Versículo destacado
2 Samuel 20:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Y sucedió que se encontraba allí un hombre de Belial llamado Seba, hijo de Bicri, benjaminita. Este tocó la trompeta y dijo: «No tenemos parte en David ni tenemos herencia en el hijo de Isaí. ¡Cada uno a su tienda, Israel!». "
2 Samuel 20:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Y sucedió que se encontraba allí un hombre de Belial llamado Seba, hijo de Bicri, benjaminita. Este tocó la trompeta y dijo: «No tenemos parte en David ni tenemos herencia en el hijo de Isaí. ¡Cada uno a su tienda, Israel!».
2 Entonces todos los hombres de Israel dejaron de seguir a David y siguieron a Seba hijo de Bicri; pero los hombres de Judá permanecieron junto a su rey, desde el Jordán hasta Jerusalén.
3 David llegó a su casa en Jerusalén, y el rey tomó a las diez mujeres, sus concubinas, a quienes había dejado para cuidar la casa, y las puso bajo custodia y las alimentó, pero no se llegó a ellas. Así quedaron encerradas hasta el día de su muerte, viviendo en viudez.
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En medio de sus victorias, David tuvo el dolor de ver su reino sumido en el desorden y a su familia cubierta de vergüenza.
Sus súbditos se rebelaron por instigación de un hombre indigno y lo siguieron después de haberse apartado del hombre conforme al corazón de Dios. Observemos, en primer lugar, que esto ocurrió justo después de que la rebelión de Absalón fuera aplastada. Mientras vivimos en este mundo, no debería parecernos extraño que un problema termine solo para que comience otro. A veces, una gran aflicción da paso a otra igualmente profunda.
En segundo lugar, el pueblo apenas estaba regresando a la lealtad cuando volvió a apartarse de repente. Cuando la paz acaba de establecerse, hay que tratarla con mucho cuidado y paciencia, para que no se desintegre antes de consolidarse por completo. Un hueso roto, una vez colocado en su sitio, necesita tiempo para volver a soldarse.
En tercer lugar, el líder de esta rebelión fue Seba, benjaminita de nacimiento (2 Samuel 20:1), que vivía en la región montañosa de Efraín (2 Samuel 20:21). Simei y Seba pertenecían a la tribu de Saúl, y ambos conservaron la antigua amargura de aquella familia. En la descendencia de la serpiente hay un odio heredado contra el reino del Mesías, y sus integrantes siguen intentando derribarlo (Salmos 2:1-2). Pero el que está sentado en los cielos se ríe de todos ellos.
En cuarto lugar, la causa de este problema fue aquella insensata disputa que vimos al final del capítulo anterior entre los ancianos de Israel y los ancianos de Judá acerca de hacer volver al rey. Era una cuestión de orgullo sobre quién tenía mayor derecho a reclamar a David. «Nosotros somos más numerosos», decían los ancianos de Israel. «Nosotros somos sus parientes más cercanos», respondían los ancianos de Judá. Parecería que David estaba más seguro y feliz cuando su pueblo competía por demostrar quién lo amaba más y quién le rendiría mayor honor; sin embargo, incluso eso se convirtió en una oportunidad para la rebelión.
Los hombres de Israel se quejaron ante David por el desaire que habían recibido de los hombres de Judá. Si David hubiera respaldado su queja, elogiado su lealtad y agradecido su apoyo, quizá los habría mantenido firmemente de su lado. Pero pareció favorecer a su propia tribu, y las palabras de Judá tuvieron más peso que las de Israel. David se inclinó a justificar a Judá, y cuando Israel lo vio, se apartó con enojo. «Si el rey va a dejarse controlar por los hombres de Judá, que él y ellos disfruten de su compañía. Nosotros elegiremos un rey para nosotros. Pensábamos que teníamos diez partes en David, pero no se nos permitirá tenerlas. En efecto, Judá nos está diciendo que no tenemos parte en él; por tanto, nosotros tampoco tendremos parte en él. No seguiremos acompañándolo a Jerusalén ni lo reconoceremos como nuestro rey».
Esto fue anunciado por Seba (2 Samuel 20:1), quien probablemente era un hombre influyente y quizá había participado activamente en la rebelión de Absalón. Los israelitas ofendidos aprovecharon la sugerencia y se alejaron de David para seguir a Seba (2 Samuel 20:2); es decir, la mayoría de ellos lo hizo, mientras solo los hombres de Judá permanecieron con David.
De esto aprendemos, en primer lugar, que es tan imprudente que los gobernantes muestren favoritismo hacia sus súbditos como que los padres lo muestren hacia sus hijos. Tanto unos como otros deben tratar con imparcialidad a quienes están bajo su cuidado. En segundo lugar, quienes consideran insignificante el afecto de las personas que dependen de ellos, y no lo honran ni lo reciben debidamente, no entienden lo que están haciendo. El odio de aquellos cuyo amor ha sido despreciado es algo serio.
En tercer lugar, el comienzo de un conflicto es como agua que se desborda; por eso conviene detenerlo antes de que avance (Proverbios 17:14). ¡Cuánto problema puede provocar una pequeña chispa de este fuego! En cuarto lugar, tergiversar las palabras de alguien destruye la paz. Se causa mucho daño al atribuir intenciones hostiles a lo que se ha dicho o escrito y al sacar conclusiones que nunca se pretendieron. Los hombres de Judá dijeron: «El rey es nuestro pariente cercano». Los hombres de Israel respondieron: «Entonces quieres decir que no tenemos parte en él», aunque Judá no había querido decir nada semejante.
En quinto lugar, las personas pasan con mucha rapidez a los extremos. «Tenemos diez partes en David», dijeron, y casi de inmediato: «No tenemos parte en él». Un día: «¡Hosanna!», y al siguiente: «¡Crucifícalo!».
Las concubinas de David fueron mantenidas apartadas de por vida, y él tuvo que confinarlas porque Absalón las había deshonrado (2 Samuel 20:3). David había tomado muchas esposas, lo cual iba en contra de la ley de Dios, y ellas llegaron a ser para él motivo de dolor y vergüenza. Aquellas con quienes antes había encontrado un placer pecaminoso se convirtieron en una carga que tuvo que apartar.
Tuvo que encerrarlas, en primer lugar, por deber, porque el acto vergonzoso que su hijo cometió con ellas las había hecho impuras para él. Ahora debía evitar a aquellas a quienes había amado. En segundo lugar, tuvo que hacerlo por prudencia, para que no fueran vistas públicamente y quedaran expuestas a la vergüenza, y para que la gente no siguiera hablando de lo que Absalón les había hecho, algo que ni siquiera debería mencionarse (1 Corintios 5:1). Aquel acto vil debía quedar sepultado en el olvido. En tercer lugar, tuvo que hacerlo como un acto de justicia, para castigarlas por haberse entregado tan fácilmente a la pasión de Absalón, quizá porque habían perdido la esperanza de que David regresara y lo daban por perdido. Nadie debe esperar hacer el mal y aun así salir bien librado.
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De este capítulo
2 Samuel 20:2
"Entonces todos los hombres de Israel dejaron de seguir a David y siguieron a Seba hijo de Bicri; pero los hombres de Judá permanecieron junto a su rey, desde el Jordán hasta Jerusalén."
2 Samuel 20:3
"David llegó a su casa en Jerusalén, y el rey tomó a las diez mujeres, sus concubinas, a quienes había dejado para cuidar la casa, y las puso bajo custodia y las alimentó, pero no se llegó a ellas. Así quedaron encerradas hasta el día de su muerte, viviendo en viudez."
2 Samuel 20:4
"Entonces el rey dijo a Amasa: «Convócame a los hombres de Judá dentro de tres días, y preséntate tú también aquí»."
2 Samuel 20:5
"Entonces Amasa fue a convocar a los hombres de Judá, pero tardó más del tiempo que él le había fijado."
2 Samuel 20:6
"David dijo a Abisai: «Ahora Seba hijo de Bicri nos hará más daño que Absalón. Toma a los siervos de tu señor y persíguelo, no sea que consiga ciudades fortificadas y se nos escape»."
2 Samuel 20:7
"Tras él salieron los hombres de Joab, los cereteos, los peleteos y todos los hombres valientes. Salieron de Jerusalén para perseguir a Seba hijo de Bicri."
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