Versículo destacado
2 Samuel 20:14 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Él pasó por todas las tribus de Israel hasta Abel y Bet-maaca, y por todos los beeritas. Estos se reunieron y también fueron tras él. "
2 Samuel 20:14
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
12 Amasa se revolcaba en su sangre en medio del camino. Cuando el hombre vio que todo el pueblo se detenía, retiró a Amasa del camino y lo llevó al campo, y echó sobre él una tela, pues vio que todo el que pasaba junto a él se detenía.
13 Cuando fue retirado del camino, todo el pueblo siguió adelante tras Joab para perseguir a Seba hijo de Bicri.
14 Él pasó por todas las tribus de Israel hasta Abel y Bet-maaca, y por todos los beeritas. Estos se reunieron y también fueron tras él.
15 Llegaron y lo sitiaron en Abel de Bet-maaca. Levantaron un terraplén contra la ciudad, el cual quedó dentro del foso, y todo el pueblo que estaba con Joab golpeaba el muro para derribarlo.
16 Entonces una mujer sabia gritó desde la ciudad: «¡Escuchen, escuchen! Por favor, díganle a Joab: “Acércate aquí para que pueda hablar contigo”».
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Aquí vemos el final del intento de rebelión de Seba.
Seba, el rebelde, pasó por todas las tribus de Israel. Pero, al pensarlo mejor, descubrió que no estaban tan dispuestos a seguirlo como lo habían estado para abandonar a David en un arrebato repentino de enojo. Al final, solo reunió a unos cuantos seguidores semejantes a él y entró en Abel y Bet-maaca, una ciudad fortificada del norte, en el territorio de Neftalí, donde también se menciona esta ciudad (2 Reyes 15:29). No está claro si entró por la fuerza o si le permitieron entrar. La mayoría de sus seguidores eran beeritas, gente de Beerot, en Benjamín (2 Samuel 20:14). Muchas veces, una persona mala puede encontrar o provocar más problemas.
Joab reunió a todo su ejército contra la ciudad, la sitió, golpeó su muralla y casi la dejó lista para un ataque completo (2 Samuel 20:15). Es justo que un lugar sea atacado con tanta fuerza cuando da refugio a un traidor. De la misma manera, el corazón que da cabida a deseos rebeldes tampoco escapará del juicio: esos deseos se niegan a permitir que Cristo reine.
Entonces, una mujer sabia y buena de Abel puso fin al asunto al actuar con gran sensatez. Logró convencer a Joab y salvó la ciudad.
Primero, llegó a un acuerdo con Joab, y él aceptó levantar el sitio si le entregaban a Seba. Parece que ninguno de los hombres de Abel, ni siquiera los ancianos o los dirigentes, se presentó para hablar con Joab, aun cuando estaban en el mayor peligro. Tal vez fueron descuidados respecto a la seguridad de la ciudad, le tenían miedo a Seba, habían perdido la esperanza de obtener condiciones justas o simplemente no pudieron manejar las negociaciones. Pero esta mujer, por medio de su sabiduría, salvó la ciudad. Las almas no están divididas por sexo. Aunque el hombre es la cabeza, eso no significa que tenga el monopolio de la sabiduría, ni que deba atribuirse el monopolio del gobierno. Muchas mujeres han demostrado una fortaleza de carácter incluso mayor que la de muchos hombres, y la sabiduría no deja de ser valiosa cuando se encuentra en un vaso más frágil.
En su conversación con Joab, primero logró captar su atención y lo escuchó (2 Samuel 20:16-17). Podemos suponer que era la primera vez que él negociaba asuntos militares con una mujer. Después razonó con mucha habilidad en favor de su ciudad. Primero dijo que era una ciudad conocida por su sabiduría (2 Samuel 20:18). En otras palabras, desde hacía mucho tiempo se conocía a sus habitantes por su prudencia y entendimiento; la gente de los alrededores acudía a ellos en busca de ayuda y todos aceptaban la decisión de sus ancianos. Su juicio era considerado como un oráculo. Por eso, no tenía sentido destruir una ciudad así sin siquiera consultarla.
También dijo que los habitantes de la ciudad eran, por lo general, pacíficos y fieles dentro de Israel (2 Samuel 20:19). Ella no hablaba solo por sí misma, sino por todos aquellos a quienes representaba. No eran un pueblo rebelde ni conflictivo, sino personas conocidas por su lealtad a su rey y por vivir en paz con sus vecinos. No eran alborotadores ni gente aficionada a los pleitos. Además, llamó a la ciudad «una madre en Israel»: una guía y un apoyo para las ciudades y los campos de los alrededores, y parte de la propia herencia del Señor; era una ciudad de israelitas, no de paganos. Si la destruían, debilitarían a la nación que Dios había escogido como su posesión.
También le recordó a Joab que, según la práctica común de la guerra, debía haberles ofrecido la paz antes de atacarlos (Deuteronomio 20:10). La nota marginal da a entender que debieron haberles pedido al principio que entregaran al traidor: «Los atacantes debieron exigirnos primero que lo entregáramos, y nosotros habríamos resuelto el asunto». Así, ella señaló con tacto que Joab no había ofrecido la paz desde el comienzo, mientras todavía esperaba que no fuera demasiado tarde para pedirla.
Joab y la mujer pronto acordaron que la cabeza de Seba sería el precio de la seguridad de la ciudad. Poco antes, en una disputa personal, Joab había aplastado y matado a Amasa; pero, al actuar como comandante, no quería que lo consideraran un hombre que amaba el derramamiento de sangre. En efecto, dijo: «Lejos de mí destruir o tragarnos una ciudad, a menos que la seguridad pública realmente lo exija» (2 Samuel 20:20). «El asunto no es como ustedes creen. No estamos luchando contra su ciudad. Arriesgaríamos la vida para protegerla. Solo buscamos al traidor que está entre ustedes. Entréguenlo y el asunto quedará terminado».
Muchos problemas se evitarían si los bandos opuestos se entendieran mejor. La ciudad seguía resistiendo porque pensaba que Joab quería destruirla. Joab atacaba con tanta fuerza porque creía que todos los ciudadanos estaban aliados con Seba. Ambos estaban equivocados. Si los dos lados hubieran entendido la verdad, el asunto se habría resuelto rápidamente. La única condición para la paz era entregar al traidor.
Algo parecido sucede en el trato de Dios con el alma cuando esta se ve afligida por la convicción y la angustia: el pecado es el traidor, y el pecado amado es el rebelde. Hay que renunciar a él y desecharlo; entonces todo estará bien. No hay paz bajo ninguna otra condición. La mujer sabia aceptó de inmediato la propuesta: la cabeza de Seba sería arrojada sobre la muralla sin demora.
Después llegó a un acuerdo con la gente de la ciudad. Se acercó a ellos con sabiduría, y quizá necesitó tanta sabiduría para tratar con ellos como la que había demostrado al hablar con Joab. Los convenció de cortarle la cabeza a Seba, probablemente mediante una orden pública de sus dirigentes, y la arrojaron sobre la muralla hacia Joab. Joab conocía el rostro del traidor, así que no buscó a ninguno de sus seguidores. No quería que se castigara a personas inocentes. La seguridad pública quedó asegurada, y él no tenía ningún deseo de alimentar la venganza del pueblo. Entonces Joab levantó el sitio y regresó a Jerusalén, llevando consigo señales de paz en vez del botín de guerra.
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De este capítulo
2 Samuel 20:1
"Y sucedió que se encontraba allí un hombre de Belial llamado Seba, hijo de Bicri, benjaminita. Este tocó la trompeta y dijo: «No tenemos parte en David ni tenemos herencia en el hijo de Isaí. ¡Cada uno a su tienda, Israel!»."
2 Samuel 20:2
"Entonces todos los hombres de Israel dejaron de seguir a David y siguieron a Seba hijo de Bicri; pero los hombres de Judá permanecieron junto a su rey, desde el Jordán hasta Jerusalén."
2 Samuel 20:3
"David llegó a su casa en Jerusalén, y el rey tomó a las diez mujeres, sus concubinas, a quienes había dejado para cuidar la casa, y las puso bajo custodia y las alimentó, pero no se llegó a ellas. Así quedaron encerradas hasta el día de su muerte, viviendo en viudez."
2 Samuel 20:4
"Entonces el rey dijo a Amasa: «Convócame a los hombres de Judá dentro de tres días, y preséntate tú también aquí»."
2 Samuel 20:5
"Entonces Amasa fue a convocar a los hombres de Judá, pero tardó más del tiempo que él le había fijado."
2 Samuel 20:6
"David dijo a Abisai: «Ahora Seba hijo de Bicri nos hará más daño que Absalón. Toma a los siervos de tu señor y persíguelo, no sea que consiga ciudades fortificadas y se nos escape»."
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