conócela personalmente; es decir, aplícala a tu propia situación. No digas únicamente: «Esto es verdad», sino también: «Esto es verdad acerca de mí». Lo que oímos y conocemos de esta manera personal llega a ser para nuestro bien, así como el alimento solo nos nutre cuando lo digerimos. Un sermón es verdaderamente bueno para nosotros cuando produce el bien en nuestra vida.
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De este capítulo
Job 5:1
"Llama ahora, por si hay alguien que te responda; ¿a cuál de los santos te volverás?"
Job 5:2
"Porque la ira mata al necio, y la envidia acaba con el simple."
Job 5:3
"He visto al necio echar raíces, pero de repente maldije su morada."
Job 5:4
"Sus hijos están lejos de la seguridad; son aplastados en la puerta, y no hay quien los libre."
Job 5:5
"El hambriento se come su cosecha y la saca aun de entre los espinos, y el ladrón devora sus bienes."
Job 5:6
"Aunque la aflicción no sale del polvo ni la angustia brota de la tierra,"
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