Versículo destacado

Éxodo 33:12 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" Moisés dijo al SEÑOR: Mira, tú me dices: “Haz subir a este pueblo”, pero no me has dado a conocer a quién enviarás conmigo. Sin embargo, has dicho: “Te conozco por nombre, y también has hallado gracia ante mis ojos”. "

Éxodo 33:12

menu_book El versículo en contexto

10 Todo el pueblo veía la columna de nube a la entrada del tabernáculo; entonces todo el pueblo se levantaba y cada uno adoraba a la entrada de su tienda.

11 El SEÑOR hablaba con Moisés cara a cara, como un hombre habla con su amigo. Luego él regresaba al campamento, pero su servidor Josué, hijo de Nun, un joven, no se apartaba del tabernáculo.

12 Moisés dijo al SEÑOR: Mira, tú me dices: “Haz subir a este pueblo”, pero no me has dado a conocer a quién enviarás conmigo. Sin embargo, has dicho: “Te conozco por nombre, y también has hallado gracia ante mis ojos”.

13 Ahora, pues, te ruego que, si he hallado gracia ante tus ojos, me muestres tu camino, para que yo te conozca y halle gracia ante tus ojos. Ten también en cuenta que esta nación es tu pueblo.

14 Y él dijo: «Mi presencia irá contigo, y te daré descanso».

auto_stories

Explora estudios bíblicos guiados

Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor

Micro-Study 5 días

Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)

Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.

Vista previa de la sesión 1:

Dichosos los humildes

schedule 6 min

Micro-Study 5 días

Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)

Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.

Vista previa de la sesión 1:

El cuidado del Pastor

schedule 5 min

lock_open Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones

person_add Crear cuenta gratis

auto_stories Comentario de Bible Guided

Moisés volvió a la entrada del tabernáculo y se quedó allí como un buscador humilde y urgente. Pidió dos grandes regalos y, como un príncipe ante Dios, obtuvo ambos. En esto apuntaba hacia Cristo, el gran intercesor, a quien el Padre siempre escucha.

Primero, Moisés le rogó sinceramente a Dios que mantuviera su presencia con Israel mientras continuaban rumbo a Canaán, aun después de sus pecados. El pueblo había merecido la ira de Dios, y Moisés ya había obtenido misericordia para apartar esa ira (Éxodo 32:14). Pero también habían perdido el gozo y la bendición de la presencia favorable de Dios, y ahora Moisés pide que esta vuelva. De la misma manera, por medio de la intercesión de Cristo, no solo recibimos rescate del juicio, sino también la bendición y la felicidad eterna.

Observa cómo Moisés presenta su caso delante de Dios y lo llena de razones contundentes. Valora profundamente el favor de Dios, se preocupa por la gloria de Dios y anhela el bien de Israel. Sabe presentar bien su súplica y también obtiene una buena respuesta.

Comienza con la comisión que Dios ya le había dado de dirigir a este pueblo (Éxodo 33:12). En efecto, le dice: «Señor, tú eres quien me envió. ¿No me ayudarás en la obra que me asignaste? Estoy cumpliendo con mi deber; entonces, ¿no irás conmigo?». Dios nunca envía a nadie a servirle sin darle también la ayuda necesaria para hacerlo. Quienes sinceramente se proponen cumplir con su deber pueden pedirle a Dios con fe dirección y fortaleza.

Moisés también apela al favor que Dios ya le había mostrado: «Tú has dicho: “Te conozco por nombre, y también has hallado gracia ante mis ojos”». Ahora dice: «Si eso es verdad, muéstrame tu camino» (Éxodo 33:13). El pueblo había perdido el beneficio de lo que Dios le había dicho, así que Moisés no basa su súplica en eso. Se apoya en lo que Dios le había dicho a él, aun reconociendo que no lo merecía. De esta manera, se aferra a Dios en favor del pueblo: «Señor, si vas a hacer algo por mí, haz esto por ellos». De manera semejante, Jesús se presenta ante el Padre como aquel en quien él siempre se complace, y así obtiene misericordia para nosotros, aunque merecemos justamente su desagrado. Somos aceptados en el Amado.

Moisés también habla como alguien que se preocupa por el bien de todos y usa su posición para ayudar a los demás. Esto es lo que más desea: «Muéstrame tu camino, para que sepa que he hallado gracia ante tus ojos». La dirección divina es una de las señales más claras del favor divino. Sabemos que la gracia de Dios está obrando cuando él nos concede gracia en el corazón para guiarnos e impulsarnos a cumplir con nuestro deber. La obra de Dios en nosotros es la señal más segura de su buena voluntad hacia nosotros.

También le recuerda a Dios que el pueblo todavía le pertenece, aunque sea indigno (Éxodo 33:13). «Considera que esta nación es tu pueblo», dice; un pueblo al que Dios había bendecido grandemente, había redimido para sí y había llevado a una relación de pacto con él. En efecto, dice: «Señor, ellos son tuyos; no los abandones». Un padre herido podría decir: «Mi hijo es necio y terco, pero sigue siendo mi hijo, y no puedo abandonarlo».

Moisés luego muestra cuánto valora la presencia de Dios. Cuando Dios dijo: «Mi presencia irá contigo», Moisés se aferró a esa promesa, porque sabía que no podía seguir adelante sin ella (Éxodo 33:15). Dice: «Si tu presencia no va con nosotros, no nos hagas salir de aquí». Habla como alguien que teme incluso pensar en avanzar sin Dios. Sus viajes no serían seguros, ni sus lugares de descanso serían tranquilos, si Dios no estuviera con ellos. Sería mejor quedarse allí y morir en el desierto que ir a Canaán sin la presencia de Dios.

Quienes saben cuán precioso es el favor de Dios están mejor preparados para recibirlo. Moisés es tan insistente que no acepta una negativa. En efecto, dice: «Nos quedaremos aquí hasta que nos concedas tu favor». Como Jacob, no dejará ir a Dios si no lo bendice. Y cuando Dios le da palabras alentadoras, Moisés se vuelve aún más insistente. Las promesas bondadosas de Dios no solo deben fortalecer nuestra fe, sino también impulsarnos a orar con mayor fervor.

Moisés concluye apelando a la gloria de Dios (Éxodo 33:16). «¿Cómo sabrá alguien que yo y tu pueblo hemos hallado gracia ante tus ojos y que nos has apartado de todos los pueblos que están sobre la tierra? ¿Cómo se verá que verdaderamente somos honrados, si no vas con nosotros?». Dice que nada menos que la presencia de Dios puede demostrar esas afirmaciones. Ni siquiera un ángel sería suficiente por sí solo. También resalta el lugar donde se encuentran: este desierto, adonde Dios los había guiado y donde ciertamente se perderían si él los abandonaba.

La presencia especial de Dios con nosotros en este desierto, por medio de su Espíritu y de su gracia para guiarnos, defendernos y consolarnos, es la señal más segura de su amor especial. También le da gloria a Dios, además de traernos beneficio.

Entonces Moisés recibe una respuesta favorable. En cuanto a él, Dios dice: «Yo mismo iré contigo» y le dará descanso (Éxodo 33:14). Dios resolvería el asunto y le daría paz al corazón. Moisés nunca entró en Canaán, pero Dios cumplió su palabra y le dio descanso (Daniel 12:13).

Moisés no quedó satisfecho con una promesa solo para él. Quería también una promesa clara para el pueblo; de lo contrario, no estaría en paz. Las personas amorosas y generosas no se conforman con ser salvas ellas mismas, sino que también desean que sus amigos sean salvos. Moisés también prevaleció en esto: «También haré esto que has hablado» (Éxodo 33:17). Dios no trata a Moisés como si fuera un mendigo irrazonable. Lo anima. Dios sigue dando mientras Moisés pide, da libremente y no lo reprende.

Observa el poder de la oración, y deja que te impulse a pedir, buscar y llamar; a seguir orando siempre y a no desanimarte. Observa también las riquezas de la bondad de Dios. Incluso después de haber hecho mucho, está dispuesto a hacer más, al decir: «También haré esto», mucho más de lo que podemos pedir o imaginar. En esto vemos una imagen de la intercesión de Cristo, quien vive siempre para interceder por todos los que se acercan a Dios por medio de él. La razón por la que su intercesión tiene éxito no es algo que haya en aquellos a quienes representa, sino su propio mérito. Tiene éxito porque ha hallado gracia ante los ojos de Dios.

Ahora el asunto queda resuelto. Dios está completamente reconciliado con ellos, su presencia en la columna de nube vuelve y permanecerá con ellos. Todo vuelve a estar bien, y desde este momento ya no se vuelve a mencionar el becerro de oro. «Señor, ¿qué Dios hay como tú, que perdona el pecado?».

Después de haber conseguido esto, Moisés pide ver la gloria de Dios, y Dios también lo escucha en esto. Observa primero la petición humilde de Moisés: «Te ruego que me muestres tu gloria» (Éxodo 33:18). Moisés había estado recientemente en el monte con Dios y había permanecido allí mucho tiempo. Había disfrutado de una comunión con Dios tan cercana como la que cualquiera puede tener de este lado del cielo; sin embargo, todavía quería más. Todos los que verdaderamente son llamados a conocer a Dios y disfrutar de la comunión con él, aunque no desean nada más que a Dios mismo, siguen anhelando más de él hasta que lo vean tal como él es.

Moisés ya había recibido de Dios una bendición tras otra, y el éxito de sus oraciones le dio valor para seguir buscando a Dios. Cuanto más recibía, más pedía. Cuando tenemos un corazón bien dispuesto delante del trono de la gracia, debemos procurar conservar esa disposición y aprovecharla. Debemos actuar mientras la oportunidad está presente. «Muéstrame tu gloria», dice, o, más exactamente, «Haz que la vea». Le pide a Dios que la haga visible de alguna manera y que lo fortalezca para soportar la visión. No era tan ignorante como para pensar que la esencia de Dios podía verse con los ojos físicos. Pero, como hasta entonces solo había escuchado una voz desde la nube o el fuego, quería alguna representación de la gloria divina, si Dios consideraba concedérsela.

No era correcto que el pueblo viera ninguna imagen cuando el Señor le hablaba, para que no se corrompiera. Pero Moisés esperaba que no hubiera tal peligro si él veía alguna representación. Quería algo más de lo que había visto antes. Si su petición solo buscaba fortalecer su fe y su devoción, era una buena petición. Pero quizá también había en ella cierta debilidad. Dios quiere que en este mundo caminemos por fe, no por vista, y la fe viene por el oír. Algunos piensan que Moisés pidió ver la gloria de Dios como prueba de la reconciliación y como garantía de la presencia prometida, pero él no comprendía por completo lo que estaba pidiendo.

En segundo lugar, observa la respuesta llena de gracia que Dios dio a esta petición. Primero, se negó a concederle algo que no era correcto darle y que Moisés no podía soportar: «No puedes ver mi rostro» (Éxodo 33:20). Una manifestación plena de la gloria de Dios abrumaría a cualquier mortal en esta vida, incluso a Moisés. El ser humano es demasiado pequeño e indigno para contemplarla, demasiado débil para soportarla y demasiado culpable para enfrentarse a ella sin temor. Por misericordia hacia nuestra debilidad, Dios cubre el rostro de su trono y lo envuelve en una nube (Job 26:9). Dios ha dicho que aquí, en este mundo, no se verá su rostro (Éxodo 33:23). Ese honor está reservado para la vida futura y será el gozo permanente de las almas santas. Si las personas conocieran ahora cómo es esa gloria, no se conformarían con vivir sin ella. Hay un conocimiento y un disfrute de Dios que debemos esperar hasta el mundo venidero, cuando lo veremos tal como él es (1 Juan 3:2). Mientras tanto, admiremos tanto la grandeza de lo que sí conocemos de Dios como la profundidad de lo que todavía no conocemos.

Mucho tiempo antes, Jacob expresó con asombro que había visto a Dios cara a cara y, aun así, seguía con vida (Génesis 32:30). Las personas pecadoras temen ver a Dios como Juez, pero las almas santas, transformadas por el Espíritu a la misma imagen, contemplan la gloria del Señor a cara descubierta (2 Corintios 3:18). En segundo lugar, Dios le concedió a Moisés algo que lo satisfaría por completo. Escucharía algo que le produciría gran alegría: «Haré que toda mi bondad pase delante de ti» (Éxodo 33:19). Dios ya había mostrado una bondad extraordinaria al reconciliarse con Israel, pero esa era solo la bondad que fluía hacia ellos. Ahora le mostraría a Moisés la bondad en su fuente: toda su bondad. Esa era una respuesta completa a la petición de Moisés. Moisés dijo: «Muéstrame tu gloria». Dios respondió: «Te mostraré mi bondad».

La bondad de Dios es su gloria, y él quiere que lo conozcamos más por la gloria de su misericordia que por la gloria de su majestad. Incluso debemos temer al Señor y a su bondad (Oseas 3:5). Lo que muestra de manera especial la gloria de la bondad de Dios es que él es soberano; es decir, tiene libertad para mostrar misericordia como él decide. Él tendrá misericordia de quien quiera, como quien es dueño de todo y no le debe nada a nadie. Da sus dones como le place y no tiene que rendir cuentas a nadie. Las razones de su misericordia provienen de él mismo, no de ningún mérito de sus criaturas. Así como tiene misericordia de quien quiere, lo hace porque así lo quiere: «Sí, Padre, porque así te agradó».

La Escritura nunca dice: «Me enojaré con quien me enoje», porque su ira siempre es justa y santa. Pero sí dice: «Tendré misericordia de quien tenga misericordia», porque su gracia siempre es gratuita. Él nunca condena simplemente por ejercer su poder, pero por medio de su poder salva. El apóstol usa este pasaje en Romanos 9:15 para responder a quienes acusaban a Dios de injusticia por dar su gracia libremente a algunos y retenerla justamente de otros.

Dios también prometió que Moisés vería lo que podía soportar y lo que sería suficiente para él. Todo se dispuso de manera que Moisés estuviera a salvo y, al mismo tiempo, quedara satisfecho. Primero, sería colocado en una hendidura de la roca (Éxodo 33:21-22). Allí estaría protegido de la luz cegadora y del fuego consumidor de la gloria de Dios. Esta era la roca de Horeb de la que brotó agua, y la Escritura dice: «Esa roca era Cristo» (1 Corintios 10:4). En las hendiduras de esta roca somos protegidos de la ira de Dios, que de otro modo nos destruiría. Dios mismo protege a quienes se refugian allí. También es únicamente por medio de Cristo que llegamos a conocer la gloria de Dios. Nadie contempla esa gloria para su consuelo si no permanece sobre esta roca y encuentra refugio en ella.

En segundo lugar, Moisés se conformaría con ver la espalda de Dios (Éxodo 33:23). Vería más de Dios de lo que jamás había visto alguien en la tierra, pero no tanto como lo ven quienes están en el cielo. En el rostro humano se manifiesta la majestad, y a las personas se las reconoce por su rostro. De esa manera obtenemos una visión completa de alguien. A Moisés no se le permitió contemplar así a Dios. En cambio, vería algo parecido a la espalda de alguien que ha pasado delante de nosotros, apenas un vistazo, como solemos decir, de él. En realidad, no puede decirse que miramos a Dios directamente, sino que miramos tras él (Génesis 16:13), porque ahora vemos de manera borrosa, como a través de un vidrio oscuro. Cuando vemos lo que Dios ha hecho en sus obras y observamos los movimientos de nuestro Dios y Rey, es como si estuviéramos contemplando su espalda.

Aun los creyentes más fieles solo conocen en parte y, debido a la oscuridad, no podemos hablar de Dios con completa claridad, así como tampoco podríamos describir a una persona cuyo rostro nunca hubiéramos visto. A Moisés se le permitió ver únicamente la espalda de Dios. Sin embargo, más adelante, cuando presenció la transfiguración de Cristo, vio su rostro resplandecer como el sol. Si usamos fielmente la luz que Dios nos da ahora acerca de sí mismo, pronto se abrirá ante nosotros una escena más brillante y gloriosa, porque a quien tiene se le dará más.

IA cristiana que tiene en cuenta tu denominación

Aplica Éxodo 33:12 a tu vida hoy

Recibe orientación basada en las Escrituras, consciente de tu denominación y personalizada para tu situación.

1 Haz tu pregunta arrow_forward 2 Considera tu tradición arrow_forward 3 Aplica las Escrituras

✓ No necesitas tarjeta de crédito • ✓ 100 % privado • ✓ Obtén 30 créditos gratis para comenzar

Cómo puede ayudarte tu IA cristiana

Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana

menu_book

Estudio bíblico

psychology

Orientación para la vida

favorite

Apoyo en la oración

lightbulb

Sabiduría diaria

forum Pregúntale a tu IA cristiana — Gratis

Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes

De este capítulo

auto_awesome

Oración diaria

Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria

Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.

Gratis. Cancela tu suscripción cuando quieras. Nunca compartimos tu correo electrónico.

Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.

Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.