Versículo destacado
Éxodo 4:10 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Y Moisés dijo al SEÑOR: Ay, Señor mío, no soy elocuente, ni antes ni desde que hablaste a tu siervo, sino que soy lento de habla y lento de lengua. "
Éxodo 4:10
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
8 Y sucederá que, si no te creen ni escuchan la voz de la primera señal, creerán la voz de la última señal.
9 Y sucederá que, si tampoco creen estas dos señales ni escuchan tu voz, tomarás agua del río y la derramarás sobre la tierra seca; y el agua que tomes del río se convertirá en sangre sobre la tierra seca.
10 Y Moisés dijo al SEÑOR: Ay, Señor mío, no soy elocuente, ni antes ni desde que hablaste a tu siervo, sino que soy lento de habla y lento de lengua.
11 Y el SEÑOR le dijo: ¿Quién hizo la boca del hombre? ¿O quién hace al mudo, al sordo, al que ve o al ciego? ¿No soy yo, el SEÑOR?
12 Ahora, pues, ve, y yo estaré con tu boca y te enseñaré lo que debes decir.
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
Moisés todavía se resiste a la tarea que Dios había escogido para él, y ahora su renuencia va demasiado lejos. Ya no podemos llamarla humildad o modestia; debemos reconocer en ella demasiado temor, pereza e incredulidad. Aquí vemos cómo Moisés intenta excusarse de la obra.
Primero, dice que no es buen orador: «Ay, Señor mío, no soy elocuente» (Éxodo 4:10). Era un gran pensador, líder y maestro, pero no un orador refinado. Tenía una mente clara, pensamientos profundos y buen juicio, pero no hablaba con facilidad ni rapidez. Por eso se sentía incapaz de hablar ante hombres poderosos acerca de asuntos importantes, y temía que los egipcios lo vencieran con sus palabras.
No debemos juzgar a las personas por la fluidez con que hablan. Moisés era «poderoso en sus palabras» (Hechos 7:22), y aun así no era elocuente. Lo que decía era firme, claro y directo, «como la lluvia» o «como el rocío» (Deuteronomio 32:2), aunque no lo expresara con elegancia ni facilidad. Pablo también dijo que su manera de hablar era poco impresionante (2 Corintios 10:10). Mucha sabiduría y verdadero valor pueden estar ocultos detrás de una lengua lenta.
Dios suele escoger mensajeros que parecen tener las menos ventajas naturales, para que su gracia en ellos se destaque con mayor claridad. Los discípulos de Cristo no eran oradores hábiles hasta que el Espíritu los capacitó.
Cuando esta excusa fue respondida, Moisés fue más lejos y le pidió a Dios que enviara a otra persona, dejándolo a él cuidando ovejas en Madián (Éxodo 4:13). En efecto, dijo: «Envía a cualquiera menos a mí. Seguramente puedes encontrar a alguien mejor». Un corazón que no quiere obedecer se aferra a una excusa débil antes que quedarse sin ninguna, y con gusto deja el trabajo difícil o arriesgado en manos de otros.
Dios respondió con paciencia y bondad a todas las excusas de Moisés. Aunque la ira del Señor se encendió contra él (Éxodo 4:14), siguió razonando con él hasta vencer su resistencia. Incluso una profunda inseguridad personal le desagrada a Dios cuando nos impide cumplir con nuestro deber, nos hace más lentos para cumplirlo o debilita nuestra confianza en su gracia. Dios tiene buenas razones para disgustarse con nuestra lentitud para servirle, porque ya nos ha dado mucho más de lo que podríamos devolverle.
Sin embargo, aunque Dios estaba justamente disgustado, no rechazó a Moisés. Razonó con su hijo terco y lo ganó por medio de su gracia y bondad.
Para responder a la debilidad de Moisés, Dios le recuerda su propio poder (Éxodo 4:11). Primero, Dios señala precisamente el asunto que Moisés había planteado: «¿Quién hizo la boca del hombre? ¿No fui yo, el SEÑOR?». Moisés sabía que Dios había creado al ser humano, pero ahora debía recordar que Dios también había creado la boca. Tener presente a Dios como Creador nos ayudaría a superar muchas de las dificultades que se interponen en el cumplimiento de nuestro deber (Salmo 124:8). Como autor de la naturaleza, Dios nos da la capacidad de hablar. Y de él, como fuente de los dones y de la gracia, provienen la capacidad de hablar bien, «boca y sabiduría» (Lucas 21:15), y «lengua de sabios» (Isaías 50:4). Él también «derramó gracia en tus labios» (Salmo 45:2).
Segundo, Dios muestra su poder sobre todas nuestras facultades. Solo Dios puede hacer que alguien no hable o no oiga, y también puede dar la vista o permitir la ceguera. El mejor funcionamiento de nuestras capacidades también es obra suya, porque él hizo el ojo que ve (Salmo 94:9) y abre el entendimiento, los ojos del alma (Lucas 24:45). Nuestras debilidades también están bajo su autoridad. Él puede permitir que alguien no hable, no oiga o no vea. No hay una dificultad de este tipo que el Señor no pueda ordenar o permitir; y cuando lo hace, siempre actúa con sabiduría, justicia y para su propia gloria (Juan 9:3). Faraón y los egipcios fueron hechos espiritualmente sordos y ciegos, como se describe en Isaías 6:9-10. Pero Dios sabía cómo tratar con ellos y cómo recibir honor por medio de ellos.
Para animar a Moisés en esta gran tarea, Dios repite la promesa de su presencia. No solo dice: «Yo estaré contigo» (Isaías 3:12), sino que expresa la promesa de una manera más específica: «Yo estaré con tu boca». En otras palabras, la debilidad de tu habla no arruinará tu mensaje. No parece que Dios haya quitado de inmediato el problema del habla de Moisés, fuera cual fuera. Pero hizo algo equivalente: le enseñó a Moisés qué decir y luego permitió que el mensaje hablara por sí mismo. Si otros hablaban con más fluidez, nadie hablaba con mayor poder. Quienes Dios envía para hablar en su nombre deben depender de él para saber qué decir, y les será dado en el momento oportuno (Mateo 10:19).
Dios también incorpora a Aarón, hermano de Moisés, a la misión. Promete que Aarón se encontrará con él en el momento indicado y que se alegrará de verlo, pues probablemente no se habían visto durante muchos años (Éxodo 4:14). Después, Dios le dice a Moisés que use a Aarón como su portavoz (Éxodo 4:16). Dios podría haber apartado por completo a Moisés debido a su renuencia, pero comprendió su debilidad y le dio ayuda.
Dos son mejores que uno (Eclesiastés 4:9). Dios designa a dos testigos para que toda palabra sea confirmada (Apocalipsis 11:3). Aarón era hermano de Moisés, y Dios dispuso sabiamente que su afecto natural fortaleciera su colaboración para cumplir esta misión. Cristo envió a sus discípulos de dos en dos, y algunos de esos pares eran hermanos. Aarón era el hermano mayor, pero estuvo dispuesto a servir bajo la dirección de Moisés porque Dios así lo había ordenado. Aarón podía hablar bien, mientras que Moisés tenía mayor sabiduría. Dios da dones distintos a personas distintas para que reconozcamos nuestra necesidad unos de otros y para que cada persona pueda contribuir al bien de todo el cuerpo (1 Corintios 12:21). El habla de Aarón, unida a la mente y al corazón de Moisés, haría de ellos un equipo plenamente capacitado para esta misión.
Dios vuelve a decir: «Yo estaré con tu boca y con la boca de él». Incluso Aarón, aunque podía hablar bien, no podría hacerlo eficazmente si Dios no estaba con él. Sin la ayuda constante de la gracia divina, aun los mejores dones fracasarán.
Por último, Dios le dice a Moisés que tome en su mano la vara (Éxodo 4:17). Esto muestra que llevaría a cabo su obra más por medio de acciones que de palabras. Las señales que realizaría con esa vara compensarían cualquier falta de elocuencia. Un solo milagro le serviría mejor que toda la retórica del mundo. Debía llevar la vara que había usado como pastor, para que no se avergonzara del trabajo humilde del que Dios lo había llamado. Esa vara se convertiría en el símbolo de su autoridad y le serviría en lugar de una espada y un cetro.
Cómo puede ayudarte tu IA cristiana
Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana
Estudio bíblico
Orientación para la vida
Apoyo en la oración
Sabiduría diaria
Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes
De este capítulo
Éxodo 4:1
"Moisés respondió y dijo: Pero mira, no me creerán ni escucharán mi voz, porque dirán: El SEÑOR no se te ha aparecido."
Éxodo 4:2
"Y el SEÑOR le dijo: ¿Qué es eso que tienes en la mano? Él respondió: Una vara."
Éxodo 4:3
"Y dijo: Arrójala al suelo. Él la arrojó al suelo, y se convirtió en una serpiente; y Moisés huyó de delante de ella."
Éxodo 4:4
"Y el SEÑOR dijo a Moisés: Extiende tu mano y agárrala por la cola. Él extendió la mano, la agarró, y se convirtió en una vara en su mano."
Éxodo 4:5
"Para que crean que el SEÑOR, el Dios de sus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, se te ha aparecido."
Éxodo 4:6
"Además, el SEÑOR le dijo: Mete ahora tu mano en tu seno. Él metió la mano en su seno y, cuando la sacó, he aquí que su mano estaba leprosa como la nieve."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.