Versículo destacado

Génesis 28:10 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" Jacob salió de Beerseba y fue hacia Harán. "

Génesis 28:10

menu_book El versículo en contexto

8 y Esaú vio que las hijas de Canaán no agradaban a Isaac, su padre;

9 entonces Esaú fue adonde estaba Ismael y, además de las esposas que ya tenía, tomó por esposa a Mahalat, hija de Ismael, hijo de Abraham, y hermana de Nebayot.

10 Jacob salió de Beerseba y fue hacia Harán.

11 Llegó a cierto lugar y pasó allí la noche, porque el sol ya se había puesto. Tomó algunas de las piedras de aquel lugar, las puso como almohadas y se acostó allí para dormir.

12 Entonces soñó, y vio una escalera apoyada en la tierra, cuya parte superior llegaba al cielo; y vio a los ángeles de Dios que subían y bajaban por ella.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí encontramos a Jacob camino hacia Siria, en una situación solitaria y desolada, casi como un hombre enviado a abrirse paso por sí mismo en el mundo. Sin embargo, aunque estaba solo, en realidad no estaba solo, porque el Padre estaba con él (Juan 16:32). Si esto ocurrió, como parece, durante la primera noche, Jacob ya había caminado todo un día desde Beerseba hasta Betel, una distancia de más de cuarenta millas.

La providencia lo llevó a un buen lugar para detenerse, probablemente bajo la sombra de unos árboles, donde pudiera descansar durante la noche. Allí tuvo una cama incómoda, con piedras como almohada y el cielo abierto como techo. En aquellos días quizá esto no parecía tan duro como nos parece a nosotros, pero aun así implicaba una incomodidad real. Probablemente se acostó sobre el suelo frío, cansado físicamente y expuesto al peligro, sin refugio ni defensa si alguien iba tras él.

Esto no se debía a que fuera pobre o no pudiera conseguir algo mejor. Era propio de la vida más sencilla de aquella época, cuando las personas se preocupaban menos por la comodidad y las apariencias que ahora. Jacob también estaba acostumbrado a una vida sencilla, pues había vivido en tiendas, y ahora salía para servir durante muchos años (Génesis 31:40). Sobre todo, la bendición de Dios y la confianza en su protección le daban paz, de modo que pudo acostarse y dormir sobre una piedra.

En aquel lugar difícil también recibió un sueño agradable. Cualquier verdadero hijo de Dios aceptaría con gusto la almohada de Jacob si pudiera recibir también el sueño de Jacob. Allí, en aquel lugar solitario, escuchó a Dios hablar y contempló visiones del Todopoderoso. Probablemente fue la mejor noche de sueño que tuvo en toda su vida. Dios a menudo concede su consuelo cuando su pueblo tiene menos consuelos terrenales, y cuando las dificultades llegan por el camino del deber, el consuelo suele llegar también en mayor medida.

Jacob vio una escalera que se extendía desde la tierra hasta el cielo, con ángeles que subían y bajaban por ella, y a Dios de pie en lo alto. Esta imagen muestra dos cosas que deben consolar al pueblo de Dios en cualquier situación. Primero, muestra la providencia de Dios: su cuidado sabio, que mantiene al cielo y a la tierra en estrecha conexión. Lo que sucede en la tierra es conocido en el cielo, dirigido desde allí y juzgado allí; y Dios lleva a cabo sus planes paso a paso por medio de sus siervos, los ángeles. Estos ángeles son espíritus activos, siempre cumpliendo la tarea que se les ha asignado: suben para rendir cuentas y recibir instrucciones, y luego bajan para ejecutarlas (Salmo 103:20-21).

Esta visión le dijo a Jacob que tenía un buen guía y un buen guardián, tanto al salir como al regresar. Aunque había sido obligado a alejarse de la casa de su padre, todavía estaba bajo el cuidado de una providencia bondadosa y bajo la protección de los santos ángeles. Jacob también era una imagen de toda la iglesia, y los ángeles reciben el encargo de cuidar al pueblo de Dios. Segundo, la escalera señala a Cristo, quien es el verdadero camino entre el cielo y la tierra. Su naturaleza humana es como la base de la escalera en la tierra, y su naturaleza divina es como la parte superior en el cielo. Desde la caída, toda relación entre Dios y la humanidad ocurre por medio de Cristo. Él es el camino, y toda bendición de Dios llega a nosotros por medio de él, mientras que toda oración y servicio ascienden a Dios por medio de él.

Si Dios habita con nosotros, y nosotros con él, es por medio de Cristo. No hay otro camino al cielo. Intentar llegar por cualquier otro camino es actuar como un ladrón. Jesús señaló esta misma imagen cuando habló de los ángeles de Dios que suben y bajan sobre el Hijo del Hombre (Juan 1:51). La ayuda que los ángeles nos brindan y los beneficios que recibimos por medio de ellos proceden todos de Cristo, quien hizo la paz entre lo que está en la tierra y lo que está en el cielo, y reunió todas las cosas en sí mismo (Colosenses 1:20; Efesios 1:10).

Dios también le dio a Jacob palabras de consuelo. Lo llevó al desierto y allí le habló con bondad, desde lo alto de la escalera. Esto muestra que todas las buenas noticias que recibimos del cielo llegan por medio de Jesucristo. Primero, Dios repitió y confirmó las promesas que ya les había hecho a Abraham y a Isaac. En términos generales, Dios le dijo a Jacob que sería para él lo mismo que había sido para sus padres. Quienes siguen la fe de sus padres piadosos participan de ese pacto y de sus bendiciones.

Más específicamente, Dios le dio a Jacob la tierra de Canaán, la tierra sobre la cual estaba acostado, como propiedad suya. Como Jacob yacía allí tan tranquilamente sobre el suelo desnudo, era como si estuviera tomando posesión de toda la tierra. Dios también prometió que sus descendientes llegarían a ser muy numerosos, como el polvo de la tierra. Aunque en ese momento Jacob parecía una rama cortada y marchita, llegaría a ser un árbol que crecería y extendería sus ramas por todas partes. Estas eran las mismas bendiciones que su padre había pronunciado sobre él anteriormente (Génesis 28:3-4), y aquí Dios las confirmó, dándole a Jacob un gran consuelo.

Dios también añadió que el Mesías vendría del linaje de Jacob, y que en él serían bendecidas todas las familias de la tierra. Cristo es la gran bendición del mundo. Todos los que son bendecidos, sin importar a qué familia pertenezcan, son bendecidos en él. Ninguna familia queda excluida de esa bendición, excepto quienes se excluyen a sí mismos.

Luego Dios le dio a Jacob nuevas promesas apropiadas para su necesidad presente. Jacob estaba preocupado por el peligro que representaba su hermano Esaú, pero Dios prometió mantenerlo a salvo. Aquellos a quienes Dios protege están seguros, sin importar quién los persiga. Jacob también tenía por delante un largo viaje. Debía viajar solo, por un camino desconocido, hacia un país que no conocía. Pero Dios le dijo: «Yo estoy contigo».

Dondequiera que estemos, estamos seguros y podemos descansar tranquilos si contamos con el favor de Dios. Jacob no sabía qué dificultades enfrentaría al servicio de su tío, pero Dios las veía de antemano y prometió cuidarlo en todo lugar. Dios sabe dar a su pueblo la gracia y el consuelo que necesita tanto para lo que sucederá como para lo que está sucediendo ahora.

Jacob se marchaba como un exiliado hacia un lugar lejano, pero Dios también prometió devolverlo a esta tierra. El que protege a su pueblo cuando sale también vigila su regreso (Salmo 121:8). Jacob parecía estar separado de todos sus amigos, pero Dios le dio esta promesa: «No te abandonaré». A quienes Dios ama, nunca los abandona. Esta promesa es segura para todos sus hijos (Hebreos 13:5).

La providencia de Dios parecía ir en contra de sus promesas, por lo que Jacob recibió la seguridad de que las promesas todavía se cumplirían a su debido tiempo: «Haré todo lo que te he dicho». Para Dios, decir y hacer no son dos cosas diferentes, aunque con frecuencia sí lo sean para nosotros.

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