Versículo destacado
Job 34:10 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Por tanto, escúchenme, hombres de entendimiento: lejos esté de Dios hacer maldad, y del Todopoderoso cometer iniquidad. "
Job 34:10
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
8 que anda en compañía de los que hacen iniquidad y camina con hombres malvados?
9 Porque ha dicho: De nada le sirve al hombre deleitarse con Dios.
10 Por tanto, escúchenme, hombres de entendimiento: lejos esté de Dios hacer maldad, y del Todopoderoso cometer iniquidad.
11 Porque él pagará al hombre conforme a su obra y hará que cada uno reciba conforme a sus caminos.
12 Sí, ciertamente Dios no actuará con maldad, ni el Todopoderoso pervertirá el juicio.
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El propósito de Eliú es reconciliar a Job con su sufrimiento y calmar su espíritu atribulado. En el capítulo anterior, mostró que Dios no tenía la intención de hacerle daño al afligirlo, sino que buscaba su bien espiritual. Ahora añade otro punto: Dios no le hizo ninguna injusticia al afligirlo ni lo castigó más de lo que merecía. Si lo primero no satisfacía a Job, esto al menos debería dejarlo sin argumentos.
Eliú se dirige a todos los presentes: «Escúchenme, hombres de entendimiento» (Job 34:10). En otras palabras, si son sabios, estarán de acuerdo con lo que sigue. Su afirmación principal es sencilla: el Dios justo nunca hace mal a ninguna de sus criaturas. Sus caminos son rectos, aun cuando los nuestros no lo sean.
Eliú expresa esta verdad de manera negativa y positiva. Dios no hace mal a nadie. No puede cometer maldad, y el Todopoderoso no puede cometer iniquidad (Job 34:10). Eso iría en contra de la perfección de su naturaleza y de la pureza de su voluntad (Job 34:12). Dios no actuará con maldad ni pervertirá la justicia. No puede ni quiere hacer lo injusto o tratar a alguien con dureza indebida.
Nunca castigará donde no haya pecado ni castigará más allá de lo justo. Si alguien presenta su causa ante él o si él emite un juicio final, considerará los hechos y no mostrará favoritismo, porque hacerlo sería pervertir la justicia. Nunca hará mal a nadie ni le negará a nadie lo que le corresponde. El cielo mismo pronto declarará su justicia. Como es Dios, infinitamente santo y perfecto, no puede hacer el mal, así como tampoco puede mentir, morir ni negarse a sí mismo.
Aunque es Todopoderoso, nunca usa su poder como suelen hacerlo las personas poderosas: para respaldar la injusticia. Él es Shaddai, el Dios plenamente suficiente, y por eso no puede ser tentado por el mal (Santiago 1:13). Su poder nunca está separado de su santidad. Él administra justicia a todos (Job 34:11): le dará a cada persona conforme a lo que haya hecho. Las buenas obras serán recompensadas, y las malas serán castigadas o recibirán su justo pago. Tarde o temprano, en este mundo o en el venidero, cada persona recibirá conforme a sus caminos.
Esta es la norma de un juicio justo: darle a cada persona conforme a sus obras. Al justo se le anunciará que le irá bien, y al malvado, que le irá mal. Si el servicio fiel parece no recibir recompensa ahora y los pecados parecen quedar sin castigo, llegará el día en que Dios dará a cada persona el pago completo conforme a sus hechos, con una medida mayor debido a la demora.
Eliú afirma esto con confianza: «Sí, ciertamente» (Job 34:12). Es una verdad que nadie debería negar ni poner en duda. Podemos darla por establecida: Dios no actuará con maldad. Eliú también expresa un profundo rechazo ante la idea contraria: «Lejos esté de Dios» que haga el mal, y lejos de nosotros sospechar que lo haga o decir algo que suene a acusación contra él.
Luego presenta dos razones. La primera es que el gobierno de Dios es absoluto. Nadie lo puso a cargo de la tierra ni le dio autoridad para dirigir a toda la humanidad. Él gobierna por sí solo los reinos de los hombres y lo hace por su propia autoridad. Nadie le entregó ese dominio.
Como el gobierno le pertenece, hace lo que quiere entre los ejércitos celestiales y en la tierra. Por esa razón, no se le puede acusar de injusticia. El Juez de toda la tierra siempre hará lo correcto (Génesis 18:25). Si hubiera injusticia en Dios, no podría gobernar ni juzgar al mundo (Romanos 3:5-6). El que posee un poder tan ilimitado también debe tener una pureza perfecta.
Esta también es una buena razón para que nos sometamos a todo lo que él permite en nuestra vida. El que dispone de todo el mundo también puede disponer de nosotros y de nuestros asuntos. Dios no recibe su poder de nadie. Su autoridad es original, así como su existencia es original. Si no fuera perfectamente justo, el mundo entero y todo lo que hay en él pronto caerían en confusión.
Los gobernantes terrenales tienen a alguien por encima de ellos ante quien deben responder, porque pueden hacer lo malo. Pero Dios no tiene a nadie por encima de él, porque no puede hacer nada que necesite ser corregido. Como es el gobernante supremo, estamos obligados a someternos a él. No existe una autoridad superior a la cual podamos apelar.
La segunda razón es que el poder de Dios no puede ser resistido. Si decidiera enfrentarse a una persona, y mucho más si decidiera ponerse en su contra para destruirla, nadie podría mantenerse en pie delante de él. Si tratara a las personas únicamente según su soberanía o conforme a una justicia estricta, nadie podría sobrevivir. El espíritu y el aliento de la humanidad desaparecerían pronto, y toda carne moriría a la vez (Job 34:15).
Muchas personas se comportan con honestidad solamente porque no tienen la fuerza para hacer otra cosa. No hacen el mal porque no pueden salirse con la suya. Pero Dios puede aplastar a cualquiera rápida y fácilmente, y aun así no usa un poder arbitrario para destruir a nadie. Esto debe atribuirse a la perfección inmutable de su naturaleza.
Aquí vemos lo que Dios puede hacer con nosotros. Puede devolvernos rápidamente al polvo. Ni siquiera necesita realizar una acción especial para hacerlo. Si simplemente retirara el sustento de su providencia por el cual vivimos, si recogiera el espíritu y el aliento que al principio procedieron de su mano y que todavía permanecen en ella, moriríamos de inmediato. Sería como un animal dentro de una bomba de aire cuando se le extrae el aire.
También vemos lo que puede hacer con nosotros sin cometer ninguna injusticia. Puede retirar la vida que nos dio, de la cual solo somos administradores por su voluntad y que además hemos perdido por causa de nuestro pecado. Mientras la mantenga por su misericordia, no tenemos razón para quejarnos de injusticia, aunque nos quite otras comodidades.
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De este capítulo
Job 34:1
"Además, Eliú respondió y dijo:"
Job 34:2
"Oigan mis palabras, sabios; y escúchenme ustedes que tienen conocimiento."
Job 34:3
"Porque el oído prueba las palabras, así como la boca saborea la comida."
Job 34:4
"Escojamos para nosotros el juicio; conozcamos entre nosotros lo que es bueno."
Job 34:5
"Porque Job ha dicho: Yo soy justo, y Dios me ha privado de mi derecho."
Job 34:6
"¿Habría de mentir contra mi derecho? Mi herida es incurable, aunque no haya transgresión."
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