Versículo destacado
Génesis 34:6 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Hamor, padre de Siquem, salió para hablar con Jacob. "
Génesis 34:6
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
4 Siquem habló con su padre Hamor y le dijo: Consígueme a esta joven como esposa.
5 Jacob oyó que él había deshonrado a su hija Dina. Sus hijos estaban con su ganado en el campo, y Jacob guardó silencio hasta que regresaron.
6 Hamor, padre de Siquem, salió para hablar con Jacob.
7 Cuando los hijos de Jacob lo oyeron, salieron del campo. Aquellos hombres se entristecieron y se enfurecieron mucho, porque él había cometido una infamia en Israel al acostarse con la hija de Jacob, algo que no debía hacerse.
8 Hamor habló con ellos y les dijo: El alma de mi hijo Siquem anhela a la hija de ustedes. Les ruego que se la den como esposa.
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Los hijos de Jacob, al enterarse del daño que le habían hecho a Dina, reaccionaron con gran enojo. Pero su preocupación quizá provenía más del orgullo familiar que de un verdadero amor por la virtud. Muchas personas se indignan por la vergüenza del pecado sin lamentar de verdad cuán pecaminoso es.
El texto llama a ese acto una infamia en Israel (Génesis 34:7). Esa expresión usa un lenguaje posterior, porque Israel todavía no era una nación, sino solamente una familia. La inmoralidad sexual es una insensatez, porque cambia el favor de Dios, la paz de la conciencia y todo lo santo y honorable por un deseo degradante. Esta insensatez es especialmente vergonzosa en Israel, entre personas que conocen y adoran a Dios, tal como él era conocido en las tiendas de Jacob: el Dios de Israel. Es bueno que el pecado sea llamado por un nombre que revele su maldad. Aquí la inmoralidad es llamada directamente una infamia en Israel, como en 2 Samuel 13:12. A Dina se le llama hija de Jacob, una advertencia para que las hijas de Israel no se entreguen a semejante insensatez.
Hamor fue personalmente a hablar con Jacob, pero Jacob lo remitió a sus hijos. En el relato que sigue, resulta vergonzoso decir que los cananeos parecen más sinceros que los israelitas. Hamor y Siquem propusieron abiertamente el matrimonio, para que las dos familias también pudieran unirse en el comercio. Siquem amaba profundamente a Dina y la quería a cualquier precio (Génesis 34:11-12). Su padre no solo estuvo de acuerdo, sino que impulsó la unión y habló de los beneficios de juntar a las familias (Génesis 34:9-10). No mostró ninguna desconfianza hacia Jacob, aunque Jacob era extranjero; al contrario, le ofreció cordialmente la tierra y la libertad para comerciar en ella: «La tierra está delante de ustedes; comercien en ella».
Sin embargo, los hijos de Jacob fingieron injustamente exigir unidad religiosa cuando en realidad pretendían algo muy distinto. Si Jacob mismo hubiera tratado el asunto, probablemente habría llegado pronto a un acuerdo con Hamor. Pero sus hijos estaban planeando vengarse y elaboraron un plan terrible: que los hombres de Siquem fueran circuncidados, no para hacerlos santos, pues nunca tuvieron esa intención, sino para debilitarlos y dejarlos adoloridos, de modo que fuera más fácil matarlos.
Su pretexto parecía razonable. Dijeron que sería una deshonra para la familia de Jacob unirse tan estrechamente con personas que no estaban circuncidadas (Génesis 34:14), y que, si los hombres aceptaban la circuncisión, ambos grupos podrían convertirse en un solo pueblo (Génesis 34:15-16). Si lo hubieran dicho sinceramente, habría habido algo correcto en ello. Los israelitas no debían casarse con los cananeos, y los creyentes no deben unirse demasiado estrechamente con quienes viven sin fe. Eso a menudo conduce a un gran daño. Toda influencia que tengamos sobre otros debe usarse sabiamente para guiarlos hacia Dios, como lo hace la persona sabia que gana almas. Pero no debemos conformarnos con que las personas acepten señales religiosas externas; también debemos mostrarles por qué la fe es verdadera y guiarlas hacia el poder transformador de esa fe.
Su verdadero propósito era malicioso, como lo deja claro el resto de la historia. Solo querían preparar a los hombres para el día de la matanza. A menudo, los planes sangrientos se han ocultado bajo un pretexto religioso. Eso hace que parezcan más respetables y ayuda a que tengan éxito con mayor seguridad. Pero esta falsa apariencia de devoción es doblemente perversa. La religión nunca es más perjudicada, ni las señales sagradas de Dios son más mal utilizadas, que cuando se emplean para encubrir una intención malvada.
De hecho, aun si los hijos de Jacob no hubieran tenido la intención de matarlos, es difícil ver cómo podrían justificar ofrecer la circuncisión, la señal santa del pacto de Dios, a esos cananeos destinados a la destrucción, que no tenían parte en la promesa. Quienes no tenían derecho a la promesa tampoco tenían derecho a la señal. No es correcto tomar el pan de los hijos y echárselo a los perros. Pero los hijos de Jacob ignoraron todo eso mientras sirviera a sus propósitos.
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De este capítulo
Génesis 34:1
"Dina, la hija que Lea le había dado a Jacob, salió a ver a las hijas de aquella tierra."
Génesis 34:2
"Cuando Siquem, hijo de Hamor el heveo, príncipe del país, la vio, la tomó, se acostó con ella y la deshonró."
Génesis 34:3
"Su alma se apegó a Dina, la hija de Jacob; amó a la joven y le habló con ternura."
Génesis 34:4
"Siquem habló con su padre Hamor y le dijo: Consígueme a esta joven como esposa."
Génesis 34:5
"Jacob oyó que él había deshonrado a su hija Dina. Sus hijos estaban con su ganado en el campo, y Jacob guardó silencio hasta que regresaron."
Génesis 34:7
"Cuando los hijos de Jacob lo oyeron, salieron del campo. Aquellos hombres se entristecieron y se enfurecieron mucho, porque él había cometido una infamia en Israel al acostarse con la hija de Jacob, algo que no debía hacerse."
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