Versículo destacado
Ezequiel 23:11 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Cuando su hermana Aholibá vio esto, fue más corrupta que ella en su pasión desenfrenada, y sus prostituciones fueron mayores que las prostituciones de su hermana. "
Ezequiel 23:11
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
9 Por eso la entregué en manos de sus amantes, en manos de los asirios, por quienes se había apasionado.
10 Ellos descubrieron su desnudez, tomaron a sus hijos y a sus hijas, y la mataron a espada. Ella llegó a ser famosa entre las mujeres, pues ellos ejecutaron juicio contra ella.
11 Cuando su hermana Aholibá vio esto, fue más corrupta que ella en su pasión desenfrenada, y sus prostituciones fueron mayores que las prostituciones de su hermana.
12 Se apasionó por los asirios, sus vecinos, capitanes y gobernantes vestidos con gran esplendor, jinetes montados a caballo, todos ellos jóvenes deseables.
13 Entonces vi que se había contaminado y que ambas habían seguido un mismo camino.
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El profeta Oseas había visto que las dos tribus, Judá y Benjamín, conservaron buena parte de su lealtad cuando las diez tribus ya se habían apartado. Incluso advirtió a Judá: «Aunque tú, Israel, te prostituyas, que Judá no peque» (Oseas 4:15). Pero esa fidelidad no duró mucho. Debido a los matrimonios inapropiados entre la familia de David y la familia de Acab, el culto a Baal entró en Judá, aunque después los reyes que promovieron reformas volvieron a expulsarlo.
Cuando las diez tribus fueron llevadas al exilio, durante el reinado de Ezequías, Judá todavía se encontraba en una condición relativamente buena. Pero durante el reinado de Manasés, poco después de que Judá hubiera visto la destrucción de Israel, Judá se volvió aún más corrupta que Israel en su amor por los ídolos, como dice Ezequiel 23:11. En vez de aprender de la ruina de Israel, Judá pareció empeorar a causa de ella. Como si se hubiera ofendido porque el Señor había dividido a Israel, Judá se volvió fría hacia él y hacia su adoración.
Esto es una advertencia para todos los que no aprenden de los juicios de Dios sobre los demás. Si vemos adónde conduce el pecado y aun así lo tratamos con ligereza, debemos esperar que los juicios de Dios también caigan sobre nosotros. Peor aún son quienes se vuelven más pecaminosos cuando deberían haberse vuelto más sabios. Sus deseos pecaminosos se despiertan precisamente por aquello que debía refrenarlos.
Jerusalén se volvió más infiel que su hermana Samaria. Esto ya se había dicho antes: «Samaria no ha cometido ni la mitad de tus pecados» (Ezequiel 16:51). Jerusalén, que alguna vez había sido una ciudad fiel, se volvió como una prostituta (Isaías 1:21). Primero se encariñó con los asirios, formó alianzas con ellos y participó en su adoración.
Comenzó a admirar a sus líderes y oficiales, elogiándolos como mejores hombres que todos los que había producido Israel. Sus ropas lujosas, su destreza para montar a caballo y su atractiva apariencia la cautivaron. Prefería lo extranjero y despreciaba a su propio pueblo. Hasta su propia religión le parecía sencilla y poco atractiva en comparación con el culto elegante y colorido de las naciones.
Después pasó a los caldeos, es decir, los babilonios. Incluso el rey Ezequías mostró debilidad en ese sentido cuando exhibió con orgullo todos sus tesoros ante los enviados del rey de Babilonia (Isaías 39:2). El deseo de Judá se hizo cada vez más fuerte. Admiró a los capitanes babilonios, se alió con ese reino e incluso introdujo en Jerusalén sus imágenes, altares y modelos de templos para usarlos en la adoración.
De esta manera se contaminó con su infidelidad (Ezequiel 23:17) y dejó en evidencia cuánto amaba la idolatría (Ezequiel 23:18). Cuando se cansó de los caldeos, como sucedió con Joacim y Sedequías al romper sus relaciones con ellos, volvió su atención hacia Egipto. Admiró a los egipcios, deseó su protección y también se unió a ellos en su culto a los ídolos (Ezequiel 23:20). Egipto parecía sabio, rico y fuerte, y como Judá amaba tanto los ídolos, Egipto le parecía más deseable que cualquier otra nación.
Por eso Judá recordó los días de su juventud, las cosas vergonzosas de sus primeros años (Ezequiel 23:19, 21). A veces encontraba placer en esos recuerdos. Cuando comenzó a confiar en Egipto, probablemente pensó en la antigua amistad entre ambos, como si todavía anhelara la comida de Egipto o, más probablemente, la adoración de los ídolos que había aprendido allí. Recordó el antiguo culto al becerro de oro, con toda su música y sus danzas, y esperaba volver a ese pecado.
Por eso los recuerdos repetidos de pecados pasados pueden convertirse en un nuevo pecado. Si las personas recuerdan antiguas maldades con orgullo o deleite en vez de sentir vergüenza y tristeza, solo fortalecen su corazón corrupto. En efecto, están volviendo a su propio vómito. Peor aún, Dios recuerda esos pecados y los toma en cuenta contra ellas. Ya había dicho que trataría con ellos por causa del becerro de oro, aquel ídolo proveniente de Egipto (Éxodo 32:34), y ahora la nueva alianza con Egipto volvió a poner ese pecado delante de él.
Esta ciudad adúltera no dejaba de cambiar de amantes. Primero anheló a los asirios, después consideró que los caldeos eran más distinguidos y, finalmente, se volvió hacia los egipcios, a quienes veía como más fuertes y útiles. Esto muestra la necedad del deseo pecaminoso. Cuando se alimentan los deseos carnales, se vuelven inquietos y difíciles de satisfacer. Buscan variedad; aquello que amaron un día, lo odian al siguiente.
También muestra la necedad de la idolatría. Si un dios no es suficiente, tampoco lo serán cien. El culto a los ídolos siempre busca algo más, porque nunca encuentra descanso. También muestra el fracaso de confiar en la ayuda humana. Pasamos de un poder a otro y todos nos decepcionan. Solo podemos descansar cuando el Dios de Israel se convierte en nuestra ayuda.
Por eso el Dios fiel le dio correctamente a esta ciudad infiel una carta de divorcio. Su celo pronto expuso su vergüenza, porque vio que estaba contaminada y corrompida, y vio que ambas hermanas habían tomado el mismo camino, aunque Jerusalén se había vuelto peor que Samaria.
Si tendemos la mano hacia un dios falso, Dios ciertamente lo descubrirá. Y cuando lo haya puesto al descubierto, no puede agradarse de ello (Ezequiel 23:18). Entonces su corazón se apartó de ella, tal como se había apartado de su hermana. ¿Cómo podría el Dios puro y santo seguir deleitándose en un pueblo tan pecaminoso?
El pecado hace que Dios se aparte del pecador, y con justa razón, porque el pecado es el propio corazón del pecador apartado de Dios. Pero ¡ay, y muchas veces ay, de aquellos de quienes Dios se ha apartado! Si él se aparta de alguien, también se volverá contra esa persona.
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De este capítulo
Ezequiel 23:1
"La palabra del SEÑOR vino de nuevo a mí, diciendo:"
Ezequiel 23:2
"Hijo del Hombre, había dos mujeres, hijas de una misma madre."
Ezequiel 23:3
"Ellas se prostituyeron en Egipto; se prostituyeron en su juventud. Allí les apretaron los pechos y allí les estrujaron los pezones de su virginidad."
Ezequiel 23:4
"Sus nombres eran Aholá, la mayor, y Aholibá, su hermana. Ellas fueron mías y dieron a luz hijos e hijas. Estos eran sus nombres: Samaria es Aholá, y Jerusalén es Aholibá."
Ezequiel 23:5
"Aholá se prostituyó cuando era mía y se apasionó por sus amantes, los asirios, sus vecinos,"
Ezequiel 23:6
"vestidos de azul, capitanes y gobernantes, todos ellos jóvenes deseables, jinetes montados a caballo."
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