Versículo destacado
1 Reyes 12:16 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Cuando todo Israel vio que el rey no los escuchaba, el pueblo respondió al rey: «¿Qué parte tenemos en David? No tenemos herencia en el hijo de Isaí. ¡A sus tiendas, Israel! Ahora ocúpate de tu propia casa, David». Entonces Israel se fue a sus tiendas. "
1 Reyes 12:16
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
14 Les habló conforme al consejo de los jóvenes, diciendo: «Mi padre hizo pesado el yugo de ustedes, y yo añadiré a su yugo; mi padre los castigó con látigos, pero yo los castigaré con escorpiones».
15 Así que el rey no escuchó al pueblo, porque esto procedía del SEÑOR, para que cumpliera la palabra que el SEÑOR había dicho por medio de Ahías el silonita a Jeroboam hijo de Nabat.
16 Cuando todo Israel vio que el rey no los escuchaba, el pueblo respondió al rey: «¿Qué parte tenemos en David? No tenemos herencia en el hijo de Isaí. ¡A sus tiendas, Israel! Ahora ocúpate de tu propia casa, David». Entonces Israel se fue a sus tiendas.
17 Pero Roboam reinó sobre los hijos de Israel que vivían en las ciudades de Judá.
18 Entonces el rey Roboam envió a Adoram, que estaba encargado del tributo, pero todo Israel lo apedreó con piedras, y murió. Por eso el rey Roboam se apresuró a subir a su carro para huir a Jerusalén.
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
Aquí vemos cómo el reino de las diez tribus fue arrancado de la familia de David.
El pueblo se mantuvo firme y decidido a romper con Roboam. Se sintieron profundamente ofendidos por las palabras del rey y estaban furiosos por sus amenazas. Razonaron que, si su gobierno comenzaba con semejante orgullo, se volvería insoportable con el paso del tiempo. Por eso llegaron a una decisión contundente: «¿Qué parte tenemos en David?» (1 Reyes 12:16).
Fue una manera muy irrespetuosa de hablar de David, quien había sido una gran bendición para su nación. Lo llamaron «el hijo de Isaí», como si fuera simplemente un hombre común. Es triste ver lo rápido que la gente olvida a los buenos líderes y el bien que han hecho por el pueblo. Su decisión también fue precipitada. Con tiempo y un manejo prudente, quizá habrían podido resolver sus diferencias con Roboam y llegar a un acuerdo que satisficiera a ambas partes.
Si hubieran preguntado quién le había dado ese mal consejo a Roboam y hubieran destituido a aquellos malos consejeros, tal vez la división se habría evitado. Aun así, su preocupación por la libertad y las propiedades no era incorrecta en sí misma, porque un pueblo libre no debe ser aplastado. Israel no era un esclavo ni un siervo nacido en casa. ¿Por qué habría de ser despojado? (Jeremías 2:14). Estaban dispuestos a ser gobernados, pero no a ser maltratados. La protección produce lealtad, pero la destrucción la elimina.
Por eso no sorprende que Israel se apartara de la casa de David (1 Reyes 12:19), si la casa de David se había apartado del gran propósito de su poder: servir a Dios para el bien del pueblo. Sin embargo, seguía siendo un gran pecado rebelarse contra la familia de David, a la que Dios había levantado al trono y le había prometido que permanecería allí. Véase (2 Crónicas 13:5-8). Dios se refiere a esto en (Oseas 8:4): «Ellos establecieron reyes, pero no por mí». Es un mérito de Judá que permaneciera junto a la casa de David (1 Reyes 12:17, 1 Reyes 12:20). Al parecer, Roboam después fue mejor de lo que habían dado a entender sus primeras palabras ásperas, pues no gobernó con la severidad que había amenazado mostrar.
Roboam mostró aún más falta de juicio en la manera de enfrentar la crisis, y quedó cada vez más cegado por su propia necedad. Ya se había puesto en peligro y, al intentar salir de esa situación, se hundió más. Primero, fue imprudente al enviar a Adoram, el funcionario encargado de los tributos, para tratar con el pueblo (1 Reyes 12:18). La carga de los impuestos era una de las principales quejas de ellos, así que Adoram era precisamente el hombre a quien más odiaban. Con solo verlo, el pueblo se enfureció y se volvió violento. Ni siquiera quiso escucharlo con calma, sino que lo apedreó hasta matarlo en medio del alboroto. Roboam fue tan imprudente al escoger a su mensajero como lo había sido al escoger a sus consejeros.
Algunos piensan que también fue imprudente al retirarse tan rápidamente a Jerusalén. Al hacerlo, dejó expuestos a sus partidarios y les dio espacio a sus enemigos para actuar. El pueblo se había ido a sus tiendas lleno de ira (1 Reyes 12:16), pero no proclamó rey a Jeroboam sino hasta después de que Roboam se había marchado (1 Reyes 12:20). Observemos con qué rapidez este príncipe necio pasó de un extremo al otro. Habló con orgullo y seguridad cuando pensaba que todo estaba bajo control, pero se volvió tímido y abatido cuando vio el peligro. Así suele suceder con quienes son más orgullosos en la prosperidad: llegan a sentirse más quebrantados en la adversidad.
Dios le prohibió a Roboam intentar recuperar el reino por la fuerza. Lo ocurrido provenía de Dios, y Dios no permitiría que se deshiciera. No permitiría que Roboam recuperara las diez tribus, ni que Jeroboam avanzara más y tomara las dos tribus que pertenecían a la casa de David. Por tanto, la situación debía permanecer como estaba, y Dios detuvo la batalla. Fue honorable que Roboam se propusiera recuperar por la fuerza a los rebeldes. Su valor regresó cuando llegó a Jerusalén (1 Reyes 12:21). Allí estaba entre sus partidarios leales, que lo apoyaban voluntariamente. Judá y Benjamín, que temían al Señor y al rey y no se unieron a quienes buscaban un cambio, reunieron un ejército de 180,000 hombres para recuperar los derechos de su rey sobre las diez tribus.
Sin embargo, fue aún más honorable que Roboam se detuviera cuando Dios, por medio de un profeta, le ordenó bajar las armas. No habría sido digno de ser llamado príncipe si hubiera entregado su reino sin luchar. Pero tampoco habría sido digno de ser llamado israelita si hubiera peleado contra la voluntad de Dios. Continuar habría significado luchar contra sus hermanos (1 Reyes 12:24), a quienes debían amar, y luchar contra Dios, a quien debían obedecer. «Esto lo hice yo». Dos pensamientos deben ayudarnos a soportar las pérdidas y las dificultades sin buscar venganza: Dios es quien las permite, y nuestros hermanos muchas veces son los instrumentos por medio de los cuales llegan.
Roboam y su pueblo escucharon la palabra del Señor, desmovilizaron el ejército y aceptaron lo que Dios había dicho. Desde un punto de vista humano, tenían buenas razones para esperar la victoria, pues su ejército era grande y estaba decidido, mientras que el bando de Jeroboam era débil y estaba desorganizado. También habría parecido vergonzoso perder una fuerza tan grande sin siquiera intentarlo, hacer una demostración de poder y después no hacer nada. Aun así, escucharon. Honraron el mandato de Dios, aunque les llegó por medio de un profeta humilde. Cuando conocemos la voluntad de Dios, debemos someternos a ella, por mucho que contradiga nuestros propios deseos.
También actuaron con sabiduría práctica. Sabían que, aunque tuvieran todas las ventajas de su lado, incluso la razón y el derecho, no podrían triunfar si luchaban contra Dios. Era mejor quedarse quietos que levantarse para luego caer. En el reinado siguiente, Dios sí les permitió luchar y les dio la victoria (2 Crónicas 13), pero no en aquella ocasión.
Cómo puede ayudarte tu IA cristiana
Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana
Estudio bíblico
Orientación para la vida
Apoyo en la oración
Sabiduría diaria
Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes
De este capítulo
1 Reyes 12:1
"Roboam fue a Siquem, porque todo Israel había venido a Siquem para hacerlo rey."
1 Reyes 12:2
"Y sucedió que Jeroboam hijo de Nabat, que todavía estaba en Egipto, se enteró de ello (pues había huido de la presencia del rey Salomón, y Jeroboam vivía en Egipto);"
1 Reyes 12:3
"entonces enviaron a llamarlo. Jeroboam y toda la congregación de Israel fueron y hablaron con Roboam, diciendo:"
1 Reyes 12:4
"«Tu padre hizo pesado nuestro yugo; ahora, pues, alivia tú el pesado servicio de tu padre y el pesado yugo que puso sobre nosotros, y te serviremos»."
1 Reyes 12:5
"Él les dijo: «Váyanse por tres días y luego vuelvan a mí». Y el pueblo se fue."
1 Reyes 12:6
"Entonces el rey Roboam consultó con los ancianos que habían asistido ante Salomón, su padre, mientras aún vivía, y les preguntó: «¿Qué aconsejan ustedes que responda a este pueblo?»."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.