Versículo destacado
2 Samuel 20:4 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Entonces el rey dijo a Amasa: «Convócame a los hombres de Judá dentro de tres días, y preséntate tú también aquí». "
2 Samuel 20:4
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
2 Entonces todos los hombres de Israel dejaron de seguir a David y siguieron a Seba hijo de Bicri; pero los hombres de Judá permanecieron junto a su rey, desde el Jordán hasta Jerusalén.
3 David llegó a su casa en Jerusalén, y el rey tomó a las diez mujeres, sus concubinas, a quienes había dejado para cuidar la casa, y las puso bajo custodia y las alimentó, pero no se llegó a ellas. Así quedaron encerradas hasta el día de su muerte, viviendo en viudez.
4 Entonces el rey dijo a Amasa: «Convócame a los hombres de Judá dentro de tres días, y preséntate tú también aquí».
5 Entonces Amasa fue a convocar a los hombres de Judá, pero tardó más del tiempo que él le había fijado.
6 David dijo a Abisai: «Ahora Seba hijo de Bicri nos hará más daño que Absalón. Toma a los siervos de tu señor y persíguelo, no sea que consiga ciudades fortificadas y se nos escape».
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Aquí vemos a Amasa caer justo cuando comenzaba a ascender. Era sobrino de David (2 Samuel 17:25) y había sido comandante de Absalón sobre el ejército rebelde. Después de la derrota de Absalón, se pasó al bando de David porque este le había prometido ponerlo como comandante en lugar de Joab. La rebelión de Seba le dio a David una razón para cumplir esa promesa antes de lo que quizá había pensado, pero los celos de Joab hicieron que el resultado fuera desastroso tanto para Amasa como para David.
Amasa recibe la orden de reunir tropas y actuar con rapidez para detener la rebelión de Seba (2 Samuel 20:4). Parece que los hombres de Judá estaban dispuestos a celebrar la victoria de David, pero no tanto a luchar por él. Si todos se hubieran quedado juntos escoltando al rey hasta Jerusalén, podrían haber perseguido de inmediato a Seba y aplastado ese peligro antes de que creciera. Muchas personas quieren la lealtad o la religión mientras les cueste poco. Muchos afirman pertenecer a Cristo, pero tardan en arriesgar algo por él.
A Amasa se le ordena reunir a los hombres de Judá en tres días, pero no logra hacerlo a tiempo (2 Samuel 20:5). Esta demora resulta sorprendente, porque David había mostrado gran bondad al promover a Amasa, aun cuando este había servido bajo las órdenes de Absalón. Ese ascenso debió haber agradado a Judá y haber demostrado la misericordia con la que David gobernaba.
Debido a la demora de Amasa, se ordena a Abisai, hermano de Joab, que tome la guardia del rey y las tropas regulares para perseguir de inmediato a Seba (2 Samuel 20:6-7). David sabe que sería peligroso darle tiempo a Seba. Le da esta orden a Abisai porque quiere humillar a Joab y quitarlo del mando; no tanto por la sangre de Abner, que Joab había derramado cruelmente, sino por la sangre de Absalón, que Joab había derramado en batalla, aunque David quizá todavía consideraba que lo había hecho con demasiada dureza. Como dice el obispo Hall, ahora Joab sufre por un acto de desobediencia leal. El honor terrenal es inestable y cambia constantemente. Verdaderamente felices son quienes tienen el favor del Señor, en quien no hay cambio.
Joab se une a la expedición sin recibir órdenes, aunque ya no contaba con el favor del rey. Tal vez pensó que aún podía ayudar a la causa pública, o quizá ya estaba planeando deshacerse de su rival.
Cerca de Gabaón, Joab se encuentra con Amasa y lo asesina de una manera cruel y perversa (2 Samuel 20:8-10). La gran piedra de Gabaón parece haber sido el lugar donde se reunía el ejército. Allí se encontraron los dos rivales. Amasa, confiando en la comisión que había recibido, iba delante de las tropas y dirigía tanto a los hombres que había reunido como a los soldados veteranos que Abisai había llevado. Pero Joab aprovechó el momento y lo mató con sus propias manos.
Joab actuó con planificación, no en un arrebato repentino de ira. Acomodó su ropa de modo que pudiera alcanzar fácilmente su espada. Incluso la colocó en una vaina demasiado grande, para que pareciera que se había salido por accidente. Así podría recogerla sin levantar sospechas, como si simplemente estuviera volviéndola a colocar en su sitio, cuando en realidad pensaba clavarla en el cuerpo de Amasa. Cuanto más deliberadamente se planea un pecado, peor se vuelve ese pecado.
También actuó con engaño, fingiendo amistad para que Amasa no estuviera alerta. Lo llamó «hermano», porque eran primos. Le preguntó cómo estaba y lo tomó de la barba como lo haría un amigo cercano, como si fuera a besarlo. Mientras tanto, sostenía una espada desenvainada en la otra mano y la dirigía hacia el corazón de Amasa. Eso no fue la conducta de un caballero, de un soldado ni de un comandante. Fue la conducta de un villano y de un cobarde. Antes había hecho algo parecido con Abner y había quedado sin castigo, lo cual probablemente lo animó a repetirlo.
Joab hizo esto abiertamente, no en secreto, sino delante de sus tropas. No sentía vergüenza ni temor. Se había endurecido tanto por el derramamiento de sangre que ya no podía sonrojarse ni temblar. Hirió a Amasa una sola vez, pero con la fuerza suficiente para matarlo. También actuó desafiando abiertamente a David y la autoridad que el rey había dado a Amasa. En efecto, estaba diciendo que él sería el comandante sin importar lo que el rey hubiera decidido. Además, escogió el peor momento posible: cuando ya marchaban contra un enemigo común y necesitaban permanecer unidos. Su conflicto personal podía haber desintegrado el ejército y entregado la victoria a Seba. Joab estaba dispuesto a sacrificar el bien del rey y del reino por su propia venganza.
Después, Joab recupera rápidamente el puesto de comandante y dirige al ejército en la persecución de Seba, con la esperanza de impedir que la causa pública sufriera por lo que había hecho. Deja atrás a uno de sus hombres para anunciar a las tropas que vienen acercándose que todavía están al servicio de David, ahora bajo el mando de Joab (2 Samuel 20:11). Joab sabía que contaba con un fuerte apoyo entre los soldados. Muchos lo preferían a Amasa, quien había sido un traidor, luego había cambiado de bando y nunca había logrado una victoria. Joab se apoyó descaradamente en esa preferencia y llamó a los hombres a seguirlo. Es impactante que un asesino persiguiera a un traidor, y aún más impactante que se adentrara en el peligro con semejante culpa sobre la conciencia. Sin duda, su conciencia se había endurecido.
Luego se toman medidas para sacar el cuerpo de Amasa del camino, porque los soldados se habían detenido al verlo, tal como antes se habían detenido ante el cuerpo de Abner (2 Samuel 2:23). El cuerpo es cubierto con una tela (2 Samuel 20:12-13). Las personas perversas suelen pensar que están a salvo si logran esconder su pecado de los ojos humanos. Si los demás no lo ven, actúan como si nunca hubiera ocurrido. Pero cubrir la sangre con una tela no silencia su clamor delante de Dios pidiendo justicia.
Aun así, no era momento de detenerse para exigirle cuentas a Joab. La seguridad del pueblo requería actuar con rapidez, así que quitaron el obstáculo y el ejército siguió adelante detrás de Joab. Es probable que David se enterara pronto de esta tragedia, y no pudo evitar lamentar que todavía no hubiera llevado a Joab ante la justicia por la muerte de Abner. También había expuesto a Amasa al peligro al promoverlo en lugar de Joab. Quizá la conciencia de David le recordó además que en otro tiempo había utilizado a Joab para asesinar a Urías, y que aquel pecado anterior había contribuido a endurecer la crueldad de Joab.
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De este capítulo
2 Samuel 20:1
"Y sucedió que se encontraba allí un hombre de Belial llamado Seba, hijo de Bicri, benjaminita. Este tocó la trompeta y dijo: «No tenemos parte en David ni tenemos herencia en el hijo de Isaí. ¡Cada uno a su tienda, Israel!»."
2 Samuel 20:2
"Entonces todos los hombres de Israel dejaron de seguir a David y siguieron a Seba hijo de Bicri; pero los hombres de Judá permanecieron junto a su rey, desde el Jordán hasta Jerusalén."
2 Samuel 20:3
"David llegó a su casa en Jerusalén, y el rey tomó a las diez mujeres, sus concubinas, a quienes había dejado para cuidar la casa, y las puso bajo custodia y las alimentó, pero no se llegó a ellas. Así quedaron encerradas hasta el día de su muerte, viviendo en viudez."
2 Samuel 20:5
"Entonces Amasa fue a convocar a los hombres de Judá, pero tardó más del tiempo que él le había fijado."
2 Samuel 20:6
"David dijo a Abisai: «Ahora Seba hijo de Bicri nos hará más daño que Absalón. Toma a los siervos de tu señor y persíguelo, no sea que consiga ciudades fortificadas y se nos escape»."
2 Samuel 20:7
"Tras él salieron los hombres de Joab, los cereteos, los peleteos y todos los hombres valientes. Salieron de Jerusalén para perseguir a Seba hijo de Bicri."
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