Versículo destacado
Génesis 28:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Isaac llamó a Jacob, lo bendijo, le dio este mandato y le dijo: No tomarás esposa de entre las hijas de Canaán. "
Génesis 28:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Isaac llamó a Jacob, lo bendijo, le dio este mandato y le dijo: No tomarás esposa de entre las hijas de Canaán.
2 Levántate, ve a Padán-aram, a la casa de Betuel, padre de tu madre, y toma allí una esposa de entre las hijas de Labán, hermano de tu madre.
3 Que el Dios Todopoderoso te bendiga, te haga fructífero y te multiplique, para que llegues a ser una multitud de gente;
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Jacob apenas había recibido la bendición cuando se vio obligado a huir de su tierra. Había vivido allí como extranjero y forastero, y ahora tendría que convertirse en un exiliado aún más lejos, en otra tierra. Jacob huyó a Siria (Oseas 12:12). Había sido bendecido con abundancia de grano y vino, pero se marchó en pobreza. Había sido bendecido con autoridad, pero salió como siervo y quedó sometido a un duro servicio.
Esto pudo haber sido una corrección por el engaño que había usado con su padre. La bendición permanecería, pero Jacob tendría que sentir el dolor del camino torcido que había tomado para obtenerla. Mientras haya pecado mezclado con nuestras responsabilidades, debemos esperar que también haya dificultades mezcladas con nuestros consuelos. Además, esto nos enseña que quienes reciben la bendición deben esperar persecución. Los que tienen paz en Cristo tendrán aflicción en el mundo (Juan 16:33). Como se nos advirtió de antemano, no debemos sorprendernos cuando suceda. Y como se nos promete una recompensa futura, no debemos pensar que las dificultades son demasiado duras.
También debemos notar que la providencia de Dios con frecuencia parece ir en contra de sus promesas. Sin embargo, cuando el plan de Dios se haya cumplido por completo, veremos que todo obró para bien. Lo que parecía un retroceso solo hizo que las promesas y su cumplimiento resplandecieran con mayor claridad.
Ahora su padre envía lejos a Jacob. Isaac lo hace de dos maneras: con un mandato solemne y con una bendición solemne. Quienes reciben la bendición también deben guardar el mandato que la acompaña. No debemos intentar separar lo que Dios ha unido. La advertencia es esta: «No se unan en yugo desigual con los incrédulos» (2 Corintios 6:14). Todo el que recibe la promesa del perdón y el don del Espíritu Santo también debe obedecer el llamado a «sálvense de esta generación perversa» (Hechos 2:38-40). Quienes reciben privilegios especiales deben vivir como un pueblo especial. Si Jacob es heredero de la promesa, no debe tomar por esposa a una de las hijas de Canaán. De la misma manera, quienes profesan tener fe no deben casarse con quienes rechazan a Dios.
Isaac también envía a Jacob con una bendición solemne. En una ocasión anterior había bendecido a Jacob sin saberlo, pero ahora lo hace intencionalmente, para fortalecerlo en la triste condición que estaba por enfrentar. Esta bendición es más completa y clara que la anterior. Transmite la bendición de Abraham, esa rica bendición que fue derramada sobre Abraham y luego transmitida a su linaje escogido. Es una bendición del evangelio, la bendición de los privilegios de la iglesia, la bendición que llegó a los gentiles por medio de la fe (Gálatas 3:14). Es una bendición del Dios Todopoderoso, el nombre con el que Dios se reveló a los patriarcas (Éxodo 6:3). En verdad son bendecidos aquellos a quienes el Dios Todopoderoso bendice, porque él no solo ordena la bendición, sino que también la hace realidad.
Abraham recibió dos grandes promesas, y ahora Isaac transmite ambas a Jacob. La primera es la promesa de descendencia: «Que Dios te haga fructificar y multiplique tu descendencia» (Génesis 28:3). Por medio de Jacob surgiría aquel pueblo descendiente de Abraham que sería tan numeroso como las estrellas del cielo y la arena de la orilla del mar. Llegarían a formar una gran asamblea de personas, como indican las notas al margen. Israel se reunía con frecuencia como una gran asamblea, especialmente en el desierto y más adelante. Por medio de Jacob también vendría aquel único descendiente en quien serían bendecidas todas las familias de la tierra, y hacia quien se reunirían los pueblos. En este sentido, Jacob llevaba en sí a muchos pueblos, porque todas las cosas del cielo y de la tierra se reúnen en Cristo (Efesios 1:10). Todo tiene su centro en él, como el grano de trigo que cae en la tierra y luego produce mucho fruto (Juan 12:24).
La segunda promesa es una herencia para esos descendientes: «Que tomes posesión de la tierra en la que ahora vives como extranjero» (Génesis 28:4). Esto establecía Canaán como herencia para el linaje de Jacob y dejaba fuera al linaje de Esaú. Isaac estaba enviando a Jacob por un tiempo a un país lejano, y eso podía parecer como si estuviera siendo separado de la tierra. Por eso Isaac deja claro que su ausencia no anularía su derecho. Jacob heredaría la tierra en la que por entonces era solo un extranjero.
Los que ahora son extranjeros llegarán a ser herederos para siempre. Incluso en el presente, quienes heredan la tierra de la manera más verdadera suelen ser los que viven en ella sin aferrarse demasiado a ella. Quienes sostienen las cosas presentes con las manos abiertas son quienes mejor las disfrutan. Esta promesa también señala hacia el cielo, del cual Canaán era una imagen. Esa era la patria mejor que Jacob y los demás patriarcas tenían en mente cuando declararon que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra (Hebreos 11:13).
Después de despedirse de su padre, Jacob salió de inmediato, para que Esaú no tuviera oportunidad de hacerle daño. Se dirigió a Padan-aram (Génesis 28:5). Su viaje para encontrar esposa fue muy diferente del que había hecho su padre. Isaac había enviado siervos y camellos para traer a su esposa, pero Jacob tuvo que ir personalmente. Tuvo que ir solo, a pie y con temor, dejando la casa de su padre sin saber cuándo regresaría. Si la providencia de Dios nos lleva a una posición más humilde, debemos estar contentos, aunque no podamos conservar la grandeza exterior de nuestros antepasados. Debemos preocuparnos más por conservar su piedad que su posición, y por ser tan buenos como ellos, en vez de ser tan importantes.
Aquí se llama a Rebeca madre de Jacob y de Esaú. Jacob aparece primero, no solo porque ella lo favorecía, sino porque ahora era el heredero de su padre, mientras que Esaú había sido dejado de lado en este sentido. Llegará el tiempo en que la piedad ocupará el lugar de honor, sin importar qué lugar tenga ahora.
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De este capítulo
Génesis 28:2
"Levántate, ve a Padán-aram, a la casa de Betuel, padre de tu madre, y toma allí una esposa de entre las hijas de Labán, hermano de tu madre."
Génesis 28:3
"Que el Dios Todopoderoso te bendiga, te haga fructífero y te multiplique, para que llegues a ser una multitud de gente;"
Génesis 28:4
"y que te conceda la bendición de Abraham, a ti y a tu descendencia contigo, para que heredes la tierra donde vives como extranjero, la cual Dios le dio a Abraham."
Génesis 28:5
"Isaac envió a Jacob, y él fue a Padán-aram, adonde estaba Labán, hijo de Betuel el sirio, hermano de Rebeca, madre de Jacob y de Esaú."
Génesis 28:6
"Esaú vio que Isaac había bendecido a Jacob y lo había enviado a Padán-aram para que tomara allí una esposa; y que, al bendecirlo, le había dado este mandato: No tomarás esposa de entre las hijas de Canaán;"
Génesis 28:7
"y que Jacob había obedecido a su padre y a su madre, y se había ido a Padán-aram;"
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