Versículo destacado

Job 5:6 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" Aunque la aflicción no sale del polvo ni la angustia brota de la tierra, "

Job 5:6

menu_book El versículo en contexto

4 Sus hijos están lejos de la seguridad; son aplastados en la puerta, y no hay quien los libre.

5 El hambriento se come su cosecha y la saca aun de entre los espinos, y el ladrón devora sus bienes.

6 Aunque la aflicción no sale del polvo ni la angustia brota de la tierra,

7 el hombre nace para la angustia, así como las chispas vuelan hacia arriba.

8 Yo buscaría a Dios, y a Dios encomendaría mi causa,

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Elifaz había tocado a Job en un punto muy doloroso. Había dicho que la pérdida de sus bienes y la muerte de sus hijos eran un castigo justo por el pecado de Job. Pero ahora, para no llevarlo a la desesperación, comienza a animarlo y a mostrarle un camino hacia la paz. Su tono cambia mucho y habla con más bondad, como si quisiera compensar las palabras duras que le había dirigido antes (Gálatas 4:20).

Primero, le recuerda a Job que ninguna aflicción sucede por accidente y que no debemos atribuirla a causas inferiores. No sale del polvo ni brota de la tierra como la hierba (Job 5:6). No llega por casualidad ni en temporadas fijas, como sucede con las cosas naturales mediante una cadena de causas secundarias. La providencia, es decir, el gobierno sabio de Dios sobre el mundo, no siempre mantiene un equilibrio exacto entre la tranquilidad y la aflicción, como entre el día y la noche o el verano y el invierno. Más bien, todo sucede conforme a la voluntad y al propósito de Dios, en el momento y de la manera que él considera mejores.

Algunos interpretan este versículo como una afirmación de que el pecado no sale del polvo ni la maldad brota de la tierra. Si las personas son malas, no deben culpar al suelo, al clima ni a las estrellas, sino a sí mismas. Si desprecias a los demás, tú solo cargarás con las consecuencias. No debemos culpar al destino por nuestros pecados, porque proceden de nosotros, ni culpar a la suerte por nuestras aflicciones, porque vienen de Dios. Por eso, cada sufrimiento debe llevarnos a tener paciencia, y cada pecado debe llevarnos al arrepentimiento cuando sufrimos.

Segundo, le recuerda a Job que, en este mundo, todos deben esperar aflicciones. El ser humano nace para la aflicción (Job 5:7), no como era en su bondad original, sino como ser humano pecador, nacido de mujer (Job 14:1), que cayó en la transgresión. Nacemos en pecado y, por eso, nacemos para la aflicción. Incluso quienes nacen rodeados de honor y riquezas deben enfrentar aflicciones en esta vida. Como nuestra naturaleza está caída, el pecado se vuelve natural para nosotros, y la aflicción es su resultado natural (Romanos 5:12).

No hay nada en este mundo que podamos llamar verdaderamente nuestro, excepto el pecado y la aflicción. Ambos son como las chispas que vuelan hacia arriba. Nuestros pecados concretos son como chispas que salen del fuego de nuestra corrupción original. Puesto que somos llamados transgresores desde el vientre, no sorprende que actuemos con engaño (Isaías 48:8). Nuestros cuerpos son débiles y todas nuestras comodidades se desvanecen; por eso, nuestras aflicciones surgen de manera natural y frecuente, una tras otra. ¿Por qué habríamos de sorprendernos del sufrimiento como si fuera algo extraño, o quejarnos como si fuera injusto, cuando forma parte de nuestra condición? El ser humano nace para el trabajo, como lo indica la nota marginal. Ha sido condenado a ganarse el pan con el sudor de su rostro, y esto debería enseñarle a soportar las dificultades con más paciencia.

Tercero, Elifaz le dice a Job cómo debe responder al sufrimiento (Job 5:8). «Yo buscaría a Dios», dice; y en el original, «Ciertamente, yo buscaría a Dios». Aquí hay una reprensión discreta, porque Job había estado discutiendo con Dios en lugar de acudir a él. Elifaz quiere decir: «Job, si yo estuviera en tu lugar, no estaría tan alterado ni enojado. Aceptaría la voluntad de Dios». Es fácil decir lo que haríamos ante el sufrimiento de otra persona, pero las pruebas reales muestran lo difícil que puede ser.

Aun así, este es también un consejo bueno y oportuno, que Elifaz presenta como su propio plan. Lo mejor que podemos hacer en medio de la aflicción es acudir a Dios. No debemos darles a nuestros amigos un consejo que nosotros mismos no seguiríamos si estuviéramos en su lugar. De esa manera, podemos mantenernos firmes en la aflicción, recibir ayuda por medio de ella y ver un buen resultado.

Debemos buscar en Dios misericordia y gracia mediante la oración. Debemos acudir a él como Padre y amigo, aun cuando nos discipline, porque solo él puede sostenernos y ayudarnos. Cuando perdemos todo lo que tenemos en el mundo, todavía debemos buscar su favor, porque él es la fuente y el Padre de todo bien y todo consuelo. ¿Está sufriendo alguien? Que ore. La oración trae alivio al corazón y sana toda herida.

También debemos entregarnos a él y poner nuestra causa en sus manos con paciencia. Una vez que le hemos presentado nuestro caso, debemos dejarlo en sus manos. Una vez que lo hemos puesto a sus pies, debemos confiarlo a su cuidado. «Aquí estoy; que el Señor haga conmigo lo que bien le parezca». Si nuestra causa es verdaderamente justa, no debemos temer dejarla en las manos de Dios, porque él es justo y bondadoso. Quienes desean encontrar ayuda deben encomendarse a él.

Cuarto, Elifaz anima a Job a hacerlo señalando el poder y el gobierno de Dios. Dios hace cosas grandes (Job 5:9), verdaderamente grandes, porque puede hacer cualquier cosa y todo lo realiza conforme a su propia voluntad. Sus obras son grandes de tres maneras. Están más allá de nuestra comprensión completa, porque nadie puede seguirlas de principio a fin (Eclesiastés 3:11). Las obras de la naturaleza son misteriosas, y ni siquiera el estudio más cuidadoso puede descubrirlas por completo. Las obras de la providencia son aún más profundas y difíciles de explicar (Romanos 11:33).

Sus obras también son innumerables. Él hace cosas grandes e inescrutables, sin número. Su poder nunca se agota, y ninguno de sus propósitos llegará a su fin sino hasta el final de los tiempos. Además, sus obras son maravillosas, tan extraordinarias que nunca podremos admirarlas lo suficiente. Ni siquiera la eternidad sería demasiado larga para pasarla alabándolas.

Elifaz usa esta verdad con dos propósitos. Quiere mostrarle a Job su error y su insensatez al discutir con Dios. No debemos intentar juzgar las obras de Dios, porque son demasiado profundas para que las investiguemos por completo. Tampoco debemos luchar contra nuestro Creador, porque sin duda será demasiado fuerte para nosotros y puede derribarnos en un instante. Pero también quiere animar a Job a buscar a Dios y a poner su causa en sus manos. ¿Qué podría ser más consolador que saber que el poder pertenece a Dios? Él puede hacer cosas grandes y maravillosas para aliviarnos, aun cuando hayamos sido humillados hasta lo más bajo.

Finalmente, Elifaz presenta un ejemplo del poder y el gobierno de Dios. Dios hace cosas grandes en el mundo natural: da lluvia a la tierra (Job 5:10). Aquí la lluvia representa todos los dones de la providencia común de Dios, todas las estaciones fructíferas que llenan nuestro corazón de alimento y alegría (Hechos 14:17). Cuando Elifaz quiere mostrar las grandes obras de Dios, habla de la lluvia. La lluvia parece algo común, así que muchas veces sentimos la tentación de darle poca importancia. Pero si pensamos con cuidado en cómo llega y en lo que produce, veremos que es una gran obra de poder y bondad.

Dios también hace cosas grandes en los asuntos humanos. No solo enriquece a los pobres y consuela a los necesitados mediante la lluvia que envía (Job 5:10), sino que también levanta a los humildes al frustrar los planes de los astutos. Job 5:11 debe leerse junto con Job 5:12. Compárese con Lucas 1:51-53. Él dispersa a los orgullosos en los pensamientos de su corazón, y así levanta a los de condición humilde y los colma de bienes.

Observa cómo frustra los planes de los orgullosos y astutos (Job 5:12-14). Hay un poder superior que gobierna sobre las personas que creen ser libres y tener el control absoluto; ese poder lleva a cabo sus propios propósitos aun cuando ellas hacen sus propios planes. Los obstinados, que se oponen a Dios y al bien de su reino, suelen ser muy ingeniosos. Proceden de la antigua serpiente, Satanás, conocido por su astucia. Creen ser sabios, pero al final demostrarán que son necios.

Los enemigos de Dios hacen sus propios planes, estrategias y conspiraciones secretas contra él y contra su pueblo fiel. Son incansables en sus proyectos, cuidadosos en sus reuniones, confiados en sus esperanzas, profundos en sus intrigas y estrechamente unidos por sus alianzas (Salmo 2:1-2). Sin embargo, Dios puede destruir fácilmente todos los planes de sus enemigos y de los enemigos de su pueblo, y ciertamente lo hará para su gloria. Piensa en cómo quedaron en nada las conspiraciones de Ahitofel, Sanbalat y Amán. Piensa también en cómo se quebraron las alianzas de Siria y Efraín contra Judá, de Gebal, Amón y Amalec contra el pueblo de Dios, y de los reyes y príncipes contra el Señor y su ungido. Las manos extendidas contra Dios y su iglesia no tuvieron éxito, y las armas formadas contra Sion no prosperaron.

Lo que los enemigos destinan a la ruina de la iglesia a menudo se convierte en su propia ruina (Job 5:13). Él atrapa a los sabios en su propia astucia y los enreda en la obra de sus propias manos (Salmo 7:15-16; Salmo 9:15-16). El apóstol cita esto en 1 Corintios 3:19 para mostrar cómo los hombres cultos de las naciones fueron hechos necios por su filosofía vacía. Cuando Dios confunde a las personas, se pierden incluso en las cosas que parecen más claras y sencillas (Job 5:14). Encuentran oscuridad aun en pleno día. O, como indica la nota marginal, se precipitan hacia la oscuridad por la fuerza y la rapidez de sus propios planes. Véanse también Job 12:20 y Job 12:24-25.

Por otro lado, Dios defiende la causa de los pobres y humildes y sale en su defensa. Él levanta a los humildes (Job 5:11). A aquellos a quienes los orgullosos intentan aplastar, los levanta de debajo de sus pies y los pone a salvo (Salmo 12:5). Él sostiene a los de corazón humilde y a quienes están de luto, los consuela y hace que habiten en las alturas, en los lugares fuertes de las rocas (Isaías 33:16). Los que lloran en Sion son señalados y apartados para estar a salvo (Ezequiel 9:4).

También libra a los oprimidos (Job 5:15). Los astutos buscan arruinar a los pobres; su lengua, su mano y su espada trabajan con ese propósito. Pero Dios pone bajo su protección especial a quienes son pobres, no pueden defenderse por sí mismos, le pertenecen y se han encomendado a él para darle gloria. Los salva de la boca que habla con dureza contra ellos y de la mano que actúa con violencia contra ellos, porque puede, cuando quiere, silenciar la lengua y debilitar la mano.

Esto produce dos resultados (Job 5:16). Los creyentes débiles y temerosos reciben consuelo, porque los pobres que habían comenzado a desesperarse ahora tienen esperanza. La experiencia de unos anima a otros a esperar lo mejor aun en los peores tiempos, porque Dios se glorifica al ayudar a los indefensos y dar esperanza a quienes no tienen esperanza. Al mismo tiempo, los pecadores insolentes y amenazantes quedan avergonzados. La maldad se queda sin palabras, sorprendida por la manera extraordinaria en que Dios ha librado a su pueblo, avergonzada de su odio contra quienes parecen contar con el favor del cielo, quebrantada por la decepción y obligada a reconocer que los caminos de Dios son justos. Aquellos que antes gobernaban sobre los pobres de Dios, los atemorizaban, los amenazaban y los acusaban falsamente, no tendrán nada que decir cuando Dios intervenga a favor de ellos. Véanse Salmo 76:8-9; Isaías 26:11; Miqueas 7:16.

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