Versículo destacado
Job 42:10 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Y el SEÑOR hizo volver la cautividad de Job cuando este oró por sus amigos; además, el SEÑOR dio a Job el doble de lo que antes tenía. "
Job 42:10
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
8 Por tanto, tomen ahora siete toros y siete carneros, vayan a mi siervo Job y ofrezcan por ustedes mismos un holocausto. Mi siervo Job orará por ustedes, porque a él aceptaré, para no tratarlos conforme a la insensatez de ustedes, pues no han hablado de mí lo que es correcto, como mi siervo Job.
9 Entonces Elifaz el temanita, Bildad el suhita y Zofar el naamatita fueron e hicieron conforme a lo que el SEÑOR les había mandado; y el SEÑOR también aceptó a Job.
10 Y el SEÑOR hizo volver la cautividad de Job cuando este oró por sus amigos; además, el SEÑOR dio a Job el doble de lo que antes tenía.
11 Entonces fueron a él todos sus hermanos, todas sus hermanas y todos los que antes lo habían conocido, y comieron pan con él en su casa. Se lamentaron por él y lo consolaron por todo el mal que el SEÑOR había traído sobre él. Además, cada hombre le dio una moneda, y cada uno, un pendiente de oro.
12 Así el SEÑOR bendijo los últimos días de Job más que sus primeros días, pues llegó a tener catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas.
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Has oído hablar de la paciencia de Job, dice el apóstol (Santiago 5:11), y has visto el fin que el Señor le concedió. Al comienzo de este libro vimos la paciencia de Job en medio del sufrimiento como un ejemplo para nosotros. Aquí, al final, vemos el feliz resultado de su aflicción y la buena condición a la que fue restaurado. Esto nos anima a considerar dichosos a quienes perseveran.
La gran prosperidad de Job después de su sufrimiento también puede señalar hacia la esperanza cristiana. Puede servir como una imagen de la gloria y el gozo del cielo, para los cuales nos están preparando las dificultades de esta vida presente. Ese gozo futuro será mucho mayor que todo el consuelo que conocemos ahora, así como las riquezas posteriores de Job fueron mayores que las que tenía antes, aunque él había sido el hombre más importante de todo el oriente. El que persevera en la prueba y es aprobado recibirá la corona de la vida (Santiago 1:12), y Job, después de ser probado, recibió riquezas, honra y consuelo.
Dios volvió a tratar a Job con misericordia. Sus pensamientos hacia Job eran pensamientos de paz y no de calamidad, para darle un futuro lleno de esperanza, e incluso más de lo que esperaba (Jeremías 29:11). Los problemas de Job comenzaron por la malicia de Satanás, aunque Dios lo mantuvo bajo control. La restauración de Job comenzó por la misericordia de Dios, y Satanás no pudo impedirla. El dolor más profundo de Job había sido sentir que Dios estaba en su contra. Ahora Dios se manifestó claramente a su favor, cuidándolo para edificarlo y plantarlo, tal como Job había sentido —al menos en medio de su dolor— que Dios lo había vigilado para derribarlo y arrancarlo (Jeremías 31:28). Ese cambio lo transformó todo de inmediato. Ahora todo parecía agradable y lleno de esperanza, así como antes le había parecido oscuro y aterrador.
Dios hizo volver la cautividad de Job; es decir, quitó sus problemas y eliminó las causas de sus quejas. Rompió la cadena con la que Satanás lo había atado durante tanto tiempo y lo libró de aquellas manos crueles a las que había sido entregado. Podemos suponer que el dolor y la enfermedad de su cuerpo fueron sanados de manera tan completa y repentina que la recuperación fue casi milagrosa. Su piel llegó a ser más fresca que la de un niño, y volvió a los días de su juventud. Además, su mente recuperó la calma y la estabilidad. Su angustia desapareció, sus pensamientos aterradores se desvanecieron y los consuelos de Dios llegaron a ser tan bienvenidos para su alma como antes le habían resultado insoportables los terrores de Dios.
Este cambio ocurrió mientras Job oraba por sus amigos y ofrecía sacrificios por ellos. La misericordia no volvió cuando discutía con sus amigos, aunque Job tenía razón en muchas de sus respuestas, sino cuando oró por ellos. Dios se complace más en una oración ferviente que en una discusión acalorada. Cuando Job terminó su arrepentimiento perdonando a quienes lo habían ofendido, entonces Dios completó su perdón haciendo volver la cautividad de Job.
Podemos aprender que realmente estamos cumpliendo nuestro deber cuando oramos por nuestros amigos, si oramos de la manera correcta. Esas oraciones contienen no solo fe, sino también amor. Cristo nos enseñó a orar con otros y por otros cuando nos enseñó a decir: «Padre nuestro». Al buscar misericordia para los demás, también podemos encontrar misericordia para nosotros mismos. Nuestro Señor Jesús es honrado y reina allí donde vive para siempre intercediendo.
Algunos entienden que hacer volver la cautividad de Job significa que los sabeos y los caldeos, los saqueadores que le habían robado el ganado, fueron movidos por Dios a devolver lo que habían tomado, y que Job comenzó de nuevo su vida a partir de ese momento. Bien puede ser así. Aquellos ladrones se habían tragado sus riquezas, pero fueron obligados a devolverlas. Aun así, entiendo esta expresión de manera más general: se refiere al cambio completo que Dios produjo ahora en la condición de Job.
El Señor también le dio a Job el doble de lo que tenía antes. Es probable que Dios le hubiera dado primero alguna seguridad, de una u otra manera, de que su propósito bondadoso era llevarlo poco a poco a una prosperidad en la que tendría el doble de lo que había poseído. Esto habría fortalecido su esperanza y animado sus esfuerzos, y mostraría que aquel gran aumento era una señal especial del favor de Dios.
Este aumento al doble de sus posesiones puede entenderse de dos maneras. Primero, compensó sus pérdidas. Job había sufrido para la gloria de Dios, y por eso Dios le devolvió más que suficiente. Dios se encarga de que nadie pierda por servirle. Segundo, recompensó la paciencia y la confianza de Job en Dios, las cuales no abandonó, aunque el pecado todavía obraba en él. Esa clase de perseverancia tiene una gran recompensa (Hebreos 10:35).
Los amigos de Job habían usado con frecuencia este argumento en su contra: si fueras puro y recto, Dios ciertamente intervendría a tu favor (Job 8:6). Como, según ellos, Dios no había intervenido a favor de Job, concluyeron que Job no era recto. Ahora Dios respondió a esa acusación falsa. Aunque su razonamiento era débil, Dios usaría la grandeza restaurada de Job para mostrar la integridad de su siervo. El final de Job sería mucho mejor, y así quedaría claro —ya que ellos insistían en usar esa clase de prueba— que no había sufrido por haber hecho algo malo.
Ahora quedaba claro que Job tenía buenas razones para bendecir a Dios por haberle quitado sus bienes, como lo había hecho antes (Job 1:21), pues Dios le había dado una recompensa tan grande.
Los antiguos conocidos, vecinos y familiares de Job también volvieron a tratarlo con bondad (Job 42:11). Se habían mantenido alejados de él, y esa había sido una de las penas más intensas de su sufrimiento. Job se había quejado amargamente de su indiferencia (Job 19:13 y otros pasajes). Pero ahora fueron a visitarlo mostrando afecto y respeto.
Lo honraron al ir a comer con él como lo habían hecho antes, aunque podemos suponer que llevaron su propia comida, de modo que Job tuviera el reconocimiento de recibirlos sin asumir el gasto. Le mostraron compasión y verdadera preocupación, como deben hacerlo los hermanos. Lloraron con él al hablar de su antigua miseria y lo consolaron al ver que la bondad de Dios volvía a manifestarse en su vida. Lloraron por sus tristezas y se alegraron con sus alegrías. No fueron como los tres amigos de Job, que al principio habían estado tan dispuestos a sentarse con él, pero demostraron ser consoladores inútiles. Es posible que estos vecinos no fueran tan importantes, instruidos ni elocuentes como aquellos hombres, pero fueron mucho mejores para consolar a Job. A veces Dios escoge las cosas débiles e insignificantes del mundo, tanto para poner al descubierto el error como para traer consuelo.
También hicieron una colecta entre ellos para ayudar a reparar sus pérdidas y permitirle comenzar de nuevo. No se limitaron a decirle: «Abrígate y come hasta saciarte», sino que le dieron cosas que realmente podían ayudarlo (Santiago 2:16).
Cada persona le dio una pieza de dinero, algunos más y otros menos, según sus posibilidades. Cada uno también le dio un arete de oro, un adorno común en el oriente, que podía serle tan útil a Job como el dinero. Era una riqueza adicional que ellos podían compartir sin dificultad, y el principio sigue vigente: nuestra abundancia debe suplir la necesidad de nuestro hermano.
¿Por qué los familiares de Job finalmente le mostraron esta bondad? Primero, Dios puso ese deseo en sus corazones, y Dios hace que toda criatura cumpla sus propósitos. Job había confiado en Dios incluso cuando ellos se mantenían alejados de él, y ahora Dios recompensó esa confianza haciendo que volvieran a acercarse. Segundo, algunos quizá se habían apartado porque pensaban que Job era un hipócrita, pero una vez que su integridad quedó demostrada, regresaron a él y renovaron su relación. Cuando Dios fue bondadoso con Job, ellos también estuvieron dispuestos a ser bondadosos (Salmos 119:74, Salmos 119:79).
Es posible que otros se hubieran mantenido alejados porque Job era pobre, estaba cubierto de heridas y resultaba doloroso de ver. Pero cuando comenzó a recuperarse, estuvieron dispuestos a relacionarse con él nuevamente. Hay amigos como las golondrinas, que desaparecen durante el invierno y pueden regresar en la primavera, aunque esa amistad vale muy poco. Tal vez el reproche de Dios contra Elifaz y los otros dos por su falta de bondad también impulsó al resto de los amigos de Job a hacer lo correcto. Debemos recibir las reprensiones dirigidas a otros como advertencias y lecciones para nosotros mismos.
Job oró por sus amigos, y después ellos se reunieron a su alrededor, conmovidos por su bondad y deseando participar de sus oraciones. Cuanto más oremos por nuestros amigos y familiares, más consuelo podremos encontrar a menudo en ellos. Después, sus bienes aumentaron enormemente por la bendición de Dios sobre lo poco que sus amigos le habían dado. Job recibió sus regalos con gratitud y no consideró indigno que sus bienes fueran restaurados con la ayuda de ellos.
Job no presionó a sus amigos para que reunieran dinero para él. Ya se había defendido de esa acusación al decir: «¿Acaso les pedí ayuda o les pedí que me dieran algo de sus riquezas?» (Job 6:22). Sin embargo, aceptó lo que le llevaron y no los reprendió por su indiferencia anterior ni les preguntó por qué no habían hecho esto antes. No era tan codicioso como para mendigar ayuda, ni tan orgulloso como para rechazarla cuando se la ofrecían. Como tenía un espíritu tan bueno, Dios le dio algo mucho mejor que el dinero y los aretes de oro: su bendición (Job 42:12).
El Señor consoló a Job en una medida semejante a los años que había sufrido, y bendijo sus últimos días más que los primeros. La bendición del Señor enriquece. Dios es quien da poder para adquirir riquezas y prosperar mediante el trabajo honrado. Por eso, quien desea prosperar debe buscar la bendición de Dios y no vivir sin ella, aun cuando el sol brille y todo parezca prometedor. Quienes han prosperado no deben jactarse de su propia habilidad, sino dar gracias a Dios por su bendición.
Esa bendición puede hacer que una persona sea muy rica, y a veces lo hace con personas buenas. Quienes han adquirido riquezas con su trabajo pueden pensar que lograrán hacerse aún más ricos si ahorran cuidadosamente. Pero así como los que tienen poco deben depender de Dios para que lo poco alcance, los que tienen mucho también deben depender de Dios para que lo aumente. De lo contrario, pueden sembrar mucho y recoger poco (Hageo 1:6).
Los últimos días de una persona buena a veces son sus mejores días, y también pueden ser mejores sus últimas obras y consuelos. Su camino, como la luz de la mañana, se vuelve cada vez más brillante hasta llegar a la plena luz del día. La condición final de una persona malvada es peor que la primera (Lucas 11:26), pero el fin de la persona íntegra es paz. A veces, cuando la muerte se acerca, la visión de esa paz se vuelve más clara. En cuanto a la prosperidad exterior, Dios a veces hace que la última parte de la vida de una persona buena sea más cómoda que la primera, y con frecuencia supera las esperanzas de quienes han sufrido. Pueden pensar que nunca volverán a vivir días mejores, pero Dios todavía puede reservar tiempos buenos para sus últimos años. Aunque ahora no nos vaya bien, todavía puede llegar un tiempo en que nos vaya bien.
Job había deseado volver a ser como en los meses anteriores, recuperar sus riquezas y tener de nuevo lo que antes poseía, pero casi había perdido toda esperanza. Sin embargo, Dios suele ser más bondadoso con nosotros que nuestros temores, e incluso más bondadoso que nuestros deseos. Las posesiones de Job se duplicaron, y también se duplicó el número de sus ovejas, camellos, bueyes y asnas (Job 1:3). Esto muestra hasta dónde alcanza la providencia de Dios, incluso en cosas que parecen pequeñas, como el número exacto del ganado de un hombre. También muestra cómo Dios ordena los acontecimientos, pues conoce todas sus obras desde el principio hasta el fin.
Sin duda, las demás posesiones de Job también aumentaron en proporción: sus tierras, dinero, siervos y todo lo demás. Si antes había sido el hombre más importante de todo el Oriente, ¿cuánto más lo sería ahora?
Su familia también volvió a formarse, y Job encontró mucho consuelo en sus hijos (Job 42:13-15). La última y más dolorosa de las pérdidas registradas en el capítulo 1 había sido la muerte de todos sus hijos al mismo tiempo. Sus amigos habían usado esa pérdida en su contra (Job 8:4), pero Dios reparó esa herida con el tiempo, ya fuera mediante la misma esposa o, si ella había muerto, mediante otra.
Job tuvo el mismo número de hijos que antes: siete hijos y tres hijas. Algunos piensan que no fueron duplicados como el ganado porque los hijos que habían muerto no se habían perdido realmente, sino que se habían adelantado a él hacia un mundo mejor. En ese sentido, se puede considerar que el número sí se duplicó, pues Job tenía, por así decirlo, dos grupos de hijos: unos en el cielo y otros en la tierra. En ambos grupos era rico.
Se registran los nombres de sus hijas porque parece que su significado tenía el propósito de mantener viva la memoria de la bondad de Dios en el sorprendente cambio de la condición de Job. A la primera la llamó Jemima, que significa «día», porque la prosperidad había aparecido después de una oscura noche de sufrimiento. A la segunda la llamó Kezia, nombre de una especia aromática, porque Dios había sanado sus llagas, cuyo olor había sido desagradable. A la tercera la llamó Keren-hapuc, que significa «abundancia restaurada» o «cuerno de pintura», porque Dios había limpiado las lágrimas que habían manchado su rostro (Job 16:16).
También se nos dice que Dios les dio gran belleza a las hijas de Job, y que no había en todo el país mujeres tan hermosas como ellas (Job 42:15). En el Antiguo Testamento se elogia con frecuencia la belleza de las mujeres, como en el caso de Sara y Rebeca. Pero en el Nuevo Testamento no se destaca especialmente la belleza exterior de ninguna mujer, ni siquiera la de María, la madre de Jesús, porque la belleza de la santidad aparece con mucha mayor claridad por medio del evangelio.
Dios también dio a las hijas y a los hijos de Job buenas tierras y una porción importante de la herencia familiar. No las dejó únicamente con pequeñas porciones, como era común, sino que les dio herencia entre sus hermanos. Es probable que ellas tuvieran cualidades personales especiales que Job reconocía, y que eso lo llevara a mostrarles este favor inusual. Tal vez superaban a sus hermanos en sabiduría y piedad, y Job quería que permanecieran en su familia como ayuda y bendición.
Job también vivió muchos años. La Escritura no nos dice qué edad tenía cuando comenzaron sus dificultades, pero afirma que vivió 140 años después de ellas. Algunos piensan que esto significa que tenía aproximadamente 70 años cuando comenzó su sufrimiento, de modo que sus años se duplicaron así como sus bienes. Vivió lo suficiente para disfrutar de muchas de las comodidades de la vida y llegó a ver a sus hijos, nietos, bisnietos y tataranietos (Job 42:16). Sus propios hijos no se duplicaron para él, pero en sus nietos y bisnietos fueron más que duplicados. Dios tiene maneras de sanar las pérdidas y aliviar el dolor de quienes, como Job, pierden a sus hijos.
Job también vivió hasta quedar completamente satisfecho con la vida. Murió lleno de días, contento de dejar este mundo. Ya no sentía amargura por ello, como la había sentido durante su sufrimiento, sino que vivió en una paz conforme a la voluntad de Dios. Así, tal como Elifaz lo había animado a esperar, llegó a su sepultura como una gavilla de grano maduro, recogida en el momento oportuno.
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De este capítulo
Job 42:1
"Entonces Job respondió al SEÑOR y dijo:"
Job 42:2
"Sé que tú puedes hacerlo todo y que ningún pensamiento puede ser ocultado de ti."
Job 42:3
"¿Quién es el que oculta el consejo sin conocimiento? Por eso hablé de lo que no entendía, de cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no conocía."
Job 42:4
"Escucha, te ruego, y yo hablaré; te preguntaré, y tú respóndeme."
Job 42:5
"Había oído de ti con el oído, pero ahora mi ojo te ve."
Job 42:6
"Por eso me aborrezco y me arrepiento en polvo y ceniza."
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